Goedendag

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Goedendag flamenco de 1300.

El Goedendag (en holandés "Buenos días") es un garrote grande, pesado y tosco armado con una afilada punta de hierro asida a él por un pesado refuerzo metálico. Otro modelo es un bastón largo terminado en un trozo de madera con espinas de acero en secuencia.

Orígenes[editar]

Esta es un arma con cierta controversia sobre "qué era un goedendag", dadas las diferentes versiones de los cronistas de las batallas entre Francia y Flandes de principios del siglo XIV.

Según los holandeses, el goedendag fue un arma "improvisada" desarrollada para la leva flamenca que surgió cerca del siglo XIII en respuesta a la falta de equipamiento militar "serio" de las tropas de infantería del ejército de Flandes que luchó contra la ocupación por parte de Francia y en favor de su posterior independencia. Según esta fuente, un goedendag no era más que un garrote pesado con púa afilada y larga cual lanza, cuya cabeza de armas (moharra) de hierro macizo se introducía bastantes centímetros en la madera del garrote para ganar mayor peso a la hora de golpear.

Según algunos cronistas franceses, los goedendag "causaban heridas de tajo", por lo que durante mucho tiempo se creyó que eran versiones primitivas de las alabardas. Y aunque el tipo de heridas pudo ser así, lo que probablemente sucedió fue que se emplearon "a la vez" goedendags y armas enastadas de la familia de las alabardas.

El Goedendag en la Historia[editar]

Esta arma pasó a los anales de la Historia por la deshonrosa derrota que infligió a los flamantes caballeros de Francia en la batalla de Courtrai de 1302. En esa batalla por la defensa de Flandes, se enfrentaron la mejor caballería pesada de todo el Medioevo contra una más reducida tropa flamenca compuesta sobre todo de infantes reclutados y sin casi panoplia. Esta infantería portaba solamente como arma principal estos "sobrevalorados" goedendags y una orden de Guido de Dampierre, conde de Flandes: "...no hacer ningún prisionero por pedir rescate, mas degollarlos a todos..." Así fue como con esta encomienda y los goedendags, los flamencos consiguieron derrotar a la mejor tropa pesada de la Europa medieval en una cruenta batalla que se denominaría más tarde como "La batalla de las espuelas de oro". Considerándose una de las pocas y gloriosas batallas desiguales ganadas por la infantería a la caballería hasta ese preciso momento de la Historia.

Como en otras ocasiones (ver la dolorosa derrota francesa en Azincourt), la "ineptitud" o desorden de los mandos y nobles franceses fueron en buena medida los causantes de la derrota de un ejército -el suyo- infinitamente superior al de su enemigo. Por ello, y aunque esta batalla sirvió para iniciar el "mito" de los goedendags -y el inicio de la decadencia de la caballería pesada-, posteriores batallas sirvieron para darle la revancha a los franceses, y sobre todo demostrar que la efectividad de esa tropa flamenca armada con estas armas fue más que dudosa, pues les siguieron derrotas tras las primeras victorias de la causa flamenca contra Felipe IV.