Giro lingüístico

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El giro lingüístico, al que se refiere comúnmente por la expresión inglesa linguistic turn, es en su origen una expresión por la cual Gustav Bergmann[1] designaba en 1953 una manera de hacer filosofía iniciada por Ludwig Wittgenstein en su Tractatus logico-philosophicus. De una manera general, se trata de un cambio metodológico y sustancial que afirma que el trabajo conceptual de la filosofía no puede lograrse sin un análisis previo del lenguaje.

Movimientos intelectuales muy diferentes están asociados con el giro lingüístico, aunque el término en sí fue popularizado en 1967 por Richard Rorty con su antología El giro lingüístico, en el que la expresión significa un giro hacia la filosofía del lenguaje.

Generalidades[editar]

En la tradición de la filosofía analítica, según Michael Dummett, el movimiento lingüístico tomó forma en 1884 con el trabajo de Gottlob Frege Los fundamentos de la aritmética, especialmente en el párrafo 62, dónde Frege explora la identidad de una proposición numérica[cita requerida]. Esta preocupación por la lógica de las proposiciones y su relación con los hechos fue retomada por el notable filósofo analítico Bertrand Russell en Sobre la denotación y jugó un rol importante en su trabajo sobre el atomismo lógico.

Ludwig Wittgenstein, compañero de Russell, fue uno de los progenitores del giro lingüístico. Éste viene de su idea de que los problemas filosóficos vienen de una mala comprensión de la lógica del lenguaje, y de sus comentarios sobre los juegos del lenguaje. Sus últimos trabajos parten significativamente de las doctrinas comunes de la filosofía analítica y se pueden observar resonancias en la tradición post-estructuralista.

En los años 1970 las humanidades reconocieron la importancia del lenguaje como agente estructurante. Trabajos de otras tradiciones jugaron un rol decisivo para el giro lingüístico en las humanidades, en particular el estructuralismo de Ferdinand de Saussure y el movimiento postestructuralista consiguiente. Entre los teoristas con más influencia se encuentran Judith Butler, Luce Irigaray, Julia Kristeva, Michel Foucault y Jacques Derrida. El poder del lenguaje, en particular de ciertos tropos retóricos, fue explorado en el discurso histórico por Hayden White. El hecho de que el lenguaje no es un medio transparente del pensamiento fue enfatizado por una forma muy distinta de filosofía del lenguaje que nació con los trabajos de Johann Georg Hamann y Wilhelm von Humboldt.

Estos movimientos llevan comúnmente a la noción de que el lenguaje «constituye» la realidad, una posición contraria a la intuición y a gran parte de la tradición filosófica occidental. La perspectiva tradicional (que Derrida llamó el núcleo «metafísico» del pensamiento occidental) veía a las palabras como etiquetas ligadas a conceptos. Según esta visión, existe una «silla real» en alguna realidad externa que corresponde aproximadamente a un concepto en el pensamiento humano llamado «Silla», al que se refiere a su vez la palabra lingüística «silla». Sin embargo, Ferdinand de Saussure, padre del estructuralismo, sostenía que las definiciones de los conceptos no pueden existir independientemente de un sistema lingüístico definido por la diferencia, o, dicho de otro modo, que un concepto de algo no puede existir sin ser nombrado. Así, las diferencias entre significados estructuran nuestra percepción. No existe una silla real a partir del momento en que manipulamos sistemas simbólicos. Ni siquiera fuésemos capaces de reconocer una silla como silla sin reconocer al mismo tiempo que una silla no es algo más – en otras palabras, una silla se define como una colección específica de características que se encuentran a su vez definidas en ciertas formas y así sucesivamente, y todo esto dentro del sistema simbólico del lenguaje. De esta forma, lo que pensamos como «realidad» no es más que una convención de nombres y características, una convención llamada a su vez «lenguaje». En efecto, todo lo que se encuentra fuera del lenguaje es inconcebible por definición (ya que no tiene nombre ni significado) y por lo tanto no puede entrometerse o entrar en la realidad humana, al menos sin ser inmediatamente tomado y estructurado por el lenguaje.

Una interpretación opuesta sería el realismo filosófico, que concibe que el mundo es conocible como es en realidad, idea defendida por filósofos como Henry Babcock Veatch.

En la historia[editar]

Razonamiento histórico[editar]

El linguistic turn es un razonamiento historiográfico que considera que toda investigación histórica debe interesarse necesariamente por el lenguaje o por el discurso, que se convierten así en objetos de estudio. Se justifica epistemológicamente considerando que el historiador trabaja basándose en textos y que la realidad que analiza es accesible únicamente por medio del lenguaje: el historiador aprehende en realidad solamente la representación discursiva de la realidad.

Desde esta perspectiva, la historia ya no es una disciplina científica, sino que se convierte en un género literario que debe ser aprehendido centrándose en la crítica textual. Los defensores de este método se apoyan principalmente en la filosofía post-estructuralista de Jacques Derrida y de Michel Foucault.

Influencias en la historia[editar]

Concepto originalmente utilizado por la historia intelectual americana, el linguistic turn llega a Europa a finales de los años 1980 y se extiende progresivamente a otras áreas de la investigación histórica. El linguistic turn influenciará posteriormente el gender history y el new historicism.

Ver también[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. (en inglés) Logical Positivism, Language, and the reconstruction of Metaphysics , 1953, in Bergmann, Gustav, Collected Works Vol. I: Selected Papers I, edited by E. Tegtmeier, Frankfurt/Lancaster: Ontos-Verlag, 2003.