Ganadería en España

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Jean-François Millet. Pastora con su rebaño. (1864) Museo de Orsay - París.

La actividad ganadera aporta en España en torno a un 40% de la Producción Final Agraria. Dicho porcentaje, que creció significativamente en el decenio de los sesenta, se ha mantenido prácticamente inalterado desde los primeros años setenta en el citado valor.

En el último tercio del siglo XX se ha producido un notable aumento de la densidad pecuaria, ha variado la composición interna de la cabaña e incluso su propia composición, pues ahora está formada por animales pertenecientes a razas autóctonas, a razas importadas y por animales mestizos resultantes de los denominados cruces industriales

Las nuevas prácticas pecuarias han hecho surgir explotaciones ganaderas cada vez menos dependientes de las condiciones agronómicas del medio, aunque dependientes de la importación de piensos. Esto ha dado lugar a una transformación de los espacios ganaderos que hoy pueden aparecer independizados de su entorno rural y acoger a una ganadería que, en unos casos, merece la consideración de aprovechamiento agrario, y, en otros, de utilidad industrial.[1]

Ganado vacuno[editar]

Ordeñando vacas en una granja.

El ganado vacuno predomina en las regiones de la España húmeda, por la zona del sur , estas últimas especializadas en recría y cebo.[1]

La capacidad del ganado bovino de aprovechar recursos pastables aportando carne, leche, cuero y trabajo ha sido aprovechada por el ser humano desde los albores de la humanidad. Así todavía en el mundo actual se integran sistemas de producción tradicionales basados en el empleo de razas autóctonas adaptadas al medio con modernas formas de producción intensiva con las más avanzadas tecnologías.

El sector bovino nacional, en su doble aptitud cárnica y lechera, ha constituido históricamente uno de los pilares de la ganadería nacional, estando además íntimamente ligado al tejido social del medio rural. La tendencia registrada refleja en los últimos años una progresiva profesionalización de los ganaderos, aunque en detrimento de su número, y de una constante diferenciación en su orientación productiva.

En las vacadas se reemplazan las razas autóctonas - rubia gallega, morenas del noroeste, asturiana de los valles, tudanca, etc.-, que se explotaban a la vez para trabajo y carne o leche, por extranjeras de única y más selecta aptitud, de manera preferente la frisona para leche y la charolesa para carne; o se cruzan éstas con las oriundas para obtener ejemplares que se acomodan mejor a las condiciones naturales del país. En las explotaciones de ganado para ordeño se prefiere el régimen de estabulación. En las destinadas a carne, si son de raza autóctona o mixtas, se prefiere el régimen campero, aunque también completando la alimentación con pienso.[2]

El censo actual de ganado bovino se sitúa en 6.463.547 animales, sobre una cifra aproximada de 1300 millones de reses a nivel mundial. Dicho valor sitúa a España como el tercer país de la UE-25 en número de bovinos. En España la carne y el ganado bovino suponen aproximadamente un 6,2% de la Producción Final Agraria (PFA), valor al que hay que añadir el de los productos que del bovino se obtienen destacando la leche que constituye un 6,6% de la P.F.A.[3]

Rebaño de ovejas pastando.

El ganado ovino presenta un mayor grado de difusión sobre la geografía española. Su área actual coincide con la tradicional. Tanto por densidad como por número de cabezas destacan Extremadura, Aragón, y las provincias de Ciudad Real, Zamora, Sevilla, Navarra, y Salamanca, que concentran casi la mitad de la cabaña.

La relevancia del ganado ovino radica en su triple aptitud productiva (leche, carne y lana), su frugalidad, resistencia y capacidad de adaptación.

Este ganado aún sigue un régimen exclusivamente campero, de aprovechamiento a diente del pastizal. Ya son pocos los ovinos trashumantes: quien no dispone deextensos pastizales propios para ellos prefiere desplazamientos más cortos, desde montañas, penillanuras y riberas a los rastrojos cerealistas de las llanuras.[2]

En los últimos años se ha registrado una progresiva profesionalización del sector, en la que la producción de lana ha quedado relegada a términos residuales y en la que se ha profundizado en la especialización productiva de carne con los corderos y de leche en las zonas donde existe una prestigiosa elaboración quesera.[3]

El ganado ovino español se presenta como uno de los más relevantes dentro de los países comunitarios por su importancia censal.

Rebaño de cabras en una granja.

El ganado caprino ocupó tradicionalmente las áreas montañosas del sur de España. Hoy día, estos animales han retrocedido, y en su lugar han surgido rebaños, al amparo de las subvenciones comunitarias. Las mayores densidades y efectivos se encuentran en Tenerife, Málaga, Sevilla, Cádiz, Almería, Murcia y Granada.[1]

En España, el ganado caprino ha estado siempre íntimamente relacionado con el ovino tanto desde el punto de vista productivo como socioeconómico, lo cual explica el que en múltiples foros sean frecuentemente analizados de manera conjunta. Existen no obstante notables diferencias productivas dadas las particularidades fisiológicas de esta especie.

Las cabras han sido tradicionalmente explotadas para la obtención de carne, leche y cuero. Como en el caso del ovino, en los últimos años hemos asistido a una progresiva profesionalización del sector, en la que se ha profundizado en la especialización productiva carne/leche, aprovechándose no obstante igualmente la piel. Las producciones nacionales rondan las 500.000 t de leche empleada principalmente para la elaboración de quesos puros o de mezcla en su mayoría mediante venta a industrias, y alrededor de 15.000 t de carne en 2005, fundamentalmente procedente del sacrificio de cabritos lechales.[3]

Ganado porcino[editar]

Cerdos en una granja.

Tradicionalmente, en toda España, el cerdo ha estado íntimamente ligado a la economía familiar del medio rural, constituyendo la cría de un escaso número de animales, una importante actividad complementaria de la misma. Tal relevancia se refleja en la propia gastronomía de todas las regiones del país, donde el consumo de carnes frescas y de múltiples productos cárnicos forma parte del acervo cultural español.

El ganado porcino estuvo unido a las grandes dehesas del occidente y suroeste peninsular, donde se criaba en régimen de montanera. Actualmente están recuperando su importancia pasada y los productos del cerdo ibérico, alimentado en la época de montanera (en invierno) a base de bellotas – mal llamado de pata negra - tienen prestigio y altos precios.

Por otra parte, en las provincias de Barcelona, Lérida, Segovia, Murcia; Gerona, Huesca, Castellón y Toledo se concentra la industria chacinera y reúnen el 50% de los efectivos porcinos de razas no autóctonas sino extranjeras, de gran producción cárnica; y criados en régimen de estabulación.[1]

Dadas sus características zootécnicas (fisiológicas, patológicas, nutricionales, de manejo, etc.), la porcinocultura ha alcanzado, junto con la avicultura, el mayor grado de industrialización y de intensificación productiva de las distintas especies de abasto. Ello ha acarreado la desaparición o casi desaparición de las distintas razas autóctonas pertenecientes al tronco céltico –de capa blanca– y del tronco ibérico –de capa negra–. No obstante, este último tronco racial ha logrado recuperarse hasta alcanzar aproximadamente el 10% del censo nacional gracias a la elevada calidad de los productos cárnicos derivados y a la superación de antiguas barreras sanitarias que limitaban el acceso a los mercados exteriores. Por el contrario, el tronco céltico ha sido completamente sustituido por híbridos industriales obtenidos a partir de razas blancas de origen europeo.[3]

España era en diciembre de 2011, tras Alemania, el segundo productor comunitario, con una cabaña de 25.635.000 cabezas.[4] Es además un sector fuertemente vertebrado (con un alto grado de integración vertical), industrializado y con un alto grado de asociacionismo, en ocasiones muy ligado a la industria transformadora, y que supone alrededor del 31,34% de la Producción Final Ganadera (P.F.G.) y del 10,/% de la Producción Final Agraria (P.F.A.), contribuyendo a ambas producciones con unos 4.213 millones de euros.[3]

Censo ganadero[editar]

Distribución del censo ganadero según especies por comunidades autónomas (2005)[3]
Comunidad autónoma Bovino Ovino Caprino Porcino
Andalucía 791.712 3.146.572 1.107.228 2.220.807
Aragón 325.239 3.144.790 49.063 4.508.756
Principado de Asturias 398.601 63.983 28.818 29.569
Islas Baleares 27.024 336.413 11.037 41.223
Canarias 19.960 114.204 392.740 62.728
Cantabria 291.339 74.063 17.216 6.712
Castilla-La Mancha 366.268 3.589.594 343.041 1.557.902
Castilla y León 1.314.596 4.042.187 132.962 3.577.256
Cataluña 608.979 947.289 90.774 6.314.101
Extremadura 826.094 4.545.955 295.689 1.682.492
Galicia 980.368 329.6281 75.807 847.991
Comunidad de Madrid 64.171 119.761 24.169 45.459
Región de Murcia 54.661 666.162 118.382 2.055.883
Comunidad Foral de Navarra 118.335 753.609 9.669 557.879
País Vasco 168.124 354.445 26.694 31.991
La Rioja 38.545 198.174 29.657 105.869
Comunidad Valenciana 69.513 481.747 89.007 1.227.404
España 6.463.547 22.908.576 2.841.953 24.884.022
Distribución del censo ganadero según especies por provincias (1999)

Comercio exterior ganadero[editar]

La expansión y desarrollo de las exportaciones españolas de productos de origen animal, es relativamente reciente, aunque notable. Las exportaciones tanto al mercado intracomunitario como a países terceros han ido incrementándose de manera constante, y hoy representan una parte muy importante de la producción nacional. En pocos años, los sectores ganaderos han pasado de exportaciones prácticamente esporádicas a una situación en la que el nivel de producción supera con mucho el consumo interno. En consecuencia, hay una fuerte dependencia de las exportaciones para mantener el equilibrio de mercado.[5]

La industria española de sanidad y nutrición animal[editar]

La industria española de sanidad y nutrición animal experimentó un crecimiento del 4,41% durante el año 2005, con respecto al ejercicio precedente, lo que supuso un volumen de ventas global de 838,6 millones de euros, de los que 710,57 correspondieron al mercado interior y 128,03 millones a las exportaciones, que ya representan el 15,25% de las ventas totales, según los datos manejados por la Asociación Empresarial Española de la Industria de la Sanidad y Nutrición Animal (Veterindustria).

En lo que a productos se refiere, durante 2005 los farmacológicos fueron una vez más los que lograron un mayor volumen de ventas, aunque ocuparon la cuarta plaza en lo que se refiere al crecimiento interanual que fue del 1,98%. El primer puesto en crecimiento se lo llevaron los biológicos, con un 6,72%; seguido por los aditivos y premezclas medicamentosas, con un 5,33%; nutricionales, con el 3,70%, y por último higiene pecuaria, con el 1,19%.

Ventas de la industria de sanidad y nutrición animal en España (año 2005)[6]

Producto Mill. de € Porcentaje Variación 04/05
Farmacológicos 312,08 43,92 1,98%
Nutricionales 137,91 19,41 3,70%
Aditivos/Premezclas 126,74 17,84 5,33%
Biológicos 106,6 15,00 6,72%
Higiene pecuaria 27,22 3,83 1,19%

En lo que al mercado español se refiere, la Comunidad de Cataluña continuó un año más ejerciendo de líder, seguida a distancia por Castilla y León y Andalucía, mientras que Baleares y La Rioja, ambas muy cerca una de otra, fueron las regiones con menos participación en el mercado nacional de productos de farmacia veterinaria. Por especies ganaderas hay que significar que, en el año 2005, los sectores de porcino y vacuno repitieron los primeros puestos.[1]

Estas cifras, consolidan al sector español de sanidad y nutrición animal en el cuarto lugar europeo y en el séptimo del mundo. Entre los medios de producción que se emplean en la ganadería española, la alimentación animal supone el principal desembolso para las explotaciones pecuarias del país. Además, la modernización del subsector de piensos, junto al desarrollo de la zootecnia, explican el auge que ha experimentado dicha actividad empresarial dentro de la actividad industrial del sector primario.

Los datos estimados de producción de piensos compuestos para ganado, en España, en el año 2005, suman cerca de 20 millones de toneladas, con una distribución por especies del 41% en porcino, 36% en rumiantes, 22% en avicultura y 1% en otras especies.[7]

Notas[editar]

  1. a b c d e Gil Olcina, Antonio; Josefina Gómez Mendoza (2001). Geografía de España (1ª edición). Barcelona: Ariel. p. 675. ISBN 84-344-3468-7. 
  2. a b Terán Álvarez, Manuel de; L. Solé Sabarís; J. Vilá Valentí (1994). Geografía General de España (2ª edición). Barcelona: Ariel. p. 490. ISBN 978-84-344-3444-8. 
  3. a b c d e f Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ed. (2006). «Censos y producciones ganaderas». Hechos y Cifras de la Agricultura, la Pesca y la Alimentación en España (pdf) (8ª edición). pp. 66–68. NIPO 251-06-115-0. 
  4. Censo de ganado porcino en Europa 2011
  5. «Comercio Exterior Ganadero». Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino. Consultado el 24-04-2009.
  6. Fuente: Veterindustria.
  7. Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, ed. (2006). «Medios de producción agrícolas y ganaderos». Hechos y Cifras de la Agricultura, la Pesca y la Alimentación en España (pdf) (8ª edición). pp. 73–77. NIPO 251-06-115-0. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]