Gabriel Fauré

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Gabriel Fauré
Gabriel Faure.jpg
Retrato de Gabriel Fauré.
Nombre Gabriel Urbain Fauré
Nacimiento 12 de mayo de 1845
Bandera de Francia Pamiers, Francia
Fallecimiento 4 de noviembre de 1924 (79 años)
Bandera de Francia París, Francia
Ocupación Compositor, organista y pedagogo
Cónyuge Marie Fremiet
Premios Gran Cruz de la Legión de Honor

Gabriel Fauré, cuyo nombre completo era Gabriel Urbain Fauré, (Pamiers, Francia, 12 de mayo de 1845[nota 1] - París, ibídem, 4 de noviembre de 1924) fue un compositor, pedagogo, organista y pianista francés.

Fauré es considerado el compositor francés más destacado de su generación. Su estilo musical influyó a muchos compositores del siglo XX. Entre sus obras más conocidas destacan la Pavana, el Réquiem, los nocturnos para piano y las canciones «Après un rêve» y «Clair de lune». Nació en una familia culta pero sin particular afición musical, y demostró su talento para la composición cuando apenas era un niño. Fue enviado a un colegio de música en París, donde se formó para ser organista de iglesia y director de coro. Entre sus mentores se encontraba Camille Saint-Saëns, quien se convertiría en su amigo de por vida. Durante los primeros años, Fauré se ganaba la vida de forma modesta como organista y maestro, lo que le dejaba poco tiempo para componer. Cuando alcanzó el éxito, ocupando los importantes cargos de organista de la iglesia de la Madeleine y director del Conservatorio de París, apenas tenía tiempo para componer, retirándose al campo durante las vacaciones de verano para dedicarse a la dicha tarea.

En sus últimos años, Fauré fue reconocido en Francia como el compositor francés más importante de su época. Recibió un homenaje musical nacional sin precedentes en París en 1922 encabezado por el entonces presidente Alexandre Millerand. Fauré tenía varios admiradores en Inglaterra pero su música, si bien era conocida en otros países, tardó décadas en ser ampliamente aceptada. Su legado ha sido descrito como el enlace entre el final del Romanticismo y el modernismo del segundo cuarto del siglo XX. Cuando nació, Frédéric Chopin aún componía, y en el momento de su muerte, se escuchaba la música atonal de la Segunda Escuela de Viena. El Grove Dictionary of Music and Musicians, que lo describe como el compositor más avanzado de su generación en Francia, indica que sus innovaciones armónicas y melódicas influyeron en la enseñanza de la armonía musical a las generaciones posteriores. Contrastando con el encanto de sus primeras obras, sus últimas composiciones, escritas cuando su sordera era cada vez mayor, son imprecisas e introvertidas en cuanto a carácter y en otras ocasiones desordenadas y sin pasión.[5]

Biografía[editar]

Primeros años[editar]

Gabriel Urbain Fauré nació en Pamiers, en el departamento de Ariège, Francia, el 12 de mayo de 1845, siendo el quinto de los seis hijos que tuvo el matrimonio entre Toussaint-Honoré Fauré (1810-85) y Marie-Antoinette-Hélène Lalène-Laprade (1809-1887).[6] Según el biógrafo Jean-Michel Nectoux, la familia Fauré —pronunciado «Faoure» en el dialecto local— databa del siglo XIII en esa parte de Francia.[7] Miembros de la familia fueron anteriormente terratenientes importantes, pero por el siglo XIX sus medios económicos se redujeron. El abuelo paterno del compositor, Gabriel, era un carnicero cuyo hijo se convirtió en maestro de escuela.[8] En 1829, los padres de Fauré contrajeron matrimonio. Su madre era la hija de un miembro menor de la nobleza. Gabriel fue el único de los seis hijos del matrimonio que mostró talento musical. Sus cuatro hermanos realizaron sus carreras en el periodismo, la política, el ejército y la administración pública, y su hermana tuvo una vida tradicional como esposa de un funcionario público.[6]

Lo enviaron a vivir con una nodriza hasta que alcanzó la edad de cuatro años.[9] En 1849, su padre obtuvo el puesto de director de la Escuela Normal Superior en Montgauzy, cerca de Foix, lo que le permitió a Fauré regresar a vivir con su familia.[10] Previamente, Toussaint-Honoré se había desempeñado como maestro en esa institución.[11] En el poblado, había una capilla adjunta a la escuela, en la que el joven Fauré pasaba horas tocando el armonio:

Crecí, un niño tranquilo de buen comportamiento, en un área de gran belleza [...] Pero la única cosa que realmente recuerdo es el armonio en aquella pequeña capilla. Cada vez que podía salirme corría hacia allí y me entretenía [...] Tocaba atrozmente [...] sin ningún método, completamente sin técnica, pero recuerdo que estaba feliz; y si eso es lo que significa tener vocación, entonces es una cosa muy agradable.[12]

Gabriel Fauré en 1864, con el uniforme de la École de Musique Classique et Religieuse.

Una anciana ciega, que escuchaba y daba consejos al muchacho, le habló al padre de Fauré del talento musical de su hijo.[9] En 1853, Dufaur de Saubiac, un funcionario de la Asamblea Nacional de Francia,[nota 2] escuchó a Fauré y le aconsejó a su padre enviarlo a la École de Musique Classique et Religieuse, que Louis Niedermeyer estaba estableciendo en París.[17] Después de reflexionar durante un año, el padre de Fauré accedió y llevó al niño —que entonces tenía 9 años de edad— a París en octubre de 1854.[5]

Fauré continuó como alumno en la escuela durante 11 años, durante los cuales estuvo sostenido económicamente por una beca concedida por el obispo de su diócesis.[18] El régimen de la escuela era austero, los cuartos lúgubres, la comida mediocre y los jóvenes estaban obligados a vestir un uniforme elaborado.[nota 3] La enseñanza musical, sin embargo, era excelente.[20] Bajo Niedermeyer, el plan de estudios se concentró en la música religiosa, con el objetivo de producir organistas y directores competentes, centrados en la música sacra. Los tutores de Fauré fueron Clément Loret para el órgano; Pierre-Louis Dietsch para la armonía; Xavier Wackenthaler para el contrapunto y la fuga; mientras que el piano, el canto llano y la composición recayeron sobre el propio Niedermeyer.[5]

En marzo de 1861, Niedermeyer murió. Camille Saint-Saëns, quien ocupó su lugar a cargo de los estudios de piano, introdujo a sus estudiantes la música contemporánea, incluyendo obras de Robert Schumann, Franz Liszt y Richard Wagner.[21] Fauré recalcó el papel que este tuvo en su carrera musical:

Después de permitir que las lecciones nos sobrepasaran, se iba al piano y nos revelaba aquellas obras de los maestros a las que no teníamos acceso por el rigor de la naturaleza clásica de nuestro programa de estudios y que, por otra parte, en aquellos años lejanos, se conocían poco [...] Cuando tenía 15 ó 16 años, y de esa época data el apego casi filial [...] la inmensa admiración, la gratitud incesante que [he] tenido por él, durante toda mi vida.[22]

Saint-Saëns seguía con entusiasmo el progreso del joven Fauré, ayudándolo cada vez que podía. Nectoux afirma que en cada etapa de la carrera de Fauré «efectivamente se puede dar por hecho la sombra de Saint-Saëns».[23] Ambos se volvieron amigos íntimos y así permanecieron hasta la muerte del propio Saint-Saëns, seis décadas después.[1] Fauré ganó múltiples premios en la escuela, incluido el premiers prix por la composición de Cantique de Jean Racine, Op. 11, el primero de sus trabajos corales en ser incorporado a su repertorio regular.[5] Dejó la escuela en julio de 1865 como Laureat en órgano, piano, armonía y composición y con un diploma como Maître de Chapelle.[24] [25]

Primeros cargos musicales[editar]

Retrato de Fauré (c. 1870) hecho por Paul Mathey (1844-1929).

Al salir de la École Niedermeyer, Fauré fue nombrado jefe organista de la Iglesia de Saint-Sauveur, en Rennes, Bretaña. Asumió el cargo en 1866.[26] Durante sus cuatro años ahí, se dedicó también a instruir a alumnos privados a quienes dio «innumerables lecciones de piano».[27] Por indicación regular de Saint-Saëns continuó componiendo, pero ningna de sus obras de dicho periodo se conserva.[28] No obstante, Fauré se aburría en Rennes y tenía una relación difícil con el párroco, quien dudaba de la convicción religiosa de Fauré.[29] A Fauré regularmente se le veía escabullirse en los sermones para fumar un cigarrillo y, a principios de 1870, cuando un domingo llegó para tocar en misa todavía ataviado en traje de gala por haber estado toda la noche previa en un baile, se le pidió la renuncia.[29] Tras esto, casi de inmediato se le aseguró el puesto de organista asistente en la iglesia de Notre-Dame de Clignancourt, ubicada al norte de París.[30] Allí permaneció sólo unos pocos meses. Después del estallido de la guerra franco-prusiana, se presentó voluntariamente para el servicio militar. Tomó parte en el sitio de París y vio acción en Le Bourget, Champigny y Créteil.[31] Fue condecorado con la Croix de Guerre.[32]

Después de la derrota de Francia por parte de Prusia, hubo un breve y sangriento conflicto en París de marzo a mayo de 1871, durante la Comuna.[32] Fauré escapó a Rambouillet, donde vivía uno de sus hermanos, y luego viajó a Suiza donde fue profesor en la École Niedermeyer, que se había reubicado temporalmente en ese país para evitar la violencia en París.[32] Su primer alumno en el colegio fue André Messager, quién se convertiría en un amigo de por vida y ocasional colaborador suyo.[5] [33] Las composiciones de Fauré respecto a este período no reflejaron abiertamente la agitación y el derramamiento de sangre. Algunos de sus colegas, entre los que se incluyen a Saint-Saëns, Charles Gounod y César Franck escribieron y publicaron elegías y odas patrióticas. Sin embargo, Fauré no fue partidario de esta idea. De hecho, de acuerdo a su biógrafa Jessica Duchen, «su música adquirió una nueva sombra, un sentido de tragedia con tonos oscuros [...] evidente sobre todo en sus canciones de este período, como L'Absent, Seule! y La Chanson du pêcheur».[34]

Cuando Fauré volvió a París en octubre de 1871, se le nombró maestro de coro en la Iglesia de Saint-Sulpice, bajo la dirección del compositor y organista Charles-Marie Widor.[33] En el ejercicio de sus funciones, escribió varios cánticos y motetes, algunos de los cuales han sobrevivido.[35] En algunos servicios, Widor y Fauré improvisaban simultáneamente en dos órganos de la iglesia, tratando de atrapar el uno al otro con cambios repentinos de clave.[34] Fauré asistía regularmente a los salones musicales de Saint-Saëns y a los de Pauline Viardot-García, a quien el propio Saint-Saëns le presentó.[5]

Fue miembro fundador de la Société Nationale de Musique, formada en febrero de 1871 bajo la presidencia conjunta de Romain Bussine y Saint-Saëns, con el fin de promover la nueva música francesa.[36] Otros miembros que participaron fueron Georges Bizet, Emmanuel Chabrier, Henri Duparc, Vincent d'Indy, César Franck, Édouard Lalo y Jules Massenet.[37] [5] Fauré llegó a ser secretario de la sociedad en 1874.[38] Muchas de sus obras se presentaron por primera vez en los conciertos de la sociedad.[38]

En 1874, Fauré se mudó de Saint-Sulpice a la Iglesia de la Madeleine para sustituir al organista principal, Saint-Saëns, ante las numerosas ausencias de éste en las últimas presentaciones.[39] Algunos admiradores de la música de Fauré han expresado su disgusto por el hecho de que, aunque tocó el órgano de manera profesional durante cuatro décadas, no dejó composiciones para el instrumento como solista.[40] Saint-Saëns comentó que Fauré «era un organista de primera clase cuando se lo proponía»,[41] y era reconocido por sus improvisaciones.[42] Sin embargo, prefería el piano sobre el órgano, el cual sólo tocaba porque le proveía ingresos regulares.[41]

El año de 1877 resultó ser significativo para Fauré, tanto a nivel personal como profesional.[43] En enero, se interpretó su sonata para violín en un concierto en la Société Nationale con gran éxito, lo cual marcó un punto decisivo en su trayectoria como compositor a los 39 años.[43] En marzo, Saint-Saëns se retiró de la Madeleine y fue sucedido como organista por Théodore Dubois, su maestro de coro; Fauré, por su parte, obtuvo un puesto subordinado al de Dubois.[43] En julio, Fauré se comprometió con la hija de Pauline Viardot-García, Marianne, de quien estaba profundamente enamorado.[43] Por razones no del todo claras, su prometida rompió el compromiso en noviembre de 1877, causándole a él una gran tristeza.[44] Intentando distraer a Fauré, Saint-Saëns lo llevó a Weimar y lo presentó a Franz Liszt. Esta visita produjo el interés del músico en viajar al extranjero, lo cual continuaría haciendo por el resto de su vida.[44] Desde 1878, Fauré y Messager se embarcaron en viajes fuera del país para ir a ver óperas de Wagner. Vieron obras tales como El oro del Rin y La valquiria en Oper Köln, el ciclo completo El anillo del nibelungo en la Ópera Estatal de Baviera en Múnich y en Her Majesty's Theatre en Londres; así como también Los maestros cantores de Núremberg en Múnich y en Bayreuth, donde también vieron Parsifal.[45] A menudo, Fauré y Messager llevaban a cabo funciones como «numerito de fiesta» del irreverente Souvenirs de Bayreuth. Esta pequeña y caprichosa pieza musical de piano a cuatro manos parodia temas de El anillo del nibelungo.[46] Fauré admiraba a Wagner y se mostraba familiarizado con los más pequeños detalles de su música,[47] pero fue uno de los pocos compositores de su generación que no se vieron influidos por la obra de éste.[47]

Años medios[editar]

Marie Fremiet, esposa de Fauré.

En 1883, Fauré se casó con Marie Fremiet, la hija del notable escultor Emmanuel Frémiet.[48] [nota 4] Si bien el matrimonio era afectivo, Marie se mostraba resentida por las constantes ausencias de Fauré, su vida doméstica —«horreur du domicile»— y sus amoríos, mientras ella permanecía en casa.[48] Relatos de la época afirman que Fauré era extremadamente atractivo para las mujeres.[nota 5] En palabras de Duchen, «sus conquistas fueron legión en los salones de París».[50] En 1892, se le relacionó sentimentalmente con la cantante Emma Bardac,[51] quien fue su inspiración para su ciclo La bonne chanson, Op. 61.[11] A este amorío le siguió probablemente una relación con la compositora Adela Maddison.[52] En 1900, Fauré conoció a la pianista Marguerite Hasselmans, hija de Alphonse Hasselmans. A partir de entonces, ambos estuvieron comprometidos en una relación que duraría el resto de la vida de Fauré; él la mantenía en un apartamento en París y ella se comportaba abiertamente como su amante[53] y ama de casa.[11]

La cantante Emma Bardac, con la que se relacionó sentimentalmente a Fauré.

Aunque Fauré valoraba a Marie como amiga y confidente, escribiéndola a menudo -a veces a diario- cuando estaba fuera de casa, ella no compartía su naturaleza apasionada, que encontraba satisfacción en otra parte.[54] Fauré y su esposa tuvieron dos hijos. El primero, nacido en 1883, Emmanuel Fauré-Fremiet —Marie insistió en la combinación de su apellido con el de Fauré—, se convirtió en un biólogo de prestigio internacional.[55] El segundo hijo, Philippe, nacido en 1889, se convirtió en escritor. Sus obras incluyen historias, obras de teatro y biografías de su padre y su abuelo.[56] [5]

Para apoyar económicamente a su familia, Fauré pasó algún tiempo trabajando en la Iglesia de la Madeleine y dando clases de piano y de armonía. Sus composiciones le reportaron una cantidad insignificante de dinero, debido a que su editor las compraba por 60 francos cada una y Fauré no obtenía derechos de autor por su uso.[57] En este período, Fauré escribió una gran cantidad de obras, entre las cuales se incluyen piezas y canciones para piano; sin embargo, las destruía después de interpretarlas una cuantas veces y solo conservaba unos cuantos movimientos para reutilizar los motivos.[5] Entre las obras de este periodo que sobrevivieron se encuentran el Requiem, comenzado en 1887 y revisado y expandido por varios años hasta su versión final de 1901.[58] Después de su primera representación, en 1888, el párroco le dijo al compositor: «No necesitamos estas innovaciones: el repertorio de la Madeleine es lo suficientemente rico».[59]

Cuando era joven, Fauré era muy feliz; un amigo suyo mencionó en un escrito su «alegría jovial, algo infantil».[60] No obstante, cuando tenía unos 30 años, su amorío fallido aunado a su poco éxito como compositor posiblemente derivaron en ataques depresivos, que él mismo describió como «malhumor».[5] En 1890, un prestigioso y remunerado encargo de escribir una ópera con letra de Paul Verlaine se vio truncado por la incapacidad del poeta al estar borracho para entregar un libreto. Fauré se sumió en una depresión tan profunda que sus amigos estuvieron muy preocupados por su salud.[61] En 1891, Fauré viajó a Venecia, Italia, invitado por la mecenas estadounidense Winnaretta Singer, que luego sería conocida como la princesa Edmond de Polignac,[11] a su palacio en el Gran Canal.[62] Recuperó el ánimo y comenzó a componer de nuevo, escribiendo la primera de sus cinco Mélodies de Venise, con letra de Verlaine, cuya poesía seguía admirarando a pesar de la debacle de la ópera.[63] [64]

Ambroise Thomas calificaba como «peligrosamente moderno» a Fauré para encabezar el Conservatorio.

Durante este tiempo, o un poco después, comenzó el enlace de Fauré con Emma Bardac; en palabras de Duchen, «por primera vez, a sus cuarenta y tantos años, experimentó que le correspondían, una relación apasionada que se extendió durante varios años».[65] Sus principales biógrafos coinciden en que este suceso inspiró una explosión de creatividad y una nueva originalidad en su música, lo que se ejemplifica en el ciclo musical La bonne chanson.[65] [66] [67] [68] [69] Fauré escribió el Dolly Suite para piano dúo entre 1894 y 1897 y se lo dedicó a la hija de Bardac, Hélène, también conocida como «Dolly».[5] [nota 6] Algunas personas sospecharon que el padre de Dolly era el propio Fauré, pero sus biógrafos, incluso Nectoux y Duchen, no comparten esa misma idea: la relación de Fauré con Emma Bardac se cree que comenzó justo después de que Dolly naciera, aunque no hay pruebas concluyentes en cualquier caso.[70] [71]

Durante la década de 1890, la situación de Fauré mejoró. Cuando Ernest Guiraud, profesor de composición en el Conservatorio de París, murió en 1892, Saint-Saëns le alentó a presentarse al puesto vacante. Los más influyentes en el Conservatorio consideraron a Fauré como peligrosamente moderno y su director, Ambroise Thomas, rehusó darle el puesto al declarar: «¿Fauré? ¡Jamás! Si él es elegido, yo renuncio».[72] A pesar de ello, Fauré resultó elegido pero para otro puesto ocupado por el fallecido Guiraud: inspector de los conservatorios de música en las provincias francesas.[63] Aunque los viajes prolongados a lo largo de todo el país que el trabajo le demandó le desagradaban, también le proporcionaron un ingreso estable y le permitieron dejar de dar clases a estudiantes aficionados.[73]

En 1896, Ambroise Thomas murió y Théodore Dubois asumió la dirección del Conservatorio. Fauré reemplazó a su vez a este último como organista jefe de la Madeleine. La elección de Dubois tuvo más repercusiones: Jules Massenet, profesor de composición en el Conservatorio, esperaba reemplazar a Thomas en su puesto, pero había excedido la confianza de todos al insistir en asumir el cargo de por vida.[74] Por lo tanto, su solicitud fue rechazada y se optó por elegir a Dubois para el puesto, tras lo cual Massenet renunció enfurecido.[75] Fauré asumió la vacante de profesor de composición. Como tal, instruyó a varios compositores jóvenes como Maurice Ravel, Florent Schmitt, Charles Koechlin, Louis Aubert, Jean Roger-Ducasse, George Enescu, Paul Ladmirault, Alfredo Casella y Nadia Boulanger.[5] Desde la perspectiva de Fauré, sus alumnos necesitaban una base firme en habilidades básicas, así que delegó esta responsabilidad con felicidad a su asistente André Gedalge.[76] La función de Fauré venía luego cuando debía ayudar a sus estudiantes a utilizar esas habilidades de una manera que se adaptaran a los talentos individuales de cada uno. Al respecto, Roger-Ducasse escribió: «Asumiendo lo que fuera en lo que estuviesen trabajando los alumnos, él evocaría las reglas de la forma a mano [...] y se referiría a ejemplos, siempre de los maestros».[77] Ravel nunca olvidó la mentalidad abierta de Fauré como maestro. Tras recibir el Cuarteto para cuerdas de Ravel con poco de su habitual entusiasmo, Fauré le pidió unos días después el manuscrito para volver a verlo y comentó: «Podría haberme equivocado».[78] El musicólogo Henri Prunières escribió a su vez: «Lo que Fauré desarrolló en sus alumnos fue una sensibilidad armónica, exquisita, el amor de las líneas puras, de modulaciones inesperadas y coloridas; pero nunca les reconoció por componer acorde a su estilo y esa es la razón por la que todos ellos buscaron sus propios caminos en muchas direcciones, a menudo, opuestas».[79]

Las obras de Fauré en los últimos años del siglo XIX incluyeron música incidental para el estreno inglés de la obra de teatro Pelléas et Mélisande (1898) de Maurice Maeterlinck, con título homónimo, y de Prométhée, una tragedia lírica compuesta para el anfiteatro en Béziers. La obra, escrita para actuaciones al aire libre, está compuesta para enormes elencos instrumentales y vocales. Su estreno, en agosto de 1900, fue un gran éxito, a tal grado que se repitió en Béziers al año siguiente y en París en 1907. En mayo de 1917, se produjo una versión orquestada para elencos de tamaño habitual en teatros de ópera para la Ópera de París. Tras esto, se realizaron más de cuarenta actuaciones en París.[nota 7] De 1903 a 1921, Fauré escribió con regularidad críticas musicales para el diario Le Figaro, rol en el cual no se sentía cómodo. Su biógrafo Jean-Michel Nectoux consideró que la bondad y la mentalidad abierta naturales de Fauré lo predisponían a enfocarse en los aspectos positivos de una obra.[5]

Director del Conservatorio de París[editar]

Maurice Ravel fue alumno de Gabriel Fauré en el Conservatorio de París.

En 1905, se suscitó un escándalo en los círculos musicales franceses en torno al principal galardón musical en Francia, el Premio de Roma. Se cree que algunos miembros reaccionarios del Conservatorio le negaron de forma injusta el premio a Maurice Ravel, alumno de Fauré.[80] Lo cierto es que la candidatura de Ravel para el Premio de Roma se rechazó hasta en cinco ocasiones.[11] Ante las numerosas críticas hechas a Dubois, éste se vio obligado a renunciar.[81] Fauré ocupó su cargo en el Conservatorio. Con el apoyo del gobierno francés, realizó una serie de cambios en la administración y el currículo. Introdujo jueces externos independientes al organismo, que tomarían parte en las decisiones correspondientes a las admisiones, examinaciones y competencias, un cambio que enfureció a algunos miembros del profesorado que habían dado un trato especial a sus alumnos privados. Muchos de ellos renunciaron a su cargo al verse privados de sus considerables ingresos extraordinarios.[82] Ante las modificaciones en el currículo, Fauré comenzó a ser visto como el «revolucionario equitativo», siendo apodado «Robespierre» por miembros descontentos de la vieja guardia. Asimismo, modernizó y amplió el rango de la música impartida en el Conservatorio. Tal y como Nectoux argumenta: «Donde alguna vez habían reinado Auber, Halévy y especialmente Meyerbeer [...] fue posible cantar ahora un aria de Rameau o incluso algo de Wagner —que hasta ese entonces era un nombre prohibido dentro de los muros del Conservatorio—».[83] Con todo esto, el repertorio abarcó desde la polifonía renacentista hasta la obra de Claude Debussy.[83]

La nueva posición de Fauré le reportó una mayor estabilidad económica, además de ser más reconocido como compositor en Europa. Sin embargo, la dirección del Conservatorio le dejó sin tiempo para la composición en contraste a cuando llevaba una vida como organista y maestro de piano. Tan pronto como el año laboral terminó, en los últimos días de julio, salió de París y pasó casi dos meses, hasta principios de octubre, en un hotel, ubicado cerca de los lagos suizos, para concentrarse en la composición.[84] Algunas obras que datan de este periodo incluyen su obra lírica Pénélope, así como también algunas de sus canciones más características —por ejemplo, el ciclo La chanson d'Ève, Op. 95, completada en 1910— y piezas de piano —Nocturnos n.º 9–11; Barcarolas n.º 7–11, escritas entre 1906 y 1914—.[5]

Fauré alrededor de 1900.

En 1909, se le nombró miembro del Instituto de Francia. Su suegro y Saint-Saëns, ambos miembros del Instituto desde hacía tiempo, hicieron una fuerte campaña en su favor y al final el músico ganó las votaciones por un estrecho margen, con 18 votos frente a 16 del otro candidato, Charles-Marie Widor.[85] Ese mismo año, un grupo de compositores liderados por Ravel y Koechlin rompieron con la Société Nationale de Musique, la cual, bajo la presidencia de Vincent d'Indy, había adoptado ideales reaccionarios. A causa de esto, formaron un nuevo grupo: la Société Musicale Indépendante, de la cual Fauré aceptó la presidencia. Siendo su única y principal preocupación el impulso de la nueva música, permaneció como miembro de la vieja sociedad y continuó manteniendo una buena relación con d’Indy.[85] En 1911, Fauré supervisó el traslado del Conservatorio a unas nuevas instalaciones en la rue de Madrid.[84] Durante este periodo, Fauré desarrolló problemas de oído y gradualmente perdió el sentido del oído. El sonido no solo se volvió más débil, sino que también era distorsionado, así que los tonos altos y bajos de su rango audible sonaban como otros tonos. Hizo esfuerzos para disimular su dificultad, pero al final fue forzado a abandonar su cargo como profesor.[86]

A principios de siglo, la música de Fauré empezó a introducirse en Gran Bretaña y, con menor alcance, en Alemania, España y Rusia.[87] Visitaba con frecuencia Inglaterra, donde se le invitó a tocar en el Palacio de Buckingham en 1908, lo que le abrió muchas puertas en Londres y otros lugares.[88] Estuvo presente en el estreno de la Primera Sinfonía de Edward Elgar también en ese año, y luego cenó con él.[89] Más tarde, Elgar escribiría una carta a su amigo Frank Schuster donde le diría que «Fauré era un verdadero caballero —de la mejor clase de hombre francés— y lo admiré extremadamente». Elgar intentó poner el Réquiem de Fauré en el Three Choirs Festival, pero no lo logró hasta que finalmente tuvo su estreno inglés en 1937, casi cincuenta años después de su primera interpretación en Francia.[90] Compositores provenientes de otros países también estimaban y admiraban a Fauré. Piotr Ilich Chaikovski lo calificaba como «adorable»,[91] Isaac Albéniz y Fauré fueron amigos y corresponsales por muchos años,[92] Richard Strauss le pedía consejos,[93] y, en los últimos años del compositor, un joven Aaron Copland se convirtió en su fiel admirador.[1]

Tras el estallido de la Primera Guerra Mundial, Fauré se quedó sin posibilidad de salir de Alemania, donde había ido para su retiro anual para la composición. Logró salir de Alemania para poder asentarse en Suiza, desde donde pudo trasladarse a París.[94] Permaneció en Francia hasta el final de la guerra. Cuando un grupo de músicos franceses liderados por Saint-Saëns intentaron organizar un boicot de la música alemana, Fauré y Messager se desvincularon de la idea, aunque el desacuerdo no afectó su amistad con Saint-Saëns.[nota 8] Fauré no reconocía el nacionalismo en la música, viendo en su arte «un lenguaje que pertenece a un país tan por encima de todos los demás que se arrastra cuando ha de expresar los sentimientos o rasgos individuales que pertenecen a una nación en particular».[97] Sin embargo, era consciente de que su música era más respetada que querida en Alemania. En enero de 1905, al visitar Fráncfort del Meno y Colonia para conciertos de su música, Fauré escribió: «Las críticas de mi música han sido un poco frías, ¡pero a la vez muy educadas! No hay duda al respecto, lo francés y lo alemán son dos temas diferentes».[98]

Últimos años y legado[editar]

Homenaje nacional a Fauré en 1922. Fauré y el presidente Alexandre Millerand están situados entre las dos estatuas.

En 1920, a la edad de 75 años, Fauré se retiró del Conservatorio debido a su creciente sordera y a su debilidad física.[5] Ese mismo año, obtuvo la Gran Cruz de la Legión de Honor, un reconocimiento rara vez concedido a un músico. En 1922, se le rindió públicamente un homenaje nacional a cargo del presidente de la República, Alexandre Millerand, descrito en The Musical Times como «una espléndida celebración en La Sorbona, en donde participaron los más ilustres artistas franceses, lo cual le dio mucha alegría. Se trató de un espectáculo conmovedor: el de un hombre presente en un concierto de su propia obra e incapaz de escuchar una sola nota. Se quedaba mirando pensativo y, a pesar de todo, mostraba agradecimiento y satisfacción».[86] Ese mismo año fue invitado a los Grémys celebrados en Villa Frya, donde le confió a su esposa sentir que vivía la «vida de un perezoso».[99] Asimismo, en esta época se publicó una nota por el Excelsior titulada «Mon père» donde el propio Fauré recordaba cómo se había adentrado en el mundo de la música:

[...] Fue sorprendente descubrir mis tendencias hacia la música puesto que nadie de mi familia era en sí un músico. El talento se mostró ante mí cuando apenas tenía diez años, y en una etapa tan temprana no significaba una preocupación sobre cualquier efecto posible en mi futuro. Tiempo después quizá surgieron dudas sobre la elección de la música como carrera. De cualquier forma, mi padre se encontraba indeciso —yo era el sexto de sus hijos— y él no podría permitirse el lujo de tomar riesgos.

Excelsior. «Mon père», 12 de junio de 1922.
Fauré en sus últimos años de vida.

Fauré estuvo delicado de salud en sus últimos años, en parte por su tabaquismo. Aun así, mostró disposición para ayudar a jóvenes compositores, entre ellos algunos miembros de Les Six, que eran sus seguidores.[86] [nota 9] Respecto a esta etapa de su vida, Nectoux describe: «En su vejez logró una cierta serenidad, sin perder en lo absoluto su vitalidad espiritual notable, aunque apartada del sensualismo y la pasión de los trabajos que escribió entre 1875 y 1895».[5] De igual forma, sostuvo que su humor decrecía notablemente, como si estuviese adoptando un poco el estilo melódico de Wagner.[99] Sabía que pronto moriría, por lo que en una carta hacia su esposa escrita en octubre de 1924 Fauré concluía diciendo:

Cuando regrese a París, pasaré un pequeño tiempo de cada día dándote cada uno de mis bocetos, borradores y todo lo sobrante que, tras mi muerte, no quiero que sobrevivan, así que puedes quemarlo todo. Mientras he estado enfermo, me he dado cuenta que es algo que de verdad necesito hacer. Así que ayúdame a realizarlo.[101]

En sus últimos meses, Fauré se esforzó por completar un cuarteto de cuerda. Veinte años antes, Ravel le había dedicado su Cuarteto para cuerdas. Ravel y otros instaron a Fauré para componer uno propio. Se negó durante muchos años, con el argumento de que era demasiado difícil. Cuando por fin se decidió a escribirlo, lo hizo con temor, le dijo a su esposa: «He comenzado un cuarteto de cuerdas, sin piano. Este es un género que Beethoven, en particular, hizo famoso, y hace que todas las personas que no son Beethoven estén aterrorizadas de él».[102] Trabajó en la obra durante un año y la finalizó el 11 de setiembre de 1924, menos de dos meses antes de su muerte, trabajando largas horas hacia el final para completarla.[103] Su obra Cuarteto de cuerdas, Op. 121, se estrenó de manera póstuma en 1925.[11] [104] Se negó a una oferta para que la interpretaran en privado para él en sus últimos días, ya que su audición se había deteriorado hasta el punto de que los sonidos musicales estaban horriblemente distorsionadas en su oído.[105]

Fauré murió en París a causa de una neumonía el 4 de noviembre de 1924, a sus 79 años de edad. Tuvo un funeral de Estado en la Iglesia de la Madeleine y su cuerpo se sepultó en el cementerio de Passy en París.

Tras la muerte del músico, el Conservatorio volvió a su antiguo conservadurismo, donde su práctica armónica constituiría el máximo límite de modernidad, una barrera que los estudiantes no debían cruzar.[106] Su sucesor, Henri Rabaud, director del Conservatorio desde 1922 hasta 1941, declaró que «el modernismo es el enemigo».[107] La generación de estudiantes nacidos en el período de entreguerras rechazaron esta premisa obsoleta, por lo que se inclinaron mejor por Béla Bartók, por la Segunda Escuela de Viena y por las últimas obras de Ígor Stravinski.[106]

En 1945, en un homenaje por el centenario de su nacimiento, la musicóloga Leslie Orrey escribió en The Musical Times: «Más profundo que Saint-Saëns, más variado que Lalo, más espontáneo que d'Indy, más clásico que Debussy, Gabriel Fauré es el maestro por excelencia de la música francesa, el espejo perfecto de nuestro genio musical. Quizás cuando los músicos ingleses conozcan mejor su trabajo, esas palabras de Roger-Ducasse parecerán, ya no un elogio, sino algo que le correspondía».[108]

Vida privada[editar]

Según Nectoux, los Clerc fueron la familia comprensiva que Fauré no tuvo durante su estancia en la escuela de Niedermeyer.[109] Camille Clerc, ingeniero por la École polytechnique, durante el verano organizaba conciertos privados a los que asistían importantes músicos como Joseph Hollmann, Gustav Friedrich y Hubert Léonard, y el propio Fauré.[109] Este tipo de eventos no sólo estaban reservados para músicos, sino también para otro tipo de personas de renombre aun sin ser de oficio musical. Esta área de relaciones le permitió a Fauré encontrar múltiples recomendaciones en eventos musicales, lo que le estimuló y le brindó más experiencia en su trabajo. Gracias a Camille, la Primera Sonata para Violín logró publicarse al convencer a la compañía Breitkopf-Härtel de financiar una «larga y ambiciosa sonata de un compositor desconocido; la cual es absolutamente grandiosa».[110] Aun cuando Fauré no obtuvo ninguna regalía por ello, estaba satisfecho de saberse en el «más prestigioso catálogo [musical] de todos».[110] La obra se publicó en 1877 y fue un éxito total ese mismo año.

Después de que Théodore Dubois sucediese en el cargo a Saint-Säens, y de que este nombrase al propio Fauré como primer organista de Madeleine, empezaron a surgir nuevas oportunidades laborales para el compositor francés las cuales a largo plazo le otorgarían un mayor prestigio, así como también una mejor relación con la aristocracia —se le invitaba asistir a los más importantes eventos de personajes como funerales y bodas—.[110] Sin embargo, al no sentir satisfacción alguna y al mismo tiempo quedarse sin oportunidades para dedicarse a la composición, más tarde renunciaría al cargo.[111] Esta decisión hizo que, años más tarde, junto con Julien Hamelle, luego de un tiempo de composición, firmara su primer contrato donde adquiría los derechos de algunas canciones del propio Fauré hacia el 16 de noviembre de 1879.[111] Pronto dejaría la composición y pasaría la mayor parte del tiempo dando clases de piano y otorgando sus servicios a grupos amateur o gente como Marie Trélat, Henriette Fuchs y Gabrielle Kraus.[111] Durante estos años, asesoró a sus amigos más cercanos, tales como Claudie y George Chamerot, o incluso a Roman Bussine.[112]

Pauline Viardot-García se encontraba gratamente complacida por formar parte de la carrera musical de Fauré; de hecho, publicó una carta dirigida a una amigo en donde describía la capacidad y el apego que había tomado hacia este:

Me encantaría presentarte a un amigo nuestro, M. Fauré; un músico hermoso, un pianista excelente y un joven encantador. Es organista en St. Sulpice y desea pasar por lo menos un mes en Le Havre donde algunos de sus pupilos le han invitado a quedarse. Me sentiría satisfecha si pudieses venir y verlo y estoy segura de que estarías encantado de hacer relaciones [...] M. Fauré es un acompañante admirable y, después de lo que le he hablado de ti, voy a estar deseando escucharte cantar. Es un excelente compositor y lo que es más, tiene un exquisito sentido del humor y es un chiflado en lo referente al baile. Estamos encariñados con él. Estoy segura de que tendrás la misma impresión, es un hombre encantador.[113]

La situación de Fauré, hacia estos años, comenzaba a volverse «deslumbrante»; y el interés de Viardot y Louis en la carrera de Fauré comenzaba a volverse un tanto «cerrado» con el enlace matrimonial de su hija más joven, Marianne.[112] Sin embargo, la relación tomó un giro inesperado y Marianne optó por posponer el compromiso de contraer nupcias. Pauline escribió una carta a Charlotte Valentin el 30 de noviembre de 1877, donde mencionaba que los sentimientos del propio Fauré no encontrarían balance y estabilidad, y razón por la cual quedaría «prosternado».[114] Según Nectoux, quizá esta fue la causa y crisis emocional de que Fauré adoptara un estilo Don Juan.[115]

Música[editar]

Manuscrito de una página de Réquiem.

Aaron Copland escribió que si bien las obras de Fauré pueden dividirse en los tres períodos usuales —«tempranas», «medias» y «tardías»—, no existe una diferencia radical entre sus costumbres iniciales y sus últimas, como es evidente con muchos otros compositores. Copland halló premoniciones del estilo final de Fauré inclusive en sus trabajos primerizos, así como trazos del Fauré inicial en los trabajos del Fauré anciano: «Los temas, las armonías, la forma, todo ha permanecido esencialmente igual, aunque en cada nueva obra se vuelven más frescos, más personales, más profundos».[1] Cuando Fauré nació, Berlioz y Chopin seguían componiendo y éste fue una de sus primeras influencias.[116] [117] En sus últimos años, Fauré desarrolló técnicas compositivas que prefiguraban la música atonal de Arnold Schönberg,[118] y, más tarde, esbozado discretamente en las técnicas de jazz.[118] Duchen escribe que sus primeras obras, como Cantique de Jean Racine, están en la tradición del Romanticismo francés del siglo XIX; sin embargo, las últimas son tan modernas como cualquiera de las obras de sus alumnos.[119]

Entre las influencias de Fauré, particularmente en su trabajo inicial, están Mozart, Chopin y Schumann. Los autores de The Record Guide (1955), Edward Sackville-West y Desmond Shawe-Taylor, señalaron que el músico aprendió de la restricción y de la belleza de la superficie a partir de Mozart, de la libertad y las líneas melódicas largas al inspirarse en Chopin, y «en cuanto a Schumann, [aprendió] las repentinas felicidades en las que sus secciones de desarrollo abundan, y aquellas codas en las que los movimientos enteros son iluminados de forma parcialmente mágica».[120] Su trabajo se basó en la comprensión profunda de las estructuras armónicas que obtuvo en la École Niedermeyer del sucesor de este último, Gustave Lefèvre.[5] Lefèvre escribió el libro Traité d'harmonie (París, 1889), en donde establece una teoría armónica que difiere significativamente de la teoría clásica de Jean-Philippe Rameau, donde ya no prohíbe ciertos acordes como «disonantes».[nota 10] Al usar disonancias moderadas no resueltas y efectos coloristas, Fauré anticipó las técnicas de los compositores impresionistas.[121]

En contraste con su estilo armónico y melódico, el cual iba más allá de lo estándar en su época, los motivos rítmicos de Fauré tendían a ser sutiles y repetitivos, con poco para romper el flujo de la línea, aunque utilizó síncopas discretas, similares a las halladas en el trabajo de Brahms.[5] Copland se refería a él como «el Brahms de Francia».[1] Jerry Dubins postuló en Fanfare Magazine en 2007 que Fauré es el «enlace perdido» entre Brahms y Debussy.[nota 11] Para Sackville-West y Shawe-Taylor, las últimas composiciones de Fauré no muestran el sencillo encanto de su música original: «La exquisita armonía romántica que siempre estuvo apoyada firmemente por una sola tonalidad, dio lugar luego a un estilo severamente monocromo, lleno de cambios enarmónicos, lo cual creó la impresión de varios centros tonales empleados de manera simultánea».[123]

En tanto, para Teófilo Sanz Hernández, la estética musical de Fauré conserva un estilo alemán e italiano, puesto que sus más tempranas composiciones contienen influencias de Franz Schubert.[124] Asimismo, explica el detalle de su preocupación por sus composiciones de canto que a menudo contenían temáticas poéticas ligadas al propio romanticismo alemán, destacando «los colores, los perfumes y los sonidos».[124] Con el paso del tiempo, su estilo musical se volvió extremadamente refinado, tratando de concebir un arte músico-poético. Este cambio lo distinguió su pupilo, Maurice Ravel: «Esta nueva manera se caracteriza claramente por la importancia que a partir de ese momento adquiere el elemento armónico en el lenguaje musical».[125] Reflejando en cada obra un tema de lo oculto y un mundo sombrío, puesto que cada una de sus melodías reviven un estilo wagneriano,[126] aunque en sí, cada una de sus obras; hacia una etapa más tardía, tanto vocales como meramente musicales, estuvieron inspiradas en la poesía como un «figuralismo interpretativo»[127] pero a la vez contradictorio, tomando como lugar «resoluciones poco habituales».[127] Hacia una etapa más madura, entre 1906 y 1910, se cree que Fauré adoptó un estilo musical «místico», basado en un universo personal casi mágico,[128] utilizando alteraciones de forma que la música comunicase sentimientos. Sanz argumenta que el arte melódico de Fauré es un misterio al considerar sus melodías como seductoras y audaces, así como apasionantes, consiguiendo «fundir la poesía y la partitura en algo inmaterial».[129]

Música vocal[editar]

Fauré es considerado como uno de los maestros de la música culta francesa conocida como «mélodie».[5] Desde la perspectiva de Copland, las primeras composiciones se hicieron bajo la influencia de Gounod y, con la excepción de algunas otras canciones como «Après un rêve» o «Au bord de l'eau», muestran un pequeño indicio del artista que aparecería después en la figura de Fauré. Añadió también que, en su opinión, a partir del segundo volumen con sesenta canciones recopiladas se mostró el primer ejemplo serio del «verdadero Fauré». Puso como ejemplo «Les berceaux», «Les roses d'Ispahan» y en especial «Clair de lune» como «hermosas, tan perfectas que han llegado hasta América», y se enfocó en otras melodías menos conocidas como «Le secret», «Nocturne» y «Les présents».[1] Fauré también compuso algunos ciclos de canciones. El propio compositor describió a Cinq mélodies «de Venise», Op. 58 como una nueva especie de suite en cuanto al uso de temas musicales recurrentes a lo largo del ciclo. Para el ciclo posterior La bonne chanson, Op. 61 se usaron cinco temas como los anteriormente citados, según Fauré.[130] El músico mencionó también que La bonne chanson era su composición más espontánea; Emma Bardac le cantaba de nuevo cada día material recién compuesto por él.[131]

Cantique de Jean Racine
Cantique de Jean Racine, un breve trabajo coral de Fauré

La obra Réquiem, Op. 48 no se compuso a la memoria de alguna persona en particular, sino «para su complascencia». Se interpretó por primera vez en 1888. Se la ha descrito como «una canción de cuna enfocada en la muerte» debido a su tono predominantemente apacible.[132] Fauré omitió el Dies irae, aunque en la parte Libera me, del mismo Réquiem, se hace referencia al día del Juicio Final. En su obra, al igual que Verdi, Fauré añadió Libera me al texto litúrgico estándar.[133] El músico revisó Réquiem con el paso de los años, y desde entonces se han interpretado diferentes versiones que van desde las primerizas, utilizadas para fuerzas pequeñas, hasta la última revisión con orquesta completa.[134]

Las óperas de Fauré no han encontrado un sitio en el repertorio regular. Copland consideró que Pénélope era un trabajo fascinante y una de las mejores óperas escritas desde la época de Wagner. No obstante percibió que la música es a grandes rasgos «distintivamente no teatral».[1] Este material en particular utiliza motivos y los dos roles principales requieren de voces que posean calidad heroica, aunque estas son las únicas características en las que Pénélope es wagneriana. En los últimos trabajos de Fauré, «la tonalidad es estirada con dificultad, sin romperse».[135]

Obras para piano[editar]

Fauré al piano.

En sus trabajos para piano, Fauré rechazó la virtuosidad con tal de incorporar la lucidez clásica de las composiciones francesas.[121] En sus obras para piano, por lo regular utiliza figuras arpegiadas, con la melodía intercalada entre las dos manos, e incluye sustituciones de dedos naturales para organistas. Estos aspectos las volvieron de grandes proporciones para algunos pianistas, e incluso un virtuoso como Liszt consideró que era difícil reproducir la música de piano creada por Fauré.[136] Los primeros trabajos para piano están claramente inspirados en Chopin.[137] Una influencia aún mayor era Schumann, cuya música de piano era amada por Fauré más que ninguna otra.[138] Con el sexto nocturno, Fauré se desvió de la sombra de cualquier otro predecesor.[1] El pianista Alfred Cortot consideró: «Hay sólo unas pocas páginas en toda la música comparables a esas».[1] El crítico Bryce Morrison percibió que los pianistas con frecuencia optaban por tocar los trabajos de piano primerizos, como el Impromptu No. 2, en vez de los últimos que expresan «tal pasión y soledad privadas, como lo es la alternación entre el coraje y la resignación», que los oyentes quedan intranquilos.[139] Fauré no se mostraba impresionado por los pianistas puramente virtuosos al decir: «Cuanto más grandes son, peor tocan mi música».[140]

Fauré escribió la suite Dolly para piano a cuatro manos entre 1894 y 1897 y se la dedicó a Hélène, hija de Emma Bardac.[5] [nota 12]

Música de cámara y de orquesta[editar]

Pièce for Oboe and Harp
Arreglos para fagot y piano, realizado por Kathleen Walsh (fagot) y Amy Crane (piano)
Élégie
Realizado por Hans Goldstein (chelo) y Eli Kalman (piano)
Fantasie
Realizado por Alex Murray (flauta) y Martha Goldstein (piano)

La orquesta no fue un tema de amplio interés para Fauré, puesto que frecuentemente invitaba a sus antiguos alumnos tales como Jean Roger-Ducasse y Charles Koechlin para orquestar su concierto y obras teatrales. Su estilo orquestal en general refleja una actitud estética definida.[141] No se sentía atraído por la combinación «llamativa» de colores de tono, que él creía que eran muy a menudo una forma de autoindulgencia y un disfraz para la falta de ideas.[5] En palabras de Nectoux: «La idea de timbre no fue un determinante en el pensamiento musical de Fauré».[141] Sus mejores trabajos orquestales son las suites Masques et bergamasques —basado en música para entretenimiento teatral, o divertissement comique—, y la música de fondo para Pelléas et Mélisande.

En cuanto a su repertorio musical de cámara, sus dos cuartetos de piano, particularmente el primero, se encuentran entre las más conocidas obras de Fauré.[142] Sus otras obras de cámara incluyen dos quintetos de piano, dos sonatas de chelo, dos sonatas de violín, un trío con piano y un cuarteto de cuerda. Copland —escribió en 1924 antes de que el cuarteto de cuerda fuese terminado— calificó el segundo quinteto como la obra maestra de Fauré: «[...] una fuente pura de espiritualidad [...] muy clásico, lo más alejado posible del temperamento romántico».[1] Otros críticos han adoptado una perspectiva menos favorable: «El incesante flujo y el restringido esquema de color del último estilo de Fauré, como se ejemplifica en este quinteto, requiere un manejo cuidadoso para no volverse tedioso».[142] La última obra de Fauré, el Cuarteto de Cuerdas, se ha descrito como una meditación íntima sobre las últimas cosas[143] y una «obra extraordinaria según cualquier estándar, etérea y espiritual, con temas que parecen constantemente estar dirigidos al cielo».[144]

Grabaciones[editar]

Fauré realizó rollos de piano de su propia música para distintas compañías entre 1905 y 1913.[nota 13] En los años 1920, algunas de las canciones más populares de Fauré se grabaron, entre las que destacan «Après un rêve» cantada por Olga Haley,[146] y «Automne» y «Clair de lune» interpretadas por Ninon Vallin.[147] En 1930, artistas de renombre, tales como Georges Thill —«En prière»—[148] y Jacques Thibaud y Alfred Cortot —«Sonata de Violín No. 1» y «Berceuse»—,[149] grabaron piezas de Fauré. Algunas de las orquestas musicales para Pelléas et Mélisande se grabaron en 1938.[150]

Hacia la década de 1940, hubo una mayor cantidad de trabajos de Fauré en los catálogos. Una encuesta realizada en diciembre de 1945 por John Culshaw, enlistó grabaciones de trabajos en piano hechas por Kathleen Long (incluyendo el nocturno No. 6, Barcarolle No. 2, el Thème et Variations, Op. 73, y la Balada Op. 19 en su versión orquestal dirigida por Boyd Neel), el Requiem dirigido por Ernest Bourmauck, y siete canciones interpretadas por Maggie Teyte.[151] La música de Fauré comenzó a aparecer con más frecuencia en los comunicados de las compañías discográficas hacia la década de los años 1950. The Record Guide, en 1955, enlistó el Cuarteto de Piano No. 1, el Quinteto de Piano No. 2, el Cuarteto de Cuerdas, ambas Sonatas de Violín, la Sonata para Chelo No. 2, dos nuevas grabaciones del Réquiem, y el ciclo completo de canciones para La bonne chanson and La chanson d'Ève.[152]

En la época de los LP y, en particular, del CD, las compañías discográficas forjaron un catálogo sustancial de la música de Fauré, interpretada por músicos franceses y extranjeros. Algunas de sus obras orquestales más importantes han sido grabadas bajo la dirección de Michel Plasson[153] (1981) y Yan Pascal Tortelier (1996).[154] Los principales trabajos de cámara del músico han sido interpretados por Ysaÿe Quartet, Domus, Paul Tortelier, Arthur Grumiaux, y Joshua Bell.[155] A su vez las obras de piano han sido grabadas por Kathryn Stott (1995),[156] y Paul Crossley (1984–85),[157] con conjuntos importantes de obras en piano mayor de Jean-Philippe Collard (1982–84),[158] Pascal Rogé (1990),[159] y Kun-Woo Paik (2002).[160] Las canciones de Fauré han sido grabadas para CD, incluyendo una colección completa (2005), dirigida por el acompañante Graham Johnson, con los solistas Jean-Paul Fouchécourt, Felicity Lott, John Mark Ainsley y Jennifer Smith, junto a otros.[161] El Réquiem y las obras corales más cortas también han sido bien representadas en formato de disco compacto.[162] Pénélope fue grabada en dos ocasiones, con el elenco encabezado por Régine Crespin en 1956, y Jessye Norman en 1981, dirigido por Désiré-Émile Inghelbrecht y Charles Dutoit, respectivamente.[163] Prométhée es de las pocas obras que no han sido del todo grabadas, pero la mayoría de los extractos se grabaron bajo la dirección de Roger Norrington (1980).[164]

Crítica moderna[editar]

En un artículo sobre Fauré publicado en 2001 en el Baker's Biographical Dictionary of Musicians, se detalla lo siguiente:

El valor de Fauré como compositor no ha disminuido con el paso del tiempo. Desarrolló un completo idioma musical propio; con sutil y delicada aplicación de viejos métodos, evocó el aura del arte fresco y eterno; con el irresoluto uso de disonancias leves y efectos colorísticos especiales, se anticipó a los procedimientos del Impresionismo; en sus obras de piano, evitaba el virtuosismo en favor de la lucidez clásica de los maestros franceses del clavecín; la linea melódica de sus temas, articulada con precisión, se encuentra entre la tradición más fina de la música vocal francesa. Su gran Réquiem y su Élégie para Chelo y Piano han entrado en el repertorio general.[121]

El biógrafo de Fauré, Nectoux, escribe en el Grove Dictionary of Music and Musicians que Fauré es ampliamente considerado como el más grande maestro de la canción francesa, y cataloga a sus canciones y sus obras de cámara como «las contribuciones más descomunales de Fauré a la música».[5] El crítico Robert Orledge escribió también: «Su genialidad era una de síntesis: él reconcilió elementos opuestos tales como modalidad, y tonalidad, angustia, y severidad, seducción, y fuerza dentro de un estilo no ecléctico, tal y como en la suite de Pelléas et Mélisande, su obra maestra sinfónica. La calidad de constante renovación dentro de su aparente rango limitado [...] es una faceta extraordinaria de su genialidad, y la reserva, ese estilo elíptico de su Cuarteto de Cuerda singular sugiere que su intenso estilo de autodisciplina aún estaba desarrollándose al momento de su muerte».[165]

Véase también[editar]

Referencias y notas[editar]

Notas[editar]

  1. Algunas primeras fuentes como Copland argumentan que Fauré nació el 13 de mayo;[1] no obstante, en el registro civil de esa fecha se lee «nació ayer» y autores como Nectoux, Jones y Baker marcan, por tanto, el 12 de mayo como su fecha de nacimiento.[2] [3] [4]
  2. Las fuentes difieren sobre el cargo de Dufaur de Saubiac en la Asamblea. Jones lo identifica como «el ayudante de un parlamentario para el département»[13] como hace Johnson;[14] Orledge lo identifica de manera similar como «miembro de la Asamblea por Ariège»;[15] Nectoux lo describe como «un alto funcionario de la Cámara de Diputados(o Palais législatif, como era conocido en el Segundo Imperio»;[9] Duchen no menciona la Asamblea, refiriéndose a Dufaur de Saubiac como «un hombre de la localidad que trabajaba como archivero en París».[16]
  3. Un escritor describió posteriormente «una foto de Fauré como un niño vestido con el uniforme de la escuela y luciendo no muy diferente a Arthur Sullivan como uno de los infantes de la Capilla Real».[19]
  4. Algunas fuentes ponen un acento agudo en la primera 'e' del apellido, aunque las cartas de Marie Fremiet no muestran que ella lo pusiera en su nombre. Nectoux y Jones escriben su apellido sin acento.
  5. Alfredo Casella, uno de sus alumnos, escribió que Fauré tenía «los grandes, lánguidos y sensuales ojos de un impenitente Casanova». Se rumoreó en los círculos musicales parisinos que algunos de los más talentosos alumnos de Fauré pudieron haber sido sus hijos ilegítimos. Los rumores nunca fueron confirmados.[49]
  6. En el Reino Unido, la primera pieza, «Nana», de Dolly Suite se convirtió en la pieza más conocida de Fauré para varias generaciones de niños; fue usada como música de cierre del programa de radio de BBC Home Service Listen with Mother, que estuvo en antena desde 1950 a 1982.
  7. El estreno en París en 1907 se llevó a cabo en el Hippodrome, aunque la acústica era tan mala que la segunda interpretación se realizó en la Ópera. La orquestación de 1917 la realizó Roger-Ducasse, a petición de Fauré. Véase Nectoux, 1991, p. 370
  8. Fauré y Massenet estaban preocupados por que su viejo amigo estuviera en peligro de hacer el ridículo con su exceso de patriotismo,[95] y también su creciente tendencia a rechazar las obras de compositores jóvenes emergentes, como en su condena de la obra de Debussy En blanc et noir: «Debemos a toda costa cerrar la puerta del Instituto contra un hombre capaz de tales atrocidades; ellos deberían ponerse al lado de las pinturas cubistas».[96]
  9. El desagrado de Francis Poulenc por la música de Fauré fue una excepción entre Les Six. Nectoux comenta que esto parecía extraño porque de todos los miembros de Les Six, Poulenc «es el más cercano a Fauré en la límpida claridad y calidad de canto de su propia escritura, en su encanto».[100]
  10. En particular, el séptimo y el noveno acordes no eran considerados ya en ese momento como disonantes, y el mediante podía alterarse sin modificar el modo.[5]
  11. «El cuarteto habita un mundo aislado que ronda entre el deseo no correspondido de Brahms en las melodías y las armonías convertidas en modales, y los ensueños autoeróticos de Debussy en los novenos acordes y las escalas alteradas».[122]
  12. En Reino Unido la primera pieza, Nana, de la Dolly Suite, se volvió conocida por muchas generaciones de niños como la música de cierre de BBC Home Service Listen with Mother, que se transmitió de 1950 a 1952.
  13. Los rollos del «Romance sans paroles» No. 3, Barcarolle No. 1, Preludio No. 3, Pavane, Nocturno No. 3, Sicilienne, Thème et variations and Valses-caprices Nos. 1, 3 y 4 survive, y muchos rollos han sido grabados en múltiples ocasiones en discos compactos.[145]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j Copland, Aaron (Octubre de 1924). «Gabriel Fauré, a Neglected Master» (en inglés). The Musical Quarterly págs. 573–586. Oxford University Press. Consultado el 23 de diciembre de 2011.
  2. Nectoux, 1991, p. 3
  3. Jones, 1989, p. 15
  4. Duchen, 2000, p. 12
  5. a b c d e f g h i j k l m n ñ o p q r s t u v Nectoux, Jean-Michel. «Fauré, Gabriel (Urbain)» (en inglés). Grove Online. Oxford Music Online. Consultado el 23 de diciembre de 2011 (requiere suscripción).
  6. a b Duchen, 2000, p. 13
  7. Nectoux, 1991, p. 3
  8. Duchen, 2000, p. 12
  9. a b c Nectoux, 1991, p. 4
  10. Duchen, 2000, p. 2
  11. a b c d e f «Fauré, Gabriel (Urbain) (12 May 1845, Pamiers - 4 Nov. 1924, Paris)» (en inglés). The Harvard Biographical Dictionary of Music. CREDO Reference. Consultado el 16 de enero de 2012 (requiere suscripción).
  12. Fauré en 1924, citado en Duchen, 2000, p. 14
  13. Jones, 1989, p. 15
  14. Johnson y Stokes, 2009, p. 27
  15. Orledge, 1979, pp. 5-6
  16. Duchen, 2000, p. 15
  17. Nectoux, 1991, p. 5
  18. Nectoux, 1991, p. 6
  19. Henderson, A. M. (septiembre de 1937). «Memories of Some Distinguished French Organists – Fauré» (en inglés). The Musical Times págs. 817–19. Consultado el 16 de enero de 2012.
  20. Jones, 1989, p. 15
  21. Jones, 1989, p. 16
  22. Fauré en 1922, citado en Nectoux, 1984, pp. 1-2
  23. Nectoux, 1984, p. 2
  24. Nectoux, 1991, p. 502
  25. Jones, 1989, p. 20
  26. Nectoux, 1991, p. 12
  27. Nectoux, 1991, p. 508
  28. Nectoux, 1991, p. 15
  29. a b Jones, 1989, p. 21
  30. Duchen, 2000, p. 28
  31. Nectoux, 1991, p. 503
  32. a b c Duchen, 2000, p. 31
  33. a b Jones, 1989, p. 27
  34. a b Duchen, 2000, p. 32
  35. Nectoux, 1991, p. 18
  36. Vallas, 1951, p. 135
  37. Jones, 1989, p. 28
  38. a b Jones, 1989, p. 28
  39. Jones, 1989, p. 29
  40. Véase, por ejemplo, Henderson, A. M. (septiembre de 1937). «Memories of Some Distinguished French Organists – Fauré» (en inglés). The Musical Times págs. 817–819. Consultado el 26 de diciembre de 2011 (requiere suscripción). y Orrey, Leslie (mayo 1945). «Gabriel Fauré, 1845–1924». The Musical Times págs. 137–139.
  41. a b Nectoux, 1991, p. 41
  42. Henderson, A. M. (septiembre de 1937). «Memories of Some Distinguished French Organists – Fauré» (en inglés). The Musical Times págs. 817–819. Consultado el 26 de diciembre de 2011 (requiere suscripción).
  43. a b c d Jones, 1989, p. 33
  44. a b Jones, 1989, p. 50
  45. Jones, 1989, p. 51
  46. Wagstaff, John y Andrew Lamb. «Messager, André» (en inglés). Grove Music Online''. Oxford Music Online. Consultado el 1 de enero de 2012.
  47. a b Nectoux, 1991, p. 39
  48. a b Jones, 1989, p. 52
  49. Duchen, 2000, p. 63
  50. Duchen, Jessica (24 de noviembre de 1995). «A still, small voice». The Guardian:  p. A12. 
  51. Nectoux, 1991, p. 181
  52. Orledge, 1979, pp. 16-17
  53. Nectoux, 1991, pp. 282-285
  54. Duchen, 2000, p. 66
  55. Willmer, E. N. (Noviembre de 1972). «Emmanuel Fauré-Fremiet, 1883–1971» (en inglés). Biographical Memoirs of Fellows of the Royal Society, Vol. 18 págs. 187–221. Consultado el 20 de abril de 2013.
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  57. Nectoux, 1991, p. 26
  58. Oliver, 1991, pp. 215–217
  59. Duchen, 2000, p. 80
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  62. Orledge, 1979, p. 14
  63. a b Orledge, 1979, p. 15
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Enlaces externos[editar]