Función interoceptiva

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Las funciones interoceptivas hacen referencia a aquellos estímulos o sensaciones que provienen de los órganos internos del cuerpo humano, como las vísceras, y que nos dan información acerca de las mismas (por ejemplo, dolor de estómago).

Interocepción como sentido[editar]

Este sentido es exclusivamente interno, es la representación del estado de los órganos de nuestro cuerpo. Cada órgano se siente a sí mismo y esa percepción se nos muestra como sensaciones extrañas. Por ejemplo: como todo el mundo sabe, estamos compuestos de al menos un 70% de agua. Pero perdemos agua constantemente -incluso al respirar-, y una pérdida del 0,5% del agua corporal ya dispara la sensación llamada "sed", que no es más que una percepción interna, una interocepción. Del mismo modo podemos percibir hambre, excitación sexual, náuseas, etcétera.

Los instrumentos de este sentido son células que, como en el tacto de la piel, vienen surtidas: las hay especializadas en reconocer presión, temperatura, oxigenación, hinchazón, estrechamiento, acidez y propiedades químicas.

Estos sensores, como alarmas de incendio, están normalmente dormidos y sólo se disparan cuando hay un estímulo importante, como la inflamación de un órgano. La alarma puede llegarnos a la conciencia de maneras muy diferentes o afectar la conducta de manera inconsciente mediante sueños o antojos (por ejemplo, si el cuerpo necesita sal o azúcar).

Algunos experimentos han demostrado la importancia de estos receptores. La sensación de hambre, por ejemplo, puede simularse estimulando con descargas eléctricas los lugares correctos; los interoceptores se disparan y le dicen a la mente que hay hambre. En cambio, un globo inflándose dentro del estómago no produce sensación consciente alguna.

Quien recibe todas las señales de estos receptores y les da sentido es el hipotálamo; allí se fabrican las sensaciones "sed", "hambre", etc. Más allá de este conocimiento, es un sentido muy difícil de estudiar, pero se cree que estaría monitoreando todas las vísceras.

En el corazón, por ejemplo, donde normalmente no tendría sentido estar consciente de cada latido, los interoceptores correspondientes duermen la mayor parte del tiempo. Pero cuando los despierta un estímulo extraño (que puede ser mecánico, químico o eléctrico), los latidos llegan a nuestra consciencia. Llamamos a eso "taquicardia". La mayoría de las veces no hay diferencias reales con el latir normal del corazón, pero dado que nunca sentimos los latidos, la nueva sensación nos parece verdaderamente alarmante. Siendo un órgano tan importante, es comprensible que las alarmas sean algo exageradas. Por supuesto que otras veces la alarma es real y nos sirve para tomar las medidas adecuadas.

De cualquier modo, todas las interocepciones son tan vitales como exageradas, y probablemente sean en gran parte psicosomáticas. Cuando empezamos a sentir hambre, no hay nada más importante que comer, a pesar de que probablemente sobreviviríamos una semana más.

Agradezcamos a este sentido que duerma todo el día; nadie quiere saber cómo es sentir cada glóbulo moviéndose por las venas.

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