Fuego Nuevo

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Glifo del Fuego Nuevo, de acuerdo con el Códice Mendoza.

La ceremonia de Fuego Nuevo se realizaba por todos los pueblos de Mesoamérica. Las evidencias más antiguas se remontan a la época del esplendor de Teotihuacan (siglo III después de Cristo), pero es probable que fuera practicada ya desde tiempos olmecas (milenio II antes de Cristo).

Debido a la importancia calendárica del ciclo de los 52 años, generalmente se piensa que el Fuego Nuevo se celebraba en ese lapso de tiempo. Sin embargo, la realidad es que lo encendían cada año, según testimonian los códices Borgia, Vindobonensis, Laud y Nuttall.

“La aparición del rito de Fuego Nuevo en las láminas del portador del año del Códice Borgia, indica que hacer el fuego nuevo puede no haber estado limitado solamente a la ceremonia de los 52 años, sino que era un componente común de los rituales mexicanos de año nuevo.” (Xavier Noguez y Alfredo López Austin, De Hombres y Dioses)

El momento exacto en que se realizaba, era cuando las Pléyades o "cabrillas" llegaban al punto más alto del cielo, según testimonio del cronista Bernardino de Sahagún:

"Tomaban por señal para esta fiesta el movimiento de las Cabrillas (las Pléyades) cuando estaban en medio del cielo a la medianoche… Cuando veían que pasaban del medio, entendían que el movimiento del cielo no cesaba. A esa hora, estaban en los cerros circundantes gran cantidad de personas esperando ver el Fuego Nuevo." (Sahagún, Historia General IV)

Había ceremonias especiales cada 4, 13 y 52 años. En esta última se arrojaban al fuego las imágenes y otros objetos de culto, y se reconstruían los templos en señal de renovación.

Al "atar" cada año el Fuego Nuevo con el ascenso de las Pléyades, los mesoamericanos estuvieron en condición de utilizar esta ceremonia para medir el Año Sidéreo, lo cual, a su vez, les habría permitido calcular el Ciclo de Precesión de los Equinoccios (la rotación aparente de la eclíptica, con 26 mil años de duración).

La ceremonia del Fuego Nuevo se conmemora aún, cada año, en diversas comunidades campesinas de la costa mexicana del Pacífico. Las ofrendas siguen siendo muy parecidas a las de la antigüedad, pero el día de la fiesta ya no se calcula por el movimiento del cielo, sino por los aniversarios de los santos católicos. Desde hace algunos años, diversos grupos de tradición han retomado la ceremonia, restituyéndole su sentido astronómico. Debido a deriva del cielo, el ascenso de las Pléyades, que al final de la época mexica ocurrían en la noche del 12 al 13 de noviembre, en la actualidad se han trasladado para el 19 de noviembre.


El Fuego Nuevo era un ritual celebrado por lo mexicas para celebrar el xiuhmolpilli (atadura de años), la coincidencia en el inicio de los calendarios xiuhpohualli y el tonalpohualli, lo que sólo podía ocurrir después de 52 años. Según la mitología mexica, en este momento podría ocurrir el cataclismo que terminara con la era del Quinto Sol, donde el mundo sería destruido por terremotos. Si las Pléyades pasaban el cenit la noche del último día del ciclo de 52 años, el mundo no sería destruido y se encendía de nuevo el fuego sagrado.

Al final del último día de cada siglo cuando, el sol se estaba poniendo, se creía que desaparecería para siempre. En ese momento se apagaban todos los fuegos y la preocupada población se reunía al pie de la pirámide donde los sacerdotes observaban ciudadosamente los cielos se sacrificaba una víctima arrancando su corazón mientras encendía el Nuevo Fuego, a sí el sol renacía y se había salvado de nuevo el mundo de la destrucción; comenzaba un nuevo ciclo (ciclos de 52 años) La población desechaba los palos con los que encendían el fuego en el momento de la ceremonia y solo los sacerdotes prendía en Fuego Nuevo.

En el Cerro de la Estrella se realiza esta ceremonia hasta la fecha actual.