Francisco de Aguirre

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Francisco de Aguirre
Francisco de Aguirre.jpg
Francisco de Aguirre, óleo en el despacho de la Alcaldía de la ciudad de La Serena, Chile.

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10.° Gobernador del Tucumán
1569-1569
Predecesor Diego Pacheco
Sucesor Pedro Diego de Arana

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8.° Gobernador del Tucumán
1563-1567
Predecesor Gregorio de Castañeda
Sucesor Diego Pacheco

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Gobernador de Chile
01554-04 abril de 1554-01555-02 febrero de 1555
Predecesor Rodrigo de Quiroga
Sucesor Francisco de Villagra

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2.° Gobernador del Tucumán
1553-1554
Predecesor Juan Núñez de Prado
Sucesor Juan Gregorio Bazán

Datos personales
Nacimiento 1500
Talavera de la Reina
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio español
Fallecimiento 1581
La Serena, Gobernación de Chile
Flag of Cross of Burgundy.svg Imperio español
Padres Hernando de la Rúa
Constanza de Meneses
Cónyuge María de Torres y Meneses
Hijos Hernando Aguirre
Valeriano Aguirre
Constanza Aguirre
Isabel Aguirre
Eufrasia Aguirre
Profesión Explorador y Conquistador
Religión Católico

Firma Francisco de Aguirre.jpg
Firma de Francisco de Aguirre

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Francisco de Aguirre (Talavera de la Reina, España, 1500 - La Serena, Gobernación de Chile, 1581) fue un conquistador español que participó en la conquista de Chile y del noroeste de Argentina. Asignado como gobernador de Chile a la muerte de Pedro de Valdivia, fue también gobernador del Tucumán en tres oportunidades y fundador de las ciudades de La Serena (Chile) y Santiago del Estero (Argentina).[1]

Nacimiento y juventud[editar]

Nació en 1500 en Talavera de la Reina, España. Fue hijo de Hernando de la Rúa y de Constanza de Meneses, personas de cierta fortuna. Si bien su padre y abuelo paterno utilizarón el apellido De la Rúa, Francisco siempre utilizó el apellido Aguirre que probablemente habría sido el apellido materno de su padre o el de su madre. Para entonces, era frecuente en España tomar y portar el apellido que se considere más honroso de alguno de sus ascendientes.[2]

Las cartas y sus documentos revelan que poseía una inteligencia cultivada. De entre los conquistadores, fue uno de los que más legítimos títulos podía blasonar de la nobleza de su cuna.

Como todos los jóvenes de su época, Aguirre se incorporó a las tropas imperiales de Carlos I de España. La península italiana era el gran escenario bélico de la época. En 1521, las tropas de Carlos I vencieron a las francesas tomando Milán. Formaban el ejército vencedor soldados españoles, italianos y alemanes. Y entre ellos, bravos soldados como Pedro de Valdivia, Francisco de Aguirre, Juan Gregorio Bazán, Francisco Pizarro, Juan Pérez de Zurita, Jerónimo de Alderete y muchos otros que luego se destacaron en las conquistas del Perú, Chile y Argentina.

En 1525, Aguirre tuvo una destacada actuación en la memorable Batalla de Pavía, en la que los soldados de Carlos I derrrotaron a los franceses y aprehendieron al rey Francisco I de Francia.

Saqueo de Roma[editar]

Saqueo de Roma, el 6 de mayo de 1527.

En 1527, cuando las tropas imperiales atacaron la ciudad de Roma, el alférez Aguirre volvió a destacarse de manera superlativa. Durante más de dos meses los invasores imperiales se dedicaron a saquear la Ciudad Eterna, sus palacios, iglesias, claustros, conventos, con violación a sus mujeres, etc. En la tropa que revistaba Aguirre había muerto su jefe en combate, es por esto que tomó el mando de la misma. Reunió a sus soldados y defendió con denuedo un convento de religiosas que estaba siendo atacado y era objeto de pillaje. Este gesto no pasó inadvertido y de él tomaron conocimiento tanto el emperador como el Papa Clemente VII. En la oportunidad el Sumo Pontífice, en agradecimiento, le indicó a Aguirre que podía pedirle alguna gracia. Aguirre no dejó pasar esa oportunidad y le solicitó le autorizase el casamiento con su prima hermana, María de Torres y Meneses. En ese tiempo no se solía dispensar el casamiento entre ese tipo de parientes, sin embargo el Papa inmediatamente lo autorizó.

A su vez, el rey Carlos I lo premió designándolo corregidor (magistrado) de su ciudad, Talavera de la Reina. Se trató de una dotación de carácter económico bajo el cargo de corregidor, un título honorífico y remunerado.[3]

Llegada a América[editar]

En 1534, se embarcó hacia América acompañado solamente por su hijo Hernando, que tenía tan sólo seis años. Desde la isla de Cuba viajó al Perú en 1537, junto a 400 soldados castellanos que venían a socorrer a Francisco Pizarro, que luchaba contra los incas. En Panamá se hizo de caballos, armas, un negro y criados españoles.

Arribó al Perú al tiempo que Pizarro había capturado al Inca Atahualpa, al que ejecutó. De inmediato, Aguirre se puso a las órdenes del conquistador del Perú y tuvo destacada actuación en todas las campañas y en la dominación de los incas. Más tarde ayudó al capitán Diego de Rojas a dominar y poblar la Provincia de Charcas, donde fue durante dos años teniente.

Arribo a Chile[editar]

Pedro de Valdivia, compañero de Aguirre en la conquista de Chile.

Aguirre había conocido a Pedro de Valdivia en las guerras de Italia y al encontrarse con él nuevamente en Lima, decidió acompañarlo en su expedición de Conquista de Chile en 1540. Por ser su hombre de confianza, Aguirre alcanzó un lugar preeminente en la incipiente colonia, siendo alcalde ordinario del primer Cabildo de Santiago de Chile en 1541, función que volvió a desempeñar en 1545 y 1549.

Fundación de La Serena[editar]

Nombrado teniente gobernador de la zona entre el río Choapa y Atacama, Valdivia le encargó la reconstrucción de La Serena destruida por los indígenas en el norte, ya que había demostrado mano dura en la guerra contra los aborígenes y en el castigo de ellos. El 26 de agosto de 1549, Aguirre refundó la ciudad, construyendo un fuerte para defenderse de los ataques, para después ponerse al frente de su tropa y marchar en persecución de los indígenas. El norte de Chile quedó libre de peligros desde ese entonces, pero también mucho más despoblado y con menos mano de obra.

El 8 de octubre de 1551 el gobernador Pedro de Valdivia nombró a Aguirre como su lugarteniente para las ciudades de La Serena y El Barco en el Tucumán, y para todas las ciudades y villas que hubiere en las tierras de su jurisdicción, hasta llegar al Mar del Norte (Océano Atlántico). A la vez, revocaba a Juan Núñez de Prado todo mandato que hubiere recibido con antelación. Esta provisión de Valdivia pasaba por encima de aquella que el virrey Pedro de la Gasca otorgara dos años antes a Núñez de Prado. Un funcionario de menor jerarquía, en este caso gobernador, estaba revocando una resolución de otro superior, en este caso el virrey del Perú.[3]

Entrada al Tucumán[editar]

Aguirre alistó una compañía de sesenta soldados muy bien pertrechados, con caballos, armamentos, pólvora, herrajes, etc. Con esta fuerza salió de Copiapó en noviembre de 1552, cruzó la Cordillera de los Andes y llegó a comienzos de 1553 al lugar donde estaba ubicado El Barco II, que encontró deshabitado. Siguiendo las huellas e informes de los indígenas siguió hacia los juríes, y tras un mes de búsqueda finalmente encontró el asentamiento de Núñez de Prado.

El 20 de mayo de 1553 llegó a El Barco III e ingresó en horas de la noche, por sorpresa, y como Núñez de Prado no se encontraba en ese momento, se apoderó de ella sin ninguna dificultad. Tomó prisionero al capitán Juan Vázquez, que gobernaba la ciudad en ese momento, y procedió a prender a todas las autoridades, despojando de sus armas a todos los hombres. Como los habitantes de la ciudad de El Barco eran inferiores a los hombres de Aguirre en cantidad y armamentos, este tomó posesión de la ciudad, convocó a todos los vecinos y al Cabildo, les notificó de su designación por parte de Valdivia y la agregación de esa ciudad a la Gobernación de Chile. Les requirió en forma conminatoria que debían reconocerlo por nuevo teniente de gobernador y justicia mayor.[4]

Al regresar Núñez de Prado a la ciudad, fue tomado prisionero y enviado a Chile. Luego de esto, Aguirre procedió a efectuar una nueva elección de autoridades, haciéndose proclamar como el sustituto legal de Núñez de Prado.

Primer Gobierno del Tucumán (1553-1554)[editar]

Fundación de Santiago del Estero[editar]

Por su temperamento, Aguirre no aceptaba que la ciudad tuviese otro fundador que no fuera él. Quiso revestirla como obra propia. A mediados de 1553, resolvió mudar la ciudad de El Barco III, trasladándola a un cuarto de legua hacia el Noroeste, siempre al lado del río Dulce. Borró a la ciudad de Núñez de Prado de todo vestigio y de restos materiales, y hasta el nombre para que no se la recordara. Sostuvo también que el traslado fue para sustraerla de las continuas crecientes del río Dulce y para una mayor seguridad debido a las amenazas de los lules.

Buscó una zona mejor desde el punto de vista defensivo para contener el ataque de los naturales. La ubicó de tal manera que entrara en la jurisdicción de la Gobernación de Chile. La zona elegida se encontraba rodeada por un bosque y había alrededor de 86 000 indígenas (tonocotés) que Aguirre luego otorgó en encomiendas.

Aguirre la rebautizó con el nombre de "Santiago del Estero del Nuevo Maestrazgo", actualmente Santiago del Estero, siendo esta la ciudad más antigua del territorio nacional argentino que aún se mantiene en pie. La falta de documentos impide conocer con exactitud el número de los primeros pobladores, que se calcula que puede haber oscilado entre noventa y cien. Nunca se encontró acta alguna de ese traslado o mudanza de lugar o fundación, ni datos referidos o que den cuenta acerca de cómo habría sido la traza urbana y morfología.[5]

Aguirre designó como Justicia Mayor a su sobrino, el capitán Nicolás de Aguirre. Cuando este murió, designó a otro sobrino, Rodrigo de Aguirre, que lo habían acompañado desde Chile.

Exploración de la región[editar]

Durante su primer gobierno en el Tucumán, y luego de trasladar El Barco III y bautizarlo como Santiago del Estero, se dedicó a recorrer la región, llegando al río Bermejo (hoy Chaco), al río Paraná (hoy Santa Fe), recorrió los ríos Dulce, Salado, y los ríos Primero, Segundo y Tercero (hoy Córdoba). Llegó a la tierra de los comechingones y pensó que ese era el lugar indicado para fundar una ciudad entre Santiago del Estero y el río de la Plata, lugar que veinte años más tarde Jerónimo Luis de Cabrera fundó Córdoba.[3]

En mayo de 1554, Aguirre estimó necesario trasladarse hacia Chile para traer semillas, plantas, herramientas, labradores, etc.

Regreso a Chile[editar]

Francisco de Villagra, con quien Aguirre disputó la gobernación de Chile.

El 22 de marzo de 1554 llegaron desde Chile el capitán Juan de Aguirre y Diego Álvarez trayéndole las gravísimas e inesperadas noticias de la muerte de Pedro de Valdivia, ocurrida en un combate contra los araucanos en la Batalla de Tucapel. Se abrió su testamento, que lo designaba a él gobernador de Chile en ausencia de Jerónimo de Alderete. Cuando recibió la noticia, ya había sido designado gobernador Francisco de Villagra, ante la emergencia y debido a la muerte del primero de la lista y la ausencia del segundo.[6]

Sus amigos de de La Serena le suplicaban su inmediato regreso. Aguirre dictó un decreto designando como gobernador y capitán general del Tucumán a Juan Gregorio Bazán, que hasta ese momento era el teniente de gobernador. El 28 de marzo convocó al Cabildo, informó la situación, hizo acatar la nueva designación y partió hacia Santiago de Chile. Se llevó de Santiago del Estero buen parte de los caballeros y soldados existentes en esta ciudad, lo que significó dejarla en el desamparo. El cruce de la cordillera fue difícil, ya que se anticipó la llegada del invierno y las abundantes nevadas mataron muchos de los indígenas y negros que llevaba y 22 caballos.

Gobierno de Chile (1554-1555)[editar]

En La Serena, se le recibió como Capitán General y Justicia Mayor. Comunicó esta elección a Santiago de Chile, haciendo decir que las tropas de su mando estaban dispuestas a sostenerlo en este cargo, que por lo demás le correspondía de derecho en virtud del testamento de Valdivia.

El cabildo de Santiago, sin embargo, no capituló a la fuerza, por lo que Aguirre mandó a su hijo Hernando con una parte de sus tropas, que fueron desarmadas en Santiago. Finalmente el conflicto se resolvió cuando se le envió una petición a la Real Audiencia de Lima, la cual determinó que los cabildos debían tomar el mando por seis meses, hasta que el Virrey designase un nuevo Gobernador, y si expiraba el plazo, Francisco de Villagra sería el Gobernador, quedando entretanto a cargo del ejército en el sur. Aguirre quiso desconocer el fallo, pero la poca fuerza que tenía no le iba a bastar para derrotar a Villagra si hubiese un enfrentamiento, por lo que lo aceptó de muy mala gana.

Había llegado en 1557 el nuevo gobernador designado por el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, quien era nada menos que su hijo, don García. Entre las primeras acciones del nuevo gobernador, se tomó presos a Aguirre y a Villagra, a pesar de que se habían portado muy corteses frente a él.[3]

A pesar del conflicto político en Chile, Aguirre continuó ocupándose de Santiago del Estero, enviando alimentos, frutales, municiones y tropas para protegerla.[6]

Primer proceso de Aguirre (1555)[editar]

El nuevo virrey del Perú, Andrés Hurtado de Mendoza, llegó en junio de 1556 y designó como gobernador de Chile a su propio hijo García Hurtado de Mendoza. Este último tomó presos a Aguirre y a Villagra y los embarcó hacia Lima en 1557. Al abordar el barco que los llevaría al Perú, la leyenda pone en la boca de Villagra las siguientes palabras: “Mire vuestra merced, señor general, lo que son las cosas del mundo, que ayer no cabíamos los dos en un reino tan grande y que hoy nos hace don García caber en una tabla”. En ese momento se reconciliaron los dos capitanes, que antes de su enfrentamiento habían sido amigos.

A Aguirre se le imputó haber tomado la Gobernación del Tucumán por la fuerza, sin un mandato legítimo, haber desconocido la designación de Juan Núñez de Prado por el presidente de la Real Audiencia de Lima, Pedro de La Gasca; de desacato, resistencia a la justicia, muertes, malos tratos a los naturales y otros delitos, aunque no se los mencionaba.

Su apresamiento en Perú no fue del agrado del Rey y sus consejeros, por lo que luego de dos años de cárcel fue dejado en libertad y regresó a Chile en 1559. Allí Aguirre se instaló en su finca de Copiapó, en su casa que los amigos conocían como el "Castillo de Montalván" y se dedicó a las tareas agrícolas. Siete meses más tarde, a principios de 1563, le llegó un correo desde Lima que le hacía saber que el virrey Diego López de Zúñiga y Velasco, conde de Nieva, lo designaba como gobernador del Tucumán.[3]

Segundo Gobierno del Tucumán (1563-1567)[editar]

Estatua de Francisco de Aguirre, en Santiago del Estero, Argentina.

Cuando la conquista de esa región estaba a punto de perderse, Aguirre asentó nuevamente la dominación española. Tras el fracaso de Gregorio de Castañeda, quien huyó de la gobernación acompañado por veinte soldados a caballo, la situación de la provincia se tornó peligrosísima, en especial para los habitantes de la ciudad de Santiago del Estero. En ella habían quedado defendiéndola los viejos conquistadores Miguel de Ardiles, Gaspar de Medina, Hernán Mejía de Mirabal, Juan Pérez Moreno, Sánchez Garzón, etc.[7]

A Chile y Perú llegaron pronto esas noticias preocupantes y el virrey entendió que el único que podía manejar esa situación era el capitán Francisco de Aguirre, quien conocía a la perfección esa tierra y el modo de combatir a sus indígenas. Si bien Aguirre tenía 63 años de edad, evidentemente se sentía con vigor como para encarar este nuevo desafío.

Volvía a la provincia como hombre del Perú, no ya de Chile, como la primera vez. En esta oportunidad Aguirre trajo a su familia desde Chile. Era deplorable el estado de la provincia cuando llegó. Sólo encontró escombros calcinados donde estuvieron las ciudades fundadas por Juan Pérez de Zurita. Los naturales continuaban con sus actos de pillaje y asediaban la ciudad de Santiago del Estero, convertida nuevamente en el único baluarte y refugio español del Tucumán. Otra vez en el mando, Aguirre organizó sus tropas y con todo brío se lanzó contra los aborígenes y los fue derrotando sucesivamente.

En 1564 la lucha contra los naturales era dura y Aguirre necesitaba refuerzos. Como la situación en Chile era igualmente complicada y no le sería fácil conseguir allí soldados disponibles, Aguirre organizó un viaje a Charcas. Para esa época, como rebozaba de riquezas por las minas de Potosí, había allí muchos aventureros disponibles. Ese viaje lo realizó acompañado con pocos soldados y en el camino fue atacado por los calchaquíes. Murieron muchos soldados, entre ellos el segundo hijo del gobernador, Francisco de Aguirre "el mozo", y el propio Aguirre salió con muchas heridas en su cuerpo. Milagrosamente fue salvado por un capitán con una partida de soldados que lo estaban esperando en esa zona. Malherido, Aguirre regresó a Santiago del Estero.

A Charcas llegaron noticias que el que había fallecido era el gobernador Aguirre, y pronto organizaron una partida poniendo al frente de ella al capitán Martín de Almendras, que en el camino fue muerto por los calchaquíes en Humahuaca. Tras esa baja, continuaron bajo el mando de su maestre de campo, Jerónimo de Alanís. Al llegar esa gente a Santiago del Estero, más auxilios que Francisco de Godoy, yerno de Aguirre, había traído desde Chile (unos 40 hombres), más 30 que le enviara el gobernador de Charcas, todo ello proporcionó al gobernador Aguirre unos 190 hombres, que lo entusiasmaron para intentar la fundación de una ciudad en los Comechingones en las inmediaciones de las sierras cordobesas, otra sobre el río Paraná, para finalmente fundar un puerto sobre el río de la Plata.[8]

En 1565 llegaron a Santiago del Estero los clérigos Francisco Hidalgo y Julián Martínez y con ambos Aguirre tuvo problemas y los expulsó. A Martínez le negó la investidura de vicario foráneo, lo consideraba como un amigo de sus adversarios y un día hasta llegó a abofetearlo. Llegó a decir que las misas de ese sacerdote no eran válidas y mandó a pregonar que nadie tratase ni se comunicase con dicho vicario. Y cuando el sacerdote lo amenazó con la excomunión, le contestó: "que esas cosas para vosotros son temibles, pero no para mí".

En abril de 1565, Aguirre pensó en desarrollar su proyecto personal de unir el Tucumán con el río de la Plata. Tomó la decisión de fundar una nueva ciudad en el lugar donde había estado situada El Barco I de Núñez de Prado y Cañete de Pérez de Zurita. Aguirre eligió el lugar, que estaba situado a la entrada de las montañas, como un baluarte para prevenir posibles rebeliones de los belicosos calchaquíes. Ordenó al capitán Diego de Villarroel como su teniente de gobernador y capitán poblara un pueblo que se llamaría San Miguel de Tucumán, en el campo que los naturales denominaban en su lengua Ibatín, a 25 leguas de Santiago del Estero, en el actual departamento de Monteros, hoy Villa Quinteros.[6]

En 1567, partió hacia los comechingones para fundar una ciudad. Habían caminado ya unas 60 leguas aproximadamente, cuando estalló un motín que echó por tierra todos sus planes. Los tenientes de Almendras, Diego de Heredia, Juan de Berzacona y Jerónimo de Holguín, se amotinaron y prendieron a Francisco de Aguirre, a su hijo Hernando y a su yerno Francisco de Godoy y amenazaron de muerte a los otros leales que los acompañaban. Les informaron que tomaban esa actitud por órdenes de la Real Audiencia de Charcas, que seguía en este caso expresas instrucciones del Tribunal de la Inquisición.

Aprisionado Aguirre, los sediciosos depusieron al vicario padre Payán y lo reemplazaron por el padre Julián Martínez, enemistado con Aguirre. Este sacerdote convino con los amotinados que manifestaría que tenía encargo del Santo Oficio de prenderlo, e inició un proceso en su contra. Rápidamente y acompañado de 15 amenazantes arcabuceros recorrieron casa por casa buscando testigos que fuesen a declarar en contra del gobernador. Lo viciado de ese procedimiento fue que el mismo sacerdote Martínez fue el juez, y los acusadores fueron testigos.

Dueños de la situación en Santiago del Estero, los amotinados produjeron toda clase de desmanes, asesinaron, robaron todos los bienes de Aguirre, de sus hijos, de sus indígenas y de sus parciales. Los amotinados lo enviaron preso a Charcas. Cuando los leales a Aguirre retomaron el control, los sublevados fueron procesados, condenados y ahorcados en la plaza principal.[9]

Segundo proceso de Aguirre (1568)[editar]

Remitido Aguirre a Charcas, fue encarcelado. Sus poderosos enemigos de la Real Audiencia le promovieron un caso de Inquisición, que era el único medio que tenían a su alcance, ya que no había acusaciones por comisión de delitos en su contra: lo acusaron de hereje. Todo con el objeto de arrancarle y privarlo del gobierno de su provincia. El nuevo proceso a Aguirre fue inquisitorial, con un tribunal especial integrado por religiosos. Los trámites duraron más de dos años. En realidad el objetivo perseguido era impedir que Aguirre continuara al mando y evitar que pudiera fundar las ciudades que él tenía planeadas.[10]

Este juicio inquisitorial duró dos años y medio, y pesó mucho en el proceso la brillante hoja de servicios del viejo conquistador a la Monarquía Española, de insuperable actuación en América. La sentencia fue leve, condenándolo a prisión, pero se la dieron por purgada con el tiempo que ya llevaba detenido; con una condena accesoria de pagar una multa de 1500 pesos, de pagar el costo de una campana de dos arrobas para la iglesia de Santiago del Estero y a una abjuración en misa mayor.

Este proceso fue duramente criticado por el visitador Juan Ruiz de Prado, quien al examinarlo efectuó la más amarga censura para el Tribunal que juzgó a Aguirre. Esta causa tuvo por objeto presentar a Aguirre como un energúmeno, enemigo de la religión, intolerante, intratable y cruel. La paralización del proceso durante tantos años, revela la deliberada voluntad del tribunal que lo juzgaba de tener a Aguirre encarcelado. Otras personas procesadas por la Inquisición fueron, además del conquistador, su hijo Hernando de Aguirre y sus sobrinos Juan Crisóstomo de Aguirre y Marco Antonio de Aguirre.[11]

Abjuración en Lima (1569)[editar]

El 1 de abril de 1569 Aguirre se vio obligado a abjurar ante el Santo Oficio de la Inquisición de Lima, de muchas afirmaciones que él había efectuado con anterioridad.

Reconoció que las hizo sin ánimo de ofender a Dios y con ignorancia y que habían sido escandalosas. Reconoció haber dicho a la gente que no tuviera pena por no ir a misa; que no había otro Papa ni Obispo que él; que él era el vicario general en lo espiritual y temporal; que había dispensado a los indígenas para que pudieran trabajar los domingos y fiestas de guardar; que ningún clérigo de la gobernación tenía poder de administrar los sacramentos; que había mandado que al padre Francisco Hidalgo, que era el vicario de la gobernación, no lo llamaran vicario; que las excomuniones eran temibles para los hombrecillos, pero no para él; que cuando en una república hubiese que desterrar a un clérigo o a un herrero, antes desterraría al sacerdote, por ser él menos provechoso; que ningún religioso que no fuese casado podía dejar de estar amancebado; que comío carne los días prohibidos y que les decía a las demás personas que así lo hacía él; que se hace más servicio a Dios en hacer mestizos, que el pecado que con ello se hace; que no se fiasen mucho en rezar, ya que él conocía a un hombre que rezaba mucho y se fue al infierno; entre otras.

Se labró un acta de esa abjuración, que firmó el propio Aguirre y las autoridades del Santo Oficio. Fue absuelto, tras lo cual marchó de nuevo hacia su gobernación.[3]

Tercer Gobierno del Tucumán (1569)[editar]

Francisco de Aguirre.

En 1569, una vez absuelto de su proceso en Lima, Francisco de Aguirre regresó a Santiago del Estero como gobernador del Tucumán. Esta vez fue designado por el propio rey Felipe II de España. Su regreso no le fue fácil, ya que en el camino le acechaban partidas enviadas por el virrey, o por Cabrera, o por la gente de la Audiencia de Charcas. Presumiblemente era para asesinarlo en el camino y evitar que llegara a la capital provincial, pero afortunadamente pudo sortear esos obstáculos.

Aguirre regresó deseoso de vengar el ultraje que le habían inferido sus enemigos. Si bien Gaspar de Medina le informó que los cabecillas del motín, Heredia y Berzacona, ya habían sido ajusticiados y muertos, Aguirre no quería dejar sin castigo a todos los que habían colaborado con ese motín. De modo que repuesto en el cargo, lo primero que hizo fue anunciar con pregón que desterraba de la provincia a todas aquellas personas que habían conspirado en su contra y lo habían apresado en 1566, con la advertencia de que si regresaban serían muertos. No sólo castigó a quienes participaron efectivamente, sino también a los sospechosos.[6]

Comenzó con su tarea de preparar una nueva expedición para poder fundar la ciudad que tenía en mente: la hoy Córdoba. Como tenía temor de un nuevo atentado en su contra, construyó en Santiago del Estero una casa que era una verdadera fortificación, con murallas, un foso que le rodeaba, un cañón que había hecho traer desde Chile y guardias permanentes.

Fue tal el rigor que empleó para con sus viejos enemigos, que ante las denuncias de los perseguidos debieron intervenir el Santo Oficio y el virrey Francisco de Toledo, quienes enviaron al visitador Pedro Diego de Arana para que lo prendiese nuevamente y lo remitiera a Lima, lo que se efectivizó en octubre de 1570. En este caso también una orden o designación del Rey fue burlada por maniobras de la Audiencia y del Santo Oficio.

En esta oportunidad, Aguirre fue acompañado por Juan Pérez Moreno, como procurador de la provincia y como acusador ante el virrey. Este fue el destierro para siempre, puesto que el conquistador Francisco de Aguirre no regresó más a Santiago del Estero ni al Tucumán.[3]

Tercer Proceso de Aguirre (1571)[editar]

Este último proceso fue una suerte de reapertura del anterior; las acusaciones no eran de peso, como por ejemplo discutir y haber abofeteado a un sacerdote. Pero duró desde 1571 hasta 1575, no obstante se elevaron denuncias al Rey de graves irregularidades en el proceso. Pero detrás de esa trama estaban el propio virrey Francisco de Toledo, el presidente de la Real Audiencia de Charcas, Pedro Ramírez de Quiñones, y esta vez un nuevo enemigo, Jerónimo Luis de Cabrera, un acaudalado vecino de Charcas, que aspiaba a ser gobernador del Tucumán y aportaba ingentes sumas de dinero para urdir pruebas en contra de Aguirre y mantenerlo en la cárcel. Cabrera logró su cometido y que el virrey lo designara en ese cargo en 1571.

De los 90 cargos que se le imputaron a Aguirre en las tres sentencias, sólo se computaron aquellos que implicaban errores contra la Santa Fe Católica. Este último proceso tardaría más de cinco años para que dictara sentencia, la que traería una condena accesoria: el destierro del reo para siempre de la Provincia de Tucumán, Juríes y Diaguitas. El conquistador estuvo preso en Lima desde 1570 hasta fines de febrero de 1576. Cuando fue liberado, marchó de nuevo a su casa en La Serena.[3]

Últimos años de vida[editar]

En abril de 1576, regresó a Chile y se estableció modestamente en la ciudad de La Serena, donde tenía su encomienda y se dedicó a las labores de campo. Estando allí, el pirata inglés Francis Drake quiso atacar la ciudad, siendo su hijo, Hernando de Aguirre, quien lideró la defensa de la ciudad y evitó el asalto y saqueo de la misma.

Francisco de Aguirre murió en La Serena en 1581,[12] sus restos fueron enterrados en la iglesia matriz(actual Catedral), pero se desconoce el lugar exacto de su tumba debido a las diversas modificaciones que ha tenido el templo y la perdida de la mayoría de las actas del cabildo anteriores a 1680.

Matrimonio y descendencia[editar]

De su matrimonio con María de Torres y Meneses nacieron cinco hijos:

Cabe aclarar que Francisco de Aguirre fue el conquistador más prolífico de Chile y del Tucumán, con cinco hijos españoles mencionados y cincuenta mestizos extra matrimoniales que se le conocieron.[13] Uno de sus descendientes fue el patriota Manuel Rodríguez que se distinguió en la Guerra de Independencia de Chile, Aníbal Pinto Garmendia y Sebastián Piñera Echeñique.

Crítica[editar]

En todas las probanzas de méritos y servicios aparece acreditada la admiración general por la pericia de Aguirre y su sabiduría en el trato para con los indígenas. Estaba considerado como "la mejor lanza venida a Chile". Esa capacidad le permitió que con un puñado de hombres dominara la región de Arauco en un plazo de seis meses, en una región donde antes habían fracasado otros importantes conquistadores como Valdivia, Valdivieso, Maldonado, Villagra, Jufré, etc.

Antenor Álvarez trazó la semblanza de Aguirre:[14]

fue gobernador del Tucumán tres veces, en 1552, 1563 y 1569. Sufrió persecuciones debido a su severidad y soberbia. Ambicioso de gloria, llegó a ser el más grande de los conquistadores de la epopeya del Tucumán, de actuación preeminente en la historia de tres naciones americanas, es considerado por sus cualidades de valor legendario, patriotismo y de recio luchador sin tregua alrededor de medio siglo, como una de las figuras más culminantes de conquistador, que mejor permiten apreciar el alma de los guerreros que consumaron el dominio de la conquista de América. Murió en el valle de Copiapó en 1581, olvidado de sus contemporáneos, rodeado únicamente de tribus indígenas que velaban y cuidaban su soledad. Hasta los pueblos que fundó y mandó fundar lo olvidaron durante siglos".

Referencias[editar]

  1. Silva Lezaeta, Luis: "El conquistador Francisco de Aguirre", Chile, 1904.
  2. Greve, Ernesto: "El conquistador Francisco de Aguirre", Chile, 1953.
  3. a b c d e f g h Castiglione, Antonio Virgilio (2012). Historia de Santiago del Estero: Muy Noble Ciudad: Siglos XVI, XVII y XVIII. Santiago del Estero, A.V. Castiglione, 2012. ISBN 978-987-33-1908-2
  4. Jaimes Freyre, Ricardo: "El Tucumán Colonial", U.N.T.,1915.
  5. Gargaro, Alfredo: "Fundación de Santiago del Estero", RJEH, 1946.
  6. a b c d [[Luis Alén Lascano|Alén Lascano, Luis C.]]:"Historia de Santiago del Estero", Plus Ultra, 1996.
  7. Achával, José Néstor: "Historia de Santiago del Estero", UCSE, 1988.
  8. Zinny, Antonio: "Historia de los gobernadores de las provincias aregntinas"". Hyspamérica. 1986.
  9. Di Lullo, Orestes: " Antecedentes biográficos santiagueños", 1948.
  10. Levillier, Roberto: "Biografía de los Conquistadores de la Argentina en el Siglo XVI", 1928.
  11. Medina, José Toribio: "Historia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición en Chile".
  12. Silva Lezaeta, Luis: "El conquistador Francisco de Aguirre", Chile, 1904.
  13. Historia de Chile. Prehistoria, Descubrimiento y Conquista. Desde la Prehistoria hasta 1601, Osvaldo Silva Galdames, ed. Copesa, 2005, pp.54. Francisco de Aguirre fue el conquistador más prolífico de Chile, con 5 hijos españoles y 50 mestizos, le siguieron Luis de Toledo (18 mestizos), Francisco de Riberos (11 españoles) y Pedro de Cisternas (10 españoles y 1 mestizo).
  14. Álvarez, Antenor: "Santiago del Estero, ciudad de invierno".

Enlaces externos[editar]


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