Francisco Antonio Moreno y Escandón

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Francisco Antonio Moreno y Escandón fue un personaje descollante de la segunda mitad del siglo XVIII en la colonia española del Nuevo Reino de Granada (Colombia). El futuro fiscal de la Real Audiencia de la Nueva Granada y luego Regente de Chile, nació en Mariquita (Colombia) el 25 de octubre de 1736, y murió en Santiago de Chile el 22 de febrero de 1792.[1]

Sus padres fueron Miguel Moreno Moreno, natural de Laredo, en la costa oriental de Cantabria, y Manuela Díaz de Escandón, criolla bautizada el 17 de abril de 1709 y fallecida en Santafé (Bogotá) el 18 de diciembre de 1765.

Contrajo matrimonio con doña María Teresa de Isabella y Aguado, bautizada en Morón (España) el 22 de julio de 1736, y sepultada en la Catedral de Santafé (Bogotá) en 1806. De sus hijas, doña María Francisca casó con don Pantaleón Gutiérrez y Díaz de Quijano (llamado el Patriarca de la Sabana), y doña Josefa, con don Fernando Rodríguez y de la Zerna; otra, con don Lorenzo Marroquín de la Sierra.

Se graduó de bachiller y maestro de filosofía en la universidad de San Francisco Javier, también regentada por los ignacianos; allí recibió más tarde los títulos de teología y jurisprudencia canónica y civil. Dictó la cátedra de Instituta (Instituciones de Justiniano) a los 22 años, y, tres años más tarde, la cátedra de Derecho Canónico. Se vinculó al Cabildo al iniciar el ejercicio de su profesión; en 1759 fue asesor general, en 1760, procurador, en 1761, alcalde ordinario de Santafé. Su talento y saber jurídico fueron conocidos en España por un informe del virrey José Solís de 1759. En 1762 el virrey Pedro Messía de la Cerda lo nombró abogado fiscal de la Real Audiencia, debido a los quebrantos de salud del fiscal José de Peñalver. En el mismo año, el arzobispo Felipe de Azúa informaba al rey que la Curia se valía de Moreno y Escandón como asesor jurídico para manejar los casos más serios. En 1759 se casó con Teresa Isabella, española hermana del rector de la catedral, quien celebró la ceremonia, y amigo del arzobispo, quien lo hizo su albacea; sus padrinos fueron personas notables del reino, entre ellos el secretario del virrey. Moreno deseaba un empleo mejor y resolvió ir directamente a España a buscarlo; la Universidad Javeriana lo comisionó para tramitar algunos asuntos de su interés.

En 1764 viajó a Europa, dejando quien lo reemplazara en su cátedra. Dicen los relatos familiares (algunos autores opinan que no hay una buena biografía de Moreno), que en Madrid rápidamente se granjeó la admiración de las autoridades por su inteligencia y saber, cuando, puesto a prueba para resolver un expediente en quince días, cumplió con esta tarea en tres y su decisión fue aceptada por el Consejo. El 25 de marzo de 1765 solicitó formalmente ser el reemplazo de Fernando Bustillo, fiscal protector de indios, fallecido. Pagó mil pesos de plata por el nombramiento, que le fue hecho un poco más tarde. A su regreso al Nuevo Reino de Granada, Moreno y Escandón se posesionó de su nuevo cargo en Santafé, en enero de 1766. Entonces comenzó a asumir nuevos cargos, en los que fue notoria su influencia sobre los virreyes que llegaron a Santafé, como lo confirman las quejas y escritos de sus detractores. En 1770 Jorge Lozano de Peralta se quejó a España de las manipulaciones que el asesor Manuel Romero y el protector de indios ejercían sobre el virrey Messía de la Cerda. En 1767, el virrey Messía de la Cerda comisionó a Moreno y Escandón para que ejecutara la orden dada por España de expulsar a la Compañía de Jesús del reino. En secreto, como era preciso, escribió a todas las autoridades, y el 31 de julio, acompañado por el oidor Antonio Verástegui, comunicó la orden en el colegio de donde era ex alumno. Fue nombrado regente de estudios de San Bartolomé y fiscal de la junta que determinaría la destinación de los bienes que pertenecían a los jesuitas en el momento de su expulsión.

Con motivo de la actitud contra el monopolio religioso sobre la educación superior, Moreno presentó un proyecto, en mayo de 1768, en el que se utilizarían los recursos dejados por los jesuitas para organizar una universidad pública y de estudios generales en Santafé de Bogotá. El virrey Messía de la Cerda, el oidor Benito Casal, el asesor Manuel Romero y el fiscal Francisco Moreno y Escandón conformaban la Junta de Extrañamiento que envió al rey un proyecto con el cual se estableció una lucha entre los ilustrados partidarios de la universidad pública y sus oponentes, entre quienes destacaban, sobre todo, las instituciones religiosas. En 1769 Moreno escribió un memorial en el que criticaba la educación que ofrecían los religiosos; decía que no manejaban conceptos científicos profundos, y que sólo hacían uso de los tratadistas herederos de la tradición escolástica medieval (trivium y quadrivium), desconociendo teorías como la de Copérnico (mecánica heliocentrista); es decir, enfrentaba aquella educación alejada de los movimientos intelectuales de la época encarnados en la Ilustración. El enfrentamiento más grande lo tuvo con los dominicos, con fray Ignacio Buenaventura a la cabeza, defensor de la filosofía de Santo Tomás, quienes pretendían sacar ventaja de la expulsión de los jesuitas. Moreno propugnaba por una universidad pública, manejada con espíritu secular, en la que los seglares se entendieran con los asuntos educativos. En 1767 hubo enconados enfrentamientos entre los dominicos y Moreno, con los bienes y prebendas de los ignacianos de fondo. Moreno pidió a la Real Audiencia que reglamentara la carrera del Derecho y su ejercicio y logró que se rigiera por el reglamento de la Universidad de Lima, por no tener uno propio. En 1771 propuso utilizar los bienes de los jesuitas para dotar la universidad y abrir una biblioteca pública, hoy la Biblioteca Nacional, fundada con 3000 volúmenes en 1777, en el local que había servido de seminario.

El Cabildo de Santafé encargó a José de Grot de Vargas, después de recibir el apoyo de los civiles, para que abriera la universidad pública, pero en la Junta de Aplicaciones, en diciembre de 1771, delante del nuevo arzobispo dominico Agustín Camacho, éste disintió con su voto de la aprobación que había dado en la Junta, elevando la ira de Moreno. La oposición crecía y en España el proyecto no pasaba. En 1774 José Celestino Mutis expuso en la Nueva Granada el sistema copernicano, lo que dio origen al plan que se estableció bajo la dirección de Moreno, director real de estudios, y que mereció la exaltación, en 1776, por el virrey Manuel Guirior, y la aprobación, en 1778, por cédula real, a la propuesta de universidad pública y estudios generales; sin embargo, su puesta en práctica no fue aprobada, por lo que el plan de estudios de Moreno, que incluía la enseñanza de física, matemáticas y trigonometría, sólo se ejecutó de 1774 a 1779. Moreno fue, además, juez conservador de las rentas de tabaco y aguardiente; redactó manuales para el manejo de las salinas de Zipaquirá; fiscal de la Audiencia de Lima, en 1789, y regente de la Audiencia de Chile, donde murió. Sus escritos e informes son reveladores respecto a la situación del Nuevo Reino en la segunda mitad del siglo XVII [Ver tomo 1, Historia, pp. 153-154, 216-217; tomo 4, Literatura, pp. 57-58; y tomo 5, Cultura, pp. 18, 63-64].
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