Fortificación

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Fortaleza abastionada de Bourtange, provincia de Groninga, Países Bajos. Restaurado a su estado en 1750.

Las fortificaciones (del latín fortificatio -ōnis) son edificaciones militares construidas para servir como defensa en la guerra. El término viene de fortis (fuerte) y facere (hacer). También se utilizan las denominaciones bastión, baluarte y fuerte.

El significado de la palabra fortificación se extiende además a la práctica de incrementar la protección de un lugar por medio de obras defensivas: recintos aislados tras murallas, denominados castillos, ciudadelas, alcázares o plazas fuertes; una o más líneas de murallas propiamente dichas, con o sin torreones en ellas y adarves, buhardas, camisas, matacanes, aspilleras, almenas y parapetos; fosos, barbacanas, torres vigía, también llamadas atalayas; torres exentas o albarranas, castilletes o zafras (castillos pequeños), poternas...

Estas fortificaciones debían tener un diseño que permitiera resistir un largo sitio o asedio, por lo que era frecuente contasen con aljibes para recoger el agua de lluvia y abundantes depósitos de víveres y otros pertrechos. También debía su construcción ser la adecuada para resistir el asalto y ataque de catapultas, bierrieres, mangoneles, brigolas, arietes, grúas, torres de asedio, sambugas y túneles de mina, y más tarde, tras la invención y divulgación de la pólvora en el renacimiento, el de bombardas, lombardas y cañones, lo que obligó a las fortificaciones a volverse más sinuosas, en forma de estrella con revellines y lunetas, algo que al cabo se mostraría tan ineficaz ante el poder creciente de la artillería que granjeó su fin.

Descripción[editar]

Los hombres han edificado obras defensivas durante miles de años, en una gran variedad de complejos diseños como buen y seguro mecanismo de defensa. Quizá uno de los ejemplos de ciudades mejor fortificadas fue Pskov (véase), en Rusia, rodeada de cinco murallas de piedra de forma tal que pudo soportar 26 asedios en el siglo XV.

Muchas instalaciones militares son conocidas como fuertes, aunque no siempre estén fortificadas. Los fuertes de gran tamaño pueden ser clasificados como fortalezas, los medianos como fuertes y los más pequeños como fortines.

Dentro de la ingeniería militar, la disciplina que se ocupa de construir y expugnar fortificaciones se denomina poliorcética.

Historia[editar]

Fortificación de Jerusalén

Si nos remontamos a buscar el origen de la fortificación, le encontraremos en los primeros tiempos de la sociedad. El choque poderoso y terrible de una grande masa de enemigos armados hizo rodear los pueblos con estacas, paredes de tierra y fosos, que las necesidades y el arte fue mejorando hasta convertirlos en murallas sólidas, con sus cortinas, torres, etc. Las mejores y más importantes plazas se construían sobre eminencias o terrenos elevados, en los que la naturaleza contribuía con sus obstáculos. Las de las llanuras o tierras bajas, solían tener dos o tres fosos e igual número de líneas de defensa. Sus murallas se elevaban a 10, 12 y aun más varas de altura, coronadas de matacanes y almenas. Polibio dice que Siracusa, capital de Hireania, tenía fosos de 45 pies de ancho cada uno y 22 de fondo. Jerusalén, según Josefo, estaba cercada con tres muros, excepto el lado de los Valles, que por ser terreno inaccesible no tenía más que uno.

Los antiguos, si bien en los primeros tiempos fortificaron los pueblos con estacas y tierra, cuando la experiencia les proveyó de más conocimientos comenzaron a mejorar sus defensas y emplearon desde entonces y casi siempre la mampostería en las murallas principales. No les fue desconocida la fábrica con tepes o céspedes, así como el arte de sostener las tierras con fajinas aseguradas y mantenidas con piquetes y armar lo alto del muro con una corona de estacas y con otra en lo que se llamó después falsabraga. Por lo regular plantaban la estacada delante o después del foso; esto es, al pie de la contraescarpa o de la escarpa. Las murallas no tenían terraplenes ni banquetas y el paso por detrás de ellas era tan estrecho que apenas cabía una fila del soldados: este paso estaba interrumpido de trecho en trecho con cortaduras sobre las que se colocaban puentes provisionales que se quitaban en casos necesarios. Los muros de segunda línea no tenían la entrada enfrente de la puerta de la primera sino que estaba a uno de los flancos y no pocas veces al lado opuesto, quedando así expuesto el enemigo a los tiros seguros de los soldados que defendían aquellas: si había más líneas, se observaba el mismo sistema.

Fortificación de Constantinopla (s. XVI)

Los sitiadores también usaban de fortificaciones. Según las circunstancias, establecían una o dos líneas de atrincheramientos defendidas convenientemente. Tucídides, hablando de los romanos, nos cuenta que circunvalaban las plazas con fosos y parapetos y oponían también parapetos y fosos contra las tropas de socorro y cuando el sitio se convertía en bloqueo, las líneas llegaban a formar murallas sólidas guarnecidas de trecho en trecho con torres o cubos. Parece imposible no discurriesen el medio de ir avanzando las trincheras para llegar a cubierto hasta el borde de los fosos: y sin embargo, fue así. Las columnas de ataque marchaban al descubierto, recorriendo un grande espacio expuestos a los tiros de los sitiados. Otras veces los soldados, provistos de fajinas, se acercaban a cegar los fosos y subían al asedio, pero siempre sufriendo una pérdida de consideración. Se inventaron después los manteletes, los testudos, las tortugas y otras máquinas que les resguardaban algún tanto. Al fin, la necesidad, el peligro y el estudio les enseñaron la oportunidad de los zigzags o ramales de trinchera para aproximarse a la plaza con más seguridad y casi sin quebranto.

Asedio de Rouen
Fortificación de La Rochelle (1573)

Desde la aparición de la pólvora en la escena militar, la fortificación sufrió variaciones muy importantes. Las primeras invenciones modernas fueron sencillas pero felices. A las almenas y matacanes sustituyeron los parapetos de tierra a prueba de bala, delante de las puertas de las plazas se levantaron baluartes, redientes, barbacanas, etc. y otras obras de tierra sostenidas por un revestimiento de cal y canto, ladrillos, madera o piedra de sillería. Estas fortificaciones retardaban la apertura de la brecha y el asalto. Con el nombre de afueras se establecieron fortificaciones que se consideraban como partes del frente o del recinto. Rodeó el cuerpo de la plaza y obras exteriores una misma contraescarpa, desarrollándose alrededor de la fortaleza un parapeto en forma de glacis desplanada y entre este y la contraescarpa quedó un espacio libre y oculto que se llamó camino cubierto: luego vinieron las obras destacadas, las cortaduras, pozos de lobo, talas de árboles, atrincheramientos y líneas de contraguardia, especie de zapa por la cual el sitiado se aproximaba al enemigo, cayendo sobre los flancos de sus trincheras. En 1527 Juan Michelli fortificó Verona con baluartes; en 1543 Hesdios y Landrecies construyeron plazas regulares y baluartadas. Villay empleó la línea de contraataque en la defensa de Rouen (1592). El corredor o camino cubierto conocido ya hacía mucho tiempo recibió mejoras notables: las afueras, las obras exteriores y destacadas prolongaron los sitios durante las guerras civiles de los Países Bajos. En 1618 escribía Stevin el modo de fortificar por medio de exclusas. El sitiador, pues, para entrar en una plaza tuvo que llegar a la cresta del glacis, abrir la escarpa, pasar el foso, dar el asalto o establecerse en la brecha bajo el triple efecto de las salidas, de los fuegos y de las contraminas. Después de que se conocieron esta multitud de obras, la fortificación que en la antigüedad tuvo un aspecto único y uniforme, fue susceptible de recibir una multitud de figuras.

Apareció por fin Vauban y su talento abarcó los medios de atacar y defender las plazas. Creó para las primeras un nuevo a ríe de sitiar y para las segundas una ciencia no menos nueva y profunda: la de aplicar la fortificación al terreno. Llevó al más alto grado la perfección de los ramales de trinchera, inventó la zapa, las plazas de armas, los reductos, las paralelas, el coronamiento del camino cubierto y otros trabajos no menos importantes. Desde entonces la superioridad se declaró decididamente a favor del ataque pues el sitiador pudo presentar siempre un frente de mayor extensión que el atacado, sirviéndose al mismo tiempo de iguales máquinas e idénticos medios de hacer daño que los sitiados. Por medio de los zigzags llegaba con ramales de trincheras hasta el borde de la contraescarpa en donde se colocaba la artillería. Necesitaríamos un gran volumen para enumerar las grandes concepciones de Vauban. Coehorn, ingeniero holandés, fue un digno émulo suyo. Después han seguido Cormontaigne, Duvignau, D'Arzón, Boussmard, Chasseloup y otros célebres ingenieros. Baudoin, Bonnet, Laffite-Clavé, en sus memorias sobre las fronteras, han buscado los principios de ese arte en el cual Vauban hermanaba la fortificación con la topografía y el arte de la guerra.

La fortificación en el siglo XIX, consistió en multiplicar los flancos. En el relieve general se conservó el perfil de Vauban, como el único que reunía todavía a la economía y a la sencillez la ventaja de no oponer a los tiros de las bocas de fuego más que tierra, las dimensiones que exige el parapeto la penetración de los proyectiles y en las murallas la circulación y las maniobras de la artillería y de las tropas. En el trazado todas las obras se hicieron mayores con el objeto de ser más favorables a dichas maniobras, de poderse colocar allí los traveses y blindajes durante el sitio y por su misma espaciosidad hacer menos peligrosos los efectos de los proyectiles. Con el nombre de desenfilada se redujo a reglas generales el arte con que Vauban, situando sus obras en planos que pasasen por encima de todas las alturas que pudieran dominarlas, protegen sus fortificaciones de los fuegos directos y el admirable método de levantar el plano de un terreno elevado por curvas horizontales permitió poder trazar una fortificación tanto en el interior de un gabinete como sobre el mismo terreno. En la disposición de las obras avanzadas y exteriores se tuvo por objeto a la vez poner a cubierto de los tiros de rebote las principales líneas del recinto, dar a las obras toda la salida posible, sin dejar por esto de estar ligadas a las demás que las protegen, dejar entre ellas espacios inatacables, hacer los ataques sucesivos y sobre todo favorecer las salidas de la guarnición y facilitar el recobro de las partes ya tomadas. Por último, se sujetaron a la fortificación las contraminas, concentrándolas en los puntos en los cuales el sitiador pierde parte de las ventajas que le dan la supresión de contraminas y la violencia de sus hornillos.[1]

Clases de fortificación[editar]

  • Angular. Aquella en que se ha seguido el sistema de tenazas en lugar del de bastiones y presenta una continuación de ángulos entrantes y salientes y se compone por consiguiente toda ella de caras y flancos.
  • Artificial. La que por medio del arte se construye sobre un terreno descubierto o un sitio indefenso.
  • Antigua. La que consistía en un simple recinto compuesto de ángulos entrantes y salientes con varios torreones redondos o cuadrados unidos al muro, cuya distancia se arreglaba al alcance de las armas arrojadizas; esto es, de las que se disparaban con el arco y con la honda. Por la parte superior del muro hacia la plaza, corría una especie de camino o terraplén, sobre el cual se ponían los defensores y dirigían los tiros al enemigo por unas aberturas hechas en el espesor del muro. Los torreones tenían también su terraplén, parapeto y matacanes.
  • De campaña. Esta es la que tiene por objeto el atrincheramiento de los campos, de los puestos, de los pasos de los ríos, etc., y se compone del parapeto con una o dos banquetas, del foso, de la berma o lisera y de un glacis. Algunas suelen tener un anteglacis o explanada. Se emplea generalmente en las ocasiones en que un ejército o cuerpo de él se te atacado por fuerzas numerosas a que no puede contrarrestrar.
  • Defensiva. La que se establece para sostener una plaza contra los ataque de un enemigo fuerte en tropas y en recursos.
  • Irregular. Aquella en que los ángulos y lados del recinto o del polígono son desiguales.
  • Mixta. La que utilizando una posición o las localidades naturalmente fuertes se completa la defensa por medio del arte.
  • Moderna. Consiste esta clase de defensa en un común recinto, que es un rampar o terraplén revestido de mampostería o tepes; de un foso que forma una escarpa del lado de la plaza, y de una contraescarpa de parte de la campaña, baluartes, torres bastionadas, etc.
  • Natural. La que se debe a la configuración y circunstancias del terreno, aprovechando todos sus recursos y obstáculos naturales.
  • Ofensiva. La que emplea el sitiador para cercar una plaza, acercarse a ella y tomarla.
  • Pasajera. La que teniendo por objeto defender puntos de ocupación eventual no constituye un sistema estable sino del momento o por un tiempo determinado, y se construye con fajinas, tierra, toneles, sacos, etc.
  • Permanente o Estable. Es la que se emplea en las plazas de guerra de importancia militar y se construyen de mampostería, ladrillo y materiales sólidos de duración y resistencia, según las regla de la arquitectura militar.
  • Perpendicular. Aquella cuyas partes de que se compone se flanquean unas o otras por ángulos rectos.
  • Rasante. Obra trazada de modo que saliendo la línea de defensa del ángulo del flanco, pase rasando la cara del baluarte colateral. También se aplica a la fortificación en que la prolongación del glacis cubre exactamente al muro.
  • Regular. La que tiene iguales y correlativos los ángulos del polígono o recinto. Fortificación que se prefiere a la irregular cuando se puede formar un terreno apropósito en el lugar que conviene construirla.
  • Subterránea. La que se hace por debajo de la tierra.[1]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]