Fortaleza de Santa Teresa

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Fortaleza de Santa Teresa
Fortaleza ST.jpg
Ocupaciones
1762 - 1763: (6 meses) Portugal
1763 - 1811: (48 años) España.
1811 - 1812: (16 meses) Ejércitos patriotas
1812 - 1814: (2 años) Portugal
1814 - 1816: (18 meses) Ejércitos patriotas
1816 - 1822: (6 años) Portugal.
1822 - 1825: (3 años) Brasil
1826 - 1827: (3 meses) Ejércitos patriotas
1827 - 1828: (3 meses) Brasil
Desde 1828: República Oriental del Uruguay

La fortaleza de Santa Teresa se ubica en las coordenadas 33°58′20″S 53°32′55″O / -33.97222, -53.54861, en el departamento de Rocha, Uruguay, a 305 km de Montevideo y a 36 km de la localidad internacional de Chuy, en la frontera con Brasil. Apenas dos kilómetros la separan del océano Atlántico. La Ruta 9, el antiguo Camino de la Angostura, transcurre a escasos 500 m de la fortaleza separándola de la laguna Negra, que dista 2 km al oeste. La fortaleza forma parte del Parque Nacional de Santa Teresa, creado para protegerla. Era parte de la antigua línea castillos —Tratado de Madrid (1750)— y tenía la función de proteger el desfiladero de Angostura, vecino al monte de Castillos Grande, cerca de veinte km al sur de la laguna Merín.

Descripción[editar]

Murallas

Posee la forma de un pentágono irregular, y sus cinco ángulos están terminados en bastiones salientes cuyos fuegos se cruzan, imposibilitando el escalamiento de los muros. El perímetro de la fortaleza mide 652 metros y toda ella ocupa una hectárea de superficie.

Los muros son gigantes, construidos con enorme sillería de granito, de estricta igualdad en sus dimensiones y perfectamente labradas. La pared exterior mide cerca de cuatro metros de espesor en la base y cerca de dos metros la interior, rellenado el espacio que media entre una y otra, un sólido terraplén que en algunos puntos tiene hasta 7 m de ancho. La altura de los muros por la parte exterior en algunos puntos alcanza a 11,5 m.

La fortaleza tiene cuarenta y una troneras para cañones, construidas artísticamente con grandes bloques de granito. Existen cinco garitas correspondientes a cada ángulo del pentágono, elegantemente construidas en forma de púlpito con piedras labradas.

Puertas
Muro de la Fortaleza de Santa Teresa.
  • “La puerta principal”. Está construida en sólida madera con forma de arco en la parte superior y mira al Oeste.
  • “La Puerta de socorro”. Mira hacia el Este, y es de menores proporciones que “la Puerta Principal”, la que los historiadores del siglo XIX denominan de esa manera.
Residencias

En el interior de la fortaleza podían alojarse unos 300 hombres. Las construcciones interiores, también realizadas con piedras de sillería, se conservan en perfecto estado desde la época colonial, habiendo sido restauradas con cuidado y repuestos sus techos. Esos edificios son los siguientes: cuarto de banderas y cuerpo de guardia, a los costados de la puerta principal; la mayoría, que antiguamente era el local destinado a la capilla, dos extensas cuadras; el polvorín, construidos con enormes sillares de granito y los calabozos.

Camposanto

El camposanto ubicado a corta distancia de la muralla Oeste, se usó desde la segunda mitad del siglo XVIII hasta más allá de la extinción de la fortaleza como tal, ya que continuó por largo tiempo en uso del vecindario.

Descansan allí personal de tropa, guarnición española del fuerte y de la zona, españoles, esclavos, indígenas y portugueses.

Pueden mencionarse así a Agustín Lipopisi y Félix Sayobí, dos caciques guaraníes de los pueblos misioneros de San Carlos y Chorpus, a Cecilia Maroñas, hija del español Francisco Maroñas, y la portuguesa María Espíndola, a uno de los hijos del Comandante Alagón, atacado por un puma en el Potrerillo, y tantos otros.


Se señala como el primer sector que se restauró. Si bien su estado de conservación no era bueno, mantenía su trazado original y las piedras, aunque derrumbadas, estaban en su lugar. Las pequeñas cruces de piedra son las originales, no así la gran cruz de piedra, que fue tallada por el maestro pedrero Juan Buzzalini que actuó en todo el proceso de restauración del fuerte.

Expresa Horacio Arredondo: "Yo rindo homenaje y me inclino reverente ante el recuerdo de esos pobres hombres muchos de los cuales duermen el sueño eterno en el humilde camposanto de la fortaleza, cuyas paredes fue lo primero en restaurarse sacrificándose en el Día de los Difuntos buena parte de las flores del parque, como excepción, pues el resto del año está prohibido cortar una flor".

Vista desde la Fortaleza de Santa Teresa.

Topografía de la zona[editar]

La región se caracteriza por las vastas extensiones de dunas sobre la costa, así como por una sucesión de humedales ubicados al oeste y norte. Esporádicamente estos esteros se interrumpen con elevaciones no muy pronunciadas, que suelen destacarse en contraste el paisaje plano. La fortaleza fue estratégicamente ubicada sobre una elevación rocosa a 58 m sobre el nivel del mar, junto al Camino de la Angostura, único paso entre los esteros y el mar.

Historia[editar]

La actual Fortaleza de Santa Teresa fue construida por la corona española, aunque su fundación y nombre se deben a Portugal. En el breve período de octubre de 1762 a 1775 se construyeron tres fortificaciones.

La firma del Tratado de El Pardo (1761) anulaba en la práctica el Tratado de Madrid (1750), por lo que el gobernador y capitán general de la capitanía de Río de Janeiro, Gomes Freire de Andrade, conde de Bobadela, se anticipó a las consecuencias del mismo para la región sur, que conocía bien. Ordenó al gobernador de la Colonia del Río Grande de Sao Pedro, coronel Elói Madureira, el envío inmediato de tropas de Laguna hacia la Línea de Castillos Grande. Las tropas fueron al mando del teniente coronel Tomás Luis de Osorio, comandante de las tropas de Caballería del Regimiento dos Dragones y del Fuerte Jesús, María, José de Río Pardo.

Reuniendo poco más de mil hombres, la estrategia portuguesa era la de construir rápidamente una línea defensiva fortificada, al sur del Fuerte de San Miguel en el arroyo Chuí, para detener la invasión española en progreso, después de la conquista de la Colonia del Sacramento en octubre de 1762 por el gobernador de Buenos Aires, Pedro de Ceballos, al frente de cerca de tres mil hombres reunidos en Maldonado.

Osorio hizo construir una fortificación de campaña en diciembre de 1762, guarneciéndola con cerca de 400 soldados y artillándola con algunas piezas de pequeño calibre. El lugar elegido fue el desfiladero de Angostura cerca del monte de Castillos Grande, cerrando el camino terrestre junto al litoral, que iba desde la Colonia del Sacramento hacia la villa de Río Grande.

Primera fortificación (año 1762)[editar]

Diseño: Ingeniero Gómez de Mello (Portugués).

Consistió en una trinchera cavada en la pendiente de un cerro del lugar, conocido como Castillo Chico, que fue completada con un cerco de troncos de palo a pique. La madera fue transportada desde la zona del fuerte de San Miguel, distante unos 30 km, tarea titánica para la época, ya que debían vadearse innumerables pantanos y arroyos.

El 6 de octubre de 1762 “se colocó la piedra fundamental al pie de los cimientos, cantándose misa con todo el fausto militar”, informa Osorio al superior. Dándole el nombre de Santa Teresa a la futura fortificación por ser santa de la particular devoción de Bobadela.


Terminada la guerra, el coronel Osorio volvió a su país. Sometido a un Consejo de Guerra, acusado de no haber defendido adecuadamente el lugar, fue hallado culpable y ahorcado en Lisboa por orden del conde de Oerias, más tarde marqués de Pombal. Poco después la esposa de Osorio aportó pruebas que obligaron a Pombal a fijar un edicto en las esquinas de Lisboa, manifestando que la ejecución de Osorio no transmitía infamia a sus descendientes.

Segunda fortificación (año 1763)[editar]

Diseño: Ingeniero Francisco Rodríguez Cardozo (español).

En guerra España y Portugal, el general español Pedro de Cevallos la tomó por capitulación el 19 de abril de 1763, capturando a Osorio, quien con poco más de 100 hombres de la guarnición fueron trasladados a Maldonado. Cevallos ordenó la construcción de otra fortificación, orientada contra el Brasil portugués, siendo su autor el ingeniero Francisco Rodríguez Cardozo. Se emplearon materiales utilizados en la anterior, a los que se agregaron algunas piedras de granito, del trabajo realizado por cuatro picapedreros portugueses. Luego Ceballos prosiguió su marcha hacia São Pedro do Río Grande, en el mismo mes de tomó el Fuerte de San Miguel, vecino al Arroyo Chuí.

El Tratado de San Ildefonso (1777) ratificó la posesión española de la Fortaleza de Santa Teresa y del Fuerte de San Miguel.

Tercera fortificación (1765-1775)[editar]

Diseño: Ingeniero Bartolomé Howel (francés).

Es la actual Fortaleza de Santa Teresa, diseñada por el ingeniero francés Bartolomé Howel (Havelle). Existieron luego otros proyectos de mejoras, que no se llevaron a cabo, y que de haberse realizado hubieran dado a la construcción un rango arquitectónico mayor del actual. Ante la inminencia de una invasión británica, en 1775 el ingeniero Bernardo Lecocq efectuó obras de refuerzo de la estructura del fuerte. Otras reparaciones fueron efectuadas en 1797.

Acontecimientos militares posteriores[editar]

En 1776, un año después de culminada la construcción de la Fortaleza de Santa Teresa, Portugal vuelve a amenazar las fronteras de España en estas partes de América. El gobernador Juan José de Vértiz y Salcedo, se trasladó desde Buenos Aires hasta la fortaleza para organizar la defensa, a la espera del general Pedro de Cevallos y su ejército, con el fin de llevar a cabo el contraataque. A su llegada, reciben noticias de la firma del tratado de paz de San Ildefonso, suspendiéndose todas las acciones.Cevallos recibió el grado de Capitán General y fue designado Primer Virrey del Río de la Plata.

A partir de ese momento la fortaleza estuvo en poder de uno u otro bando hasta que, a partir del año 1828 y con el surgimiento de la República Oriental del Uruguay, pasa a ser propiedad de este estado de manera definitiva. Por el Tratado del 15 de mayo de 1852, que estableció la demarcación fronteriza en la desembocadura del arroyo Chuí, los dos fuertes (San Miguel y Santa Teresa) permanecieron en territorio uruguayo.

Abandono y restauración[editar]

Fortaleza de Santa Teresa

Uruguay empieza a constituirse, y el naciente estado, durante casi más de un siglo, no cuenta con recursos para conservar monumentos históricos. De esta manera, se inicia la decadencia de la Fortaleza de Santa Teresa. De todas formas, cumple su rol de atalaya en la frontera durante las presidencias de Fructuoso Rivera y Manuel Oribe, entre los años 1830 y 1843.

Durante la llamada Guerra Grande, a mediados del siglo XIX, allí se refugiarán las fuerzas de Manuel Oribe, después la estructura permaneció abandonada. En 1895 fue reocupada como presidio.

Sin embargo, el abandono total ha de sobrevenirle, agravado por el saqueo de las piedras y por la constante amenaza de las dunas que empezaron a cubrirla a fines del siglo XIX. Sirve entonces, para abrigo del ganado y murciélagos; estos últimos inspiraron al ex presidente Dr. Baltasar Brum a escribir una composición literaria.

En el año 1921, siendo el Dr. Baltasar Brum presidente de la República, el historiador y arqueólogo Horacio Arredondo concibió y propuso su restauración al gobierno. La aprobación llegaría para el año 1928, la que sería ampliada a efectos de conservar el Fuerte de San Miguel y la Fortaleza del Cerro en Montevideo.

Desde entonces y completada su reconstrucción desde la década de 1940, la fortaleza se ha convertido en un museo y lugar turístico muy visitado, siendo uno de los pocos bastiones de la época colonial en América que aún pervive.

Folclore y leyendas[editar]

La siguiente leyenda fue escrita por Baltasar Brum en 1930 donde relata la formación de los cerros haciendo hincapié en el origen del Cerro Verde (la versión original y completa se encuentra en La Fortaleza de Santa Teresa).

“ El Corazón de piedra de la sirena”

Según cuenta la leyenda: “los espíritus elementales que poblaban los mares y las tierras, cuando triunfó allá el cristianismo emigraron a nuestro continente en busca de tranquilidad, pero fueron descubiertos y perdieron la libertad. Amantes de la belleza y de la paz rehusaron combatir con los dioses humanos, entonces en una gran asamblea decidieron la mutación general en formas recordatorias de sus pasiones. Los terrestres se refugiaron en las flores, árboles, piñas, insectos, los marinos en los cabos, puntas, arrecifes, algas, delfines, lobos.

Cinco sirenas Caaibaté, Maci, Manipeya, Cuñataí, Alúa que vivían en los mares se transformaron en el Cerro Verde, y las puntas de la Fortaleza, Moza, Chato, del Barco o del Naufragio y Árido. Caaibaté, era una sirena amada por el sur y el norte, correspondiendo al primero y desdeñando al segundo. Metamorfoseada en el Cerro Verde sufre el eterno rigor del norte, amante despechado, que con el auxilio del levante y el poniente, proveedores de arena le aísla de la tierra, intentando cubrirla con sus dunas. Lo evita el sur, al hacer circular con la caricia de su soplo la savia emanada del corazón de la sirena para dar vida a la vegetación de primoroso verdor que lo recubre en una defensa triunfal del amor sobre el odio”.

Referencias[editar]