Filosofía analítica

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Filosofía analítica es un término genérico para un estilo de filosofía que comenzó a dominar a los países de lengua inglesa en el siglo XX. En los Estados Unidos, el Reino Unido, Canadá, Escandinavia, Australia y Nueva Zelanda, la gran mayoría de los departamentos de filosofía de las universidades se identifican a sí mismos como departamentos “analíticos”.[1]

El término “filosofía analítica” puede referirse a:

(a) Una tradición de hacer filosofía[2] [3] caracterizada por un énfasis en la claridad y la argumentación, comúnmente alcanzadas a través de la lógica formal y el análisis del lenguaje, y por un gran respeto por las ciencias naturales.[4] [5]

(b) Algunos desarrollos en la filosofía de inicios del siglo XX, tales como el trabajo de Bertrand Russell y Gottlob Frege, y el positivismo lógico. En este sentido, la filosofía analítica tiene compromisos filosóficos específicos (algunos rechazados por filósofos analíticos contemporáneos), en concreto:[6]

  • La visión del positivista que considera que no hay verdades específicamente filosóficas y que el objeto de la filosofía es la clarificación lógica de los pensamientos. (Esto se puede contrastar con el fundacionismo tradicional, derivado de Aristóteles, que mira a la filosofía como un tipo especial de ciencia, la más alta, que investiga las razones fundamentales y los principios de todo.[7] Como resultado, muchos filósofos analíticos han considerado a sus investigaciones como continuas con, o subordinadas a, las de las ciencias naturales.[8]
  • La visión de que la aclaración lógica de los pensamientos sólo puede ser alcanzada a través del análisis de la forma lógica de proposiciones filosóficas.[9] La forma lógica de una proposición es una forma de representarla (normalmente usando la gramática formal y el simbolismo de un sistema lógico) para mostrar su similaridad con todas las otras proposiciones del mismo tipo. Sin embargo, los filósofos analíticos disienten ampliamente sobre cuál es la forma lógica correcta del lenguaje ordinario.[10]
  • El rechazo de sistemas filosóficos omniabarcantes en favor de la atención a los detalles,[11] el sentido común y el lenguaje ordinario.[12]

El movimiento analítico: 1900 - 1960[editar]

El Movimiento analítico lo inicia en Inglaterra G. E. MOORE 1873-1958) con su obra Refutación del idealismo, de 1903, que contó; con el apoyo de B. RUSSELL, compañero y amigo en la universidad de Cambridge. Ambos recuperan la tradición empirista propia de la filo-sofía inglesa, en particular la de D. HUME con su atomismo de los elementos del conocimiento. En contra del Idealismo, los filósofos analíticos comparten el Idealismo derivado del sentido común que, mediante una actitud empirista y el recurso al método analítico, tendría el lenguaje como objeto propio de la filosofía. Esta concepción de la filosofía da lugar a varias corrientes de pensamiento:

  • En primer lugar señalaremos al Atomismo lógico. Así, G. E. MOORE analiza el lenguaje común u ordinario y B. RUSSELL analiza el lenguaje ideal o formal. B. RUSSELL entendió que el lenguaje lógico-formal es capaz de enfrentarse de forma más adecuada y eficaz que el lenguaje ordinario, a la comprensión de los hechos que acaecen en el mundo y, por tanto, puede sa-tisfacer mejor las aspiraciones cognoscitivas de la filosofía.
  • Por otra parte, L. WlTTGENSTEIN (1889-1951) estudió en Cambridge con los dos maestros anteriores y, como resultado de sus enseñanzas, escribió el Tractatus Logico-Philosophicus, en el que afirma que el objeto de la filosofía se reduce a la aclaración lógica del pensamiento. De regreso a Viena entró en con¬tacto con M. SCHLICK, promotor del Círculo de Viena e impulsor del Neopositivismo, que aplica el análisis al lenguaje científico.
  • A partir de 1929, el mismo Wittgenstein inició una nueva etapa: revisó sus teorías y escribió Investigaciones filosóficas, con nuevas perspectivas para el análisis del lenguaje y para la concepción de la filosofía. Estas nuevas ideas tuvieron conti-nuidad en sus discípulos de las universidades de Oxford y Cambridge, iniciadores de la Filosofía analítica, corriente que desarrolla el análisis del lenguaje ordinario. (Andrea Jimenez)

Los orígenes: Frege[editar]

Al inicio de su carrera, Russell y su colaborador Alfred North Whitehead, estuvo fuertemente influenciado por Gottlob Frege, quien desarrolló el cálculo de predicados. Esto permitió que se pudiera analizar la forma lógica de un gran rango de oraciones, muchas más de las que permitía la lógica aristotélica. Frege fue una figura clave también para la filosofía de las matemáticas. En contraste con la “Filosofía de la Aritmética” de Husserl, que intentaba mostrar que el concepto de número cardinal se deriva de actos mentales de agrupar objetos y contarlos,[13] Frege buscó mostrar que las matemáticas y la lógica tenían una validez propia, independiente de los juicios o estados mentales de matemáticos y lógicos individuales (justo lo que proponía el psicologismo de Husserl). En su obra cumbre, la ‘Conceptografía’, Frege construye la lógica moderna a través de un cálculo de proposiciones y de predicados. Frege desarrolló su filosofía de la lógica y de las matemáticas, sobre todo la noción lógica de número, en ‘Fundamentos de la aritmética’ (1884) y ‘Leyes de la aritmética’ (1893 & 1904). Entre la publicación de ambas obras, Frege desarrolló a profundidad los conceptos semánticos de sentido y referencia, así como los lógicos de función, concepto y objeto.[14] Bertrand Russell y Alfred North Whitehead desarrollaron el logicismo fallido de Frege e intentaron mostrar a su vez que las matemáticas son reducibles a principios lógicos fundamentales. Los “Principia Mathematica” (1910-1913) alentaron a varios filósofos a tomar un renovado interés en el desarrollo de la lógica simbólica. Además, Russell adoptó la lógica como su herramienta filosófica primaria, una herramienta que pensó podía exponer la estructura subyacente de diversos problemas filosóficos. Por ejemplo, las siguientes tres oraciones, aunque similares en español, tiene tres diferentes significados en la lógica de predicados:[15]

  • en 'el gato “está” dormido’: el “está” de predicación dice que 'x es P': P(x)
  • en 'ahí “hay” un gato”’: el hay de existencia dice que hay una x: ∃(x)
  • en 'tres “es” la mitad de seis’: el “es” de identidad dice que x es lo mismo que y: x=y

Russell buscó resolver varios problemas filosóficos aplicando distinciones claras como las anteriores. Su análisis más famoso quizá sea el de las descripciones definidas en “Sobre la denotación”.[16]

Análisis de un lenguaje ideal[editar]

Más o menos de 1910 a 1930, filósofos analíticos como Russell y Ludwig Wittgenstein se enfocaron a crear un lenguaje ideal para el análisis filosófico que estaría libre de las ambigüedades del lenguaje ordinario que, según su visión, usualmente metía en problemas a los filósofos. En esta fase, Russell y Wittgenstein buscaron comprender el lenguaje, y por tanto los problemas filosóficos, haciendo uso de la lógica formal para formalizar las afirmaciones filosóficas. Wittgenstein desarrolló un sistema comprehensivo de atomismo lógico en su “Tractatus logico-philosophicus”. Ahí argumentó, de modo bastante críptico a lo largo de varias sentencias, que el mundo es la totalidad de los hechos, y los hechos pueden ser expresados en el lenguaje de lógica de predicados de primer orden. Así, el lenguaje es una “figura” del mundo que se puede construir expresando hechos atómicos en proposiciones atómicas ligándolas usando operadores lógicos.

Positivismo lógico[editar]

Entre las décadas de 1920 y 1940, el formalismo de Russell en los “Principia Mathematica” y Wittgenstein en el “Tractatus logico-philosophicus fue tomado muy en serio por un grupo de pensadores en Viena y Berlín, quienes conformaron el Círculo de Viena y el Círculo de Berlín. Su doctrina se conoce como positivismo lógico (o empirismo lógico). El positivismo lógico usa herramientas lógicas formales para sostener una explicación empirista de nuestro conocimiento del mundo.[17] Filósofos como Rudolf Carnap y Hans Reichenbach, junto con otros miembros del Círculo de Viena sostenían que las verdades de la lógica y las matemáticas eran tautologías y las de la ciencia eran aseveración empíricamente verificables. Estas dos constituían el universo entero de juicios con significado; cualquier otra cosa era un sinsentido. Las aseveraciones de la ética, la estética y la teología serían, de acuerdo con esto, pseudo-afirmaciones, ni verdaderas ni falsas, sino puro sinsentido carente de significado. La insistencia de Karl Popper en el rol de la falsación en filosofía de la ciencia constituyó una reacción a los positivistas lógicos.[18] Con la llegada al poder de Hitler y el Nazismo en Alemania y Austria, muchos miembros de los círculos de Viena y Berlín se vieron obligados a huir, debido a sus simpatías de izquierdas y el origen judío de algunos de ellos. Se refugiaron sobre todo en el Reino Unido y en Estados Unidos, lo que ayudó a reforzar el dominio del positivismo lógico y de la filosofía analítica en el mundo angloparlante.[19] Los positivistas lógicos típicamente consideraron que la filosofía tenía un rol bastante estrecho. La filosofía tendría que ver con la clarificación del pensamiento, más que con contenidos concretos propios. Los positivistas lógicos adoptaron el principio de verificación o verificacionismo, según el cual toda aserción con significado o bien es una proposición analítica o bien es susceptible de ser verificada a través de la experiencia. Esto condujo a los positivistas lógicos a rechazar muchos problemas filosóficos tradicionales, especialmente los de metafísica u ontología, por considerarlos carentes de significado.

Análisis del lenguaje ordinario[editar]

Después de la Segunda Guerra Mundial hacia finales de la década de los cuarenta y durante la década de los cincuenta, la filosofía analítica dio un giro hacia el análisis del lenguaje ordinario. Este movimiento tuvo lugar en el auge de la filosofía tardía del en ocasiones llamado “segundo” Wittgenstein, misma que se distancia en algunos puntos centrales de su primera filosofía. En contraste con filósofos analíticos anteriores (incluido el primer Wittgenstein), quienes pensaban que los filósofos debían evitar las engañosas trampas del lenguaje natural construyendo lenguajes ideales, los filósofos del lenguaje ordinario sostuvieron que el lenguaje natural de hecho refleja un gran número de distinciones sutiles que suelen pasar inadvertidas en la formulación de teorías y problemas filosóficos tradicionales. Mientras escuelas como el positivismo lógico se centraban en términos lógicos, supuestamente universales e independientes de factores contingentes como la cultura, el lenguaje, las condiciones históricas, etc., la filosofía del lenguaje ordinario enfatiza el uso del lenguaje que hacen los usuarios ordinarios. Esto, claro, acerca un poco más a la filosofía del lenguaje ordinario a disciplinas como la historia y la sociología. Los filósofos del lenguaje ordinario más prominentes durante los años cincuenta fueron Austin y Ryle, además del propio Wittgenstein. Bajo su visión, los problemas filosóficos se disuelven, que no resuelven, mostrando que son resultado de malinterpretar el lenguaje ordinario. El ejemplo de Ryle del "Fantasma en la Máquina" y un sinfín a cargo de Wittgenstein, entre otros.

Después de 1960[editar]

A principios de la década de los cincuenta, el positivismo lógico había sido fuertemente desafiado por Wittgenstein en las “Investigaciones filosóficas”, Quine en “Dos dogmas del empirismo” y por Wilfrid Sellars en “El empirismo y la filosofía de la mente”. En los sesenta, tanto el positivismo lógico como la filosofía del lenguaje ordinario pasaron rápidamente de moda y la filosofía en lengua inglesa comenzó a incorporar un mayor rango de intereses, temas y métodos.[cita requerida] No obstante, hoy día la mayoría de los filósofos de Estados Unidos, Reino Unido y Australia se consideran a sí mismos “filósofos analíticos”.[20] En gran medida la noción de “filosofía analítica” se extendió desde de los programas específicos que dominaron la filosofía anglófona antes de 1960 a una noción mucho más general de “estilo analítico”, caracterizado por la precisión y profundidad con respecto a un tema limitado y en oposición a “discusiones imprecisas y arrogantes sobre temas muy amplios”.[21] Esta interpretación de la historia está muy lejos de ser universalmente aceptada, y los oponentes de la filosofía analítica restan mucha importancia al rol de Wittgenstein durante los sesenta y setenta. Peter Hacker,[22] representa la visión de los seguidores de Wittgenstein cuando critica que mucha de la filosofía contemporánea que se dice a sí misma analítica realmente no merece el título. De acuerdo con él, a mitad de la década de los setenta, en parte por razones económicas, el centro de gravedad de la filosofía se trasladó de Gran Bretaña a los Estados Unidos, donde la influencia de Wittgenstein nunca fue definitiva. Aquí, bajo la influencia del creciente prestigio de ciertos desarrollos científicos y tecnológicos como las informática, la neurofisiología y la lingüística chomskyiana, los argumentos wittgensteinianos fueron relegados a un segundo término o descartados por completo. “Lo que desde la perspectiva de Wittgenstein eran enfermedades del intelecto, muchas a las que sucumbió en su juventud y en las que trabajó largo tiempo para extirparlas, surgieron nuevamente en formas violentamente mutadas”. (Hacker, p. 272)

Filosofía analítica contemporánea[editar]

Aunque los filósofos contemporáneas que se identifican a sí mismos como “analíticos” tienen intereses, presunciones y métodos divergentes –y en ocasiones han rechazado las premisas fundamentales que definieron al movimiento antes de 1960- la filosofía analítica, en su estado actual, se define por un estilo particular[23] caracterizado por la precisión y la profundidad sobre temas muy específicos.[21] Algunos de los campos más importantes y activos de la filosofía analítica contemporánea se resumen en las siguientes secciones:

Filosofía de la mente y ciencias cognitivas[editar]

Motivado en parte por el interés en el verificacionismo de los positivistas lógicos, el conductismo fue la teoría de la mente más prominente en la filosofía analítica de la primera mitad del siglo XX.[24] Los conductistas sostenían o bien que toda proposición sobre la mente era equivalente a proposiciones sobre conducta y disposiciones para actuar de modo particular o bien que los estados mentales eran equivalentes a conducta y disposiciones para actuar. En la década de los cincuenta, el conductismo cedió posiciones a favor del fisicalismo de tipos o teoría de la identidad y en los sesenta por el funcionalismo y la teoría de la identidad de casos (en oposición a la de tipos), sobre todo en la versión de Donald Davidson y su monismo anómalo.[25] Actualmente los temas de filosofía de la mente se encuentran estrechamente vinculados con diferentes aspectos de las ciencias cognitivas como la modularidad de la mente o el innatismo. También ha habido unos cuantos filósofos analíticos que han defendido el dualismo, la importancia de la conciencia y el dualismo de propiedades, en buena medida alentados por David Chalmers. John Searle sugiere que la obsesión con la filosofía del lenguaje en la primera mitad del siglo XX fue superada en la segunda mitad por un mayor énfasis en la filosofía de la mente,[26] en la cual el funcionalismo probablemente sea la teoría dominante. En años recientes, un tema central de investigación en filosofía de la mente ha sido la conciencia. Las teorías más conocidas sobre la conciencia son la heterofenomenlogía de Daniel Dennett; el representacionismo de Fred Dretske y Michael Tye; las teorías de segundo-orden de David M. Rosenthal, David Armstrong y William Lycan; el tomismo analítico de Anthony Kenny, además de la propia obra de John Searle.

Ética[editar]

La primera mitad del siglo XX estuvo marcada por una negligencia generalizada de la ética filosófica y la popularidad de actitudes escépticas con respecto al valor (v.gr. el emotivismo). Durante este tiempo, el utilitarismo era la única aproximación no-escéptica a la ética que siguió siendo popular. Sin embargo, en la segunda mitad del siglo XX, varios filósofos analíticos comenzaron a recobrar el interés en la ética. El libro “Filosofía moral moderna” de 1958 de Elizabeth Anscombe revivió la ética de virtudes de Aristóteles y “Una teoría de la justicia” de 1971 de John Rawls restableció el interés en la filosofía ética kantiana. Actualmente, la filosofía ética se halla dominada por tres escuelas: el utilitarismo, la ética de virtudes y el kantismo. Otro desarrollo importante en la segunda mitad del siglo XX (c. 1970) ha sido la gran preocupación de la filosofía ética contemporánea con las aplicaciones prácticas de la ética, en especial en relación con asuntos del medio ambiente, derechos de los animales y los grande retos de la ciencia médica a través de la bioética.[27] [28] [29] Como un efecto colateral del énfasis en la lógica y el lenguaje en los años iniciales de la filosofía analítica, los filósofos analíticos tenían poco que decir sobre la ética.[30] La actitud estuvo bastante difundida y se orientaba más a explicar por qué la filosofía tenía poco o nada que decir al respecto. Wittgenstein, en el “Tractatus”, observa que los valores no pueden ser parte del mundo, y si en realidad son algo deben estar de alguna manera más allá o fuera del mundo y por lo tanto del lenguaje natural, que sirve para describir los hechos del mundo, y no puede pronunciarse en absoluto sobre su valor. Una interpretación de estas observaciones encontró eco en la doctrina de los positivistas lógicos de que las oraciones de valor –incluyendo todos los juicios éticos y estéticos- no son en realidad proposiciones, es decir, no pueden ser ni verdaderas ni falsas. Cuando mucho podían expresar la actitud personal de un sujeto. La filosofía política y social, la ética y la estética, así como materias especializadas como la filosofía de la historia fueron marginales en la filosofía analítica por mucho tiempo. Para los años cincuenta, los ataques de Phillipa Foot a esta posición contribuyeron al colapso del positivismo lógico y comenzó un renovado interés en la ética. Foot promocionó mucho el estudio de la ética de virtudes, en oposición al utilitarismo y la deontología de corte kantiano que sobrevivían en la época. En términos de filosofía de la acción la monografía más importante quizá sea “Intención” de Elizabeth Anscombe, a la cual Donald Davidson denominó como “el tratamiento más importante de la acción desde Aristóteles”, y es normalmente considerada como una obra maestra de la psicología moral. En su artículo de 1958, “Filosofía moral moderna” introdujo el término “consecuencialismo” al léxico filosófico y declaró que el impasse de la pregunta “ser-deber ser” era un callejón sin salida y condujo a revivir la ética de virtudes.

Filosofía de la religión[editar]

Como con el estudio de la ética, la filosofía analítica temprana tendió a evitar el estudio de la filosofía de la religión, en gran parte rechazando el tema como parte de la metafísica y algo sin sentido. También en la segunda mitad del siglo XX comenzó a haber un renovado interés en la filosofía de la religión, con destacados filósofos como William Alston, J. L. Mackie, Alvin Plantinga, Tim O’Connor, Antony Flew y Richard Swinburne. Plantinga, Mackie y Flew han debatido sobre la validez lógica de defensa del libre albedrío como solución del problema del mal.[31] Alston, en conexión con la filosofía del lenguaje, trabajó en la naturaleza del lenguaje religioso.

Filosofía política[editar]

La filosofía política analítica contemporánea le debe mucho a John Rawls, quien en dos textos de los cincuenta: el artículo “Dos conceptos de reglas” y el libro Justicia como equidad, y luego en su clásico libro de 1971 Una teoría de la justicia, produjo una defensa sofisticada y refinadamente argumentada del liberalismo en política por la vía contractualista. Siguió de cerca de Rawls el libro de Robert Nozick Anarquía, Estado y Utopía, una defensa del liberalismo de libre mercado. A la par, Isaiah Berlin, igualmente, ha tenido una gran influencia tanto en la filosofía política analítica como en el liberalismo, principalmente a través de su conferencia que luego sería editada bajo el nombre Dos conceptos de libertad. En décadas recientes ha habido muchas críticas al liberalismo, incluyendo el feminismo de Catherine MacKinnon, el comunitarismo de Michael Sandel y de Alasdair MacIntyre, y el multiculturalismo de Charles Taylor. Aunque no se trata propiamente de un filósofo analítico, Jürgen Habermas es otra importante figura en la filosofía política contemporánea y ha recibido bastante atención por parte de la filosofía política analítica.

Comunitarismo[editar]

Comunitaristas como Alasdair MacIntyre, Michael Sandel y Charles Taylor ponen en entredicho la presunción liberal de que el individuo puede verse como completamente autónomo de la comunidad en la que vive y crece. En cambio, ellos pugnan por una concepción del individuo que enfatiza el rol que juega la comunidad al forjar sus valores, pensamientos, cosmovisiones y opiniones.

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

  1. Brain Leiter, por ejemplo, en el Philosophical Gourmet [1], dice: “"Todas" las universidades de la Ivy League, “todos” los campus de la Universidad de California, casi todos los mejores colegios de artes liberales y casi todos los campus insignia de universidades estatales alardean sobre sus departamentos de filosofía que se auto-identifican “abrumadoramente” como “analíticos”: es difícil imaginar un “movimiento” que sea más académica y profesionalmente establecido que el de la filosofía analítica”. Ver también la opinión de John Searle (en Bunnin & Tsui-James (eds.), The Blackwell Companion to Philosophy (Blackwell, 2003), p. 1): "Sin excepción alguna, los mejores departamentos de filosofía en los Estados Unidos están dominados por la filosofía analítica, y entre los filósofos líderes en Estados Unidos, todos excepto un puñado serían clasificados como filósofos analíticos”.
  2. Ver, v.gr., Avrum Stroll, “La filosofía analítica del siglo XX” Siglo XXI, 2000): "[E]s difícil dar una definición precisa de ‘filosofía analítica ya que no es una doctrina específica sino una débil concatenación de aproximaciones a problemas”. “Pienso que Sluga tiene razón al decir que ‘tal vez no haya esperanza en tratar de determinar la esencia de la filosofía analítica’. Prácticamente todas las definiciones propuestas han sido cuestionadas por algún académico. […] Se trata de un concepto con parecido de familia”.
  3. Ver Hans-Johann Glock, What Is Analytic Philosophy (Cambridge University Press, 2008), p. 205: "La respuesta a la pregunta del título es, entonces, que la filosofía analítica es una tradición que se mantiene unida tanto por lazos de influencia mutua como por parecidos de familia”.
  4. H. Glock, "Was Wittgenstein an Analytic Philosopher?", Metaphilosophy, 35:4 (2004), pp. 419-444.
  5. Colin McGinn, The Making of a Philosopher: My Journey through Twentieth-Century Philosophy (HarperCollins, 2002), p. xi.: "la filosofía analítica [es] una etiqueta demasiado estrecha, pues por lo general no es una cuestión de tomar una palabra o concepto y analizarlo (lo que sea que esto sea). […] Esta tradición enfatiza la claridad, el rigor, la argumentación, la teoría, la verdad. No es una tradición que apunte primordialmente a la inspiración o la consolación o a la ideología. Ni tampoco está particularmente preocupada por la ‘filosofía de vida’, aunque algunas partes de ella sí lo están. Este tipo de filosofía es más como una ciencia que como una religion, más como las matemáticas que como la poesía – aunque no es ni ciencia ni matemáticas”.
  6. Las tres características se pueden encontrar en un párrafo de Bertrand Russell: "El empirismo analítico moderno […] difiere del de Locke, Berkeley y Hume por la incorporación de matemáticas y el desarrollo de una poderosa técnica lógica. Esto le permite, con relación a ciertos problemas, adquirir respuestas definitivas que tienen la calidad de la ciencia más que la de la filosofía. Tiene la ventaja, comparada con las filosofías de los constructores de sistemas, de ser capaz de enfrentar sus problemas uno a la vez, en lugar de tener que inventar de un plumazo una teoría para todo el universo. Sus métodos, en este sentido, se parecen a los de la ciencia. No dudo que, en la medida en que el conocimiento filosófico es posible, es a través de dichos métodos que debe ser perseguido. Tampoco tengo duda de que a través de estos métodos, muchos problemas antiguos son completamente resolubles”. “Historia de la filosofía occidental” (1945)
  7. Ver Aristóteles, Metafísica (Libro II, 993a), Kenny (1973), p. 230.
  8. Esta actitud se remonta a Locke, quien describió su trabajo como de “mano de obra” para los logros de científicos como Newton. En el siglo XX, el defensor más influyente de la continuidad de la filosofía con la ciencia fue Quine: ver, v.gr., sus artículos “Dos dogmas del empirismo” y “Epistemología Naturalizada”.
  9. A.P. Martinich, “introducción”, en Martinich & D. Sosa (eds.), “A Companion to Analytic Philosophy” (Blackwell, 2001), p. 1: “Para usar un nombre general para el tipo de filosofía analítica practicada durante la primera mitad del siglo XX, […] el ‘análisis conceptual’ apunta a descomponer conceptos complejos en sus componentes más simples”.
  10. Wittgenstein, Tractatus, 4.111
  11. Scott Soames, “Philosophical Analysis in the Twentieth Century” Wol. 1 (Princeton UP, 2003), p. xv: “Hay, me parece, una presunción extendida dentro de la tradición de que es posible hacer progreso filosófico investigando intensamente un pequeño y circunscrito rango de cuestiones filosóficas al mismo tiempo que manteniendo preguntas más amplias y sistemáticas en suspenso. Lo que distingue la filosofía analítica del siglo XX de por lo menos algunas filosofías de otras tradiciones, o de otros tiempos, no es un rechazo categorial de los sistemas filosóficos, sino la aceptación de un montón de investigaciones más pequeñas, minuciosas y rigurosas que no necesitan estar atadas a una visión filosófica omniabarcante”.
  12. Ver, v.gr., los trabajos de G.E. Moore y J. L. Austin.
  13. Willard, Dallas. «Husserl on a Logic that Failed». Philosophical Review 89 (1):  pp. 52–53. 
  14. Ver “Sobre sentido y referencia”; “Función y concepto”; “Concepto y objeto”
  15. En inglés la similitud es más patente que en español, pues lo que en español se dice con “estar”, “haber” y “ser”, se dice en todos los casos con “is” en inglés.
  16. “Mind (journal)|Mind” 14 (1905): 479-493.
  17. Carnap, R. (1988). La estructura lógica del mundo. UNAM/Instituto de Investigaciones Filosóficas. 
  18. Popper, Karl R. (1994). La lógica de la investigación científica'. Tecnos. 
  19. Rudolf Carnap se refugió en Estados Unidos, mientras que Karl Popper, se refugió primero en Nueva Zelanda y después en Inglaterra. Popper rechazaba el título de filósofo analítico, pero sus métodos filosóficos pueden ser incluidos en la tradición analítica.
  20. Brain Leiter, por ejemplo, en el Philosophical Gourmet [2], dice: “”Todas” las universidades de la Ivy League, “todos” los campus de la Universidad de California, casi todos los mejores colegios de artes liberales y casi todos los campus insignia de universidades estatales alardean sobre sus departamentos de filosofía que se auto-identifican “abrumadoramente” como “analíticos”: es difícil imaginar un “movimiento” que sea más académica y profesionalmente establecido que el de la filosofía analítica”. Ver también la opinión de John Searle (en Bunnin & Tsui-James (eds.), The Blackwell Companion to Philosophy (Blackwell, 2003), p. 1): "Sin excepción alguna, los mejores departamentos de filosofía en los Estados Unidos están dominados por la filosofía analítica, y entre los filósofos líderes en Estados Unidos, todos excepto un puñado serían clasificados como filósofos analíticos”.
  21. a b Analytic Philosophy [Internet Encyclopedia of Philosophy]
  22. Hacker, P.M.S. (1996). Wittgenstein’s Place in Twentieth-century Analytic Philosophy. Blackwell. 
  23. Ver, v.gr., Brian Leiter [3] "'La filosofía analítica es hoy un estilo de hacer filosofía, no un programa filosófico o un conjunto de puntos de vista sustantivos. Los filósofos analíticos, grosso modo, aspiran a la claridad y precisión argumentativa; recurren libremente a las herramientas de la lógica; y usualmente se identifican, profesional e intelectualmente, más cerca de las ciencias y las matemáticas, que de las humanidades”.
  24. Hatfield, G. (2001). Behaviorism and Naturalism. En T. Baldwin (ed.), Cambridge History of Philosophy: 1870-1945 (pp. 640-8). Cambridge: Cambridge University Press.
  25. Davidson, D. (1970) Mental Events
  26. Postrel & Feser, Febrero 2000, Reality Principles: An Interview with John R. Searle en [4]
  27. Brennan, Andrew & Yeuk-Sze Lo (2002). “Environmental Ethics" §2, en The Stanford Encyclopedia of Philosophy.
  28. Gruen, Lori (2003). "The Moral Status of Animals," en The Stanford Encyclopedia of Philosophy.
  29. Ver Hursthouse, Rosalind (2003). "Virtue Ethics" §3, en The Stanford Encyclopedia of Philosophy & Donchin, Anne (2004). "Feminist Bioethics" en The Stanford Encyclopedia of Philosophy.
  30. Las dos excepciones más importantes son los Principia Ethica de Moore y la breve Conferencia sobre ética de Wittgenstein, aunque en algún sentido ambas concuerdan en que el valor moral no se encuentra en la naturaleza y Wittgenstein concluye que entonces no podemos usar el lenguaje para referirnos a él.
  31. Mackie, John L. (1982). The Miracle of Theism: Arguments For and Against the Existence of God

Enlaces externos[editar]