Federico Hernández Denton

De Wikipedia, la enciclopedia libre
(Redirigido desde «Federico Hernandez Denton»)
Saltar a: navegación, búsqueda

Federico Hernández Denton (12 de abril de 1944-) es el actualJuez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico. Hernández recibió su grado bachillerato en artes y su LL.B. en derecho de la Universidad Harvard en 1966 y 1969, respectivamente. Precisamente en el 1969, Hernández Denton comienza su carrera jurídica profesional en calidad de asesor legal del Presidente de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez.

Hernández Denton fue nominado al Tribunal Supremo de Puerto Rico en 1985 por el entonces Gobernador Rafael Hernández Colón. Luego de ser confirmado por el Senado de Puerto Rico, Hernández asumió la posición el 14 de junio de 1985.

Luego de que la Juez Presidenta Miriam Naveira anunciara su retiro en el 2004, la Gobernadora Sila Calderón nominó a Hernández para la posición de Juez Presidente. Fue confirmado por el Senado y asumió la posición el 9 de agosto de 2004.

Entrevista al Juez Presidente del Tribunal Supremo de Puerto Rico, Hon. Federico Hernández Denton, y su esposa, la licenciada Isabel Picó Vidal, publicado en El Nuevo Día el 3 de junio de 2008

Dos para el amor Federico Hernández e Isabelita Picó recuerdan el día en que se conocieron hace 42 años.

La pareja, que celebra 42 años de casada el próximo 18 de julio. (Ángel Luis García)

Por Cynthia López Cabán

Comenzó en una cita a ciegas entre cuatro universitarios. El propósito era llevar de paseo a Isabel Picó Vidal, la estudiante de nuevo ingreso a la Universidad de Harvard. Se formaron dos parejas encaminadas a visitar la legendaria casa de las brujas en Salem, la que inspiró la novela “The House of the Seven Gables” del escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne.

Al final de aquel “blind date”, el entonces estudiante de Ciencias Políticas, Federico Hernández Denton, recuerda que terminó “hablando mucho con Isabelita”. La interrogó casualmente sobre su horario de clases y le aseguró que tomaban unos cursos juntos. Ella no lo recordaba. Horas después de la conversación la joven entraba al salón de clases y se topaba con su nuevo amigo.

Casualidad, ¿o no? Lo cierto es que el osado estudiante había cambiado dos asignaturas. Todo para coincidir con aquella joven vivaracha y apasionada que se instalaba poco a poco en su pensamiento.

“Ella estaba haciendo una maestría en planificación, pero iba a tomar unos cursos de ciencias políticas. Como yo estaba en esa área, le pregunté qué cursos iba a tomar”, narra el presidente del Tribunal Supremo recordando la cita en la que conoció a su esposa.

 “Lo esencial es que uno haya sido un buen ciudadano, que haya contribuido al País y como dijo de Hostos: 'Ser feliz es trabajar con orgullo para tener una familia que te juzgue y te admire'”.

Federico

“Al otro día, cuando ella va a coger sus cursos se da cuenta de que los estoy tomando todos”, agrega entre risas, mientras su perro Tanco Juan se pasea por la terraza de la residencia que comparten en el Condado. Desde entonces, andan juntos por la vida.

La pareja, que celebra 42 años de casada el próximo 18 de julio, conversó largamente con El Nuevo Día sobre los retos y satisfacciones de armar un proyecto familiar, que constituye el eje de dos exitosas vidas profesionales al servicio de su País.

Durante ese diálogo franco y relajado compartieron anécdotas y sentimientos. Además presentaron a los otros canes de la familia: Sol Marie y Cano Luis. Dos perros que su hijo Federico Rafael recogió de la calle.

Ofrecieron también un recorrido por su residencia. Un recinto poblado de libros, fotos familiares, cuadros, plantas, serigrafías de Tufiño y Homar y muebles antiguos que Picó heredó de su familia.

“Teníamos muchos intereses en común”, señala Picó sobre esa conexión inmediata que surgió entre ambos.

Los une el debate Se conocieron en enero de 1965. Y 18 meses después contrajeron matrimonio en la Iglesia San José del Viejo San Juan. Ambos tenían 22 años de edad.

Conectaron por su pasión por las ciencias políticas y los procesos de gobierno, por el cine y la lectura, por sus ganas de estudiar y de cambiar el mundo, por su curiosidad intelectual y por su oposición a la guerra de Vietman.

Esta relación también se fraguó al calor de los debates universitarios y con la efervescencia de los movimientos estudiantiles y de derechos civiles de la década del '60.

“Uno no podía estar en Harvard sin estar envuelto”, afirman ambos sobre esos años de agitada actividad intelectual que marcaron sus vidas.

La vida académica en la universidad más antigua de Estados Unidos además ofreció a los dos la oportunidad de trabajar en su primer proyecto en conjunto a nivel profesional.

Estos aficionados de los periódicos redactaron un artículo analizando los datos de Puerto Rico, que había recopilado una encuesta mundial sobre estudiantes y movimientos políticos estudiantiles.

En 1969, un año después del asesinato de Martin Luther King, regresaron a la Isla, donde ambos se han destacado como académicos y funcionarios públicos.

Ella fue catedrática en la Universidad de Puerto Rico y se desempeñó como presidenta de la Comisión para el Mejoramiento de la Mujer, oficina que promovió cambios al código civil para otorgar a las mujeres el derecho a co-administrar los bienes de la pareja y la patria potestad de sus hijos, entre otros. También estudió derecho y ha publicado varios libros.

Él, por su parte, se convirtió en asesor legal del entonces presidente de la Universidad de Puerto Rico, Jaime Benítez. Luego se incorporó a la cátedra. Fue decano de derecho y secretario del DACO. En 1985, juramentó al cargo de juez asociado del Tribunal Supremo y dos décadas después asumió la presidencia de ese cuerpo.

Esta pareja comparte tantos intereses personales y profesionales, que le resulta difícil enumerar las áreas en las que difieren.

Vida en pareja “Isabelita” viene de una familia vinculada a la esfera pública. Es hija de Rafael Picó, el primer presidente de la Junta de Planificación y secretario de Hacienda. También es tataranieta de José Usera y Soviano, el fundador de los baños de Coamo.

Es geminiana y perfeccionista. Adora el campo y el olor a tierra fresca. Prefiere las comedias románticas.

“Fede” se crio en una familia de médicos. Es ariano y urbano. Tranquilo y relajado. Prefiere la ciudad y las películas de acción. Es fanático de la lechosa y partidario del ejercicio.

Pero estos amantes de la literatura y la buena conversación no tienen dificultad para identificar las razones de su éxito matrimonial.

Coinciden en que el amor, la solidaridad y el apoyo son ingredientes básicos. También es necesario mantener un balance entre los proyectos individuales y los colectivos.

Esa armonía se observa en sus decisiones personales y profesionales.

El juez desistió de ir a estudiar a la Universidad de Yale para permanecer junto a Picó en Cambridge. Además cuidó de Federico Rafael cuando ella decidió estudiar derecho, y luego cuando tuvo que viajar a Nueva York para recibir tratamiento para un cáncer de mama.

Picó, miembro de la Junta de Síndicos de la UPR, también apoya las gestiones de su marido.

Mantiene su oficina legal, pero dejó de litigar casos desde que éste dirige el Supremo y actualmente desarrolla el Programa de Apoyo a las Familias de la Rama Judicial, una iniciativa para orientar a los familiares sobre los aspectos éticos y prácticos que surgen cuando se convive con un miembro de la judicatura.

También se ajustó a las exigencias del trabajo de su compañero de vida, quien guarda con mucho celo los asuntos del Tribunal Supremo.

“Creo que la relación de matrimonio uno la va renegociando a través de la vida en distintas etapas. Renegociando en el buen sentido porque es una relación muy dinámica”, apunta Hernández Denton sobre la manera en que han enfrentado las transiciones en sus vidas.

Ese balance y el cariño que se profesan también los delata en los pequeños detalles.

Este juez, que trabaja unas 12 horas diarias, prepara café para su esposa todas las mañanas. Luego ambos leen los periódicos, escuchan noticias y comentan sobre el acontecer diario.

Cenan juntos en las noches y durante el fin de semana dedican tiempo a su hijo, la familia y los amigos.

También mantienen sus proyectos individuales. Picó trabaja en su oficina y prepara los documentos de su padre que serán donados a la Escuela de Planificación de la UPR.

“Lo esencial es que uno haya sido un buen ciudadano, que haya contribuido al País y como dijo de Hostos: 'Ser feliz es trabajar con orgullo para tener una familia que te juzgue y te admire'”, afirman ambos antes de despedirse para salir a cenar con su hijo.

Enlaces externos[editar]