Federico González Suárez

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Federico González Suárez (Quito, Ecuador, 13 de abril de 1844 - 1.º de diciembre de 1917) fue un eclesiástico, historiador y arqueólogo ecuatoriano.

Perteneció por cerca de diez años a la Compañía de Jesús, que abandonó finalmente en 1872, cuando contaba con 28 años de edad y aún no había sido nombrado presbítero. González Suárez se trasladó entonces a Cuenca, donde recibió las órdenes sacerdotales, y vivió allí once años, hasta 1883. Desde aquella época comenzó a figurar en la vida pública nacional como hombre prestigioso por su saber, inteligencia, pluma y verbo oratorio. Por esa época ya era notable por su gran talento y habilidad política, condiciones que le permitirían alcanzar las más altas posiciones dentro de la Iglesia, y ejercer su poderosa influencia en la política y el Estado.

En 1878 fue elegido Diputado por la provincia del Azuay a la Convención de Ambato. Más tarde, en 1883 se estableció nuevamente en Quito donde combatió a la dictadura instaurada por el Gral. Ignacio de Veintemilla, y al tiempo que intervenía en la política su figura se fue haciendo muy respetada y temida por su intransigencia moral.

Nuevamente asistió como Senador al Congreso de 1892; el 14 de diciembre de 1894, pese a las duras críticas en su contra, el papa León XIII lo escogió para ocupar el obispado de Riobamba, y luego como Obispo de Ibarra 1895 a 1905. En 1906, Pío X lo nombró Arzobispo de Quito, lugar desde el cual dirigió la iglesia ecuatoriana hasta su muerte.

Legado[editar]

A él se debe, no sin traumas, la despolitización del clero ecuatoriano, históricamente unido al partido Conservador; sin embargo, se mantuvo firme en las doctrinas de sus antecesores oponiéndose a las leyes que creía iban en contra de la Iglesia, como las del matrimonio civil, el registro civil, la libertad de cultos, el divorcio y el laicismo estatal, y en educación.

El retrato moral y físico del gran Arzobispo lo muestra de "estatura pequeña, cabeza bien formada, cabello entrecano, frente alta y limpia donde brillaba la centella del genio, espesas y arqueadas cejas, el mirar melancólico y penetrante, la nariz larga y algo extendidos los labios al terminar en su parte inferior, las mejillas blancas, sonrosadas y salientes; la boca grande y gruesos labios, el andar lento y mesurado. Tranquilo y apacible en el trato familiar y cuando estaba de buen humor, serio y severo en el ejercicio del ministerio sacerdotal. De temperamento nervioso y sensible, al contemplar su rostro bien a las claras se veía que un sentimiento de tristeza profunda dominaba su alma noble y generosa. Sus modales decorosos y dignos inspiraban respeto y aún veneración. Tenaz en sus propósitos y firme en sus resoluciones, nunca le faltó el valor para llevar a cabo empresas de trascendental importancia. Solía decir que el honor era el premio a la virtud. Sirvió de puente y evitó el abismo entre dos mundos, el decimonónico que él clausuró y el siglo XX que inauguró con su influyente personalidad de sabio y sacerdote. Al recibir a cualquier persona levantaba la cabeza y el pecho para mirarla de frente, gesto que le daba un aire señoril y regio, como de quien no se intimida ante nadie y que infundía respeto y algo de turbación en cuantos se le acercaban, sobre todo la primera vez. De índole comunicativa, gustaba de la conversación y de las tertulias de amigos, deleitándolos con las anécdotas que refería con gran franqueza y cierto gracejo.

Obras literarias[editar]

Escribió Hermosura de la naturaleza y sentimiento estético de ella, un compendio de sus estudios literarios que sería editada más tarde en Madrid (1908), un Atlas arqueológico (1892) y el libro Historia General de la República del Ecuador, donde expone el desarrollo histórico del ser humano en territorio ecuatoriano desde la era precolombina hasta la independencia. Esta obra está compuesta por siete tomos que aparecieron tras su regreso de Europa, entre 1890 y 1903, en el que se publicaron los tres últimos volúmenes. Para su realización tomó como referencia la obras de Juan de Velasco, Historia del Reino de Quito y los libros de Pedro Fermín Cevallos, enriqueciendo el trabajo con una labor reinterpretativa, para la cual consultó numerosos documentos en los archivos nacionales y en los de Sevilla, Alcalá de Henares y Simancas.

Fundador de la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos[editar]

En 1909 fundó la Sociedad Ecuatoriana de Estudios Históricos Americanos, que en 1920 se transformaría en la Academia Nacional de Historia.

Referencias[editar]

  • González Suárez, Federico. (1937). Defensa de mi Criterio Histórico. Edición y Versión de Jorge A. Garcés G. Prólogo de J. Roberto Páez/Encargado de las Ediciones. Volumen XII - Publicaciones del Archivo Municipal de Quito: 5 de marzo de 1937, Quito – Ecuador.
  • Jiménez, Nicolás. (1936). Biografía del Ilustrísimo Federico Gonzáles Suárez. Volumen XI - Publicaciones del Archivo Municipal de Quito: 1 de diciembre de 1936, Quito – Ecuador.

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