Feísmo (arquitectura gallega)

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Feísmo, cuando se aplica al urbanismo y la arquitectura de Galicia, es un término informal y ambiguo, empleado para caracterizar cierto estilo constructivo del medio urbano y, especialmente, del medio rural gallego. El feísmo (término general, aplicable a todas las artes y a la literatura)[1] no es tanto una escuela artística o una tendencia estética, sino un concepto reciente que describe un conjunto más o menos uniforme de usos y soluciones arquitectónicas localizadas en la Comunidad Autónoma de Galicia desde los años sesenta.

En realidad con el término feísmo se hace referencia a la percepción individual y subjetiva sobre materia urbanística, medioambiental, paisajística y social. Su localización es genuinamente gallega dentro de España y posiblemente de Europa, pues los promotores de la aplicación del término en este contexto exponen que el fenómeno termina justo en la frontera con Asturias, León y Portugal. Fenómenos parecidos se dan en Canarias y en las ciudades de América Latina.

Definición[editar]

Feísmo en Meicende, Arteixo.

Se ha definido el feísmo como el conjunto de “construcciones u obras humanas que degradan de algún modo su entorno”, si bien no existe todavía un acuerdo generalizado acerca de cómo aplicar el vocablo en este contexto, por ser de reciente extensión e impreciso como concepto, aunque su uso se ha extendido entre cierto grupo de expertos en urbanismo y arquitectura.

La peculiaridad y extensión de esta corriente arquitectónica informal es tal que ya se han realizado congresos y foros de expertos para analizar la existencia de la problemática del feísmo y sus eventuales soluciones (por ejemplo, el Foro del Feísmo celebrado en Orense en noviembre de 2004[2] ). Por otro lado, la posibilidad de publicar fotografías en internet ha contribuido a extender el uso del concepto feísmo, y a facilitar la comprensión y denuncia de este fenómeno.[3] [4]

Características[editar]

Ciertos elementos arquitectónicos presentes en las manifestaciones del feísmo permiten establecer unas constantes más o menos regulares, entre las que destacan las siguientes:

  • Coexistencia no armoniosa de órdenes y estilos arquitectónicos, y mezcla de materiales constructivos. Es frecuente que junto a casas tradicionales de piedra de varios siglos de antigüedad se levanten edificios modernos, o que se rematen fachadas del XIX con ladrillo y fibrocemento (que es un popular tejado de placa ondulada de cemento). Otra característica es la mezcla de materiales (por ejemplo, un primer piso de piedra, una segunda altura en hormigón y una tercera en ladrillo coronado con fibrocemento) o su uso inadecuado (un hórreo de ladrillo, por ejemplo).
  • Inexistencia de remates y acabados exteriores. Las edificaciones carecen de revestimiento, quedando el ladrillo o el bloque de hormigón a la vista. El periodista y financiero Marcelino Fernández Mallo identificó en abril de 2006, en el tramo de la carretera Ribadeo-Bahamonde, hasta 206 construcciones de bloque de hormigón y 152 de ladrillo.[5] En un análisis del año 2005 realizado en el tramo Meira-Villalba calculó que el 50% de las construcciones eran de ladrillo sin recubrir.[6]
  • Ausencia de alineamiento en las edificaciones. Los edificios, construidos en periodos distintos y sometidos a legislaciones cambiantes, no mantienen la línea de la acera, describiendo el conjunto de las fachadas un plano sinuoso o una línea quebrada.
  • Convivencia de distintas alturas en las edificaciones. Dado que no hay homogeneidad en los estilos arquitectónicos, tampoco hay una línea de altura regular sino que es posible encontrar edificios de quince plantas en medio del campo o adosados a una casa de planta baja.
  • Edificaciones sin terminar, o cuya construcción se prolonga durante décadas. Dadas las características sociales, políticas y legales del municipio gallego una construcción puede permanecer en estructura durante años, o incluso no ser terminada nunca.
  • Simultaneidad de usos. La construcción de un almacén adosado a una iglesia románica, o un gallinero junto a un hipermercado, o la yuxtaposición de suelo industrial con terreno habitado, son características del paisaje feísta. Es habitual la indiscernibilidad de suelo urbano y suelo rural, o uso empresarial o habitacional.
  • Ornamentaciones desproporcionadas o incongruentes, o remates aberrantes, que se colocan en las fachadas y jardines en busca de originalidad o distinción, en recuerdo de los años de emigración, o como simple ostentación. Para satisfacer el deseo de originalidad “nada mejor que dotarlo [al edificio] de un volumen importante en altura, de una cubierta con una serie de buhardillones de lo más rebuscados y rocambolescos y tratarlo exteriormente con gran profusión de elementos acompañados con carpinterías de aluminio o plástico con colores y despieces”.

Causas[editar]

Las causas del feísmo, y en esto consiste su peculiaridad, no deben buscarse en la pobreza, la necesidad, o la crisis económica, sino más bien al contrario. Algunos ejemplos de feísmo son construcciones de gran costo económico. De hecho, el feísmo comenzó a extenderse con el despegue industrial gallego de los años sesenta. En realidad obedece, según los expertos, a una confluencia peculiar de factores, que se sintetizan en los siguientes elementos:

  • Una tasa de dispersión demográfica elevada, unida a un elevado número de poblaciones (Galicia contiene un 50% de los entes de población de España, ocupando sólo el 5,8% de su superficie) y a un destacado peso del asentamiento rural. Todo ello dificulta el control urbanístico eficaz, a lo que se suma la tradición gallega de la autopromoción constructiva, la construcción sin plano y la edificación por temporada.
  • Una legislación urbanística imprecisa y errática, que además no se cumple, pues, como señala el arquitecto Carlos Quintáns Eiras “las alcaldías renuncian a imponer una disciplina que podría comprometer el futuro electoral”.[7]
  • La larga serie de ciclos migratorios gallegos, que en los últimos cincuenta años se dirigieron a Europa y la propia península ibérica. Se calcula, sobre una población residente de 2,8 millones de gallegos, que al menos 3 millones más de gallegos viven fuera de Galicia. El retorno de algunos emigrantes supone la introducción de modelos arquitectónicos foráneos. Por otro lado, el asentamiento definitivo de otros emigrantes en el extranjero supone el abandono de edificaciones ya existentes, e incluso de poblaciones enteras. Diversas circunstancias sociológicas explican la ostentosidad de ciertas construcciones (nacidas de la figura del indiano enriquecido) y lo exótico de sus ornamentaciones y acabados, que se sitúan junto a edificaciones antiguas y abandonadas.
  • Una fuerte especulación urbanística y del suelo, propia no ya de Galicia sino de toda España. Si bien la construcción en España registra tasas exageradamente altas (sólo en el año 2004 se construyeron en torno a 500.000 viviendas, más que Alemania, Italia y Francia juntas, mientras que en el año 2006 han superado las 800.000; véase Burbuja inmobiliaria), el ritmo constructivo gallego es desmesurado, teniendo en cuenta que su población disminuye de año en año. Aun así, el arquitecto Carlos Quintáns Eiras[7] estima que 750.000 viviendas en 1970 se pasó, en Galicia, a 1.130.000 en el año 2000, una cifra que contrasta con el hecho de que ese periodo fue de de recesión demográfica.
  • Una extendida falta de interés por la arquitectura tradicional gallega, percibida como anticuada por algunos sectores de la población, lo que redunda en la introducción de soluciones arquitectónicas foráneas o simplemente inadaptadas al entorno, que contrasta con la política urbanística europea, sugún la cual “se construye casi exclusivamente un único tipo de vivienda aislada en el medio rural con ligeras variaciones de tamaño, color o acabados, de tal suerte que casi puede hablarse de un modelo nacional o regional que casi todos respetan”.

No se debe confundir el feísmo con el agropop-art,[8] una tendencia popular de reciclaje creativo de materiales.

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]

Bibliografía[editar]