Falcata

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La falcata es un tipo de arma blanca, una espada de acero originaria de Iberia, y por tanto relacionada con las poblaciones nativas ibéricas anteriores a la conquista romana. Fue muy usada entre los pueblos íberos, o los celtíberos limítrofes con los primeros, siendo la espada de "antenas" más común en la zona más céltica de la Península.

Falcata del siglo IV a. C., en el M.A.N. (Madrid).

Sus dimensiones son similares al gladius, la espada corta romana, con aproximadamente medio metro de hoja; posiblemente habría influido en los diseños posteriores del gladius, especialmente en el gladius hispaniensis, cuya evolución tendería hasta la característica forma recta de la hoja. De todas formas es posible que esta influencia sobre las armas cortas romanas viniera dada por la espada de antenas, también frecuente en la Iberia prerromana, y de origen celta.

Pese a que su forma sugiere su empleo como arma de filo, la frecuente presencia de contrafilo en los ejemplares recuperados (el filo del borde contrario al filo principal, que ocupa cerca del tercio más próximo a la punta) parece apuntar a que también era posible su uso como arma de estocada.

La calidad del hierro que servía para la construcción de las armas hispánicas fue alabada por los cronistas romanos, que quedaron sorprendidos por su capacidad de corte y su flexibilidad, una de las características más estimadas y buscadas en su manufactura. El hierro se sometía a un tratamiento de oxidación (enterrando las planchas bajo el suelo entre dos y tres años), eliminando así las partes más débiles de este. La hoja se realizaba forjando tres láminas y uniéndolas en caliente, de las cuales la central presentaba una prolongación para la empuñadura, desplazada normalmente hacia un lado respecto al eje de simetría de la espada, y con forma de cabeza de caballo o grifo. La empuñadura iba decorada con cachas de hueso o marfil, y solía unir la cabeza del animal a la guarda con una cadenilla.

Empuñadura de la falcata de Almedinilla, siglo IV o III a. C., en el M.A.N. (Madrid).

La hoja presentaba a veces acanaladuras en el filo no cortante, que permitían aligerar el peso del arma, así como decoración en damasquinado o ataujía, rellenando las incisiones realizadas en la hoja previamente con hilos de plata. Un bello ejemplo de esta técnica puede constatarse en la falcata de Almedinilla (Córdoba).

Como nota curiosa que refleja la efectividad de estas armas queda el hecho de que, tras las primeras batallas en la Península Ibérica, se dio la orden a las tropas romanas de reforzar con hierro los bordes de sus escudos, posiblemente para contrarrestar la potencia de corte de las falcatas, muy superior al de las espadas rectas y los sables.

El machete moderno es muy parecido a la falcata, debido a que la forma se debe a su mayor facilidad de fabricación.

El origen etimológico de la palabra es falcatus, -a, -um: voz latina que significa falconada, en forma de halcón o provisto de una hoz.

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