Expedición Lynch

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capitán de navío Patricio Lynch.

La expedición Lynch fue una operación realizada bajo el mando del capitán de navío chileno Patricio Lynch. Fue llevada a cabo entre el 4 de septiembre y fines de octubre de 1880, durante la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico.

La expedición tuvo como objetivos imponer contribuciones de guerra a las haciendas azucareras, que constituían la principal fuente de ingresos de Perú tras la pérdida del salitre de Tarapacá, y destruir las propiedades fiscales;[1] todo ello con la finalidad de hacer sentir a los particulares y al gobierno peruano los rigores de la guerra y así allanar el camino de una paz favorable a los intereses de Chile.[2]

Preparativos[editar]

A mediados de 1880, las fuerzas chilenas se adentraron bastante a territorio peruano y habían conseguido ocupar todo el departamento de Tarapacá, y luego de una contundente campaña sobre Tacna y Arica, habían logrado apoderarse de esas zonas, destruir el ejército aliado y provocar la retirada de Bolivia de la guerra.

El capitán de navío Patricio Lynch que observó desde su puesto de comandante de armas y gobernador marítimo de Iquique toda esta campaña, comprendió el siguiente paso que debía ejecutarse para ganar la guerra y lo que se necesitaría hacer para llegar a ella. Es así que él concibió un audaz proyecto que tenía el propósito de debilitar económicamente al Perú, distraer sus fuerzas y hacer surtir un efecto rotunde de las concecuencias de una guerra a los acaudalados y comerciantes del Perú. Esta idea se la hizo conocer en junio al presidente Aníbal Pinto, quien después de consultarlo con sus ministros y asesores, dio el visto bueno al plan.

En un primer momento el presidente le ofreció el encargo de ejecutar esta misión a José Francisco Vergara quien no lo acepto, al comprender que solo podría ejecutarla un experimentado hombre de armas, por lo que se le dió finalmente el mando de la operación a Patricio Lynch el 12 de agosto, para expedicionar de manera independiente por el norte del Perú.

Lynch se trasladó a Arica para organizar la expedición, a la cual el gobierno dio toda clase de facilidades para que la expedición saliera con todo lo necesario. Se envió una nota al contraalmirante Galvarino Riveros Cárdenas, que era el jefe de la escuadra al haber sucedido a Juan Williams Rebolledo, a fin de que se le entregara una corbeta para escoltar el convoy y las informaciones necesarias sobre la costa que debía recorrer.

Las fuerzas terrestres que ejecutarían la misión estaban compuesta por:

  • Regimiento Buin 1.º de Línea, al mando del teniente coronel Juan León García.
  • Batallón Talca, al mando del teniente coronel José Silvestre Urizar.
  • Batallón Colchagua, al mando del teniente coronel Manuel J. Soffia.
  • 2 compañías de Granaderos a Caballo, al mando del teniente coronel Francisco Muñoz Bezanilla.
  • 3 piezas de montaña, al mando del capitán Emilio Contreras.
  • Cuerpo de ingenieros, al mando del teniente coronel Federico Stuven Olmos.
  • Ambulancia, bajo el mando del doctor Antenor Calderón.

Las fuerzas por parte eran 1.900 infantes, 400 jinetes, 3 cañones Krupp de montaña, una sección del cuerpo de ingenieros y una ambulancia, totalizando 2.600 efectivos.[3] Patricio Lynch era su jefe, el secretario era Daniel Carrasco Albano y el jefe de Estado Mayor era el teniente coronel Roberto Souper. Habia también varios ayudantes que se necesitarían.

El objetivo concreto de la misión era la destrucción de las haciendas azucareras ubicadas en el norte del Perú, que aportaban financieramente a los peruanos para la guerra y exigir contribuciones de guerra a los hacendados peruanos, usando la fuerza si es necesario,[4] con la finalidad de esto era hacerles sentir el rigor del conflicto y estimular en ellos y el gobierno la búsqueda de la paz. Asimismo, eran objetivos declarados de la expedición dañar bienes fiscales, es decir de propiedad pública, e impedir el tránsito de armas a la capital peruana.

Desarrollo[editar]

Mapa de las zonas que abarcó la expedición Lynch.

La expedición zarpó de Arica el 4 de septiembre de 1880, a bordo de dos vapores: el Copiapó donde Lynch izó su insignia e iban transportados el regimiento Buin, la artillería y servicios anexos; y el Itata donde iban los batallones Talca y Colchagua, más la caballería.

El convoy se dirigió al puerto de Mollendo, donde se le unió la corbeta de hélice Chacabuco al mando del capitán de fragata Oscar Viel y Toro, con la misión de servir de escolta.

El 10 de septiembre se ejecutó el desembarcó de las fuerzas de Lynch en el puerto de Chimbote, situado a 200 millas al norte del Callao, donde al no encontrarse resistencia se utilizó el lugar como centro de operaciones desde donde se enviaron partidas de caballería a los campos y pueblos inmediatos. Ese mismo día, se dirigió Lynch con una columna de 400 hombres hacia el fértil valle del Santa donde se encontraban las azucareras de Puente y Palo Seco, que eran propiedades de Dionisio Derteano, senador por Ancash que promovió la colecta entre banqueros iniciada la guerra. La propiedad tenía un valor de un millón de libras esterlinas y estaba hipotecada a las casas "Dreyfus" y "Graham Rowe". Lynch envió esta nota a Derteano:

Impongo a su ingenio de Palo Seco, una contribución de guerra de cien mil pesos en plata o especies que valgan esa suma. Si no concreta Ud. inmediatamente, dando las órdenes correspondientes a su empleado, para que satisfaga la indicada contribución, tendré el dolor de arrasar completamente su ingenio de Palo Seco.

Patricio Lynch.[5]

Ante la nota, la casa "Graham Rowe" decidió depositar el cupo de guerra en una cuenta de Valparaíso enviando el dinero en un barco neutral. Además, Lynch pidió que la operación fuese refrendada por el ministro inglés en Lima. En la capital peruana, Nicolás de Piérola interceptó estas comunicaciones y emitió un decreto impidiendo a los hacendados pagar cupos de guerra a las fuerzas chilenas. Cumpliendo esta nota, el hijo de Derteano que administraba las propiedades de su padre se rehusó a pagar los 100 000 pesos en plata comunicándole en una carta Lynch que ese decreto no le permitía entregarle esa suma de dinero. Aludiendo al decreto de Piérola, dijo Lynch en una comunicación al hijo de Derteano:

El señor Jefe Supremo de la República del Perú podrá disponer lo que estime conveniente en el territorio sometido a su soberanía; pero no puede exigir obediencia en la parte del territorio ocupado por nuestras armas. Suponer lo contrario seria hacer ilusorio el derecho de la guerra. El Jefe Supremo del Perú no salva con su Decreto los intereses de su Señor Padre, si él pretendió el Jefe supremo impedir a nuestras fuerzas obtener el pago de las contribuciones que tienen el derecho de exigir, para su objeto, más acertado habría sido que protegiera con sus armas el territorio amagado por nuestras armas.

Patricio Lynch a Arturo Derteano.

Finalmente al no pagarse la suma de dinero, la hacienda fue saqueada e incendiada por las fuerzas de Lynch, ya que se consideraba que ese territorio peruano estaba sometido a la ley marcial y en consecuencia tenía sobre él derecho la autoridad militar chilena, conforme a los usos de la guerra, por lo que se procedió con los rigores correspondientes y en cumplimiento a la disposiciones del comandante. Las maquinarias fueron dinamitadas. Además, los víveres fueron saqueados y embarcados a los buques. Federico Stuven, ingeniero al servicio de Chile, estimó que las pérdidas sumaron 2 500 000 soles de plata.

El día 13 llegó la orden de US. a Palo Seco, y encargué el trabajo de volar con dinamita toda la maquinaria, al capitán Marcos Larham, quien lo hizo con toda eficacia.

Federico Stuven, ingeniero al servicio de Chile.[6]

En un galpón, las tropas chilenas encontraron en condiciones de semiesclavitud a cientos de trabajadores chinos, quienes al ser liberados se incorporan voluntariamente a las fuerzas de Lynch como cargadores.[7] Desde entonces, Patricio Lynch fue conocido como el «Príncipe rojo» por los chinos liberados en sus expediciones.[3]

Luego, Lynch enrumbó hacia el norte, al puerto de Supe, que fue saqueado e incendiado el 20 de septiembre. Posteriormente, intentó detener los embarques de nuevas armas que llegaban a Perú, sin mucha suerte. Lynch también desembarcó tropas en otros puertos, incluido Chimbote, donde impuso contribuciones a las haciendas, las que fueron devastadas al no entregar el dinero pedido. En el puerto de Chimbote, destruyó el complejo ferroviario. Al verse afectada propiedades de extranjeros, Lynch recibió las protestas de los cónsules extranjeros y parte de Chimbote el 17 de septiembre.

En cuanto al botín de Guerra, que ni la riqueza, ni la moralidad, ni el buen nombre de Chile para nada necesitaba [...] consistía aquel en definitiva en unos tres mil sacos de azúcar, 700 a 800 sacos de arroz, 500 pacas de algodón, 17 bultos de chafalonía de plata, 29,050 libras esterlinas en jiros sobre Europa, que no sabemos si fueron alguna vez cubiertos, 11,428 pesos plata, cinco mil soles papel, i cuatrocientos chinos de lo peor de la raza amarilla que desde entonces comenzó a invadir desde Arica los puertos de Chile, sin hacer cuenta de una infinidad de pequeños artefactos o ingredientes que por rubor no nombrarlos.

Benjamín Vicuña Mackenna.[8]

Según el inventario de los objetos tomados al enemigo del contador de la expedición Daniel Carrasco, se incluían relojes de oro y plata, piedras preciosas, aros, camafeos de señora, cajitas de oro, torteras de plata, etc; chafalonía toda con que los habitantes de Chiclayo, Monsefú y San Pedro de Lloc hubieron de completar los cupos impuestos a fin de evitar las represalias de la expedición chilena.[9]

El 20 de septiembre, llegó al puerto de Paita en el norte de la costa peruana, donde la destrucción continuó: incendiaron la Prefectura, la Aduana y la estación del ferrocarril además de cobrar 10 000 pesos de plata de cupo. El 30 de septiembre, arribó a Puerto Eten, donde también cobró cupos de guerra (150 000 pesos) para 4 días después incendiar varias casas en Chiclayo y continuar la destrucción en Ferreñafe y Cayaltí, entre otras haciendas azucareras y algodoneras. Finalmente, desembarcó en el puerto de San Pedro de Lloc y marchó hacia Trujillo, donde cobró el cupo de 150 000 pesos de plata. Lynch llegó el 1 de noviembre de 1880 al Puerto de Quilca, Departamento de Arequipa, donde lo esperaba la comandancia de la primera división del Ejército.

La historiografía tradicional chilena considera que los objetivos y procedimientos de la expedición Lynch se encontraban amparados por el derecho internacional de la época, que aceptaba la práctica de los cobros de cupos y la destrucción focalizada destinada a mermar la capacidad del enemigo en el desarrollo de la guerra,[10] facultando al jefe de un ejército de ocupación a imponer contribuciones a los habitantes y exigir el pago con toda la severidad posible en caso de resistencia, según argumentó en su momento el historiador Diego Barros Arana.[11] Sin embargo, la historiografía peruana discrepa con esta interpretación pues, a decir de Tomas Caivano, abogado y cónsul de Italia en el Perú, no se trató de un ejército de ocupación pues no puede llamarse tal el tránsito a paso de lobo, o correría de una fuerza armada sobre los indefensos territorios del enemigo; por su parte, el británico Clements Markham señala que, al principio de la expedición, el gobierno chileno había declarado que los intereses de la población civil estarían cobijados y sus propiedades serían sagradas e inviolables, considerando él mismo que la expedición Lynch estaba en absoluta pugna con los usos bélicos de las naciones civilizadas.[12]

Comandante en Jefe del Ejército de Ocupación[editar]

El 10 de mayo de 1883, asumió como comandante en Jefe del Ejército de Ocupación chileno, quedando a cargo de la capital peruana. Reactivó los servicios públicos, dando marcha al correo, el telégrafo, el ferrocarril, los hospitales y las cárceles. En Chile fue apodado «El último virrey del Perú».

En 1882, estando aún en Lima, fue electo diputado por Santiago. Agradeció el gesto de los votantes, pero no pudo presentarse pues organizaba la Campaña de la Sierra contra el general Andrés Avelino Cáceres y los guerrilleros que lo apoyaban y que se enfrentaban a la ocupación chilena. Envió las expediciones Letelier, Gana y del Canto a la sierra donde ocurrieron los combates de La Concepción y Sangra.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Rojas, Luis Emilio (1991). Nueva historia de Chile. Santiago: Gong Ediciones. 
  2. Villalobos, Sergio. Chile y Perú: la historia que nos une y nos separa, 1535-1883. p. 175. 
  3. a b Mellafe, Rafael (2004). La Guerra del Pacífico en imágenes, relatos, testimonios. pp. 222–223. 
  4. Rojas, Luis Emilio (1991). Nueva historia de Chile. Santiago: Gong Ediciones. 
  5. «Artículos» (HTM). www.laguerradelpacifico.cl. s/f. Consultado el 5 de marzo de 2014. 
  6. [1]
  7. Rosales, Justo Abel (1984). Mi campaña al Perú: 1879-1881 (PDF). Concepción: Universidad de Concepción. 
  8. Vicuña Mackenna, Benjamín (s/f). «Artículos - Historia de la campaña de Lima, 1880-1881» (HTM). www.laguerradelpacifico.cl. p. 622. Consultado el 5 de marzo de 2014. 
  9. Mariano Felipe Paz Soldán, "Narración histórica de la guerra de Chile contra el Perú y Bolivia.", Tomo 2, pág. 545
  10. Bello, Andrés (1844). Principios de Derecho Internacional. Valparaíso: Imprenta de El Mercurio. 
  11. Barros Arana, Diego. Historia de la Guerra del Pacífico. vol. 2. pp. 77 y siguientes. 
  12. Markham, Clements. La guerra entre el Perú y Chile. p. 200. 

Enlaces externos[editar]