Estatuto de Autonomí­a del País Vasco de 1936

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Ikurriña adoptada por el Gobierno de Euzkadi formado tras la aprobación de Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1936 y bajo la presidencia de José Antonio Aguirre.

El Estatuto de Autonomía del País Vasco de 1936 fue una ley aprobada por las las Cortes de la Segunda República Española el 6 de octubre de 1936, ya comenzada la Guerra Civil, sin la participación de Navarra y después de un largo y complicado proceso iniciado en 1931. Tras la aprobación del Estatuto se formó el primer Gobierno autónomo, del 7 de octubre de 1936 al 30 de marzo de 1937. Este Gobierno de Euzkadi fue presidido por José Antonio Aguirre, del Partido Nacionalista Vasco, y contó con participación de representantes del PSOE, PCE, Acción Nacionalista Vasca, Izquierda Republicana y Unión Republicana.

Historia[editar]

El Estatuto de Estella[editar]

El País vasconavarro inició el proceso para la consecución de un Estatuto de Autonomía muy pronto. La primera propuesta fue una iniciativa de los alcaldes del Partido Nacionalista Vasco que a principios de mayo de 1931 encargaron a la Sociedad de Estudios Vascos (SEV) la redacción de un anteproyecto de Estatuto General del Estado Vasco (o Euskadi), que incluiría Vizcaya, Alava, Guipúzcoa y Navarra. El resultado fue un intento de síntesis entre el foralismo tradicional y la estructura de los modernos estados federales que no contentó a nadie. Mes y medio después, una asamblea de los ayuntamientos vasconavarros reunidos en Estella el 14 de junio aprobó un Estatuto más conservador y nacionalista que el de la SEV y que se basaba en el restablecimiento de los fueros vascos sometidos a la Constitución por la Ley de Confirmación de Fueros de 1839, junto con la Ley de Amejoramiento del Fuero de 1841.[1]

El Estatuto de Estella fue presentado el 22 de septiembre de 1931 a las Cortes Constituyentes por una delegación de alcaldes pero no fue tomado en consideración porque el proyecto se situaba claramente al margen de Constitución que se estaba debatiendo, entre otras cosas, por su concepción federalista y por la declaración de confesionalidad del «Estado vasco» (que podría negociar por ello un Concordato particular con el Vaticano), además de que no reconocía derechos políticos plenos a los inmigrantes españoles con menos de diez años de residencia en Euskadi.[2] Así el Estatuto se reservaba la competencias sobre materias religiosas.[3]

El Estatuto de las Gestoras y el referéndum de 1933[editar]

En diciembre de 1931 las Cortes encargaron a las Comisiones Gestoras provisionales de las Diputaciones —que habían sido designadas por los gobernadores civiles respectivos para sustituir a los equipos monárquicos, y donde los republicanos y socialistas tenían mayoría— para que elaboraran un nuevo proyecto de Estatuto, que al final fue consensuado con el PNV, que se había distanciado de la Comunión Tradicionalista carlista. Una Asamblea de Ayuntamientos celebrada en Pamplona en junio de 1932 aprobó el proyecto, pero los carlistas lo rechazaron, por lo que al tener la mayoría en Navarra, dejaron fuera del ámbito de la futura «región autónoma» a este territorio.[4] Ello obligó a una nueva redacción del proyecto y a un nuevo retraso, que también fue debido a que el gobierno de Azaña no situó al Estatuto vasco entre sus prioridades ya que los republicanos de izquierda y los socialistas se oponían al nacionalismo vasco, como lo demostraron los enfrentamientos callejeros entre jóvenes nacionalistas y socialistas.[3]

Referéndum autonómico del 5 de noviembre de 1933 en Eibar para la aprobación de un nuevo texto de Estatuto.

Un nuevo obstáculo se planteó cuando al realizarse el preceptivo referéndum sobre el Estatuto de las Gestoras el 5 de noviembre de 1933, en plena campaña para las elecciones a Cortes, los votos favorables en Álava no alcanzaron la mayoría del censo, de nuevo por la oposición de los carlistas (Alava era una provincia que, como Navarra, tenía una menor identidad nacionalista vasca debido a la fuerte implantación del carlismo).[4]

La paralización del proceso estatutario durante el segundo bienio[editar]

El nuevo presidente del gobierno salido de las elecciones de noviembre, el republicano radical Alejandro Lerroux ofreció el apoyo al “Estatuto de las Gestoras” a cambio de la colaboración de los diputados del PNV, pero la CEDA, el aliado principal de Lerroux, se opuso a esta iniciativa.[5]

La paralización definitiva del proceso de aprobación del Estatuto del País Vasco se produjo en febrero de 1934 cuando un diputado tradicionalista vasco planteó la exclusión de Álava de la autonomía vasca alegando que allí no se había alcanzado la mayoría necesaria (el 50%) en el referéndum celebrado el 3 de noviembre de 1933 (un hecho que se había producido precisamente por la oposición de los carlistas al estatuto vasco). El 12 de junio los diputados del PNV se retiraron de las Cortes como protesta por la paralización de la tramitación de su Estatuto y en solidaridad con la Esquerra Republicana de Cataluña que también había retirado los suyos después del que el Tribunal de Garantías Constitucionales anulase la Ley de Contratos de Cultivo aprobada por el parlamento catalán.[6]

La reanudación del proceso en 1936[editar]

En las elecciones de febrero de 1936 el PNV rechazó presentarse en coalición con la CEDA y la derechas —la unión de los católicos propuesta por la jerarquía eclesiástica— debido a su oposición a la autonomía vasca, y a la de cualquier «región» española —el rechazo provocó duros ataques contra el PNV por parte de la prensa conservadora y tradicionalista que llegó a poner en cuestión su catolicismo y los partidos del bloque contrarrevolucionario lo incluyeron entre «los enemigos de la Cruz y de la Patria»—. Tampoco aceptó formar parte del Frente Nacional Vasco por la independencia propuesto por Jagi-Jagi al PNV y a Acción Nacionalista Vasca —este último partido se incorporó a la candidatura del Frente Popular cuyo lema en el País Vasco fue: «Amnistía, Estatuo, ni un desahucio más»—. Así que se presentó en solitario con el eslogan: «¡Por la civilización cristiana, por la libertad de la patria [vasca] y por la justicia social!».[7]

A diferencia de la polarización que se produjo en el resto de España, el centro político representado por el PNV no se hundió en las elecciones, sino que mantuvo los buenos resultados de las de 1933. Así el PNV siguió siendo la fuerza mayoritaria en el País Vasco con nueve diputados, frente a los siete del Frente Popular y uno, por Álava, del Bloque de derechas encabezado por la Comunión Tradicionalista, que en cambio copó los siete escaños que correspondían a Navarra. Así pues, de las elecciones de febrero de 1936 surgió un "triángulo político" formado por el PNV de José Antonio Aguirre, mayoritario en Vizcaya-provincia y en Guipúzcoa, el Frente Popular encabezado por el socialista Indalecio Prieto, mayoritario en Bilbao, y la Comunión Tradicionalista, encabezada por José Luis Oriol, mayoritaria en Álava, y que había anunciado que organizaría un levantamiento armado si perdía las elecciones.[8]

Tras la formación del gobierno del Frente Popular Prieto y Aguirre acordaron reanudar el debate parlamentario del proyecto de Estatuto que había quedado paralizado durante el bienio negro, resolviendo al mismo tiempo la cuestión de Álava que había sido utilizada por las derechas para obstaculizar su tramitación en las Cortes. La Comisión de Estatutos, presidida por Prieto, propuso un proyecto con pocos artículos que fue aceptado por el PNV.[9] En julio de 1936 estaba previsto que pasara al pleno de la Cámara, pero el 18 se produjo la sublevación miliar que daría inicio a la guerra civil.[10]

El PNV no se sumó al alzamiento y se mantuvo fiel a la República, a pesar de no formar parte del Frente Popular y de ser un partido confesional católico, como le recordaron los obispos de Vitoria y de Pamplona que en una pastoral del 6 de agosto declararon ilícita (Non licet) la unión de los nacionalistas vascos con los republicanos y los socialistas. Tras la entrada de las tropas franquistas en San Sebastián en septiembre —Álava, como Navarra, desde el primer momento estuvieron del lado del bando sublevado—, el PNV entró a formar parte del gobierno del Frente Popular, a cambio de la inmediata promulgación del Estato. Así el peneuvista Manuel de Irujo fue nombrado ministro sin cartera del gobierno del socialista Francisco Largo Caballero y las Cortes aprobaron el proyecto.[11]

Contenido[editar]

La referencia del Estatuto vasco de 1936 fue el Estatuto de Autonomía de Cataluña de 1932. Como en el caso catalán se creaba una «región autónoma», formada por las provincias de Álava, Guipúzcoa y Vizcaya —aunque de hecho sólo estuvo vigente en Vizcaya y en la mitad occidental de Guipúzcoa, pues en octubre de 1936 el resto del territorio vasco formaba parte de la zona sublevada— y se delimitaban las competencias que correspondían a aquélla y las que correspondían al Estado, respetándose el régimen de concierto económico para la Hacienda autónoma. La nueva región autónoma contaría también con un gobierno y un parlamento propios.[12]

Respecto del Estatuto plebiscitado en noviembre de 1933, era mucho más corto —constaba de 14 artículos agrupados en cinco títulos: disposiciones generales, extensión de la autonomía, organización del País Vasco— y presentaba dos novedades importantes: ni se hacía referencia a la futura integración de Navarra ni a la «reintegración foral».[12]

Aplicación: el gobierno de Aguirre y el «oasis vasco» (octubre de 1936 - junio de 1937)[editar]

Gudaris del Ejército vasco delante del Árbol de Guernica junto a la Casa de Juntas de Guernica, donde fue elegido José Antonio Aguirre, primer presidente del gobierno vasco establecido en el Estatuto de 1936.

Ante la imposibilidad de celebrar elecciones al parlamento vasco, se estableció en una disposición transitoria del Estatuto que el primer presidente del gobierno vasco sería nombrado por los concejales de los ayuntamientos no ocupados por los franquistas. Así fue como el 7 de octubre resultó elegido lehendakari en la Casa de Juntas de Guernica José Antonio Aguirre, el líder del PNV, por unanimidad. Aguirre formó inmediatamente un gobierno en el que los nacionalistas vascos ocuparon las principales consejerías —Defensa (de la que se hizo cargo el propio Aguirre), Justicia y Cultura, Gobernación y Hacienda— y el resto los partidos del Frente Popular —PSOE, Izquierda Republicana, Unión Republicana, Acción Nacionalista Vasca y Partido Comunista de Euskadi—. Quedó fuera la CNT por el veto del PNV. En realidad fue un gobierno presidencialista ya que Aguirre concentró muchos poderes al ser al mismo tiempo lehendakari y consejero de Defensa, en un momento en que la prioridad era la guerra.

La moderación del gobierno vasco quedó patente en el programa político que hizo público y que reflejaba la hegemonía nacionalista vasca. Se hacía hincapié en el respeto a la libertad religiosa y en la garantía de la seguridad del clero, lo que no estaba sucediendo en absoluto en el resto de la zona republicana. Para el mantenimiento del orden público se creaba la policía foral (Ertzaña), los presos quedaban sometidos a la jurisdicción ordinaria y se protegía a la pequeña y mediana propiedad. Además se establecía la cooficialidad del euskera y el fomento de las «características nacionales del pueblo vasco». Por otro lado se creó el Euzko Gudarostea (Ejército vasco), bajo el control directo de Aguirre y del PNV, que no se unificó con el resto de milicias de partidos y de sindicatos. La consecuencia de todo ello fue que la situación política y social del País Vasco republicano fue completamente diferente a la del resto de la zona republicana ya que allí se respetó a la Iglesia Católica, no hubo revolución social ni checas ni tribunales actuando al margen de la ley, y existió además un pluralismo político mucho mayor. Por eso se habló del «oasis vasco».[13]

En el momento en que fue nombrado Aguirre lehendakari el frente se había estabilizado y así permaneció hasta marzo de 1937 en que las tropas franquistas reanudaron su ofensiva. En esos seis meses el gobierno de Aguirre construyó una administración propia que absorbió casi todas las competencias del Estado —y también de las diputaciones forales y de los municipios— gracias al aislamiento del País Vasco de la zona principal que había permanecido fiel a la República, pero también debido al deseo del PNV de crear un Estado vasco. Así, como ha destacado el historiador José Luis de la Granja, "de octubre de 1936 a junio de 1937, el Gobierno de Aguirre transformó lo que era un Estatuto de mínimos en una autonomía de máximos y convirtió a Euskadi, que nació entonces por primera vez en la historia como entidad jurídico-política, en un pequeño Estado semi-independiente con todos sus atributos: mantuvo relaciones exteriores a través de sus delagaciones en el extranjero, sobre todo en Francia y Gran Bretaña; formó el ejército regular de Euskadi, con unos 40.000 soldados encuadrados en 90 batallones de partidos y sindicatos, mandado políticamente (e incluso militarmente en mayo de 1937) por Aguirre como consejero de Defensa; acuñó moneda y expidió pasaportes; reorganizó la justicia, con la Audiencia Territorial, el Tribunal Popular y el Tribunal Militar de Euskadi, y concedió indultos; creó la Universidad vasca y numerosos organismos de todo tipo, según consta en el voluminoso Diario Oficial del País Vasco (Bilbao, 1936-1937)".[14]

El 19 de junio de 1937 las tropas franquistas tomaban Bilbao. Cuatro días más tarde el general Franco derogaba el concierto económico de Vizcaya y de Guipúzcoa como castigo por no haberse sumado a la sublevación, mientras confirmaba el de Álava y el Convenio de Navarra. A finales de junio caían los últimos reductos vascos que todavía resistían el avance franquista y poco después los batallones del PNV abandonaban la lucha y se rendían en Santoña, mientras que los milicianos vascos socialistas y anarquistas continuaron combatiendo en Santander y en Asturias hasta su caída en octubre de 1937.[15]

Referencias[editar]

  1. Gil Pecharromán, 1997, p. 30.
  2. Gil Pecharromán, 1997, p. 30-31.
  3. a b Tusell, 1997, p. 76.
  4. a b Gil Pecharromán, 1997, p. 31.
  5. Gil Pecharromán, 1997, p. 31-32.
  6. Fusi Aizpurúa, 1985, p. 178.
  7. De la Granja, 2002, p. 75-76. "Cabe mencionar que, tras sufrir la represión gubernamental por la revolución de octubre pese a no haber participado en ella, el PNV vivía una crisis interna y se encontraba aislado, padeciendo la contradicción de hallarse más próximo a las derechas sociológica y religiosamente, pero estar ya más cerca de las izquierdas políticamente"
  8. De la Granja, 2002, p. 76-77. "[El 'triángulo político'] suponía la consolidación de tres culturas políticas muy distintas y de grandes bloques electorales bastante igualados"
  9. De la Granja, 2002, p. 70.
  10. Gil Pecharromán, 1997, p. 32.
  11. De la Granja, 2002, p. 80-81.
  12. a b De la Granja, 2002, p. 81.
  13. De la Granja, 2002, p. 82-84.
  14. De la Granja, 2002, p. 82.
  15. De la Granja, 2002, p. 85.

Bibliografía[editar]

  • De la Granja, José Luis (2002). «La II República y la Guerra Civil». En José Luis de la Granja y Santiago de Pablo (Coords.). Historia del País Vasco y Navarra en el siglo XX. Madrid: Biblioteca Nueva. pp. 57–87. ISBN 84-9742-077-2. 
  • Fusi Aizpurúa, Juan Pablo (1985). «Nacionalismo y revolución: Octubre de 1934 en el País Vasco». En Gabriel Jackson y otros. Octubre 1934. Cincuenta años para la reflexión. Madrid: Siglo XXI. ISBN 84-323-0515-4. 
  • Gil Pecharromán, Julio (1997). La Segunda República. Esperanzas y frustraciones. Madrid: Historia 16. ISBN 84-7679-319-7. 
  • Tusell, Javier (1997). Historia de España. Vol. XII. La Segunda República. De la Segunda República a la Guerra Civil. Madrid: Espasa Calpe. ISBN 84-239-8960-7. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]