Autoritarismo

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El retorno del hijo pródigo, de Rembrandt.

Autoritarismo, en las relaciones sociales, es una modalidad del ejercicio de la autoridad que impone la voluntad de quien ejerce el poder en ausencia de un consenso construido de forma participativa, originando un orden social opresivo y carente de libertad y autonomía. La sociedad preindustrial está marcada por la imposición de una fuerte autoridad y jerarquía en todos los órdenes (religioso, político, económico, etc.), con una indiscutida autoridad masculina y paterna dentro de la familia (patriarcado, paternalismo, machismo), frente a los grados cada vez mayores de libertad y autonomía propios de la sociedad industrial y la sociedad postindustrial. En el contexto psicológico individual, pero también social, se define la personalidad autoritaria.[1] En educación, se define la pedagogía autoritaria, heterónoma o tradicional, frente a la pedagogía progresista.[2]

En ciencia política el concepto de "autoritarismo" no tiene una definición unívoca, lo que permite identificar como autoritarias muchas y muy diferentes ideologías, movimientos y regímenes políticos. Algunas definiciones lexicográficas son simplificadoras: "sistema fundado primariamente en el principio de autoridad" -es decir, que no admite crítica-;[3] "se acuñó por el fascismo como término apreciativo, para pasar a ser utilizado ... [en el contexto de la lucha contra el fascismo y el nazismo] para denotar la “autoridad malvada” ... el abuso y el exceso de la autoridad que aplasta la libertad ... más que representar lo opuesto de democracia ... significa lo contrario de libertad".[4] Otras se hacen por acumulación de términos que, si bien pueden entenderse como relacionados, no son estrictamente sinónimos ("la doctrina política que aboga por el principio del gobierno absoluto: absolutismo, autocracia, despotismo, dictadura, totalitarismo").[5] Las que pretenden precisar rasgos se centran en cuestiones como "la concentración de poder en manos de un líder o una pequeña élite que no es constitucionalmente responsable ante el cuerpo del pueblo", el "ejercicio arbitrario del poder sin consideración de otros cuerpos" que puedan limitarles (separación de poderes), y la inexistencia de mecanismos que permitan una efectiva alternancia en el poder, como las elecciones libres multipartidistas.[6]

Autoritarismo y totalitarismo[editar]

La utilización del concepto "totalitarismo" para ciertas ideologías, movimientos y regímenes políticos del periodo de entreguerras (comunismo soviético -estalinismo- y fascismos italiano, alemán -nazismo- y español -falangismo de los años treinta y franquismo de los años cuarenta-) se basaba en su búsqueda de la homogeneización de todos los planos de la vida pública e incluso privada y la negación de cualquier tipo de discrepancia u oposición, llegando a justificar la erradicación y, en casos extremos el exterminio, del disidente o del "diferente".[7] La condición extremista de ideologías, movimientos y regímenes totalitarios los diferencia de otro tipo de posiciones políticas que, siendo también opuestas a la democracia liberal y al reconocimiento de derechos y libertades,[8] especialmente desde la derecha política tradicional del siglo XIX, lo hacían de una forma al menos ligeramente más moderada, o no tan radical; como el moderantismo, el conservadurismo, el tradicionalismo, el nacionalismo o el militarismo. La distinción entre totalitarismo y autoritarismo, a la hora de definir regímenes concretos, sería no tanto una cuestión escencialista sino de grado, tanto en la magnitud de sus propósitos (una revolucionaria transformación social e incluso humana -"hombre nuevo"- en el caso del totalitarismo, propósitos habitualmente conservadores o reaccionarios en el caso del autoritarismo) como la forma de llevarlos a cabo, en el éxito de su implantación y en la capacidad de de responder a las circunstancias cambiantes con mayor o menor rigidez (más propia del totalitarismo -en caso de conflicto con la realidad, opta por transformar la realidad a cualquier coste-) o flexibilidad (más propia del autoritarismo -en caso de conflicto con la realidad, opta por adaptarse a ella, aun a costa de apartarse de sus principios-) y su mayor o menor prolongación en el tiempo.

Como intento de diferenciación, está muy extendida y debatida (al considerársela orientada a la justificación del apoyo estadounidense a determinados regímenes dictatoriales, particularmente al franquismo -a partir de los años cincuenta-) la propuesta de Juan J. Linz de distinguir entre régimen autoritario y régimen totalitario, al admitir el autoritarismo un pluralismo político limitado y no representativo, que evita el recurso a la movilización de masas y otros rasgos propios del totalitarismo.[9] Hasta cierto punto, una distinción paralela es la que hace Hugh Trevor-Roper entre fascismo y fascismo clerical. La existencia o no de un "autoritarismo de izquierdas" es también objeto de debate.[10]

Autoritarismo, partido único y voluntad general[editar]

La identificación del Estado con "el partido", en ausencia de otro posible partido político, es más bien una característica propia de los regímenes totalitarios que de los autoritarios (que pueden consentir un cierto grado o apariencia de pluralismo político, así como algún tipo de consulta popular convenientemente dirigida en su propio interés); pero sí es propio del autoritarismo la negación de legitimidad a cualquier forma de expresar los intereses individuales o de grupo (por ejemplo, la lucha de clases o las reivindicaciones identitarias -nacionalistas, étnicas, religiosas, de género-) que no coincida con los intereses generales tal como se entienden defendidos por la autoridad, que pretende ser ejercida de forma paternalista en beneficio de todos, incluso de los que "por su bien" son reprimidos.

En realidad, la identificación y gestión de la voluntad general, así como la atribución de la soberanía, son asuntos, cruciales en las doctrinas políticas contemporáneas, que textos clásicos como el de Rousseau (El contrato social, 1762) no dejaron resueltos. Tanto los defensores de la libertad o de la democracia como los del totalitarismo o del autoritarismo pueden reclamar ser herederos intelectuales de Rousseau. Tal cosa se comprobó tempranamente, con la experiencia revolucionaria francesa de 1789 y el Terror.

Autoritarismo, régimen militar y tecnocracia[editar]

Mark J. Gasiorowski[11] propone la distinción de "regímenes autoritarios simplemente militares" y "regímenes autoritarios burocráticos". En estos últimos, un poderoso grupo de tecnócatas intentan la utilización del aparato del Estado con criterios de racionalización y desarrollismo". Como otros subtipos de autoritarismo, en el mismo estudio (inspirado en Linz) se proponen el "autoritarismo corporativista u orgánico-estatista" (con ejemplos estudiados en América Latina), la "democracia racial y étnica" (ejemplificada en el apartheid sudafricano) y el "autoritarismo pos-totalitario" (ejemplificados en el bloque del Este de los años previos a la caída del muro de Berlín -1989-). También hace una distinción entre autoritarismos "personalistas" (ejemplificados en el África postcolonial) y autoritarismos "populistas" (la Argentina de Perón o el Egipto de Nasser).[12]

Autoritarismo, corrupción y cleptocracia[editar]

Paul C. Sondrol[13] asocia los regímenes autoritarios con la corrupción y la cleptocracia, como consecuencia de una utilización del poder personalista (al tener una concepción individual del liderazgo, no tanto como una función "mística" o "teleológica" asociada a un "carisma" pseudo-democrático conectado con las masas, rasgos más propios de los regímenes totalitarios).[14] A pesar del usual recurso al término "tiranía" para calificar peyorativamente a los regímenes autoritarios o totalitarios, no debe confundirse con la figura histórica de los tiranos griegos (del mismo modo que la utilización peyorativa -o en algunos casos autoaplicada- del término "dictadura" no debe confundirse con la magistratura romana).

Autoritarismo, integrismo y fundamentalismo[editar]

Además de la utilización de la religión como uno de los mecanismos de legitimación y de control social por los regímenes autoritarios o totalitarios (el nacionalcatolicismo español en el seno del franquismo y otros casos de fascismo clerical -concepto teorizado por Hugh Trevor Roper-);[15] el autoritarismo puede ser un concepto aplicable a determinadas formas rigoristas de entender la religión tanto en sus aspectos personales como colectivos y su relación con el Estado y la sociedad (relaciones Iglesia-Estado, tolerancia o intolerancia religiosa, etc.) En el caso de una completa subordinación de las autoridades civiles a las religiosas y de la implantación de un proyecto político-social completamente orientado por una concepción rigorista de la religión, se utiliza el término teocracia (revolución islámica de Irán, régimen talibán en Afganistán). En el caso de la superioridad de la máxima autoridad civil, a la que se le confiere también autoridad religiosa, sería de utilizacíon el término historiográfico "cesaropapismo", aunque no es habitual emplearlo en países musulmanes, donde la situación es muy habitual (en distintos contextos, Marruecos o Arabia Saudí). No debe confundirse con los términos cesarismo y bonapartismo, que se utilizan en contextos seculares.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Theodor W. Adorno, The Authoritarian Personality, 1950.
  2. Educación y democracia en Volver a pensar la educación, Congreso Internacional de Didáctica, 1995, vol. 1, pg. 53: ... pedagogía "autoritaria", o "heterónoma", hecha desde arriba, que recurre a la disciplina como técnica didáctica, una "antiautoritaria", que subraya la libertad del individuo
  3. «autoritarismo», Diccionario de la lengua española (22.ª edición), Real Academia Española, 2001, http://lema.rae.es/drae/?val=autoritarismo 
  4. Giovanni Sartori, La democrazia in 30 lezioni, pag. 40.
  5. Roget’s II: The New Thesaurus (1995). «authoritarianism». Houghton Mifflin Company. Consultado el 12-07-2013.
  6. Britannica
  7. Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo; Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos; Erich Fromm, Miedo a la libertad; Raymond Aron, Democracia y totalitarismo; Maurice Duverger, De la dictadure; George Orwell, 1984 (novela).
  8. Las ideologías y movimientos que sí se encuadran en ese marco de democracia liberal y derechos son multitud de denominaciones genéricas, situadas a lo largo de todo el espectro político (a excepción de sus extremos) que incluyen distintas tendencias del liberalismo y el progresismo (socioliberalismo, socialdemocracia, democracia cristiana, radicalismo, libertarismo, etc.)
  9. Juan J. Linz, An Authoritarian Regime: The Case of Spain, in Cleavages, Ideologies and Party Systems (eds. Eric Allard & Yrjo Littunen) (Helsinki: Academic, 1964). Análisis opuesto de Vicenç Navarro, Franquismo o fascismo, Público, 11 de julio de 2013.
  10. Florencio Jiménez, Psicología de las relaciones de autoridad y de poder, UOC, 2006, ISBN 8497884299, pg. 151: ... autores, como Stone (1980) niegan la posibilidad de un autoritarismo de izquierdas, defendiendo que los datos y argumentos ofrecidos a favor de ella son inconsistentes. Stone defiende que el autoritarismo es esencialmente de derechas, y que la existencia de posibles autoritarios de izquierdas sería, en todo caso, testimonial ... A su juicio se trata, simplemente, de un mito ... aportar ejemplos históricos de regímenes de izquierdas que han podido actuar "autoritariamente", supone una modificación del nivel de análisis, que pasa de ser psicológico (cuando se habla de personas autoritarias) a sociológico (regímenen autoritarios). Eysenck (1981) ... trató de desmontar las argumentaciones de Stone, a partir entre otras cosas de sus propios estudios, así como de la realidad política social de comportamientos autoritarios en personas o regímenes de izquierdas.
  11. Página de Mark J. Gasiorowski en la Universidad de Tulane. Fuente citada en en:Mark J. Gasiorowski
  12. Mark J. Gasiorowski, The Political Regimes Project, en On Measuring Democracy: Its Consequences and Concomitants (ed. Alex Inketes), 2006, p. 110-11.
  13. Página del Political Science Department de la Universidad de Colorado.
  14. Sondrol, P. C. (2009). "Totalitarian and Authoritarian Dictators: A Comparison of Fidel Castro and Alfredo Stroessner". Journal of Latin American Studies 23 (3): 599. doi:10.1017/S0022216X00015868
  15. H.R. Trevor-Roper, The Phenomenon of Fascism, en S. Woolf (ed.), Fascism in Europe (London: Methuen, 1981), especialmente p.26. Citado en Roger Eatwell "Reflections on Fascism and Religion".
  16. Wilhelm Reich: Massenpsychologie des Faschismus. Verlag für Sexualpolitik, Kopenhagen/Prag/Zürich 1933. Fuente citada en de:Autoritärer Charakter
  17. Erdmann, Gero; Engel, Ulf (February 2006). "Neopatrimonialism Revisited – Beyond a Catch-All Concept" (PDF). In Hoffmann, Bert. GIGA Working Papers. German Institute of Global and Area Studies. No. 16. Fuente citada en en:Neopatrimonialism
  18. John Lowman, Robert J. Menzies, T. S. Palys , Transcarceration: Essays in the Sociology of Social Control, 1987, pg.: authoritasrian way - what has been described as the 'regulatory state', 'authoritarian statism', 'surveilled democracy', 'liberal corporatism', or 'friendly fascism' or 'fascism with a human face' . NATO Parliamentary Assembly, Defence and security for the 21st century, 2000, pg. 77: The conception of the democratic state was totally opposed to a surveilled democracy (en referencia a la constitución chilena promovida por Pinochet).