España en la Segunda Guerra Mundial

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Europa al iniciarse la guerra en 1939.

Oficialmente y durante todo el conflicto la postura española fue de neutralidad o no beligerancia activa. No obstante, en ambos bandos, hubo participación de soldados españoles en la contienda.

Antecedentes[editar]

Estandarte de la Legión Cóndor

El 1 de abril de 1939 acabó la Guerra Civil Española y Francisco Franco se convirtió en Jefe del Estado del nuevo régimen en España. Apenas medio año después, Adolf Hitler desencadena la ofensiva sobre Polonia que producirá el estallido de la Segunda Guerra Mundial. Frente a eso, Franco, que gobierna una nación en ruinas y con aún enfrentamientos entre fuerzas de seguridad y guerrilleros, tiene tres opciones: situarse como enemigo de Alemania o Italia, cosa que no quiso hacer, puesto que tiene gran afinidad política e ideológica con los gobiernos de esos países, que además colaboraron de forma importante en su victoria en la Guerra Civil. Tampoco puede situarse como enemigo de las potencias occidentales aliadas, al estar rodeado de Francia y sus colonias y tener Gran Bretaña una poderosa flota que podría imponer un bloqueo. No le queda más remedio que imponer la neutralidad, coincidiendo con la misma posición que mantuvo España en la Primera Guerra Mundial. Pero las diferencias entre ambos casos eran claras. Mientras que en la Primera Guerra Mundial España se había mantenido neutral en la guerra debido al aislacionismo que había sufrido tras el desastre del 98, y por lo tanto, había desfasado su ejército, ahora se mostraba neutral debido a las consecuencias de la Guerra Civil, que había devastado los nudos de comunicaciones, industrias y ciudades. A pesar de que tenía un ejército con gran cantidad de experiencia acumulada en la Guerra Civil y material moderno de origen italiano, alemán y ruso. La única similitud que había entre ambos casos era la gran agitación interna.

No obstante, tras la entrada en guerra de Italia el 10 de junio de 1940, Franco cambió su posición de 'neutralidad' a otra de 'no beligerancia' el 12 de junio de 1940.

Entrevista de Hendaya[editar]

La entrevista de Hendaya se produjo el 23 de octubre de 1940, donde Francisco Franco se entrevistó con Adolf Hitler, acompañados ambos de sus ministros de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Suñer (España) y Joachim von Ribbentrop (Alemania). El resultado fue que España finalmente no entró en la guerra como beligerante, aunque hoy en día se discute si esto sucedió porque Hitler no estaba dispuesto a ceder a las demandas formuladas por Franco como requisito para entrar a la guerra, si Franco elevó sus peticiones en forma excesiva e intencional para desalentar a Alemania y así lograr la neutralidad del país, o si ocurrió una mezcla de ambos factores.

También se discute hasta que punto la información secreta que le pasó Wilhelm Canaris (quien le aseguró a Franco, a espaldas de Hitler, que Alemania no ganaría la guerra), influyó en las decisiones que posteriormente tomara Franco. Las demandas territoriales sostenidas como punto partida por ambas dictaduras para afrontar las negociaciones eran:

Aun así, otros creen que si Hitler (o tal vez Mussolini) hubiera ejercido una firme presión sobre Franco, es de prever que tarde o temprano se habría conseguido la entrada de España en la guerra del lado del Eje. Pero Hitler cambió sus planes, tal vez agobiado por asuntos más urgentes (preparar la Operación León Marino o la Operación Barbarroja), o estimando que la entrada de España en la guerra no sería decisiva ni de importancia ineludible.

Cabe indicar que Hitler consideraba que el Lebensraum o "espacio vital" del III Reich estaba en Europa Oriental y no en el Mediterráneo o el norte de África; esto impulsaba la expansión germana a costa de la Unión Soviética y por ello Hitler logró forzar exitosamente a países como Hungría, Eslovaquia o Rumania, para que se uniesen a la guerra en apoyo del Eje. España, por su posición geográfica periférica, pudo evitar las presiones nazis en tal sentido.

Combatientes españoles[editar]

Hubo participación de soldados españoles en la contienda en ambos bandos.

División azul[editar]

Otro de los acuerdos que se alcanzaron en la entrevista de Hendaya fue la creación de un cuerpo de voluntarios españoles dispuestos a luchar en el bando alemán cuando se iniciara la invasión de Rusia. El general Agustín Muñoz Grandes fue el designado para mandar la división, sin embargo, posteriormente fue Emilio Esteban Infantes quien le sustituye. Luchó en el sitio de Leningrado y en la Batalla de Krasny Bor.

El 20 de agosto, tras tomar juramento (que se modificó especialmente para mencionar la lucha contra el comunismo), la División Azul fue enviada al frente ruso. Fue transportada en tren a Suwalki, Polonia, desde donde tuvo que continuar a pie. Después de avanzar hasta Smolensk, se desplegó en el asedio de Leningrado, donde pasó a formar parte del XVI Ejército alemán.

El número de pérdidas de la División Azul se elevó a 4.954 muertos y 8.700 heridos. Además, las fuerzas rusas tomaron 372 prisioneros de esta división, de la Legión Azul o de los voluntarios de las SS 101, conocidos como la Spanische Freiwilligen Kompanie. De éstos, 286 fueron mantenidos en cautiverio hasta 1954, en que volvieron a España en la nave Semíramis, fletada por la Cruz Roja (el 2 de abril de 1954).

Los aviadores voluntarios formaron la Escuadrilla Azul, la cual, a bordo de aviones Messerschmitt Bf 109 y Focke-Wulf Fw 190, fue acreditada con 156 derribos de aviones soviéticos.

Principales batallas[editar]

Participación de Excombatientes republicanos[editar]

Memorial de los niños de españoles inmigrantes en Plaine Saint Denis, Francia, de quienes lucharon en la Guerra Civil y en la Resistencia Francesa.

Los excombatientes republicanos de la guerra civil que se habían exiliado en Europa, también combatieron a los nazis. Principalmente en la defensa de los Países Bajos, como guerrilleros de la Francia libre o en divisiones blindadas como La Nueve, que fue la primera tropa en entrar en la ciudad en la Liberación de París. Incluso una unidad de españoles participó en el desembarco de Normandía (Spanish Company number one).

Por otro lado, republicanos que se exiliaron en la URSS lucharon en las filas del ejército rojo en el frente del este. Como algunos se negaron a luchar, se dio la paradoja de que coincidieron en gulags y cárceles soviéticas con miembros de la división azul que habían sido hechos prisioneros.

Política de los tres frentes[editar]

La política de los tres frentes es la posición estándar que tomó el gobierno español durante la Segunda Guerra Mundial. Esta posición era pro-nazi en la guerra que sostenía Alemania con la URSS, estrictamente neutral en la guerra entre Alemania y las potencias occidentales; y proaliada en la guerra que sostenía Estados Unidos contra Japón.

Franco difundió una peculiar e interesada teoría y se la transmitió al embajador norteamericano. Según esta tesis, se estaban desarrollando tres guerras simultáneas: la del Eje contra la URSS, en la que España era favorable al Eje; la del Eje contra los Aliados, en la que era neutral, y la del Pacífico, donde aseguró que era necesario derrotar a los japoneses porque estos eran -entre otros calificativos- unos bárbaros.

Florentino Rodao. Guerra a los bárbaros de Oriente. Clío. Junio 2006.[1]

La postura de Franco y su gobierno evolucionaría a lo largo del conflicto, siempre manteniéndose en una ambigua neutralidad cuando le era beneficioso para sus intereses. Así pues, tras la Batalla de Francia en junio de 1940 y cuando parecía inevitable que el III Reich vencería a Gran Bretaña, Franco se entrevistó con Hitler en Hendaya, España ofreció al III Reich la División Azul para apoyar el ataque a la URSS, se permitió el repostaje de submarinos alemanes en puertos españoles, se censuraba las noticias de derrotas alemanas en la propaganda española, los agentes alemanes de la Abwehr tenían gran libertad para trabajar en territorio español mientras se vigilaba a los británicos, etc. El 25 de noviembre de 1941, España firmó el Pacto Anti-Komintern revisado (había firmado la versión incial el 25 de marzo de 1939), texto auspiciado por la Alemania nazi y el Imperio del Japón, al que también se había sumado la Italia fascista y otros países próximos al Eje.[2]

No obstante, a partir de noviembre de 1942 se percibe en España que el conflicto da un giro completo, tras el éxito de los desembarcos estadounidenses en Marruecos y Argelia, después de la victoria británica en la Batalla de El Alamein, y al ser detenida brutalmente la Wehrmacht en la Batalla de Stalingrado; en esos momentos Franco comprende rápidamente la nueva situación y repentinamente vuelve a practicar una estricta neutralidad e incluso tolera ciertas ventajas militares a los aliados, semejantes a las que había ofrecido a los alemanes antes.

Planes militares de Franco[editar]

Las relaciones entre Hitler y Franco nunca fueron muy amigables.[cita requerida] Tras el fracaso relativo de la Entrevista de Hendaya, Hitler pensó seriamente en invadir la península ibérica (tanto España como Portugal, país tradicionalmente aliado de Gran Bretaña). También le interesaba a Hitler lograr una posición estratégica en las Islas Canarias.[cita requerida] Aunque Franco procurara evitar entrar en la guerra, España realmente hizo proyectos para la defensa del país si había ataques de alguno de los contendientes. Al principio, la masa del ejército español fue colocada en la parte del sur del país para prevenir un eventual ataque aliado. Sin embargo, Franco ordenó que las divisiones se movieran hacia la frontera francesa después de que Hitler le amenazó con una posibilidad de invasión.[cita requerida] Al cabo del tiempo, sobre todo a fines de 1942, se hizo claro que los Aliados ganarían finalmente el conflicto, y para ello Franco había amontonado todas sus tropas por la frontera francesa, recibiendo aseguramientos personales de los líderes de países Aliados que ellos no deseaban invadir España, sobre todo cuando los estadounidenses desembarcaron en el Marruecos Francés. Aunque los soldados alemanes estuvieran bien preparados, la experiencia reciente de combate del ejército español y el terreno accidentado del norte de España presentaron un obstáculo significativo a cualquier gran invasión del Eje. También se temía el estancamiento bélico en caso que se repitiera una guerra de guerrillas como la que ocurrió en la guerra de la independencia española contra Napoleón.

De hecho Franco mandó construir una barrera defensiva a lo largo de los Pirineos, que nunca se terminó del todo y a la que se llamó Línea P.[cita requerida] Se empezó a construir en 1944 y su objetivo final era conseguir que la frontera resultase impermeable. El ejército español en aquella época pensaba que con estas obras de fortificación se podría parar un ejército que entrase por alguno de los pasos de montaña hacia España. Hoy en día se ha quedado totalmente obsoleta y pertenece ya a nuestra historia reciente.

Según Robert Solborg, agente americano en Lisboa en 1942, el primer ministro británico Winston Churchill estaba convencido de que España entraría en algún momento en la II Guerra Mundial del lado de Adolf Hitler. Para evitarlo, decidió sobornar a los generales que estaban bajo las órdenes del dictador Francisco Franco y crear así toda una corriente militar de pensamiento en contra de la entrada de España en el conflicto. El agente elegido para efectuar el soborno sería el banquero Juan March (que además fue uno de los principales financistas de la sublevación de 1936 y puso a disposición del Alzamiento franquista 600 millones de pesetas), que se encargó de convencerlos y distribuir entre ellos una suma inicial de diez millones de dólares americanos de la época.[3] Según Ferrer, sólo en 1942, los generales de Franco recibieron entre 3 y 5 millones de dólares.[4]

Unidades del Ejército en 1940[editar]

Panzer I, equipado con 2 ametralladoras MG13 de 7,92 mm y utilizado por el bando nacional durante y tras la guerra civil española

Acostumbrado a una guerra de posiciones fijas, sin grandes cambios estratégicos, el Ejército de Tierra español, carente de la movilidad operacional de las unidades blindadas de los grandes ejércitos europeos, carecía de experiencia en el terreno de las operaciones combinadas carros-infantería. Hay que recordar que los carros más modernos usados en la Guerra Civil fueron los rusos T-26, los germanos Panzer I (o Panzerkampfwagen I) y diversas tanquetas italianas Fiat, ya anticuados para 1940. Por tanto, un hipotético conflicto armado contra las fuerzas blindadas aliadas hubiera resultado desastroso. Incluso la Infantería española –considerada como una de las mejores del mundo tras su experiencia en la Guerra Civil Española– habría sido barrida por el ímpetu de los carros de combate modernos, los cuales España no tenía en número suficiente.

Al acabar la Guerra Civil se organiza el Ministerio del Ejército y el de Marina, creándose el del Aire. Se restablecen las Capitanías Generales a base de ocho Cuerpos de Ejército en la Península y dos en Marruecos.

Con el inicio del conflicto mundial, y en base a la política internacional de España, comienzan los preparativos para responder a una posible agresión exterior. Se crea la IX Región Militar y, en 1943, la Primera División Acorazada, dentro de las Fuerzas de la Reserva General.

10 Cuerpos de Ejército.
25 Divisiones.
81 Regimientos de Infantería.
15 Regimientos de Caballería.
52 Regimientos de Artillería.
20 Regimientos de Ingenieros.
12 Grupos de Intendencia.
11 Grupos de Sanidad.
10 Unidades de Veterinaria.
12 Grupo de Automóviles.
12 Compañías de Defensa Química.
Tropas de la Reserva General:
4 Regimientos de Carros.
3 Regimientos de Infantería para base naval.
3 Batallones Ciclistas.
7 Tabores de Regulares.
5 Regimientos de Caballería.
10 Regimientos de Artillería.
3 Regimientos de Transmisiones.
5 Regimientos de Fortificación.
2 Batallones de Recuperación.
2 Compañías de Recuperación.
1 Compañía de Intendencia.
3 Tercios de la Legión.

Al final de la II Guerra Mundial en 1945, España contaba con los siguientes efectivos militares: 300.000 soldados de tropa, 25.000 suboficiales y 25.000 jefes y oficiales. Unos efectivos bien entrenados y con la moral muy alta, pero disponiendo de un material militar anticuado, no renovado desde 1939, cuando España contaba con el apoyo de unos Gobiernos europeos desaparecidos tras el conflicto mundial.

Unidades de la Armada en 1940[editar]

El crucero pesado Canarias

El núcleo de armada española estaba compuesto por un crucero pesado, cinco cruceros ligeros, una veintena de destructores y cinco submarinos. Aunque suponía una fuerza naval significativa no era ni de cerca la que necesitaba España para proteger los intereses marítimos de una nación que salía de una guerra civil, que había destruido sus recursos y recibía por mar la casi totalidad de sus importaciones. Tampoco era mejor el estado de las bases situadas en tierra desde donde operaban estas naves.

Pruebas de mar del crucero Almirante Cervera (aún sin armamento)

De los seis cruceros, sólo tres eran operativos: el buque insignia, el crucero pesado Canarias, el crucero ligero Navarra, y el crucero ligero Almirante Cervera. Los otros tres, el siempre desfasado Méndez Núñez, el crucero Galicia y el crucero Miguel de Cervantes (los dos últimos, cruceros ligeros de la clase Cervera), se encontraban en astilleros, sin dotación, en una inaplazable operación de reacondicionamiento.

En cuanto a los destructores, una cuarta parte tenían una edad que se aproximaba a los veinte años, carecían de valor militar y cumplían funciones de escuela. Los destructores eran de las clases Churruca y la Alsedo. En cuanto a la clase Ceuta y la clase Teruel fueron viejos destructores cedidos por Mussolini a Franco en la guerra civil que más bien servían de torpederos pesados.

Los submarinos eran muy anticuados respecto a los que alistaban otros países: los C-1 Isaac Peral, C-2 y C-4 de la clase C y el B-2 de la clase B (usado como Escuela Naval de Mecánicos de Ferrol). Como ocurría en el caso de los destructores, Mussolini también cedió submarinos, los General Mola y General Sanjurjo, de la llamada clase General Mola.

La carencia de oficiales, fruto de la situación producida en España entre 1936 y 1939, la escasez de repuestos y de combustible y, como consecuencia, el bajo adiestramiento de las dotaciones, reducían aún más el valor práctico de la Armada.

La Aeronáutica Naval, que en 1936 tenía más de cien aviones, había desaparecido en aquel mismo año por la eliminación física de sus oficiales. Unos meses antes de la sublevación había quedado fuera de servicio el portahidroaviones Dédalo, que fue definitivamente desguazado en 1940.

El 8 de septiembre de 1939, estando aún el Gobierno en Burgos, se promulgó una ley que establecía la construcción de cuatro acorazados, dos cruceros protegidos, doce cruceros ligeros, cincuenta y cuatro destructores, treinta y seis torpederos, cincuenta submarinos, cien lanchas rápidas, buques auxiliares, pertrechos y repuestos. Por supuesto, este programa nunca se llegó a a efectuar por el devenir de los acontecimientos posteriores.

El submarino General Sanjurjo

A la vista de la situación política mundial, este programa naval se diseñó como directiva la creación de una fuerza naval que pudiera jugar un papel decisivo como sumando de un bando en un juego político concreto que pudiera plantearse Europa. El programa se basaba en la ayuda técnica que habría de recibir España, ya que nuestra industria no estaba en condiciones de construir por sí sola buques de guerra modernos de alguna importancia.

No habían hecho más que iniciarse las conversaciones con los italianos para la construcción en España de acorazados de la clase “Littorio”, cuando se inició la II Guerra Mundial. Quedó detenido el programa naval antes de nacer y el esfuerzo industrial, sin la cooperación extranjera, se centró en la modernización de las unidades existentes y la finalización de los buques iniciados antes de la guerra civil.

Unidades de las Fuerzas Aéreas en 1940[editar]

Uno de los aspectos tácticos más importantes en la Guerra Civil española fue sin duda alguna la utilización masiva de la aviación. Que el combate aéreo en España fue el “laboratorio” de ensayo de las potencias europeas para comprobar la eficacia de sus nuevas máquinas, es un hecho demostrado. Pero aun así, los aviones utilizados en nuestro país y por tanto los que tenía España en 1940, no hubiese representado ninguna dificultad para las fuerzas aéreas que participaron en la II Guerra Mundial.

Si bien durante la Guerra Civil muchos aviones dieron un magnífico resultado, el continuo desarrollo en materia aeronáutica propiciado entre 1939 y 1945 los relegó a todos a un segundo plano. La ley de 9 de noviembre de 1939 creaba el Arma de Aviación, y posteriormente, el 17 de octubre del 40, también por ley, se organizó el funcionamiento de las diferentes regiones y zonas aéreas. En aquel momento España contaba con unos 500 aviones, más unos 300 en fase de terminación en talleres. Sin embargo, la situación de bloqueo impide la renovación del material existente, quedándose poco a poco unos inservibles y el resto anticuados. Curiosamente, fue durante esta época cuando la aviación mundial evolucionó más deprisa. Pero en España, la escasez de material y de personal especializado, imposibilitó casi categóricamente cualquier avance en aeronáutica.

Se contaba con unos 172 cazas, entre los que destacan Fiat C.R.32, Heinkel He 112, Bf 109, Fiat G.50 y Heinkel He 51. 164 bombarderos, entre los que destacan SM.79, SM.81, Junkers Ju 52, Heinkel He 111, Dornier Do 17 y Fiat BR.20. En total, junto con los aviones capturados a los republicanos (principalmente Polikarpov I-15 y Polikarpov I-16) y los de cooperación se contaba con unos 493 aviones, a los que se añadirían los que se quedaran internados durante el conflicto y no estuvieran muy dañados y los que serían comprados a Alemania.

Hubo una serie de incidentes en el espacio aéreo español en los que murieron varios aviadores, tanto aliados como españoles. [1]

Plan Bär España[editar]

En enero de 1943, llego a Berlín una Comisión Española con el objeto de negociar la adquisición de armamento en Alemania por parte de la Fuerzas Armadas Españolas.Ya desde el final de la Guerra Civil se había comprado en Alemania diverso armamento, pero no fue hasta que llego la Comisión,llamada Comisión Extraordinaria para Material de Guerra, cuando estas adquisiciones tomaron verdadero auge. La Balanza comercial era favorable a España y se propuso pagar la diferencia con Armamento por parte Alemana.

La Comisión la encabezo en un primer momento el Capitán de Navío Santiago Antón Rozas, pero dado el nivel que estaban tomando las negociaciones, fue sustituido por el General del Ejército de Tierra, Carlos Martínez Campos y Serrano, Duque de La Torre.

En un primer momento, se pidieron varios centenares de cazas y bombarderos, equipos de radio, subfusiles, ametralladoras, carros de combate, fusiles,... Finalmente la cifra quedó reducida a mucho menos de lo que en un primer momento se pidió por los españoles.

Planes y acciones militares[editar]

Operación Félix[editar]

Cañón de artillería en la cima de Gibraltar. Franco quería tomar Gibraltar y negoció con Hitler su conquista, pero la operación nunca llegó a realizarse.

Antes de Hendaya, hubo planificación español-alemana para un ataque, de tropas españolas equipadas con armamento alemán, sobre el territorio británico de Gibraltar que era, y es, una base militar británica. Entonces, Gibraltar era importante para el control de la salida occidental de Mediterráneo y las vías marítimas al Canal de Suez y Oriente Medio, así como patrullas Atlánticas.

Los Alemanes también apreciaron la importancia estratégica del noroeste de África para instalar bases militares y como una ruta para cortar cualquier futura participación bélica de los Estados Unidos. Por lo tanto, los proyectos nazis incluyeron la ocupación de la región por fuerzas alemanas en cantidad suficiente para prevenir cualquier futuro la tentativa de invasión Aliada.

Hacia marzo de 1941, los recursos militares alemanes estaban siendo destinados a la Operación Barbarroja y la Unión Soviética. La operación "Félix-Heinrich" era un plan evolucionado de la operación Félix que sería realizado una vez que ciertos objetivos en Rusia hubieran sido alcanzados. Al final, estas condiciones no fueron conseguidas y Franco se tuvo que contener.

Como la guerra fue desarrollándose en contra del Eje, los alemanes planificaron varias operaciones militares para rechazar el acontecimiento de un ataque aliado por España. Había tres proyectos sucesivos, cada vez menos agresivos según la capacidad alemana disminuía:

Operación Isabela o Isabella[editar]

Este esquema fue planificado en abril de 1941 como una reacción alemana a un desembarco británico en la península ibérica. Tropas de la Wehrmacht entrarían masivamente en España para apoyar a Franco y expulsarían a los británicos.

Operación Ilona o Gisela[editar]

"Ilona" era una versión reducida "de Isabela", posteriormente rebautizada como "Gisela". Fue planeado en mayo de 1942, para ser realizado si realmente la neutralidad de España no se cumplía, ya sea porque Franco se ponía del lado de los Aliados o si el régimen franquista era derrocado por militares antinazis. Diez divisiones alemanas avanzarían entonces hacia Barcelona y luego, si fuera necesario hacia Salamanca.

Operación Nurnberg[editar]

En junio de 1943 se elaboró la Operación Nurnberg, pero esto era más bien un plan de contingencia si se daba el caso de que los Aliados desembarcaran en España y Portugal. El plan constaba de una estrategia puramente defensiva en la cordillera de los Pirineos. Para entonces las fuerzas asignadas a la Operación Nurnberg eran sólo dos regimientos reforzados de la Wehrmacht, fuerzas muy reducidas para pasar a la ofensiva y sin posibilidades serias de rechazar una invasión aliada.

Operación Postmaster ( Cartero)[editar]

Batalla bélica acontecida en Santa Isabel (isla de Fernando Poo) en la noche del 14 al 15 de enero de 1942, entre un comando inglés y buques de las Fuerzas del Eje refugiadas en Guinea española. El comando acabó logrando sacar los buques capturados del puerto, aunque alertaron a las fuerzas allí destacadas. Este ataque se vio desde España como una declaración de guerra por parte de Inglaterra.[5]

Operación Mincemeat (Carne Picada)[editar]

La situación de colaboración con los agentes del Eje, principalmente alemanes, en España era de conocimiento público. Esta colaboración permitió a los ingleses efectuar la Operación Mincemeat, conocida por la novela y película El hombre que nunca existió para poder efectuar el desembarco de Sicilia con poca oposición alemana en 1943.

Operación Pilgrim[editar]

Temiendo la adhesión de España a las Potencias del Eje, Reino Unido decidió desarrollar un plan de invasión de las Islas Canarias, que eran fácilmente conquistables. Ante ello, Alemania decidió entregar gratuitamente a España varios cañones de baterías costeras y cañones antiaéreos. Finalmente y al ver que España solo suministraría materias primas a Alemania, se decidio[¿quién?] cambiar la estrategia por un embargo de petróleo.[cita requerida]

¿Declaración de guerra a Japón?[editar]

Se encuentra escrito en la revista Clio:

Es poco conocido que Franco quiso declarar la guerra a Japón cuando ya se advertía la derrota del Eje en 1945 y que incluso se concibió el envío de una nueva División Azul con tal fin. El episodio refleja el carácter zigzagueante de la diplomacia franquista –que pasó de admirar a Japón a convertirlo en enemigo– y cómo los clichés sobre los "bárbaros orientales" impregnaron la visión española del imperio nipón. "Parece como si fuéramos a declarar la guerra a Japón", espetó el ministro de Exteriores español José Félix de Lequerica al agregado militar británico en Madrid, Windam W. Torr, en una cena informal. Era marzo de 1945, cuando el Tercer Reich vivía sus últimos meses y era obvio que los Aliados ganarían la guerra.

Florentino Rodao. Guerra a los bárbaros de Oriente. Clío. junio 2006.[6]

Pero lo que ocurrió fue más complejo. Pese a que es poco conocido, la presencia española en el frente del Pacífico fue de vital importancia. Allí, soldados, misioneros, comerciantes, espías o inventores españoles se unieron bajo bandera americana con el objetivo de derrotar al ejército imperial japonés. Y esta importancia está muy bien documentada en un artículo de la revista Historia de Iberia Vieja.[cita requerida]

Tras la derrota del bando republicano en la Guerra Civil Española, como sucedió en América, un número considerable de exiliados españoles fueron a las antiguas colonias españolas de Oceanía, en especial Filipinas. Esto les pilló en medio de la contienda entre Japón y EE. UU.. En un principio, la prensa franquista ensalzó las conquistas japonesas y pidió a los españoles que habitaban allí que ayudasen a los aliados japoneses. Pese a ello, los españoles ayudaron al bando estadounidense, haciendo una guerra de guerrillas a los japoneses. Muchos además eran de origen vasco, y el euskera se utilizó en un momento para las claves secretas entre los americanos y los españoles, pero debido a la pocos que lo entendían, se cambió por el sioux.[cita requerida]

No todos los españoles allí confinados eran exiliados. Entre ellos se encontraba Andrés Soriano, fundador de Cervezas San Miguel, hombre más rico de Filipinas y que prestó ayuda al bando rebelde durante la Guerra Civil y héroe del Pacífico, fue además un amigo personal del general MacArthur. Otro gran héroe fue Leoncio Peña, que perteneció a una escuadra en la que solo quedaron dos supervivientes. Tras luchar en Okinawa, fue trasladado a Estados Unidos, donde recibió la Estrella de Bronce por méritos de guerra, la Medalla del Corazón Púrpura y la del Racimo de Hoja del Roble. Cabe destacar, además, que los primeros soldados que desembarcaron en la Batalla de Guadalcanal fueron españoles. La ayuda prestada por los españoles fue de crucial importancia para los americanos.

No obstante, esa ayuda la pagaron cara los españoles. Aparte de soldados, también había muchos misioneros, que sufrieron de una gran persecución por su condición de religiosos. En la isla de Saipán, el gobernador militar llegó a decir "La Iglesia Católica no debe ser algo bueno cuando Hitler en Europa la persigue tanto". Y es que los misioneros instalados en Saipán fueron de los que peor lo pasaron. Fueron aislados en domicilios con escasez de alimentos y medicamentos, y los japoneses los utilizaban de escudos, utilizando los conventos como almacén de municiones, sabiendo que los americanos no los bombardearían. Muchas monjas estuvieron a punto de ser fusiladas, simplemente por encender un fuego para calentarse o por hablar entre ellas, pues los japoneses sospechaban que colaboraban con MacArthur. Ni siquiera la liberación americana era de buena noticia para los misioneros mientras hubiese soldados japoneses cerca. Siete jesuitas desplazados a las islas Carolinas y Marianas fueron asesinados por las tropas niponas cuando se enteraron que Saipán cayó.

La Masacre de Filipinas

En 1944, con los aliados ya cerca de alzarse con la victoria, el siguiente paso era la conquista de Filipinas, que cortaría a los japoneses el envío de petróleo de Malaca y Sumatra. Tras el desembarco, llegaron a Manila, donde se inició la mayor masacre de todo el frente pacífico. Allí se encontraban 1.700 españoles. Con la ciudad a punto de ser conquistada, los oficiales japoneses ordenaron sacar a cientos de civiles españoles y filipinos para ametrallarlos a sangre fría. Las mayores matanzas fueron en el barrio de Intramuros, donde los civiles se intentaron ocultar en los edificios religiosos. Pero entonces los japoneses prendieron fuego a los edificios con los ocupantes dentro y también lanzaron granadas dentro, para disparar al que saliera a fuera. A otros se les enterró vivos o se les asesinaba sin más. Hubo un caso de una niña de 5 años, Ana María Aguilella, que sobrevivió a 16 bayonetazos. Un informe cifró en 12.700 los civiles masacrados.

Con la masacre de Manila la prensa franquista cambió drásticamente de opinión, hablando de "vesania nipona". Ningún aliado podía hacer algo semejante a ciudadanos españoles. Ahora se les trataba como enemigos acérrimos. Fue ahí cuando se planteó la declaración de guerra a Japón. No había riesgo, ya que la guerra estaba prácticamente acabada, y sería un buen método para quedar bien con los aliados tras la ayuda prestada al Eje. Aunque la idea fue finalmente desechada, el ministro de Asuntos Exteriores, José Félix de Lequerica, comunicó al ministro plenipotenciario nipón en Madrid, Yakishiro Suma,[7] la ruptura de las relaciones diplomáticas entre ambos países el 12 de abril de 1945.[8]

  • Entre los españoles que sobresalieron en el Frente del Pacífico, cabe destacar al inventor, aviador e ingeniero Heraclio Alfaro Fournier (nieto del fabricante de naipes), que proporcionó grandes innovaciones y mejoras en los aviones americanos, se le puede considerar como el pionero en el campo de los motores voladores. También al jesuita Pedro Arrupe, que destinado en una misión de Nagatsuka (cerca de Hiroshima), socorrió junto a otros misioneros a los heridos y ayudar a incinerar a los fallecidos que sufrieron la detonación de la bomba atómica.

Invasión del Valle de Arán[editar]

La Invasión del Valle de Arán, denominada en clave Operación Reconquista de España, fue un intento de la Unión Nacional Española (UNE) en el año 1944 de establecer un gobierno provisional español de la República presidido por Juan Negrín, en el Valle de Arán mediante un ataque de un grupo de guerrilleros españoles, agrupación bautizada con el nombre «Reconquista de España», que colaboraban con la resistencia francesa en el exilio.[9] La invasión se inició en el Valle de Arán, en el norte de Cataluña, en España.

El gobierno franquista, previendo una invasión aliada desde Francia, había encargado a Rafael García Valiño, Jefe del Estado Mayor del Ejército y veterano de la Guerra Civil Española, la defensa de la frontera de los Pirineos, dirigida por los generales José Moscardó y Juan Yagüe contando con unos 50.000 hombres. La operación acabó en una derrota de los guerrilleros debido a su grave inferioridad numérica y la escasez de armamento pesado, con 588 miembros del maquis muertos y 248 fallecidos del régimen franquista.[10]

Recursos y Comercio[editar]

Territorios españoles en África durante la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de la grave carencia de dinero, combustible, maquinaria, y otras provisiones, España fue capaz de suministrar algunos objetos de primera necesidad a Alemania. Había una serie de acuerdos secretos comerciales entre los dos países, que estaban en vigor desde que el III Reich apoyaba al bando nacional durante la guerra civil en 1937. El recurso principal era el wolframio (también conocido como tungsteno) extraído por empresas mineras alemanas en España. El wolframio era esencial a Alemania para su ingeniería de precisión avanzada y por lo tanto para la producción de armamento. A pesar de tentativas aliadas de comprar todo el stock disponible, produciendo un "boom" que elevó muchísimo los precios de los minerales, también hubo esfuerzos diplomáticos para influir en España, pero las materias primas españolas siguieron llegando de forma continua al III Reich hasta agosto de 1944, cuando el avance aliado por el sur de Francia cortó toda comunicación terrestre entre España y Alemania.

La venta libre de minerales españoles a los nazis fue justificada como resultado de una deuda del franquismo con Alemania, que se debía pagar debido al valioso apoyo militar y de suministros que los nazis dieron al bando nacional durante la guerra civil. Otros minerales que también los españoles vendieron casi en su totalidad a los alemanes fueron hierro, el zinc, el plomo y el mercurio.

España también actuó como un conducto intermediario para que la Alemania nazi obtuviese por un tiempo ciertos diversos bienes y mercancías de Sudamérica, por ejemplo, diamantes industriales y platino.

Después de la guerra, fueron encontradas pruebas de transacciones significativas de oro entre Alemania y España, las cuales terminaron sólo en mayo de 1945. Se creía que este oro fue consecuencia del saqueo nazi de países ocupados, pero las tentativas por parte de los Aliados para obtener el control del oro y el retorno de este en gran parte fue frustrado por España.

El régimen franquista y los judíos[editar]

Franco junto a Heinrich Himmler en el Palacio de Oriente durante la visita que hizo a España el líder nazi en 1940.

Tras la derrota de Francia en junio de 1940 el régimen franquista autorizó el paso rumbo a otros países de acogida, normalmente vía Portugal, entre 20.000 y 35.000 judíos, junto con otros miles de refugiados, pero a partir del otoño de 1940 aumentaron las trabas para conceder visados de tránsito. Los que atravesaban la frontera ilegalmente eran normalmente internados en el campo de concentración de Miranda de Ebro desde donde eran evacuados a otros países gracias sobre todo al Joint Distribution Committe, una organización judía norteamericana que el gobierno toleró que se instalara en Barcelona bajo la tapadera de una sucursal de la Cruz Roja portuguesa. Pero muchos de los refugiados que entraban ilegalmente fueros devueltos a Francia, especialmente si eran capturados cerca de la frontera. El caso más renombrado fue el del filósofo judío alemán Walter Benjamin quien ante la perspectiva de tener que volver se suicidó en el paso fronterizo de Port-Bou.[11]

El régimen se ocupó de los alrededor de 4.000 judíos sefardíes residentes en Europa que tenían pasaporte español, aunque no todos poseían la plena nacionalidad. Sin embargo, el Ministerio de Asuntos Exteriores comunicó a los cónsules destacados en Francia, donde vivían más de la mitad de ellos, que no se opusieran a la aplicación de las leyes antisemitas aprobadas por el régimen de Vichy y por los nazis en la Francia ocupada, aunque los cónsules sí que intervenían cuando estos judíos con pasaporte español eran detenidos, con resultado desigual.[12]

El problema se agudizó cuando en enero de 1943 la Alemania nazi dio un ultimátum a España —y a otros países neutrales— para que repatriaran a los judíos que tuvieran pasaporte español en un plazo de pocos meses, o serían enviados al este de donde no podrían volver hasta el final de la guerra —en realidad serían exterminados en los campos de la muerte de Polonia, un hecho del que entonces el gobierno español ya poseía alguna información—. La primera noticia que tuvo el gobierno franquista y el propio Franco de lo que estaba pasando con los judíos en la Europa de Hitler fue un informe que en diciembre de 1941 elaboraron un grupo de médicos que habían visitado Austria y Polonia y en el que se hablaba del exterminio de los "locos" y de la reclusión de los judíos en guetos donde morían de hambre y enfermedades. Estas informaciones fueron corroboradas por la División Azul en los despachos que envió en 1942 en los que también se hablaba de las matanzas de rusos y polacos. Al final de ese año son los gobiernos aliados los que denuncian el "exterminio" de los judíos. En julio de 1943 la embajada española en Berlín informa a Madrid ya claramente de que los judíos son enviados a los campos polacos donde son asesinados. En 1944 la embajada en Budapest da detalles más precisos sobre el campo de exterminio de Auschwitz.[13]

A diferencia de lo que hicieron Suiza, Suecia o Portugal, el gobierno español no acogió a sus judíos inmediatamente, sino que después de sopesar las distintas posibilidades, incluida la de dejar que los deportaran al este, el propio general Franco decidió que fueran repatriados, pero de ningún modo podrían quedarse en España —lo que suponía considerar vigente el decreto de expulsión de los judíos de 1492—. Además el gobierno español comunicó al alemán que sólo aceptaría pequeños grupos sucesivamente –un grupo no entraría hasta que el anterior no hubiera abandonado el país porque "no podemos afrontar el gravísimo problema de tenerles en España"; cursiva de Álvarez Chillida-. Asimismo se ordenó a los cónsules que sólo concedieran el visado de tránsito a los judíos que demostraran tener la nacionalidad española y no a los que sólo tenían el estatuto de protegido (lo que supuso dejar fuera a 2.000 de los 2.500 judíos que estaban en Francia y tenían pasaporte español). El gobierno franquista pidió prórroga tras prórroga, por lo que "si muchos se salvaron finalmente fue tanto o más que por la actitud del Gobierno, por la infinita paciencia que manifestaron las autoridades de Berlín", afirma Álvarez Chillida. En total fueron repatriados 800 judíos españoles -la cuarta parte de los judíos que tenían pasaporte español-, algunos centenares de ellos tras pasar por el campo de concentración de Bergen-Belsen debido a las demoras del gobierno español en concederles el visado de tránsito.[14]

El gobierno español reiteró la orden a los cónsules de España en Alemania y en los países ocupados o satélites del Eje de que no concedieran visados de tránsito a los judíos que lo solicitaran excepto si acreditaban con documentación completa satisfactoria [la] nacionalidad española.[15] Sin embargo, la mayoría de los diplomáticos españoles no hicieron caso a esta orden y atendieron a los judíos, especialmente a los sefardíes que se presentaban en los consulados alegando que tenían el estatuto de protegidos, aunque éste ya no tenía vigencia y el plazo para obtener la nacionalidad había expirado el 31 de diciembre de 1930. Los cónsules sabían que "los sefardíes, como los otros judíos, corrían peligro de muerte si caían en manos de la policía alemana. Ante esta dramática situación, el cuerpo diplomático español, en toda Europa, tuvo un comportamiento ejemplar; hizo todo lo que estuvo en su alcance para aliviar la suerte de los judíos, fuesen sefardíes o no, con nacionalidad española o no. Los nombres de aquellos diplomáticos que, espontáneamente, a veces contra las instrucciones que recibían de su gobierno, hicieron cuanto estuvo en su poder para salvar a hombres y familias en peligro de muerte merecen pasar a la historia para que no caigan nunca en el olvido. Éstos fueron, entre otros, Bernardo Roldán, Eduardo Gasset y Sebastián Romero Radigales, respectivamente cónsules en París y Atenas; Julio Palencia Álvarez, Ángel Sanz Briz, encargados de negocios en Bulgaria y Hungría; Ginés Vidal, embajador en Berlín, y su colaborador Federico Oliván; sin contar con muchos otros funcionarios de rango más modesto que les ayudaron a esta tarea humanitaria".[16]

Placa en memoria de Ángel Sanz-Briz en la pared de la Embajada de España en Budapest.

Sin duda la acción de salvamento de judíos más importante fue la que llevó a cabo el secretario de la embajada española en Budapest Ángel Sanz Briz. A principios de 1944 los alemanes ocuparon Hungría y comenzaron a deportar a los campos de exterminio al millón de judíos que vivían allí, lo que levantó las protestas del rey de Suecia y del papa Pío XI, a las que no se sumó el general Franco, a pesar de la presión que recibió de los gobiernos aliados. La comunidad judía de Tánger, ciudad marroquí ocupada desde 1940 por el ejército español, solicitó en mayo de 1944 al gobierno de Madrid que concediera visado a 500 niños judíos de Hungría para que pudieran viajar allí -los gastos los pagaría la Cruz Roja Internacional- donde serían acogidos por las familias judías de la ciudad. "España aceptó la petición, preocupándose de darla a conocer a los Gobiernos y las opiniones de los aliados, ya claramente vencedores en la contienda", afirma Álvarez Chillida. Como Alemania no les dejó salir, los quinientos niños, por iniciativa de Sanz Briz, quedaron bajo la protección de la embajada española y sus gastos corrieron a cuenta de la Cruz Roja Internacional.[17]

En junio de 1944 el embajador Angel de Muguiro dejó Budapest y se hizo cargo de la legación española en Hungría Sanz Briz, con el título de encargado de negocios. Briz comenzó inmediatamente, junto con su ayudante el italiano Giorgio Perlasca –a quien el gobierno de Israel otorgó el título de Justo entre los Justos en 1987, cinco años antes de su muerte-, a conceder visados y pasaportes españoles a miles de judíos. Gracias a estos papeles 1.648 de ellos pudieron salir de Hungría y encontrar refugio en Suiza. A otros Sanz Briz y Perlasca los alojaron en ocho pisos alquilados "anejos a la legación de España" por lo que gozaban del privilegio de la extraterritorialidad, tal como figuraba en la puerta de cada uno de ellos –los gastos corrían a cargo de la Cruz Roja Internacional-.[18] Asimismo Briz se ocupó, como había hecho el año anterior la embajada de España en Berlín, de informar al gobierno de Madrid del exterminio de los judíos en los campos gracias al testimonio de dos judíos que habían escapado de Auschwitz. En octubre de 1944 Sanz Briz ideó una estratagema para salvar más judíos. Consiguió que el gobierno húngaro le autorizase a proporcionar doscientos pasaportes a supuestos sefardíes de origen español, que él los convirtió en pasaportes familiares –cada uno incluía una familia entera- y además concedió muchos más pasaportes de los doscientos autorizados simplemente numerándolos siempre por debajo del 200. De esa forma salvó a muchos judíos "españoles".[19]

En noviembre de 1944, cuando el Ejército Rojo estaba muy cerca de Budapest, Sanz Briz tuvo que abandonar la embajada y se trasladó a Suiza, pero Perlasca siguió en la capital húngara continuando con la labor humanitaria hasta el 16 de enero de 1945, día en que las tropas soviéticas entraron en Budapest. Según Joseph Pérez, unos 5.500 judíos salvaron la vida gracias a las gestiones de Sanz Briz y Perlasca, aunque Gonzalo Álvarez Chillida rebaja la cifra a 3.500.[20] En 1991 el gobierno de Israel nombró a San Briz Justo de la Humanidad a título póstumo –había muerto en 1980-.[21]

A diferencia de lo que sucedió con las otras acciones humanitarias de los diplomáticos españoles, la de San Briz sí contó con la aprobación del gobierno español. Según Joseph Pérez, esto se explica por el momento en que se produjo, finales de 1944, cuando no era difícil prever la derrota de Hitler. "La actitud de Sanz Briz servía de coartada al régimen de Franco en sus esfuerzos para convencer a los aliados que ya no tenía nada de común con el Tercer Reich. Además, por aquellas fechas, era demasiado tarde para que los judíos húngaros pudiesen ser trasladados a España. Por si a alguno se le ocurría intentarlo una vez acabada la guerra, utilizando sus documentos de protección, el nuevo ministro de Exteriores, Alberto Martín Artajo, envió dos circulares a los cónsules, el 24 de julio y el 10 de octubre de 1945, ordenándoles anular su validez a todos los efectos".[22] Este mismo punto de vista es el que sostiene Gonzalo Álvarez Chillida, añadiendo además que "el costo de la operación era mínimo: el papel, la tinta y el tiempo empleado en redactar los documentos de protección. El Gobierno sabía que no podían entrar en España y el sostenimiento era por cuenta ajena. Y las ganancias en propaganda ante los aliados eran cuantiosas".[20]

Joseph Pérez a la pregunta "¿se habrían podido salvar más judíos si el gobierno español se hubiera mostrado más generoso, aceptando las sugerencias de sus cónsules en la Europa ocupada por los nazis?" responde "desde luego" y añade a continuación: "Hasta 1943… Madrid no quiso complicaciones con Alemania e incluso después de aquella fecha se prestó a colaborar con agentes nazis". Sin embargo, Pérez concluye: "a pesar de todo, el balance global es más bien favorable al régimen: no salvó a todos los judíos que pedían ayuda, pero salvó a muchos. Así y todo, es muy exagerado hablar, como hacen algunos autores, de la judeofilia de Franco…".[23]

La valoración de Pérez no es plenamente compartida por Gonzalo Álvarez Chillida. Según este historiador, a los judíos se les permitió transitar por España, "precisamente por que se trataba de tránsito, sostenido económicamente, además, por los aliados y diversas organizaciones humanitarias", "pero había que impedir por todos los medios que permanecieran en el país, como se ordenó reiteradamente desde El Pardo. Por ello el mayor problema se planteó con los cuatro millares de judíos españoles, que los alemanes estaban dispuestos a respetar siempre que fueran repatriados por España. Pese a que el problema se planteó cuando el Gobierno comenzó a conocer la realidad del exterminio judío, Franco mantuvo inalterado su criterio de que estos ciudadanos españoles, por ser judíos, tampoco podían permanecer en su propio país. Cómo convencer a los aliados de su evacuación fue más complejo, hubo muchas dilaciones que los alemanes aceptaron, y, finalmente, el régimen salvó a menos de la cuarta parte. […] Y no sólo eso. Una vez derrotada Alemania… [el ministerio de asuntos exteriores] ordenó que se consideraran plenamente nulos todos los documentos de protección otorgados durante la guerra. Sólo aquellos judíos que demostrasen poseer la ciudadanía española en toda regla serían ayudados a regresar a sus antiguos hogares, pero bajo ningún pretexto podrían entrar en España. […] Muchos judíos que se salvaron a través de España guardan un lógico recuerdo de agradecimiento hacia Franco. Los que fueron devueltos a Francia o aquéllos que fueron abandonados por no reconocérseles la nacionalidad en su inmensa mayoría no pudieron guardar recuerdo alguno".[24]

En 1949, en un momento en que el régimen padecía el aislamiento internacional, la propaganda franquista inventó el mito del "Franco salvador de los judíos", especialmente de los sefardíes. Esto permitió acusar al recién creado estado de Israel de ingratitud, ya que acababa de rechazar el establecimiento de relaciones diplomáticas con España y había votado en la ONU en contra del levantamiento de las sanciones contra el régimen –para Israel, el general Franco seguía siendo el aliado de Hitler-.[25] Para difundir el mito se elaboró un folleto traducido al francés y al inglés. Como señala Álvarez Chillida, "el éxito de esta campaña fue tan grande que sus secuelas han llegado hasta la actualidad. Y éxito especialmente en el mundo judío".[26]

La campaña estaba dirigida únicamente al exterior, "pues en el interior [de España] apenas se entendía de qué salvación se trataba. Ya que el Holocausto, y sobre todo las imágenes del mismo, fue un tema tabú que estuvo censurado hasta la muerte del dictador".[27]

El régimen franquista ante la derrota de la Alemania nazi[editar]

Cadáveres hallados en una fosa común del "campo de tránsito" nazi Janowska en la Polonia oriental, actualmente Ucrania. Imágenes como esta sobre el Holocausto nunca fueron publicadas durante la dictadura del general Franco.

Tras el fin de la guerra en Europa, el régimen franquista no se desligó de la visión de la Segunda Guerra Mundial de las potencias del Eje, a las que había apoyado, sobre todo al principio de la guerra. Esto se puede comprobar en el tratamiento que dio la prensa y la agencia oficial de noticias Efe a la derrota alemana. La muerte de Hitler fue anunciada a toda página en portada por el diario Informaciones en su edición del 2 de mayo de 1945 exaltando su figura y sin mencionar que se había suicidado: muerto "cara al enemigo bolchevique, en el puesto de honor", defendiendo la civilización cristiana. Aunque en un tono más moderado, lo mismo hicieron —ocultando también que se había suicidado y afirmando asimismo que había muerto en combate— el monárquico ABC y el católico Ya. En este último diario el antisemita Cortés Cavanillas escribió un panegírico del "hombre excepcional" que fue Hitler, defensor "de las últimas murallas de la civilización occidental" y que dedicó su vida a luchar contra todo lo viejo: "el liberalismo, el socialismo, el marxismo, el judaísmo".[28] Las primeras noticias sobre los campos de concentración nazis aparecieron a finales de abril de 1945, pero sin mencionar a los judíos y atribuyendo las penosas condiciones en que se encontraban los reclusos al caos provocado por la derrota, y siempre acompañándolas de informaciones y reportajes sobre las consecuencias de los bombardeos aliados de las ciudades alemanas y sobre la matanza de Katyn, perpetrada por orden de Stalin. Además se equiparaba lo sucedido en los campos nazis con la "persecución" a que estaban siendo sometidos nazis y fascistas, destacando el asesinato de Mussolini por los partisanos italianos.[29]

Imagen de la bancada de acusados nazis en el proceso principal del Juicio de Nuremberg. Delante, de izquierda a derecha: Hermann Goering, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop, Wilhelm Keitel. Detrás, de izquierda a derecha: Karl Doenitz, Erich Raeder, Baldur von Schirach y Fritz Sauckel.

La prensa sólo comenzó a hablar con más claridad de los horrores de los campos alemanes después del giro estratégico que dio el general Franco, para intentar sobrevivir a la derrota del Eje, con en el nombramiento de un nuevo gobierno en julio de 1945 en el que la Falange fue relegada a segundo plano y en el que el protagonismo pasó al sector católico procedente de la CEDA que encabezaba Alberto Martín Artajo, nuevo ministro de Asuntos Exteriores. Pero se siguió aludiendo al supuesto maltrato que los aliados dieron a los soldados alemanes y, sobre todo, se criticaron los juicios de Nuremberg, que Luis Carrero Blanco, el asesor más importante del Generalísimo Franco, calificó de "venganza" y de "crimen" en sus charlas de Radio Nacional de España, en las que ocultaba su identidad bajo el seudónimo de Juan de la Cosa. Asimismo se mantuvo la férrea censura de las imágenes de los campos de exterminio nazis, de los que nunca se dieron a conocer ni fotografías ni películas —en 1962 la censura suprimió las imágenes de los campos que aparecían en la película de Stanley Kramer Judgement at Nurenberg y obligó a cambiar el título de la misma por el de Vencedores o vencidos que ponía en un mismo plano a los asesinos nazis y al tribunal aliado que los juzgaba-. Los españoles tuvieron que esperar a la muerte de Franco en 1975 para ver las primeras imágenes del Holocausto. Además en algunos libros y artículos se siguieron alabando las figuras de Hitler y de Mussolini y la obra de sus respectivos regímenes —Carrero Blanco, de nuevo bajo el seudónimo de Juan de la Cosa, elogió en junio de 1946 la reacción anticomunista de "los Estados nacionalsocialistas" alemán e italiano; y el propio general Franco en uno de los artículos que escribió para el diario Arriba con el seudónimo de Jakin Boor afirmó que Mussolini y Hitler hicieron retroceder a la masonería y que ésta se había cobrado su "venganza" urdiendo la caída del Duce y el atentado contra el Führer, y con la represión que siguió a la victoria aliada—.[30]

Charles Chaplin en el papel del dictador Adenoid Hynkel. Esta película, El gran dictador (1940), estuvo prohibida durante el franquismo. Hubo que esperar a la muerte del Caudillo para que pudiera ser estrenada en España.

"En definitiva, la imagen de la Guerra Mundial que se difundió desde 1945 era la de que las potencias del Eje, aun con sus errores y diferencias con el régimen católico español, se habían enfrentado valerosamente al enemigo comunista, con el que se habían unido estúpidamente las democracias occidentales, favoreciéndole. [...] Alemania seguía apareciendo en el lado bueno del gran combate contra el comunismo. Esto es lo que explica que la censura cinematográfica se ejerciera durante décadas contra todo aquello que significara crítica severa contra el régimen hitleriano. El gran dictador (1940), de Chaplin, sólo se pudo ver en España tras la muerte de Franco. Lo mismo ocurrió con Esta tierra es mía (1943) de Renoir. Ser o no ser (1942) de Lubitsch, se pudo estrenar en 1970. Rommel, el zorro del desierto (1951), centrada en la conspiración contra Hitler de 1944, pudo verse en 1963. A Basilio Martín Patino la censura le modificó sustancialmente un guión cinematográfico, y una de las órdenes que recibió decía: Suprímase que mataron a los padres de Helga porque eran judíos. [...] Durante el régimen de Franco el genocidio judío se ocultó deliberadamente todo lo que se pudo, que fue mucho".[31]

Refugio de criminales de guerra[editar]

Después de la guerra el régimen de Franco se mostró hospitalario con ex funcionarios, miembros y colaboradores del Tercer Reich, que buscaban refugio en España, y en particular con algunos de los responsables de la deportación y el exterminio de los judíos. El estado español ayudó a huir a miles de jerarcas y colaboracionistas nazis, dio asilo de facto a criminales como Maks Luburić y a algunos hasta la nacionalidad española, como por ejemplo a León Degrelle.[32] No obstante, cediendo a la presión internacional, el gobierno franquista entregó a varios a los Estados Unidos, para su posterior juicio.[33] Sin embargo, "la mayoría de los reclamados por los aliados fueron protegidos o escondidos, algunos directamente por Franco o Carrero Blanco".[34]

Hoy en día se cree que alrededor de 40.000 nazis de toda Europa Occidental se refugiaron en España cuando acabó la guerra [2]. Otros utilizaron España como país de tránsito hacia la Argentina de Perón (ver ODESSA y Otto Skorzeny). También se calcula que los nazis dejaron en España bienes materiales valorados entre 1 y 2 billones de pesetas del mercado actual, al cual hay que añadir el valor de un racimo de holdings, empresas de seguros, bancos, industrias químicas y eléctricas, navieras, mineras y agrícolas, etc.

Conclusiones[editar]

Los españoles repúblicanos y antifascistas prisioneros en Mauthausen desplegan una pancarta para saludar a los aliados.

Si Franco quiso entrar en la II Guerra Mundial o no, es algo que hoy en día aún discuten los historiadores. Lo que está claro es que quería sacar el máximo partido con la mínima implicación en el conflicto. Nunca se implicó decisivamente en el Eje, entre otros motivos, debido a las presiones de los Aliados, y a impedir la muerte de españoles en la guerra. Las ayudas que les dio a los nazis, deben ser entendidas como contraprestaciones a las ayudas que la Alemania Nazi dio a los sublevados durante la guerra civil. La División azul y la Escuadrilla Azul son un claro ejemplo de contraprestación a la Legión Cóndor que sirvió bajo órdenes de los sublevados en la guerra civil.

Curiosamente, las ayudas que realizó a los aliados al final del conflicto también deben ser entendidas como contraprestaciones a las ayudas que previamente les dio a los nazis. Al único al que no le devolvió su apoyo en tiempos de la guerra civil, en forma de soldados o suministros, fue a Mussolini, que murió sin que Franco le pagara la deuda que había contraído.

La única "conquista" militar que Franco hizo en toda la guerra fue la toma de la Zona Internacional de Tánger, en 1940, argumentando que la caída de Francia hacía ingobernable esta ciudad. En 1945 el Ejército franquista abandonó la ciudad, volviéndola a declarar ciudad abierta.

Consecuencias[editar]

Francisco Franco junto al Presidente norteamericano Eisenhower, en 1959. Apenas habían pasado 14 años después del conflicto, y Eisenhower, que fue general norteamericano en la II Guerra Mundial, recuperó a Franco como aliado para su nuevo conflicto con la URSS.

Tras la victoria aliada, Franco, se encontró con que las principales potencias ganadoras del conflicto consideraron a su gobierno como un simple apéndice de los gobiernos fascistas y nazis derrocados en el conflicto. La situación se acentuó aún más tras la creación de la ONU y la recomendación formal de retirar los embajadores por parte de los miembros pertenecientes a esta organización en 1946. Se produce, el fenómeno conocido como aislacionismo, que no hace más que incrementar en España el impacto de la posguerra, de la que el país no se recuperó hasta bien entrados los años 50, cuando las potencias occidentales necesiten las bases españolas en plena Guerra Fría y el régimen franquista se convierta en un "mal menor" desde el punto de vista de Estados Unidos y sus aliados.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Clio».
  2. Osmańczyk, Edmund (2002). Encyclopedia of the United Nations and International Agreements. Taylor and Francis. p. 104. ISBN 0-415-93921-6. 
  3. (Ferrer Guasp,2004:446)
  4. Juan March: El hombre más misterioso del mundo
  5. «1942:Piratas Ingleses en Guinea. Operación Postmaster : Segunda Guerra Mundial - Odysa Forces: AirSoft Friends Group».
  6. «Clio».
  7. RÁMILA, Iván. Revista Historia de Iberia Vieja, nº 45, Págs. 60-67
  8. «Franco y el imperio japonés. Imágenes y propaganda en tiempos de guerra». Así Fue. La historia rescatada (Plaza & Janés). 2002. ISSN 84-01-53054-7. 
  9. (Sanchez Agustí:95-96)
  10. (Juliá 2005: 373)
  11. Álvarez Chillida, Gonzalo. pp. 197–199.  Falta el |título= (ayuda)
  12. Álvarez Chillida, Gonzalo. pp. 199–200.  Falta el |título= (ayuda)
  13. Álvarez Chillida, Gonzalo. pp. 200–201.  Falta el |título= (ayuda)
  14. Álvarez Chillida, Gonzalo. pp. 201–202.  Falta el |título= (ayuda)
  15. Pérez, Joseph (2009). p. 325.  Falta el |título= (ayuda)
  16. Pérez, Joseph (2009). pp. 321–322.  Falta el |título= (ayuda)
  17. Álvarez Chillida, Gonzalo. pp. 202–203.  Falta el |título= (ayuda)
  18. Álvarez Chillida, Gonzalo (203).  Falta el |título= (ayuda)
  19. Pérez, Joseph (2009). pp. 327–329.  Falta el |título= (ayuda)
  20. a b Álvarez Chillida, Gonzalo. p. 203.  Falta el |título= (ayuda)
  21. Pérez, Joseph (2009). pp. 320–329.  Falta el |título= (ayuda)
  22. Pérez, Joseph (2009). p. 331.  Falta el |título= (ayuda)
  23. Pérez, Joseph (2009). pp. 333–334.  Falta el |título= (ayuda)
  24. Álvarez Chillida, Gonzalo (2007). pp. 203–204.  Falta el |título= (ayuda)
  25. Pérez, Joseph (2009). p. 336.  Falta el |título= (ayuda)
  26. Pérez, Joseph (2009). pp. 196–197.  Falta el |título= (ayuda)
  27. Álvarez Chillida, Gonzalo (2007). p. 204.  Falta el |título= (ayuda)
  28. Álvarez Chillida, Gonzalo (2002). p. 414.  Falta el |título= (ayuda)
  29. Álvarez Chillida, Gonzalo (2002). pp. 414–415.  Falta el |título= (ayuda)
  30. Álvarez Chillida, Gonzalo (2002). pp. 415–419.  Falta el |título= (ayuda)
  31. Álvarez Chillida, Gonzalo (2002). pp. 418–420.  Falta el |título= (ayuda)
  32. 20 Minutos - Los criminales y jerarcas nazis que vivieron un 'retiro dorado' tras eludir a la justicia
  33. RÁMILA, Janire. Historia de Iberia Vieja, nº 49, Págs. 28-36.
  34. Álvarez Chillida, Gonzalo (2002). p. 418.  Falta el |título= (ayuda)

Bibliografía[editar]

  • Álvarez Chillida, Gonzalo (2007). «La eclosión del antisemitismo español: de la II República al Holocausto». En Gonzalo Álvarez Chillida y Ricardo Izquierdo Benito. El antisemitismo en España. Cuenca: Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. ISBN 978-84-8427-471-1. 
  • Pérez, Joseph (2009) [2005]. Los judíos en España. Madrid: Marcial Pons. ISBN 84-96467-03-1. 
  • IV CONGRESO DE HISTORIA DE DEFENSA, "Fuerzas armadas y policiales durante el Franquismo: El ejército español en 1940, pág. 51" [3]
  • RODRIGO FERNANDEZ, Rafael "El Ejército español en 1940", en Puell de la Villa, Fernando y Alda Mejías, Sonia (Eds.). Los Ejércitos del Franquismo (1939-1975). Instituto Universitario Gutiérrez Mellado: Madrid, 2010. Vol. II: Pgs. 51 a 76. [4]
  • "El correo catalán", 5 de septiembre de 1939
  • "The Avalon Project at Yale Law School: The Spanish Government and the Axis"
  • "Reivindicaciones de España", de Fernando María Castiella y José María de Areilza, Instituto de Estudios Políticos, Madrid 1941.
  • "Las relaciones políticas, económicas y culturales entre España y los Estados Unidos en los siglos XIX y XX", de Antonio Ñíguez Bernal.
  • CLUA MENDEZ, José Manuel.Cuando Franco fortificó los Pirineos, La Línea P en Aragón: Generalidades / La Jacetania. 2004. Editorial Katia. Zaragoza.
  • CLUA MENDEZ, José Manuel.Cuando Franco fortificó los Pirineos, La Línea P en Aragón: La Ribagorza y Sobrarbe. 2007. Editorial Katia. Zaragoza.

Enlaces externos[editar]