Espíritu del pueblo

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El Espíritu del pueblo (en alemán, Volksgeist) es un concepto propio del nacionalismo romántico, que consiste en atribuir a cada nación unos rasgos comunes e inmutables a lo largo de la historia.

Origen y expansión del concepto[editar]

Aunque algunos pensadores ilustrados compartían la idea de que distintas naciones tienen distintas personalidades,[1] el origen del concepto de Volksgeist nace con el prerromanticismo alemán, en especial en las obras de Johann Gottlieb Fichte y sobre todo de Johann Gottfried Herder. Frente al cosmopolitismo ilustrado, Herder defiende la existencia de naciones independientes y diferenciadas, a cada una de las cuales les corresponden unos rasgos constitutivos inmutables (culturales, raciales, psicológicos...) que por lo tanto son ahistóricos, anteriores y superiores a las personas que forman la nación en un momento determinado.[2]

La idea del Volksgeist de Herder fue posteriormente adoptada por el movimiento romántico, en especial por los hermanos Friedrich y Wilhelm von Schlegel, quienes adaptaron esta idea al estudio de las lenguas, la literatura y el arte. Como resultado, los hermanos Schlegel negaron la existencia de unas normas artísticas y literarias universales, como defendía el Neoclasicismo, y dieron importancia a aquellos géneros y elementos en los que, según su punto de vista, se observaba con mayor claridad el espíritu propio de cada nación. A ellos se debe, por ejemplo, la revalorización de la épica medieval, así como del teatro de Shakespeare o Calderón de la Barca, rechazados durante el siglo anterior por no atenerse a las normas aristotélicas.

El "espíritu del pueblo" en España[editar]

El concepto de Volksgeist fue introducido en España por Juan Nicolás Böhl de Faber, en obras como Reflexiones de Schlegel sobre el teatro, traducidas del alemán (1814),[3] así como en sus artículos en el Mercurio Gaditano en esa misma época, en los que defiende, empleando los conceptos e incluso las palabras de Schlegel, la obra dramática de Calderón de la Barca. Frente a esta postura se situaron José Joaquín de Mora y, menos ardientemente, Antonio Alcalá Galiano, cercanos al liberalismo político y contrarios por lo tanto a la introducción del romanticismo conservador representado por Böhl de Faber.

Con el transcurso de los años, sin embargo, las ideas introducidas por el hispanoalemán se hicieron dominantes en toda Europa, de forma que incluso sus iniciales detractores terminaron por asumirlas. La idea de Volksgeist o espíritu del pueblo pasó así a formar parte de las ideas centrales del naciente nacionalismo español, especialmente en su variante tradicionalista, y puede ser detectado en la historiografía de la época, así como en la historiografía literaria, representada por ejemplo por José Amador de los Ríos en su Historia crítica de la literatura española (1861-65).

Referencias[editar]

  1. Véase por ejemplo Rousseau: Proyecto de Constitución para Córcega y Consideraciones sobre el Gobierno de Polonia, Tecnos, Madrid, 1988
  2. Berlin, Isaiah: Vico y Herder, Cátedra, Madrid, 2000.
  3. Carnero, Guillermo: Los orígenes del romanticismo reaccionario español: el matrimonio Böhl de Faber, Universidad de Valencia, Valencia, 1978.

Bibliografía[editar]

  • Kedourie, Elie: Nacionalismo, Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1985.
  • Smith, Anthony: La Identidad Nacional, Trama, Madrid, 1997