Escultura gótica

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Ángel de la sonrisa, catedral de Remis, siglo XIII.
Las vírgenes necias, catedral de Magdeburgo, hacia 1250.

La escultura gótica es el estilo escultórico que corresponde al periodo gótico del arte occidental, y por tanto se extiende desde finales del siglo XII hasta comienzos del siglo XV por la Europa Occidental cristiana.

Contenido

[editar] Caracterización

La escultura gótica inicia una progresiva independencia del marco arquitectónico: la escultura será concebida de un modo más libre e independiente hasta no presentar ningún tipo de relación con lo constructivo. Comienza siendo tan dependiente como en el periodo románico, con paulatinos cambios: el abandono de los capiteles para los relieves; las arquivoltas de los pórticos pasan de ser decoradas en sentido radial para serlo en el sentido de los arcos (ahora apuntados); el altar mayor dispondrá de retablos cada vez más complejos, que pueden ser pictóricos o escultóricos (habitualmente de madera policromada, sin olvidar que la policromía acompañaba también a la escultura en piedra. Las esculturas de bulto redondo empiezan a independizarse de las paredes y a hacerse cada vez más autónomas. Las adosadas a las columnas y parteluces se hacen más esbeltas y dinámicas. Se considera a las del pórtico oeste (el llamado real) de la catedral de Chartres (hacia 1145) el ejemplo más temprano del gótico, y significaron una revolución en el estilo y un modelo para generaciones de escultores, que parecen provenir de la región de Borgoña. La influencia de los modelos clásicos se evidencia en el tratamiento de los pliegues de las túnicas como el en grupo de la Visitación de la catedral de Reims.

La expresividad cambia, haciéndose menos hierática y más emotiva, reflejando sentimientos (dolor, ternura, simpatía), acentuando la tendencia del último románico (por ejemplo el Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela), y en el contexto de una nueva mentalidad, más urbana y próxima a los conceptos filosóficos de hombre y naturaleza en la filosofía escolástica y la renovación de la espiritualidad (herejías medievales, San Francisco de Asís. Por ello la representación de las escenas de la vida de Cristo se hacen desde una perspectiva más humana, con el fin de acercarlo a la experiencia vital de cada fiel: desde el Nacimiento hasta la Crucifixión de Cristo Crucifixión se reflejan sentimientos y emociones. El Cristo crucificado pierde la rigidez y se representa un cuerpo más pesado y que sufre. La representación de la Virgen María, sola o con el niño (como Madre de Dios o Theotokos), suele hacerse más femenina y maternal, con una suave y elegante curva compositiva, las figuras dialogan y transmiten sentimientos. En contraste con las vírgenes del románico que tienen un papel reducido a ser un mero trono donde Cristo se sienta para gobernar al mundo. La Virgen blanca de la Catedral de Toledo es un ejemplo de los cambios que se producen.

Los retablos, generalmente en madera, son las obras más originales de la escultura gótica. Son una nueva forma de contar, ya no simbólica como en el románico, sino prefiriendo representar de un modo narrativo y naturalista (incluso anecdótico) cada una de las escenas.

Los monumentos funerarios muestran la progresiva importancia que va adquiriendo el hombre, frente a la exclusividad de las representaciones religiosas en el periodo anterior. El individualismo, la perpetuación del nombre son conceptos precedentes al Renacimiento. Del mismo modo la representaciones de los donantes, que son retratos de los que contribuyeron o promovieron la construcción, representan una innovación de la época.

La escultura gótica coincide en algunas características con la pintura gótica pues en ambos casos son representaciones del arte figurativo. En cuanto a la temática de ambas, sigue siendo casi exclusivamente religiosa, aunque es posible encontrar algunas manifestaciones que no lo son del todo, como son los retratos, mostrando la acentuación del individuo en la sociedad y apertura hacia los asuntos mundanos. En Alemania aparecerá por primera vez desde la Antigüedad clásica una escultura ecuestre de bulto redondo, el Jinete o Caballero de Bamberg (1240, catedral de Bamberg).

En cambio, el arte cisterciense, una de las corrientes espirituales y estéticas que representan la esencia del gótico inicial (basada en las ideas de Bernardo de Claraval), es un movimiento casi iconoclasta, pues rechaza la utilización de esculturas y pinturas en los monasterios (aunque las justificaba en las parroquias).

Enmarcado por la rejería renacentista de Francisco de Villalpando (1540-1548), un fragmento del Retablo mayor de la Catedral de Toledo (1497-1504). Entre los arquitectos, pintores y escultores que intervinieron por encargo del Cardenal Cisneros en esta obra maestra colectiva, canto de cisne de la escultura gótica, estuvieron: Enrique Egas y Pedro Gumiel (diseño); Francisco de Amberes y Juan de Borgoña (estofado y policromía); Rodrigo Alemán, Felipe Vigarni, Diego Copín de Holanda y Sebastián de Almonacid (imaginería); y Petit Juan o Peti Joan (entallado y filigranas).[1]

[editar] El final de la escultura gótica

El fin de la escultura gótica se puede localizar con precisión con el surgimiento del Renacimiento en la Italia de comienzos del siglo XV, con la famosa competencia por el encargo de las puertas del baptisterio de la Catedral de Florencia. No obstante, la escultura italiana del periodo gótico, de la que es destacada muestra Nicola Pisano, fue la más clasicista de toda Europa (como también lo había sido el románico italiano).

En otros países europeos, como es el caso de los reinos cristianos españoles, la pervivencia del estilo gótico es mayor, como puede comprobarse al comparar dos ejemplos de escultura funeraria: el famoso Doncel de la Catedral de Sigüenza (aún gótico) y el sepulcro de los Reyes Católicos en la Catedral de Granada (ya renacentista). Incluso hasta el comienzo del siglo XVI puede considerarse gótico el estilo proveniente del norte de Europa (Alemania y Flandes) de las sillerías del coro de las catedrales de Ciudad Rodrigo, de Toledo y Nueva de Plasencia, debidas a Rodrigo Alemán.

Es característico que el gótico de la Corona de Aragón (Jaime Cascalls, Pere Johan, Guillem Sagrera), que en los primeros siglos estuvo más vinculado a Italia, rompa estos contactos para decantarse por Flandes, como era más tradicional en la de Castilla, en la que triunfaban escultores del norte de Europa (Lorenzo Mercadante, Alejo de Vahía, Gil de Siloé o Felipe Bigarny). Un lugar destacado ocupó la familia Egas o Cueman, en torno a la que se formó localmente el denominado "grupo Torrijos", artífice de la transición del gótico al renacimiento en el centro peninsular, al que pertenecieron Juan Guas, Alonso de Covarrubias y Sebastián de Almonacid, responsable quizá del Doncel de la catedral de Sigüenza (o alguien vinculado a su taller de Guadalajara). Vasco de la Zarza, discípulo de Domenico Fancelli (el autor del sepulcro de los Reyes Católicos), ya puede considerarse plenamente renacentista. En el reino de Navarra destacó Janin Lomme de Tournai.[2]

Véase también: Hispano flamenco

Otro escultor que alcanzó gran fama fue el flamenco Claus Sluter (finales del siglo XIV).

[editar] Véase también

[editar] Referencias

  1. El retablo en architoledo.org
  2. Un buen resumen sobre escultura gótica en España en rincondelvago

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