Escultura en España

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Relieve de las llamadas "esculturas de Osuna",[1] procedentes de la ciudad turdetana de Urso (actual Osuna), siglos III al I a. C.

Escultura en España o española son denominaciones historiográficas para las producciones escultóricas del arte en España a lo largo de su historia.[2] El uso de la expresión "escuela española de escultura" es más ambiguo, pero también se da en la bibliografía.[3]

Prehistoria[editar]

No se han encontrado en la parte española de la zona franco-cantábrica ninguna muestra de las "venus paleolíticas", pero sí otras manifestaciones escultóricas, tanto en relieve como en bulto redondo, y en distintos materiales.

Relieve rupestre que representa una cabeza de caballo, Cueva del Moro (Tarifa, actual provincia de Cádiz).
Bulto redondo en asta de ciervo, Cueva de Tito Bustillo (Ribadesella, actual Asturias).
Bulto redondo en cuarcita, Abrigo de Entrefoces.

Edad Antigua[editar]

Escultura pre-romana[editar]

Pueblos indígenas[editar]

Bronce Carriazo, tartésico.
Ciervo de Laxe dos Carballos (Campo Lameiro).
Estela cántabra reutilizada para un altar cristiano en la iglesia de Santa María de Lebeña.
Verraco de Mingorría.

Relacionadas con la escultura fenicia están las escasas pero refinadas muestras conservadas de la tartésica en el suroeste peninsular, que serían las más antiguas producciones escultóricas de una civilización protohistórica en España.

En el norte peninsular se han conservado los petroglifos galaico portugueses (de datación controvertida, pues derivan de una tradición mantenida en la zona desde época postpaleolítica) y las estelas cántabras.

La escultura celta de la zona centro-occidental está representada fundamentalmente por los verracos, figuras de animales que se asemejan a toros, protectores de la ganadería. Son característicos los Toros de Guisando (actual provincia de Avila).

Más desarrollo tuvo la escultura entre los iberos, que además de tener también escultura animalista (Bicha de Balazote, Pozo Moro), tiene como piezas principales las llamadas "damas ibéricas", representaciones de diosas o sacerdotisas, ricamente ataviadas, como la célebre Dama de Elche o la Dama de Baza. Es dudosa la determinación de la influencia púnica en estas esculturas,[4] del sureste peninsular, así como su cronología; mientras que no hay duda alguna del carácter púnico de las procedentes de las necrópolis cartaginesas en Ibiza.[5]

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Pueblos colonizadores[editar]

El Asclepios de Mérida, siglo III a. C., actualmente identificado como Serapis. Se le considera "la mejor escultura griega en piedra del Mediterráneo occidental, y la única de grandes proporciones encontrada en la Península Ibérica".[11]
Sarcófagos antromorfos fenicios de Cádiz, siglo V a. C.; que sólo tienen parangón en otros hallados en Palermo (Sicilia). No está establecido si son obra de un taller local o una importación del Mediterráneo Central u Oriental.[12]

Escultura romana[editar]

Diosa Ceres, siglo I d. C., Museo Nacional de Arte Romano, Mérida.
Efebo de Antequera, siglo I d. C. Posiblemente es una copia romana de un original griego de época clásica. Para Antonio García Bellido es la "pieza antigua más hermosa salida de suelo peninsular".

Durante los mejores tiempos de la dominación romana se tallaron en la Península notables imitaciones de las clásicas esculturas mitológicas de Grecia y Roma y acabados retratos de emperadores en busto y en estatua así como preciosos relieves en algunos sarcófagos y bellísimos entalles en piedras finas de joyería[13] (especialmente, en la antigua Clunia de donde se han extraído gran cantidad) según lo demuestran los frecuentes hallazgos que figuran en diferentes Museos españoles. Sobresalen entre estas obras:[14]

Sarcófago de la Orestíada de Husillos

.

Se han encontrado, además, en toda la Península numerosos idolillos de bronce y de barro cocido representando generalmente a Hércules[18] y Mercurio con sus respectivos atributos y otros varios objetos de pura ornamentación escultórica.

El más notable sarcófago es el de Husillos (actual provincia de Palencia), con relieves mitológicos. El sarcófago de Covarrubias, que algunos han considerado como cristiano, es un bisomo de mármol de sabor pagano que puede remontarse al siglo III. En su frente lleva el retrato de los difuntos (dos cónyuges) en un clípeo central, flanqueado por curvas llamadas estrígiles; en los extremos de la misma cara se representan escenas pastoriles. Sirvió de sepulcro desde el siglo X a doña Sancha de Pamplona, mujer del conde Fernán González.

[19]


Sarcófago llamado Receptio animae o de la Asunción, 330-350.
Disco de Teodosio, 388 o 393.

Escultura paleocristiana[editar]

La escultura paleocristiana se halla especialmente representada por los sarcófagos, ricamente decorados muchos de ellos con estrígilos, escenas bíblicas y representaciones alegóricas. Destacan el de Leocadius en Tarragona y el de la Iglesia basílica de Santa Engracia en Zaragoza. También se conservan algunas estatuas exentas, como varias con el tema del Buen Pastor, laudas sepulcrales y mosaicos que por su técnica y sentido del color siguen los modelos romanos.

Edad Media[editar]

Escultura prerrománica[editar]

Preliminares remotos de la escultura románica española fueron los relieves visigodos y los de las construcciones asturianas de tosca factura.

Relieve del interior de Santa María del Naranco.
Friso del Salón Dorado del palacio de la Aljafería, arte taifa.

Escultura andalusí[editar]

La escultura andalusí tuvo un desarrollo muy limitado a causa del aniconismo islámico, pero aún así hay algunas producciones figurativas. Lo que sí está muy presente es la decoración geométrica o vegetal en frisos y relieves.

Escultura románica[editar]

Las corrientes artísticas de todas las procedencias que invadieron España en los siglos de la Reconquista, sobre todo, en los siglos XI y XII dieron por resultado un espléndido florecimiento del arte escultórico. Pero tomó éste un carácter tan variado y ecléctico que es muy difícil distinguir en cada monumento las filiaciones o influencias a que debe su origen artístico y la parte que en él haya tenido la inventiva local. Por lo mismo, en vez de escuelas artísticas se puede hablar de grupos regionales.

En general, se nota que las obras españolas de alguna importancia ofrecen una mayor tendencia al realismo o imitación de la naturaleza y al detalle individual que sus similares del extranjero, además del eclecticismo que forma su carácter. Y para evitar equivocaciones en la cronología de los monumentos, conviene tener presente que no era raro en aquella época labrar los capiteles y otros relieves de los edificios mucho tiempo después de la construcción de éstos durante la cual se dejaban con alguna frecuencia los capiteles simplemente desbastados para después trabajarlos con mayor calma.

Cataluña[editar]

Detalle del pórtico de Ripoll.

En la región catalana, se observan visibles influencias de las escuelas de Toulouse[20] y provenzal[21] en las figuras que adornan los capiteles y en otros relieves de los claustros, sobre todo, en el de la catedral de Gerona y en el de San Cugat del Vallés. Pero no se descubren tales injerencias sino que más bien debe reconocerse un tipo excepcional, en la soberbia portada del monasterio de Ripoll, acaso de filiación lombarda. Este precioso monumento, que en su labor escultórica parece datar de finales del siglo XI a pesar de su relativa perfección o bien de la segunda mitad del siglo XII, presenta zonas horizontales de relieves figurando pasajes o episodios bíblicos en el paramento en que se abre el arco abocinado de la puerta, el cual, a su vez ostenta variados relieves y se apea en columnillas ornamentadas y en sendas estatuas-columnas. De principios del siglo XIII son ya las labores románicas del claustro catedralicio de Tarragona y las de la catedral vieja de Lérida (continuadas a lo largo del mencionado siglo) ambos monumentos de tipo ecléctico sin exclusión de influencias musulmanas.

Aragón[editar]

Capitel del claustro de la Colegiata de Alquézar.

En la región aragonesa sobresalen los claustros de San Juan de la Peña y San Pedro el Viejo ambos del siglo XII en las esculturas de sus capiteles, muy vigorosas y muy geniales pero de tosca ejecución y con alguna influencia de la escuela de Toulouse. En la comarca de las Cinco Villas (norte de la actual provincia de Zaragoza) son evidentes los recuerdos de las escuelas de Borgoña y de Poitou en algunas portadas de iglesias parroquiales del siglo XII y principios del siglo XIII como las de Santa María de Uncastillo y Sádaba.

Pórtico sur de Santa María de Uncastillo.

Navarra[editar]

Tímpano del pórtico de la iglesia de Santa María Magdalena (Tudela).
Virgen Blanca de la catedral de Tudela, siglo XII.[22]

La región de Navarra se vio poderosamente influida por el arte de los benedictinos franceses, tosco en el siglo XI y primera mitad del XII, como lo manifiestan el pórtico de Gazólaz y algunas obras de los monasterios de Leyre e Irache. Pero muy espléndido en lo restante del último siglo y en el siguiente, como lo prueban algunas ricas portadas que denuncian la influencia de la escuela de Saintonge y la de Borgoña. Se atribuye a los monjes cluniacenses el florecimiento escultórico de Navarra y se observa la oposición artística entre ellos y los cistercienses tan sobrios en ornamentación figurada, siendo el monasterio de Leyre (que pasó por alternativas de dominio de unos a otros) el que resume todas las vicisitudes del arte plástico en Navarra desde el siglo IX hasta el XIII inclusive. Los relieves de la magnífica portada de la catedral de Tudela labrados en la primera mitad del siglo XIII, pueden considerarse ya como góticos, aunque de sabor arcaico.

León y Castilla[editar]

Los discípulos de Emaús, relieve del claustro del monasterio de Santo Domingo de Silos.

En los reinos de León y Castilla fue determinante para la proliferación del estilo románico el paso del Camino de Santiago, que atravesaba de este a oeste la Submeseta Norte. Desde aquí se extenderán los influjos de este arte a regiones más apartadas, gracias a los monasterios benedictinos que se fundaron en gran número protegidos por los reyes leoneses y castellanos. Varios fueron los núcleos y focos destacados del románico castellano, destacándose los de Segovia, Ávila (donde será muy influyente la obra de la Basílica de San Vicente y su sepulcro), Soria, Palencia (muy destacable la iglesia de san Martín de Frómista con valiosos capiteles, y la cercana Carrión de los Condes), Burgos, donde el Monasterio de Silos creará una escuela autóctona, Salamanca y Zamora con sus catedrales como centros irradiadores, y el gran centro que fue la basílica de San Isidoro de León, donde trabajaron algunos de los más originales artistas del Románico hispano.

Cenotafio de los santos Vicente, Sabina y Cristeta en la basílica de San Vicente de Ávila.
Detalle del Pórtico de la Gloria, catedral de Santiago de Compostela, Maestro Mateo.
Pórtico del Paraíso, catedral de Orense.

Galicia[editar]

En la región gallega debe reconocerse como centro artístico para su escultura la catedral de Santiago de Compostela por sus antiguas portadas y su admirable Pórtico de la Gloria. Los relieves de las dos portadas del crucero (hoy en la del Sur, pues la del Norte fue destruida en el siglo XVIII y rehecha en estilo renacentista) acusan influencia de la escuela de Toulouse y datan de los años 1137-1143. Pero los relieves y estatuas del famoso Pórtico debidas como toda la fábrica al inspirado maestro Mateo y terminadas en 1188 revelan un genio artístico independiente y superior a todas las escuelas de su tiempo. La obra de escultura del Pórtico se desarrolló en las tres puertas de éste correspondientes a las tres naves del templo y formadas por los respectivos arcos redondos y abocinados, que insisten sobre series de columnillas románicas. Su composición artística es, en breve resumen, como sigue: debajo de las columnillas aparecen como subyugados y oprimidos diferentes monstruos que simbolizan los vicios morales. En el parteluz de la puerta central (única que lo tiene y en el cual apoya el dintel con su tímpano) se fija la estatua sedente del apóstol Santiago y a la misma altura sobre el primer cuerpo formado por el conjunto de las demás columnillas se apoyan las estatuas de todos los apóstoles y de muchos profetas, cada uno con su libro o su filactería donde se inscribió alguna sentencia alusiva al personaje. En el tímpano se ostenta la imagen de Cristo sentado en su trono quedando a sus lados los cuatro evangelistas, de aspecto juvenil y con sus atributos propios, quedando el resto del tímpano lleno de figuras de ángeles y santos. En las arquivoltas de dicho arco central se destacan veinticuatro figuras representando los misteriosos ancianos del Apocalipsis para completar la idea del cielo. Mientras que en las arquivoltas del arco lateral izquierdo otras figuras representan el limbo de los Santos Padres y en el derecho, el purgatorio y el infierno.

No es posible dar con otro monumento de aquella época donde llegan a unirse tan bella y ordenada composición, con tanta sobriedad y relativa calma de las actitudes y a la vez con una ejecución técnica tan propia y expresiva. A su imitación o por su influencia se labraron en el siglo XIII otros pórticos y portadas de iglesias, siendo el que más de cerca le sigue aunque de más acentuada forma gótica y de inferior mérito el llamado Paraíso de la catedral de Orense. También parecen de filiación compostelana las estatuas del siglo XII de la Cámara Santa de Oviedo.

Escultura funeraria[editar]

La escultura funeraria en la época románica fue muy escasa en las figuras aunque no en símbolos. Se celebra como obra más importante del siglo XII el sepulcro antiguo de Doña Blanca, madre de Alfonso VIII, en el monasterio de Santa María la Real de Nájera, del que sólo se conserva la tapa, en cuyos relieves delanteros se representa la muerte de dicha reina y el tránsito de su alma en forma de niña, llevada sobre un lienzo por dos ángeles; a los lados del lecho mortuorio figuran escenas de dolor de la familia, asunto que se reprodujo muchas veces en sarcófagos en los dos siglos siguientes.

Tapa del sepulcro de Doña Blanca.

Marfiles[editar]

Como obras de escultura en marfil son justamente celebrados los relieves de las dieciséis placas adheridas a la urna-relicario de San Millán que representan, con gran sentimiento religioso, escenas de la vida del santo y algunos pasajes del Evangelio. Se conservan, con otros marfiles, en el monasterio de San Millán de la Cogolla; datan del año 1033 y fueron labrados, con dos estilos diferentes, por un tal Rodolfo y su padre, de nombre desconocido. De la misma época es el precioso crucifijo de marfil que los reyes de León, Fernando I y Sancha, donaron a la colegiata de San Isidoro en el año 1063. Esta joya artística, notable por la profusión de labores que la embellecen, refleja poderosas influencias del estilo árabe, mas no por eso ha de atribuirse a un artista musulmán. Del mismo siglo y del siguiente son unas tapas con marfiles en la catedral de Jaca. De orfebrería y bronce son trabajos dignos de mención especial los frontales o antipéndiums de Silos y las arquetas, cruces y crucifijos de diferentes iglesias y museos.

Escultura gótica[editar]

Virgen de los Reyes en el pórtico de la iglesia de Santa María de los Reyes (Laguardia), siglo XIV. Es de los pocos policromados que se conservan.[23]
Retablo mayor de la catedral de Toledo, 1497-1504. Entre los arquitectos, pintores y escultores que intervinieron por encargo del Cardenal Cisneros en esta obra maestra colectiva, que representa la transición del Gótico final al Renacimiento inicial en España, estuvieron: Enrique Egas y Pedro Gumiel (diseño); Francisco de Amberes y Juan de Borgoña (estofado y policromía); Rodrigo Alemán, Felipe Vigarni, Diego Copín de Holanda y Sebastián de Almonacid (imaginería); y Petit Juan (entallado y filigranas).
Detalle del retablo de Santa Tecla, de Pere Johan, 1426.

En el gótico inicial, vinculado al entorno arquitectónico, predominó la influencia francesa (pórticos de las catedrales de Burgos, de León, de ). Los monumentos funerarios se fueron haciendo cada vez más aparatosos. En la corona de Aragón destacaron Jaime Cascalls o Pere Moragues.

En el gótico final predominó la infuencia flamenca, de modo que se ha podido definir un estilo denominado hispanoflamenco, especialmente en la Corona de Castilla (familia Egas, Juan Guas, Gil de Siloé, Sebastián de Almonacid). La escultura comenzó a independizarse de la arquitectura con la consolidación y expansión del retablo y las obras portátiles. En la corona de Aragón destacaron Guillem Sagrera o Pere Johan, y en Navarra Janin Lomme de Tournai.

Edad Moderna[editar]

Escultura renacentista y manierista[editar]

Sepulcro de los Reyes Católicos, y de Juana la Loca y Felipe I el Hermoso, de Domenico Fancelli y Bartolomé Ordóñez, respectivamente, en la capilla real de Granada.
Sillería del coro de la Catedral de Toledo, de Rodrigo Alemán.
Retablo del altar mayor de la Basílica de El Escorial (1583-1586), una de las mayores empresas artísticas del siglo XVI,[24] diseñado por Juan de Herrera y dirigido por Pedro Castello, con esctructura y custodia de materiales nobles de Jacometrezo, esculturas en bronce de Leon Leoni y Pompeyo Leoni y pinturas de Federico Zuccaro y Pellegrino Tibaldi (inicialmente estaba previsto colocar El martirio de san Lorenzo, de Tiziano, una Anunciación de Veronés y una Natividad de Tintoretto, que fueron relegados a otros lugares del Monasterio, al preferirse mantener una unidad de estilo). La bóveda tiene frescos de Luca Cambiasso, y los laterales acogen los cenotafios de la familia real obra de los Leoni.

Ya en 1339 había llegado a Cataluña el arte de los pisanos con el sepulcro de Santa Eulalia (catedral de Barcelona). Casi un siglo después se labraron en el trascoro de la catedral de Valencia algunos relieves por el florentino Giuliano di Nofri, discípulo de Ghiberti, junto con otros de mano española. Pero estos ensayos y tentativas quedaron aislados hasta la verdadera penetración de las ideas y formas escultóricas del Renacimiento italiano con los artistas florentinos que vinieron a trabajar a España a finales del siglo XV y comienzos del XVI, extendiéndose el nuevo gusto por obra de extranjeros de varias nacionalidades y por algunos españoles que aprendieron en Italia. Aún así, no logró implantarse con firmeza el estilo hasta el reinado de Carlos V. Esos maestros florentinos fueron el gran marmolista Domenico Fancelli (sepulcros del infante D. Juan en la iglesia de Santo Tomás de Ávila, 1497, de los Reyes Católicos en Granada y mausoleo mural de Diego Hurtado de Mendoza en la catedral de Sevilla, 1509) y el especialista en terracota Pietro Torrigiano (San Jerónimo, Virgen). También muy influyente fue Giovanni da Nola, del reino de Nápoles, que nunca viajó a España, pero que mandó su obra (mausoleo del virrey Ramón Folc de Cardona-Anglesola, 1522).

El estilo hispanoflamenco dominante durante todo el siglo XV evolucionó hasta confluir con el gusto italiano, proceso visible en las familias Egas (a la que pertenecen también Juan Guas, Sebastián de Almonacid y Alonso de Covarrubias) y Siloé (Gil de Siloé y su hijo Diego de Siloé -que viajó a Italia-) y el borgoñón Felipe Vigarni (relieves de la Pasión con adornos platerescos de sabor italiano en el trasaltar mayor de la catedral de Burgos, parte de la sillería del coro de la catedral de Toledo, con su retablo mayor -obra colectiva de un gran plantel de artistas, que marca la transición entre el Gótico y el Renacimiento español- y la parte escultórica del retablo de la catedral de Palencia).

En el segundo tercio del siglo XVI destaca el francés Juan de Juni (retablos mayores de las iglesias de Santiago y la Antigua en Valladolid y otras obras en Segovia, Ciudad Rodrigo y otras poblaciones de Castilla). En la última parte de siglo fueron llamados a la corte de Felipe II y a la obra de El Escorial los italianos Leoni (León y Pompeyo, padre e hijo) y Jacome da Trezzo.

Con diferentes denominaciones, acuñadas inicialmente para la arquitectura ("Isabelino" -o "Reyes Católicos"-, "Cisneriano", "Plateresco", "Purismo" -o "Príncipe Felipe", o "fase serliana"-, "Manierismo", "Romanismo", "Herreriano", etc.), se etiqueta a los escultores españoles del siglo XVI, entre los que destacan el valenciano Damián Forment (basamento del retablo mayor de la catedral de Barbastro y los de la catedral de Santo Domingo de la Calzada y El Pilar de Zaragoza), el catalan Juan Sanz de Tudelilla y el riojano Arnao de Bruselas (trascoro de la la Seo de Zaragoza), el navarro o francés Esteban de Obray (sillería del coro de El Pilar), los vizcaínos Juan y Diego Morlanes (padre e hijo, portada de Santa Engracia de Zaragoza, retablo y sepulcros de la capilla de San Bernardo en la Seo -ya aragoneses son Gil Morlanes el Viejo y Gil Morlanes el Joven-), el guipuzcoano Juan de Ancheta (retablo mayor de Santa María de Tafalla), los burgaleses Rodrigo y Martín de la Haya (retablo mayor de la catedral de Burgos) y Bartolomé Ordóñez (sepulcros de Cisneros en Alcalá de Henares y de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en la Capilla Real de Granada), el palentino Alonso Berruguete (sillas altas del coro de la catedral de Toledo -en competencia con las de Vigarni, las de Berruguete son de un estilo más visiblemente clásico-italiano-, sepulcro del cardenal Tavera, busto de Juanelo -de atribución debatida-[25] ), el andaluz Gaspar Becerra (Virgen de la Soledad de la iglesia de san Isidro de Madrid, antiguo retablo de las Descalzas Reales -destruido por un incendio en 1862-, retablo mayor de la catedral de Astorga), el vallisoletano Esteban Jordán (retablo mayor y sepulcro del obispo Lagasca en la iglesia de la Magdalena de Valladolid, retablo mayor de Santa María de Medina de Rioseco), y muchos otros (Jamete, Diego Guillén, Andrés de Nájera, Pedro Arbulo Marguvete, Inocencio Berruguete y Francisco Giralte, Gabriel Joli, Juan Miguel de Urliéns).Gran fama alcanzaron los plateros y broncistas Vergara el Viejo, Cristóbal de Andino, la familia de los Becerril (Alonso, Francisco, Cristóbal, etc.)[26] y los Arfe (especialmente, Juan de Arfe) a quienes se deben primorosas obras de mobiliario eclesiástico. En Santiago de Compostela se desarrolló durante el siglo XVI un notable trabajo de los maestros azabacheros.[27]

Escultura barroca[editar]

Cristo atado a la columna, de Gregorio Fernández, iglesia de la Vera Cruz, Valladolid.
San Juan Bautista, de Alonso Cano, 1634.
Magdalena penitente, de Pedro de Mena, 1664.
San Bruno, de Juan Martínez Montañés, 1632.
Apóstoles durmientes en La oración del Huerto, de Francisco Salzillo, 1759.
Fuente de Apolo, en el Paseo del Prado de Madrid, un ambicioso proyecto urbanístico (José de Hermosilla, 1763) que pretendía "higienizar" el trazado urbano, y dotar a la ciudad de un animado paseo arbolado y con el tipo de fuentes monumentales al modo barroco que se había iniciado en la Roma de Bernini (de sur a norte: Alcachofa, Cuatro Fuentes, Neptuno, ésta de Apolo y Cibeles).
Estatua de Carlos III (Jardín Botánico de Madrid, la original en la Plaza Mayor de Burgos), modelado de Alfonso Bergaz y fundición de Domingo Urquiza, 1784.[28]

La escultura barroca española dependió casi enteramente de los encargos de la Iglesia, por lo que la mayoría de las obras fueron retablos para adornar los altares y pasos procesionales para la Semana Santa. La mayor parte de las imágenes fueron de madera policromada. Las figuras se caracterizan por sus gestos y posturas muy expresivas, de gran emotividad y patetismo, para conmover los sentimientos. Se buscaba impresionar al devoto y atraerlo, según los dictados del Concilio de Trento (el énfasis de la Contrarreforma en el culto a los santos a través de imágenes y reliquias por reacción a la opinión contraria de la Reforma protestante); un acercamiento lo más fiel posible a la realidad, por el perfecto acabado de las imágenes, a las que se añaden postizos para reforzar el verismo (ojos de cristal, pelucas, vestiduras), incluso efectos de articulación y movimiento real en algunos casos, y por la escenografía que las introduce en la vida real como si fuera un decorado teatral. El retablo cobró un enorme protagonismo en los espacios religiosos, tanto por su tamaño, que se fue haciendo mayor con el tiempo, como por su complejidad y espectacularidad, que alcanza su punto máximo. En su realización intervienen prácticamente todas las disciplinas artísticas (arquitectura, talla, policromía, dorado). Tipologías específicas, como el retablo-relicario, el retablo-escenario, el baldaquino, etc., aunque no surgen en el Barroco, llegan entonces a su máxima expresión.[29]

Cronológica y estilísticamente se distinguen dos fases en el Barroco escultórico español:

El Barroco clasicista o pleno que, arrancando del Manierismo de fines del siglo XVI, se prolonga hasta finales del XVII (y que, por su duración, también es objeto de subdivisión). Parte de los supuestos clasicistas, de raigambre renacentista y manierista, que se impusieron a partir del gran programa escultórico escurialense; y avanza hacia un mayor naturalismo según transcurre el siglo, buscando la verosimilitud en la representación, no reñida con el efectismo. Existieron dos escuelas fundamentales: la castellana, con centros en Valladolid y Madrid, caracterizada por la severidad, la austeridad y el realismo, representada por Francisco del Rincón y Gregorio Fernández; y la andaluza, con centros en Granada y en Sevilla, de mayor artificiosidad, revestida a veces de idealismo, con maestros como Juan Martínez Montañés, Alonso Cano, Alonso y Pedro de Mena, José de Mora, Pedro Roldán y su hija Luisa ("la Roldana"). A mediados del siglo XVII se estableció en Madrid el portugués Manuel Pereira (dos famosas estatuas de San Bruno).

El Barroco final o triunfante, de finales del siglo XVII, prolongado en la primera mitad del siglo XVIII, cuando el gusto de las cortes europeas se define en el estilo rococó. La espectacularidad triunfa sobre el verismo. Se busca anonadar al fiel mediante la riqueza de materiales, de formas, el brillo del oro, lo grandioso y complicado de los diseños. Tanto las esculturas exentas como los retablos y pasos procesionales se vuelven más sofisticados, imponiéndose definitivamente los postizos, los retablos a modo de tramoya, las policromías muy ricas. Los tipos humanos tienden hacia una cierta idealización, buscando la gracia y la dulzura en contraposición al acercamiento a lo real del primer periodo. No fue ajena a este cambio de gusto la llegada al trono español de la dinastía Borbón, francesa, que importó nuevas modas y gustos que no tardaron en imponerse. En la época, dominada por las espectaculares portadas y retablos de José de Ribera, Fernando de Casas Novoa y los Churriguera, destacaron escultores como Narciso Tomé o Francisco Salzillo.

La escultura hispana fue haciéndose más simple y austera en la segunda mitad del siglo XVIII, no tanto por agotamiento de las fórmulas barrocas, que seguían siendo populares (aunque suavizadas en sus elementos más extremos -Luis Salvador Carmona-), como por la imposición en las élites del nuevo gusto neoclásico a través de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (fundada en 1752 -sus primeros directores Juan Domingo Olivieri, Felipe de Castro y Juan Pascual de Mena-) y de la crítica ilustrada.[30]

Edad contemporánea[editar]

Ganímedes, de José Álvarez Cubero, 1804.

Siglo XIX[editar]

El neoclasicismo de Canova se introdujo en España a finales del siglo XVIII y comienzos del siglo XIX por el valenciano José Álvarez Cubero, seguido por el catalán Damián Buenaventura Campeny (entre cuyas obras destaca una serie de estatuas mitológicas en Barcelona, la Lucrecia muerta, 1804, y la Virgen del Crucifijo de Lepanto en la catedral de dicha ciudad, 1830)[31] y el también valenciano Manuel Tolsá (estatua ecuestre de Carlos IV en México, 1793-1802).

Escultores notables de mediados del siglo XIX fueron Ponciano Ponzano o Sabino Medina. La elección de temas de sensibilidad social y las moderadas innovaciones estéticas que preceden al estallido de las vanguardias, corresponde a los escultores de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX (Arturo Mélida, Agustín Querol, Ricardo Bellver, Aniceto Marinas, Miguel Blay, Antonio Susillo, Mariano Benlliure). Otros escultores coetáneos, como Josep Clará, Josep Llimona, Mateo Inurria, Victorio Macho, Mateo Hernández, Nemesio Mogrovejo, Julio Antonio, Emiliano Barral, Francisco Asorey, Manolo Hugué o Enric Casanovas, manteniendo los principios figurativistas, dan paso a las vanguardias del segundo tercio del siglo XX.

Siglo XX[editar]

Dona i ocell, de Joan Miró, en el parque de su nombre en Barcelona, 1983.
Estructuración hiperpoliédrica del espacio, Rafael Leoz, antes de 1975.

Los inicios del XX son prometedores para la escultura española. Destacan figuras como Ángel Ferrant, Alberto Sánchez Pérez, Pablo Gargallo y Julio González. En los años 50, después del nefasto periodo de la guerra civil y la posguerra, se produjo el renacimiento del arte español y en concreto de la escultura con las obras expresionistas y abstractas de Pablo Serrano, las voces de Jorge Oteiza y Eduardo Chillida, cargadas de renovación y contenido cultural vasco, la abstracción de Eusebio Sempere, Martín Chirino y Andreu Alfaro o el hiperrealismo de Antonio López.

Instituciones españolas vinculadas a la escultura[editar]

Instituciones culturales generalistas tienen colecciones de gran importancia:

Los museos diocesanos[39] suelen reunir, en el entorno de la catedral o el palacio episcopal de cada sede, colecciones de arte sacro reunidas reunidas con fondos procedentes de toda su diócesis, entre las que destacan distintos tipos de muestras muestras escultóricas (tallas en piedra y madera, orfebrería, eboraria). Las diócesis de Castilla y León, mediante la Fundación Las Edades del Hombre, celebran anualmente notables exposiciones temáticas en distintos edificios históricos con los fondos artísticos eclesiásticos ese territorio.

Notas[editar]

  1. Prótomo ibero de carnero de Osuna, Acróbata de Osuna, Toro de Osuna. Las esculturas de Osuna, en Commons.
  2. Por orden cronológico: El Diccionario historico de los mas ilustres profesores de las Bellas Artes en España, de Ceán Bermúdez (1800), contiene una Tabla cronológica de los escultores, por Año / Nombre / Residencia, que inician en el año 1033 los maestros Rodolfo y Aparicio (Castilla), y siguen: 1188 El maestro Mateo. Santiago. - 1278 El maestro Bartolomé. Tarragona. - 1377 El maestro Jayme Castayls [sic Jaume Cascalls ] . Cataluña. - 1380 El maestro Anrique [sic, se refiere a Enrique Egas, no debe confundirse con el Maestro Enrique, del siglo XIII, que trabajó en León y Burgos] . Toledo. - 1399 Ferrán González. Toledo. - 1410 El maestre Centellas. Palencia. A partir de 1418 ya recoge un número muy elevado de nombres, que llenan de la página 105 a la 128, cerrando la tabla el año 1798: D. Antonio Primo. Madrid. - D. Carlos Grau. Barcelona.
  3. Uso en la bibliografía (Google books), con ejemplos de distintos autores, y en contextos como los siguientes: Reivindica Valle la escuela española de escultura, que representa Berruguete, en quien se reconoce la influencia de la antigüedad clásica y renacentista (VV. AA., Todo Valle Inclán en Roma, 2013, pg. 97). Dubosc de Pesquidoux empieza por poner en duda, en unas consideraciones de tipo nacionalista, la capacidad de los españoles para la escultura, tras las que parecen sobrevivir todavía los lugares comunes del Romanticismo: "El carácter general de la escuela española, determinado por una tendencia muy marcada hacia el movimiento y el color, posee una incapacidad natural por la línea y la belleza ideales, puede dar la medida de sus fuentes en escultura. Una escuela aplicada a las cosas exteriores, amorosa hacia la naturaleza y hacia la brillantez, que gusta de las manifestaciones diarias y divertidas de su tiempo, no podía tener más que un gusto mediocre por el arte serio, que no habla a los ojos por medio del colorido, y prefiere a la agitación pintoresca la armonía tranquila". ... Otros críticos despachan a la escuela española de escultura sin ningún comentario. Georges Dufour se limita a decir: "En cuanto a la escultura, está representada por algunas raras estatuas, muy poco dignas por otra parte de pertenecer a la patria de Alonso Cano" (Carlos Reyero, La participación de los escultores españoles en las exposiciones [del siglo XIX], en Miguel Cabañas Bravo, El arte español fuera de España, pg. 90). Es curioso notar que la gran escuela española de escultura polícroma, uno de los más expresivos exponentes del genio nacional sea, en gran parte, obra de gentes venidas de ultrapuertos y educados en un ambiente extraño. (Luis Monreal y Tejada, Imaginería medieval en la colección de escultura Ricart, 1955, pg IX). "Entre los Pirineos y Galicia hay una verdadera escuela española de escultura románica." Esta unidad de estilo artístico entre iglesias muy distantes sería debida al camino de la peregrinación. (Luis Vázquez de Parga, José María Lacarra, Juan Uría Ríu, Las peregrinaciones a Santiago de Compostela, 1948, pg. 545). Esa importación pudo dar origen, como ya se había visto antes, en el siglo v a. de J. C., a la formación de alguna escuela española de escultura, como ocurrió en la misma Italia. (Pedro Aguado Bleye, Cayetano Alcazar Molina, Manual de historia de España, 1969, vol. 1, pg. 302). Con ello se inicia una segunda escuela de escultura española, la extrafronteriza, en que bien merecen respeto y gratitud, aunque la escultura no sea su forma de dicción habitual, los ensayos esporádicos de Picasso y Miró. ([http://books.google.es/books?isbn=8432106453 Gran enciclopedia Rialp: GER, 1981, vol. 3, pg. 98.
  4. Carmen Aranegui Gascó, Mortales o inmortales : a propósito de las damas ibéricas
  5. Dama púnica de la necrópolis de Puig des Molins (Ibiza)
  6. María Luisa de la Bandera Romero, Pedro Molina Poyato, DAMA IBERICA DE TORRES: UNA IMAGEN DE LA ARISTOCRACIA ORETANA
  7. “La Cueva de los Muñecos” : Santuario Ibérico del Collado de los Jardines
  8. Gérard Nicolini, Las figuras de bronce del Santuario de Castellar
  9. Yacimiento arqueológico de Torreparedones
  10. Isla de la Palma, de época guanche. Fotografías en Commons. de:Felsgravuren von El Cementerio
  11. Cuaderno Central - Museo de Arqueología de Cataluña, pg. 52. José Ángel Montañés, Esculapio sale del quirófano - La estatua griega de Empúries recupera los dos brazos, en El País, 28 de octubre de 2007.
  12. culturaandalucia.com (cita como fuente historiarte.net)
  13. La selección parece provenir de esta fuente: Francisco Naval y Ayerve, Tratado compendio de arqueología y bellas artes, Segunda parte - Histórico-artística: Arquitectura. Artes figurativas, pg. 436.
  14. Itálica en Commons
  15. Esculturas del Museo Nacional de Arte Romano de Mérida en Commons
  16. Esculturas del Museo Arqueológico de Tarragona en Commons
  17. Esculturas romanas de España en Commons
  18. Itinéraires romans en Languedoc, Françoise Leriche-Andrieu, Éditions Zodiaque, 1982. Fuente citada en fr:Art roman languedocien
  19. Guy Barruol, Provence Romane II, Éd. Zodiaque, La Pierre qui Vire, 1981. Fuente citada en fr:Art roman provençal
  20. Ficha en fcpatirmoniodenavarra.com
  21. Agustín Bustamante, Las estatuas de bronce de El Escorial. Datos para su Historia, en Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte (U.A.M.), Vol. VII-VIII, 1995-1996.
  22. La atribución a Berruguete comienza con Ceán Bermúdez, pero también se han propuesto Pompeo Leoni o su círculo, Jacometrezo o Juan Bautista Monegro Bibliografía comentada de Juanelo Turriano ss. XIX-XXI
  23. Cristóbal Becerril, ficha en CVC
  24. Naval y Ayerbe, op. cit.
  25. Bergaz hizo el modelado y Urquiza (ficha en ceres.mcu.es) la fundición. El proyecto burgalés del siglo XVIII fue iniciativa de Antonio Tomé González Carrera (minube). La copia madrileña del siglo XX fue costeada por la Fundación Juan March (Anales de la Real Academia Nacional de Medicina - 1982 - Tomo XCIX - Cuaderno 3, pg. 440).
    La estatua original, en Burgos.
  26. En alguna fuente se identifica la imaginería española del Barroco como "escuela realista española", definida por la religiosidad, viva expresión y policromía, dividida en una "escuela castellana o del Norte" y una "escuela andaluza" con "grupos" sevillano y granadino. Naval y Ayerbe, op. cit.
  27. Pedro Duque Cornejo, autor de la sillería del coro de la catedral cordobesa. A la escuela vallisoletana del siglo XVII sucedió en el siglo XVIII, aunque con menor brillo la madrileña, transformándose luego en académica a mediados del siglo. Y a las escuelas andaluzas sustituyó la murciana, resumida en la persona de Francisco Salzillo durante la primera mitad de dicho siglo. La escuela de Madrid empezó a finales del siglo XVII con Pedro Alonso de los Ríos, siguió con Juan de Villanueva y Bardales (padre del arquitecto del mismo nombre) y con los hermanos Ron y su discípulo Luis Salvador Carmona, para terminar confundida con la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Fuente: Naval y Ayerbe, op. cit.
  28. La vida y la obra del escultor neoclásico catalán Damià Campeny i Estrany, pg. 298
  29. Hay numerosos museos arqueológicos locales. Véase Categoría:Museos arqueológicos de España Véase también Arqueología Medieval#Arqueología medieval en España, Estudios de historia del arte en España
  30. Web oficial
  31. Web del ayuntamiento
  32. Web oficial
  33. Association Internationale pour la Conservation et la Promotion des Moulages
  34. Web oficial
  35. Web oficial
  36. Véase Categoría:Museos religiosos de España

Enlaces externos[editar]