Escultura barroca

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Escultura barroca es la denominación historiográfica de las producciones escultóricas de la época barroca (de comienzos del siglo XVII a mediados del siglo XVIII).

Sus características generales son:

  • Naturalismo, es decir, representación de la naturaleza tal y como es, sin idealizarla.
  • Integración en la arquitectura, que proporciona intensidad dramática.
  • Esquemas compositivos libres del geometrismo y la proporción equilibrada propia de la escultura del Renacimiento pleno. La escultura barroca busca el movimiento; se proyecta dinámicamente hacia afuera con líneas de tensión complejas, especialmente la helicoidal o serpentinata, y multiplicidad de planos y puntos de vista. Esta inestabilidad se manifiesta en la inquietud de personajes y escenas, en la amplitud y ampulosidad de los ropajes, en el contraste de texturas y superficies, a veces en la inclusión de distintos materiales, todo lo cual que produce fuertes efectos lumínicos y visuales.
  • Representación del desnudo en su estado puro, como una acción congelada, conseguido mediante una composición asimétrica, donde predominan las diagonales y serpentinatas, las poses sesgadas y oblicuas, el escorzo y los contornos difusos e intermitentes, que dirigen la obra hacia el espectador con gran expresividad.
  • A pesar de la identificación del Barroco con un "arte de la Contrarreforma", adecuado al sentimiemto de la devoción popular, la escultura barroca, incluso en los países católicos, tuvo una gran pluralidad de temas (religiosos, funerarios, mitológicos, retratos, etc.)
  • La manifestación principal es la estatuaria, utilizada para la ornamentación de espacios interiores y exteriores de los edificios, así como de los espacios abiertos, tanto privados (jardines) como públicos (plazas). Las fuentes son un tipo escultórico particularmente adecuado al estilo barroco. Particularmente en España, tuvieron un extraordinario desarrollo la imaginería y los retablos.

En España también se manifestó en imágenes religiosas talladas en madera, en la llamada imaginería con la que se esperaba despertar la fe del pueblo.

La escultura barroca en España[editar]

Piedad, de Gregorio Fernández, 1616.[4]
Detalle del retablo mayor de la iglesia del Hospital de la Caridad (Sevilla), Pedro Roldán, 1670-1675.

La temática tratada es casi exclusivamente religiosa, para iglesias, conventos y para las procesiones de Semana Santa. Sólo en el ámbito de la Corte se realiza la escultura monumental. Los temas mitológicos y profanos están ausentes. También se realizan retablos, donde aparecen figuras exentas y en bajorrelieve. Destaca con mucho la imaginería, siendo el material más utilizado la madera, siguiendo la tradición hispana. En estas obras se utiliza la técnica del estofado y la policromía. Se procura una gran verosimilitud, calificada habitualmente de "realismo" o "naturalismo"; las imágenes aparecen con todo tipo de postizos, cabello natural, ojos y lágrimas de cristal y ricas vestiduras de tela real. La finalidad de estas esculturas es provocar una profunda emoción religiosa en el espectador.

En la escultura barroca española se distinguen dos escuelas principales, la escuela andaluza y la escuela castellana.

En la escuela castellana, centrada en Valladolid y Madrid, se presenta una escultura tremendamente realista, cuyas señas de identidad son la talla completa, el dolor y la crueldad con abundancia de sangre, profundo dinamismo, caricaturización de los personajes malvados, intenso modelado y unos rostros con fuerte expresividad. Escultores de esta escuela son Francisco del Rincón, el gallego Gregorio Fernández (1576-1636), Juan de Ávila, su hijo Pedro de Ávila, Luis Salvador Carmona (todos ellos pertenecientes al ámbito vallisoletano) y Juan Sánchez Barba (que trabajó en Madrid). El napolitano Nicolás Salzillo y su hijo Francisco Salzillo desarrollaron su actividad en Murcia.

En cambio, en la escuela andaluza, con focos en Sevilla (escuela sevillana), Granada (escuela granadina) y Málaga (escuela malagueña), se huye de la exageración, la idealización, predomina la serenidad y las imágenes bellas y equilibradas con un modelado suave. Los grandes escultores de esta escuela son Juan Martínez Montañés, Alonso Cano, Pedro de Mena, Fernando Ortiz, José de Mora, Pedro Roldán, su hija Luisa Roldán (la Roldana), Juan de Mesa, José Risueño, Bernardo de Mora, Andrés de Carvajal y Pedro Duque y Cornejo.

La escultura barroca en Italia[editar]

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En Italia, la cuna del arte barroco, destaca el escultor Gian Lorenzo Bernini, que domina con perfección la técnica que aprendió de su padre Pietro Bernini, escultor manierista, y el estudio de los modelos clásicos y renacentistas. Su figura eclipsa al resto de artistas, y fue considerado el Miguel Ángel del siglo XVII. Acostumbraba a representar las figuras de sus obras en el momento de máxima tensión y a usar el desnudo en sus composiciones. Bernini es el intérprete de la Contrarreforma católica, de la Iglesia triunfante y su glorificación. Posee fuertes influencias helenísticas. Su escultura se caracteriza por la teatralidad compositiva, que resuelve en escenas. Gran arquitecto, pone la escultura al servicio de la arquitectura. Busca efectos emotivos con el fin de conmover, para lo que emplea el escorzo y las posiciones violentas y desequilibradas. Tiene obras mitológicas (Apolo y Dafne, fuente de los Cuatro Ríos), religiosas (baldaquino de San Pedro, Éxtasis de santa Teresa) y retratos (bustos de Luis XIV y del cardenal Borghese).

Alessandro Algardi fue un gran retratista de reyes, papas, aristócratas y burgueses, que utiliza una estética más clásica. En Nápoles trabajaron Nicolás Fumo y Giuliano Finelli (autor de las estatuas de los condes de Monterrey del Convento de las Agustinas de Salamanca); y en la Toscana Pietro Tacca, que se encargó de las estatuas ecuestres en bronce de Felipe III y Felipe IV (ambas en Madrid).

La influencia de Bernini se extiende al siglo XVIII con escultores como Pietro Bracci (Fontana de Trevi, Triunfo de Neptuno), Fillippo della Valle (Anunciación), Camilo Rusconi (San Juan, en San Juan de Letrán), o René Michel Slodtz (San Bruno).

La escultura barroca en Francia[editar]

La fama de Luis XIV, de Coysevox, 1702.

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El Barroco francés se reconoce por su carácter cortesano, mitológico y decorativo. Predominan los bustos, las estatuas ecuestres, las alegóricas y la escultura funeraria. Tiene cierta tendencia al clasicismo.

Durante el reinado de Luis XIII destacan los retratos, casi siempre de carácter funerario, con escultores como Simon Guillain y Jacques Sarrazin.

Durante el reinado de Luis XIV la escultura entra a formar parte del arte oficial que exalta a la monarquía absoluta, con centro en el Palacio de Versalles. Allí trabajaron escultores como François Girardon, de gusto clásico (Apolo y las Ninfas, la fuente de las pirámides o el sepulcro del cardenal Richelieu, donde prescinde de toda integración con la arquitectura a favor del efecto teatral). Pierre Puget es el más típicamente barroco, por su dramatismo, tensión y la violencia formal de sus obras, claramente influido por Bernini (Milón de Cortona, Alejandro y Diógenes, Andrómeda liberada por Perseo). Antoine Coysevox realizó numerosas estatuas para el conjunto de Versalles y los mausoleos de Mazarino y Colbert.

Ya en el siglo XVIII destacan escultores, de gusto rococó, como François Dumont, Edme Bouchardon o Jean-Baptiste Lemoyne.

La escultura barroca en otros países[editar]

Autorretrato de Cosme Damián Assam en la decoración escultórica al estuco de la Abadía de Weltenburg.
Monumento funerario de Carel Hieronymus van In, de Artus Quellinus.

En Inglaterra se continúa con una cierta aversión a la representación icónica típica del anglicanismo. La escultura se reduce a los motivos funerarios en los templos, que se convierten en panteones de personajes ilustres. Se trata de representaciones ostentosas que inmortalizan la fama del «gran hombre». Destacan escultores como Nicholas Stone, o los franceses Hubert le Sueur o Luis-François Roubillac.

En Alemania la escultura barroca encuentra un clima muy apropiado para su desarrollo. Predomina el estilo de Bernini, que llega a sus más altas cotas. Destacan Andrea Schliuter: retrato ecuestre del Gran Elector, y Baltasar Permoser.

En los Países Bajos los temas escultóricos alcanzaron cierta relevancia, muy lejos de la pintura. Encontraron su hueco dentro del retrato, el busto y la decoración de tumbas. En Bélgica trabajaron Jeroen Duquesnoy y Hendrik Verbruggen y Frans Verbruggen; y en Holanda Hendrik de Keyser y Rombout Verhuls.

Notas[editar]

  1. Plague Column Vienna, fuente citada en en:Pestsäule, Vienna
  2. Eniciclopedia Treccani, fuente citada en it:Matthias Rauchmüller
  3. Staatliche Schlösser, Burgen und Gärten Sachsen – Barockgarten Großsedlitz. Fuente citada en de:Barockgarten Großsedlitz
  4. Ficha en Artehistoria. Hace referencia a la disposición de los brazos, comparándola con la de esta otra versión:
  5. John Varriano, Italian Baroque and Rococo Architecture, New York: Oxford University Press, 1986. Fuente citada en en:Italian Baroque
  6. fr:Sculpture française

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Artehistoria: