Escuela de Comercio (Argentina)

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En la primera Memoria Consular (1796), Belgrano propone la creación de una escuela de comercio, y que materias se estudiarían en la misma:

"Sea el primero, una escuela titulada de comercio, donde los jóvenes vayan a instruirse en la aritmética,, en el modo de llevar la cuenta y la razón, y tener los libros; en el cálculo y regla de cambio; en las reglas de la navegación mercantil, de los seguros, etc.; en el modo de establecer la correspondencia mercantil y mantenerla, en la leyes y costumbres usadas entre negociantes, etc.,donde al menos se les enseñe los principio generales de la geografía y las producciones que abundan o escasean en los países a fin de que, con estos principios, puedan hacer sus especulaciones con el mayor acierto posible, y que si se dedican al comercio, les proporcione las ventajas y adelantamiento que los empeñen en el trabajo".

En 1800, a cuatro años de propuesta la creación de esta escuela, todavía nada se había hecho. Juan José Castelli, secretario interino del Real Consulado de Buenos Aires, se volvió a referir a la necesidad de contar con una escuela de comercio durante la lectura de la memoria anual (seguramente influida o preparada por Belgrano), diciendo "cuio asunto fue la utilidad, necesidad y medios de erigir un aula de comercio en que se enseñase metódicamente y por maestría la ciencia del comercio". Lamentablemente dicha memoria no ha llegado a nuestros días, por lo que nada podemos agregar a lo dicho.

Es posible que los comerciantes, según supuso Belgrano, "juzgaran innecesaria dicha escuela, persuadidos que estaban inteligenciados en la ciencia del comercio en vista de las ganancias obtenidas". Otra posibilidad es que no vieran con gran satisfacción la idea de educar a comerciantes profesionales, generación que, más tarde, competiría sin con ellos y en condiciones ventajosas.

En 1802, a dos años de creada la Escuela de Náutica, con motivo de los certámenes públicos, Belgrano destacaba el rol de la Academia de Náutica, y continuaba abogando por la creación de una escuela de comercio. Seguía insistiendo, en forma oculta ahora su identidad tras el título "Carta a los Editores" del diario Correo de Comercio (puesto que a él ya lo había dicho oficialmente en, podemos decirlo, demasiadas oportunidades):

"¿No hallan ustedes, señores míos, la cosa más desordenada, a lo menos para mí lo es, que se tenga por bastante a un muchacho para destinarlo a la carrera del comercio, porque dice que no quiere estudiar, ni aún la gramática? Pues qué, ¿La carrera del comercio no es más que comprar por cuatro para vender por veinte? ¿Les parece a los padres y a otros de quienes depende la juventud [, es decir, el Consulado y las autoridades virreinales], que no hay que saber para llevar el nombre honrado de comerciantes? Están muy equivocados, y yo lo sé porque lo tuve que aprender. (...) ¿Pues que diré a ustedes cuando me he visto Regidor, Alcalde, individuo del Consulado, y entendiendo en asuntos de grande tamaño para el bien de la República, donde se han tratado materias e abastos, de labranzas, de industria y de comercio, y de éste no como nosotros lo llamamos, sino mirado políticamente?"