Esclavitud en España

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Contrato de esclavitud en Perú.

La esclavitud en España fue una práctica habitual en su imperio de América, aunque también existió en la metrópoli durante la Edad Moderna. La esclavitud fue abolida en el territorio peninsular en 1837, pero continuó en las colonias españolas hasta finales del s. XIX (en Puerto Rico hasta 1873 y en Cuba hasta 1880).

La esclavitud en la Monarquía Hispánica[editar]

Según Antonio Domínguez Ortiz y Bernard Vincent, "la esclavitud era un fenómeno frecuente en la España Moderna, si bien limitado en su extensión geográfica, pues sólo en el sur, en la Corte y en algún otro punto aislado como Valencia llegó a tener gran densidad". La inmensa mayoría de los esclavos eran negros africanos y musulmanes del norte de África, pero también abundaban los mudéjares y moriscos esclavizados como consecuencia de la guerra de Granada y de las diversas rebeliones moriscas del siglo XVI, especialmente la de las Alpujarras. Estos últimos se incrementaron cuando un número indeterminado de ellos (seguramente no muy grande) se entregaron voluntariamente como esclavos para evitar la expulsión decretada por Felipe III en 1609.[1]

Muchos esclavos gozaban de libertad de movimientos porque los dueños se desentendían de su custodia y de su manutención por lo que trabajaban como asalariados libres, de cuyos ingresos el amo recibía una parte. Así fue como algunos de ellos lograron pagarse la manumisión, convirtiéndose entonces en libertos, que recibían el nombre de moros cortados. Estos constituían un "proletariado miserable, inquieto y mal vigilado, de lo que más de una vez protestaron las Cortes", según Domínguez Ortiz y Bernard Vincent.[1] El procurador de la ciudad de Granada en las Cortes de Castilla reunidas en 1626[1]

dijo que eran muy grandes los inconvenientes de permitirse en Andalucía tanto número de moros y moras, y de ellos bautizados, que todos ellos eran cortados, y pagan jornales [a sus dueños, se entiende] los cuales sirven los oficios menores de la república, pasan el trigo, vino, sillas de mano, traen la palanca [o sea, que eran palanquines, o mozos de cordel] y venden muchas menudencias, que todo es de poco trabajo y mucho aprovechamiento y ninguno acude a las labores del campo ni cría de ganados, para lo cual hay notable falta de gente, y esto les es de gran ganancia que en dos años queda horro [libre] el que ha costado 200 ducados y dejan un resto a fin de no ser expelidos como manda la ley

Los moros cortados siguieron viviendo en Andalucía hasta su expulsión al norte de África decretada por Felipe V en 1712.[2]

La esclavitud en el Imperio de Las Indias[editar]

Ya en las civilizaciones de la antigüedad existía el comercio de mano de obra esclava que se puede constatar desde la antigua Mesopotamia, Roma [3] o los imperios azteca e inca.

En España su uso fue justificado por la necesidad de explotar los recursos del continente americano y asiático a bajo coste, lo que engrandeció el patrimonio de la metrópoli a costa del sufrimiento de los indígenas.

La catástrofe demográfica americana[editar]

Códice Kingsborough: un encomendero abusa de un indio.

La llegada de los españoles a América tras 1492 y su consiguiente colonización provocó una reducción significativa de la población de ese continente, debido entre otras razones a la introducción (sin darse cuenta) de enfermedades desconocidas para los indígenas y al trato dispensado por los colonizadores,[4] en lo que algunos han denominado catástrofe demográfica en América, tildándola algunos autores incluso de genocidio, siendo de mayor consideración en los primeros 130 años de colonización.

Los esclavos de procedencia africana[editar]

En 1487, cuando el rey Fernando el Católico reconquistó Málaga, en el sureste de la península ibérica, esclavizó a toda la población como castigo excepcional por las especiales circunstancias de aquella conquista. Envió una tercera parte a África para cambiarlos por prisioneros cristianos liberándolos de su esclavitud, otro tercio (más de 4000) fue vendido por la corona para ayudar a sufragar el coste de la guerra, y el tercio restante se distribuyó por la cristiandad como regalos: un centenar de ellos fueron entregados al papa Inocencio VIII, quien distribuyó su parte entre los sacerdotes.

El 22 de enero de 1510, el mismo rey autoriza el transporte de cincuenta esclavos negros “los mejores y los más fuertes disponibles”, para las minas de La Española [5] lo que significó el primer envío de esclavos para la explotación de las minas de oro de la actual Santo Domingo.

No obstante, de entre las potencias colonizadoras, España fue posiblemente la menos esclavista como consecuencia de la firma del Tratado de Tordesillas en 1494, que impedía el transporte de esclavos desde África, entre otros límites al comercio. Tratados posteriores, como por ejemplo el firmado en 1713 con Inglaterra cedían la totalidad del comercio de esclavos de raza negra a otras potencias. Como consecuencia directa de esta política, en las regiones colonizadas por España apenas existieron negros (caso de México, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay y Paraguay), a diferencia de lo que sucedió en las colonias portuguesas (Brasil), holandesas (Guayanas y fuerte comercio en las Antillas y otras áreas de El Caribe), francesas (Sureste de los EEUU), e inglesas (Este de los EEUU, Jamaica y Belice). Gran parte de la población de raza negra hoy en día asentada en países como Colombia, Venezuela y en varios de Centroamérica, así como la de Ica en Perú, procede de movimientos acontecidos en los primeros años post-coloniales, bajo la soberanía de las nuevas repúblicas independientes, o bien del hundimiendo de barcos esclavistas en tránsito como sucedió en Esmeraldas, Ecuador. Precisamente, los movimientos independentistas contra la corona española en grandes áreas de Latinoamérica comenzaron con las quejas de grandes hacendados que no podían competir comercialmente con los hacendados de territorios que no formaban parte de la Colonia Española, ya que estos últimos si disponían de abundante mano de obra fuerte y barata.

El sistema de Encomienda[editar]

Bartolomé de las Casas.

Frente al vacío legal de los primeros tiempos de la colonización, debido a las protestas realizadas entre otros por Bartolomé de las Casas, en 1537 se promulgó la bula Sublimis Deus del papa Pablo III, en la que se declara la humanidad de los indígenas, por lo que desde la metrópoli española se estableció el eufemístico sistema de la encomienda por el que los indígenas eran "encomendados" a trabajar obligatoriamente para los españoles. Estos tenían obligación de cristianizar y tratar dignamente a los indígenas, pero según los testimonios de la época la segunda de estas obligaciones era frecuentemente incumplida sin recibir sanción el colono.

La encomienda fue abolida en 1791. En 1784 es suprimido el "carimbo" que consistía en marcar a los esclavos con un hierro candente para demostrar que se habían pagado por él los impuestos correspondientes y evitar el contrabando de esclavos. Pocos años más tarde, al final del siglo XVIII, la encomienda fue sustituida por la esclavitud secuestrándose a personas en África subsahariana cuando era necesaria más mano de obra gratuita, en un número que oscila desde los 10 a los 60 millones de seres humanos, según los distintos autores.[6] Considerando que los nuevos estados americanos proclamaron su independencia entre 1811 y 1825 y que la esclavitud no fue abolida en esos territorios hasta 1855-1888 (según países), la gran mayoría de este inmenso tráfico de esclavos tuvo lugar siendo ya independientes las nuevas repúblicas.

La abolición de la esclavitud[editar]

Primeras leyes[editar]

Isidoro de Antillón, pronunció en 1813 en las Cortes un discurso en favor de la abolición que enfureció a muchos y fue prácticamente linchado en las calles de Cádiz, muriendo al año siguiente a consecuencia de las heridas[cita requerida].

Negro bozal del Perú, 1805.

Inglaterra, que trataba de influir en las reuniones internacionales, suscribió tratados bilaterales con España en 1814, en el que se prohibía el comercio de esclavos.[7]

La abolición legal de la esclavitud en la España peninsular llegó en 1837 y excluía a los territorios de ultramar dada la presión ejercida por la oligarquía de Cuba y Puerto Rico que amenazaron con anexionarse a Estados Unidos. En la península la esclavitud de hecho había acabado con la liberación por parte del embajador del sultán de Marruecos de los esclavos musulmanes de Barcelona, Sevilla y Cádiz, mediante su compra, en 1766.

En lo que respecta a las colonias en una fase que va desde principios del siglo XIX hasta 1860, sólo defendieron la abolición la presión británica y algunas personalidades aisladas que no tuvieron éxito.

La presión inglesa logró la promulgación de la citada ley de 1837 de abolición de la esclavitud en la España metropolitana y las no respetadas leyes de prohibición del tráfico negrero de 1817 y 1835 y de persecución del mismo de 1845 y 1867. Tras la Guerra de Secesión, Estados Unidos se sumó al Reino Unido en sus presiones abolicionistas sobre España.

Abolición definitiva[editar]

El 2 de abril de 1865 se crea la Sociedad Abolicionista Española por iniciativa del hacendado puertorriqueño Julio Vizcarrondo, trasladado a la península tras haber liberado a sus esclavos. El 10 de diciembre del mismo año funda su periódico “El abolicionista”. Contó con el apoyo de políticos que fraguaron la Revolución de 1868, “La Gloriosa” que destronó a Isabel II.

Como consecuencia de ello, en 1870, siendo ministro de ultramar Segismundo Moret, se promulgó una ley llamada de “libertad de vientres” que concedía la libertad a los futuros hijos de las esclavas y que irritó a los esclavistas. En 1872 el gobierno de Ruiz Zorrilla elaboró un proyecto de ley de abolición de la esclavitud en Puerto Rico.

Contra este proyecto se desató una feroz oposición. Para coordinar la acción opositora se crearon en varias ciudades como Madrid, Santander, Cádiz, o Barcelona Círculos Hispano Ultramarinos de ex residentes de las Antillas y se impulsó también la constitución en varias ciudades de la “Liga Nacional” antiabolicionista. Instigaron plantes de la nobleza al rey Amadeo de Saboya, conspiraciones, campañas de prensa y manifestaciones callejeras, como la del 11 de diciembre en Madrid, que tuvo como réplica la que organizó en esta ciudad la Sociedad Abolicionista Española el 10 de enero de 1873. Tal crispación se explica, pues se veía en la liberación de los 31.000 esclavos puertorriqueños, un temido preámbulo de la liberación de los casi 400.000 esclavos cubanos.

Precisamente, la oposición a este proyecto de ley abolicionista fue uno de los elementos más visibles, en la prensa conservadora, de crítica al rey Amadeo I, reprochándole que no se enfrentase de forma dudosamente constitucional, a un Parlamento dominado por una alianza, en esta cuestión, de monárquico-progresistas (como el mismo jefe de gobierno Ruiz Zorrilla) y de republicanos (como Castelar o Pi Margall). Según el Diario de Barcelona, el 7 de febrero de 1873 se hubiese producido un golpe militar si el rey lo hubiera legitimado con su apoyo. En su lugar, Amadeo ratificó la orden del gobierno de disolver el arma de artillería. A continuación, el 11 de febrero, abdicó.

La ley por la que se abolía la esclavitud en Puerto Rico fue finalmente aprobada el 25 de marzo de 1873, un mes después de la abdicación del rey y de haberse votado la proclamación de la Primera República Española. Esto animó al hitoriador cubano José Antonio Saco a escribir y publicar una monumental Historia de la esclavitud desde los tiempos más remotos hasta nuestros días (París, 1875-1877, 4 volúmenes). Cuba debió esperar varios años más que Puerto Rico, ya que la definitiva abolición no llegó hasta el decreto del 17 de febrero de 1880, de Alfonso XII, complementado por el real decreto de 1886, que liberó los 30 000 esclavos que quedaban.[8] Como testimonios humanos de lo que supuso la esclavitud en Cuba permanecen aún las autobiografías de dos esclavos, la de Juan Francisco Manzano, cuya segunda parte ha desaparecido, y la de Esteban Montejo, transcrita por el antropólogo Miguel Barnet.

Cabe añadir, aunque ya fuera de la competencia de España pero complementando a lo anterior, que la supresión de la esclavitud en las repúblicas americanas en la segunda mitad del siglo XIX no pasó de ser más que un acto teórico, porque la población de raza negra no equiparó sus derechos con los del resto de la población hasta fechas tan recientes como lo son los finales del siglo XX. En los EEUU, por ejemplo, la lucha contra la segregación racial alcanzó su mayor intensidad a fines de la década de 1960. Aún hoy en día, en pleno siglo XXI, sigue existiendo esclavitud incuestionable en determinadas áreas de países como Brasil. En el año 2003, por ejemplo, el entonces presidente Luiz Inácio Lula da Silva hizo publicar una lista con los nombres de los hacendados condenados en las dos últimas décadas por tenencia de esclavos. El número de esclavos liberados por el gobierno en esos años ascendió a 10.731.[9]

Referencias[editar]

  1. a b c Domínguez Ortiz, Antonio; Vicent, Bernard (1993) [1979]. Historia de los moriscos. Vida y tragedia de una minoría. Madrid: Alianza Editorial. p. 265. ISBN 84-206-2415-2. 
  2. Domínguez Ortiz, Antonio; Vincent, Bernard (1993). p. 266.  Falta el |título= (ayuda)
  3. "Los instrumentos de tortura y los torturadores eran fáciles de obtener para cualquier propietario de esclavos...una empresa funeraria, en la que participaban ciudadanos privados y autoridades públicas, ofrecía un servicio de tortura y ejecución. Los azotes y la crucifixión eran procedimientos habituales, a un precio de cuatro sestercios por persona" (Keith Bradley, "Esclavitud y sociedad en Roma")
  4. "...los españoles de las islas solicitaron permiso para trasportar más esclavos negros a fin de compensar la pérdida de la población indígena... y puesto que los negros criados en Castilla podían resultar rebeldes, que estos nuevos esclavos fueran bozales (traídos directamente de África)"
  5. Hugh Thomas, "La Trata de Esclavos"
  6. Cifras de la esclavitud
  7. 200 años de la abolition Act
  8. Pérez, Louis A. Jr. (2006). Between Reform and Revolution (en inglés) (tercera edición). Oxford University Press. p. 95. 
  9. http://www.elmundo.es/america/2009/10/26/brasil/1256566412.html

Véase también[editar]