Esclavitud en América Latina

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Contrato esclavista Lima/Perú 13.10.1794.

Desde la llegada de los europeos a América en 1492, el continente fue sometido a la explotación de sus recursos naturales en virtud de derechos de conquista y descubrimiento, lo que incluía la esclavitud de pueblos sometidos. Las duras condiciones de trabajo produjeron una merma de la población nativa, sobre todo en las islas de el Caribe, aunque de la desaparición de algunas tribus indias cabe también culpar al mestizaje y a las enfermedades.

La esclavitud de los indígenas[editar]

Tras el descubrimiento de América en 1492 los primeros en sufrir casos de esclavitud fueron los indios taínos de La Española, aunque realmente esto no era la norma, ya que se recurrió a otras fórmulas como la recaudación de impuestos en oro a los indios o las encomiendas de indios a españoles para su cristianización y "civilización".

La reina Isabel la Católica tenía reparos en considerar esclavos a los que deberían ser sus súbditos. Antes del descubrimiento, el 20 de septiembre de 1477, ya había dictado una ley para evitar la esclavitud en los territorios conquistados y se habían producido liberaciones de esclavos mediante la cédula real del 27 de agosto de 1490 de algún tratante. En 1480 Isabel dicta la Sentencia Arbitral de Guadalupe por la que son declarados libres e iguales todos los súbditos de sus reinos. Naturalmente, esta Sentencia Arbitral no terminaba de abolir todas las formas de esclavitud que pudiera haber, aunque no dejaba de ser un enorme paso en el sentido de la igualdad de derechos.

Tras el descubrimiento de América en 1492, y por los casos que se daban de comercio de indios como esclavos, la reina consulta con juristas y teólogos y prohíbe la esclavitud, salvo los supuestos que sirvan para condenar a tribus caníbales, beligerantes, etcétera. Ya Carlos V, (Carlos I de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V), en un edicto de 1530, prohíbe toda forma de esclavitud en cualquier tipo de circunstancia. Sin embargo, es complicado hacer valer la ley en territorios tan distantes y se utilizan recovecos legales para seguir ejerciéndola. Por ejemplo, utilizaban la encomienda como forma de trabajo forzado y, por ende, de esclavitud.

En América se erigen algunas voces contra ese mal trato dado a los indígenas, como el caso de fray Antonio de Montesinos, con sus discursos, y fray Bartolomé de las Casas, que llegó a recabar la atención de Carlos V.

Como solución a la tesorería española, Carlos V decidió iniciar un sistema de concesión de las minas de la Provincia de Venezuela a banqueros alemanes de la casa Welser de Augsburgo a cambio de las rentas que estas minas produjeran. Una vez enterado Carlos del trato que estos daban a los indígenas, rescindió el arrendamiento, incluso a costa de tener que renunciar a tan suculentas rentas.

Finalmente, en 1537 se promulga la bula Sublimus Deus del papa Pablo III, en la que se declara a los indígenas como hombres en todas sus capacidades, lo que resta importancia a la esclavitud en pro de la encomienda.

Con la introducción de las Leyes Nuevas de Carlos V en 1542, se prohibió el tratamiento de indios como reses, por lo menos en papel, ya que por ejemplo los españoles aún realizaron en algunas zonas del territorio americano un tipo de expedición armada cuyo objetivo era capturar indígenas con el fin de esclavizarlos, que se denominaban Malocas. Estas Leyes Nuevas, enmarcadas en las Leyes de Indias, también ponían coto a la esclavitud evitando la constitución de encomiendas pero sin llegar a suprimir las hereditarias. En añadidura, en 1549 se especifica que está prohibido sustituir la encomienda por algún tipo de trabajo forzado.

Felipe II, por presiones de los colonos de Puerto Rico y La Española, hace ciertas concesiones para esclavitud pero al poco tiempo se retracta y prohíbe esta institución tanto para los indios como para los esclavos negros, en atención a las recomendaciones realizadas por Las Casas.

A pesar de todo, la esclavitud continuó existiendo de forma ilegal tanto por los españoles como por parte de los ingleses y holandeses.

La llegada de los esclavos africanos[editar]

Como en muchas zonas de América ya no quedaron tantos indígenas después de varias epidemias, pero la demanda de labor siguió creciendo, empezaron a importar esclavos africanos. Incluso el fraile Bartolomé de las Casas recomendaba la importación de los africanos para eliminar la escasez.[1]

Los primeros esclavos negros llegaron a finales del siglo XV, llegando varias decenas hasta 1518, fecha en la que la Corona dio la primera licencia para introducir a 4000 africanos en las Indias durante ocho años. Este fue el primero de aquellos asientos de negros, que por mucho tiempo fueron una ensangrentada y lucrativa fuente de ingresos para los gerentes de Europa. Además del negocio oficial hubo también el contrabando de esclavos ejercido por piratas y comerciantes.

En una primera fase la Corona organizó la trata de negros mediante los asientos, aunque la Corona no intervino nunca directamente en la trata hasta el siglo XVIII. El primer asiento concedido por la Corona fue en 1595. El asiento consistía en la delegación por parte de la Corona del monopolio de la importación de negros a América a una persona particular o entidad a cambio de dinero por un tiempo determinado. Ese monopolio se concedía mediante una subasta o concesión de agradecimiento. El asentista pagaba a la Corona una cantidad y se comprometía a llevar a América un número de piezas (negros) determinado en un plazo de tiempo fijado.

No existía una cantidad fija, pero un asiento estándar implicaba llevar a América entre 3000 y 4000 negros anualmente durante un periodo de 8 o 9 años. Los barcos que llevaban negros a América entraban por los puertos de Veracruz y Cartagena de Indias. También entraron negros por Buenos Aires para llevar negros a Brasil, pero porque allí el contrabando era más barato.

En la evolución de los asientos se pueden distinguir dos etapas: la primera transcurriría entre 1595 y 1640, en la que el monopolio de los asientos fue concedido a portugueses, durante el periodo en que Portugal perteneció al imperio de los Austrias. La segunda etapa transcurriría desde 1640 en adelante, en la que el monopolio de los asientos fue concedido a holandeses. Los portugueses contaban con la experiencia y práctica africanas. Abastecieron Portugal de esclavos negros, pero pronto la necesidad de esclavos que cultivaran azúcar en las islas Azores y en Madeira hizo necesario aumentar el ritmo de la trata. Los portugueses se aprovisionaban de esclavos en Senegal, Angola, el Congo y Guinea. El valor de los esclavos se incrementó a medida que la trata generaba plusvalías, pues el traslado de los negros desde los puertos americanos hacia el interior hacía elevarse el precio de los esclavos.

El traslado de esclavos entrañaba dificultades, y muchos esclavos morían por el camino, de manera que en los asientos se autorizó llevar una demasía del 40 % de esclavos para que llegara a los puertos el número de piezas estipuladas. El contrabando dificulta calcular el número exacto de negros que llegaron a la América hispana y a Brasil. Enriqueta Vila calcula que en el siglo XVII llegaron a América 268 204 esclavos, de los que 70 000 entrarían por Veracruz, 135 000 por Cartagena de Indias, 44 000 por Buenos Aires y el resto por el Caribe y otras zonas.

Desde 1640 hasta 1651 la trata fue suspendida, con el consiguiente aumento del contrabando, sobre todo holandés debido a su hegemonía marítima en África y Oriente a expensas del Imperio portugués. La principal base holandesa para el aprovisionamiento de esclavos fue Curaçao, a través de la cual los holandeses introdujeron muchos esclavos negros en América, y también a través de Cumaná (una parte de Venezuela). Los ingleses también intervenían en el contrabando de negros a través de sus bases en el Caribe: Jamaica y Barbados. En el año 1662 se concedió a los holandeses la preferencia de los asientos.

En una segunda fase el monopolio de los asientos fue concedido a compañías comerciales que se hicieron cargo de la trata a partir de 1696. La primera concesión se dio ese año a la Compañía portuguesa de Guinea, y en 1701, se dio a una compañía francesa.

La tercera fase estaría presidida por el interés de las naciones en conseguir el monopolio de la trata, por lo que nos encontramos que los ingleses demandaron y consiguieron el monopolio de la trata tras el Tratado de Utrecht (1714).

En el año 1713 la British South Sea Company obtuvo el asiento indefinido como compensación por la Guerra de Sucesión Española.En 1789 se permitió el comercio libre de esclavos para todas las naciones. En Cuba (entonces aún parte de España) sigue siendo legal la esclavitud hasta 1886, y en Brasil lo es hasta 1888.[2]

Métodos y efectos de la esclavización[editar]

Los negreros efectuaron el llamado "comercio triangular". Cargaron ron, tabaco y armas en Europa, lo cambiaron por esclavos y marfil en África y vendieron los esclavos con lucro en América, de donde regresaron con materias primas y minerales a Europa. Durante el tránsito aproximadamente 50 % de los esclavos moría.

No hay cifras exactas sobre las víctimas de las atrocidades cometidas. Expertos estiman que entre los siglos XVI y XIX un total de cien millones de personas fueron deportadas o murieron durante la deportación. Esta cifra se refiere al tráfico total (occidental y oriental), contando también los muertos de las guerras de esclavización.[3] Las estimaciones del número de esclavos que fueron transportados a las Américas alcanzan casi los catorce millones.

La resistencia a la esclavitud[editar]

Es casi inimaginable lo que aquellos hombres y mujeres sufrieron a mano de sus captores, sus mercaderes y sus compradores. Aunque se vieron reducidos a la categoría de "objeto", sin derechos humanos, en ocasiones resistieron a esta forma de existencia indigna de un ser humano. Los amos blancos emplearon todo tipo de castigo físico. El único amparo de aquella gente maltratada fue el hecho de que como esclavo con marcas de castigo perdía valor.

Así, con poco que perder pero la posibilidad de ganar la libertad, muchos esclavos se rebelaron contra sus "dueños", comenzando con métodos pacíficos como el grito o el canto nocturno, incluso se pusieron en huelga o deliberadamente sabotearon las máquinas de su amo. Muchas veces también huyeron de la esclavitud y, a veces, se sublevó la entera población africana de un rancho, o incluso una región. Los amos a veces no sobrevivieron la venganza de su "propiedad".

La gente escapada trató de formar aldeas y fortificaciones para sobrevivir. Estas viviendas y empalizadas, estratégicamente ubicadas, se llamaron palenques, cumbés o quilombos. Las primeras rebeliones ya comenzaron en el siglo XVI, y no fueron tan desesperadas como se piensa. La gente africana constituyó la mayoría de la población en muchas partes de la colonia. Un ejemplo es Puerto Rico en 1530: 327 europeos y 2292 africanos. Generalmente, la población africana fue la más fuerte en el Caribe, por la eliminación completa de sus pueblos precolombinos y el duro trabajo en las plantaciones del azúcar.

A veces se formaron verdaderos reinos: el quilombo de Los Palmares, nueve grandes palenques organizados en el norte de Brasil, tiene sus raíces en el año 1602 y fue destrozado por traición de los portugueses en 1694.

Las rebeliones a veces se convirtieron en revoluciones: en 1791, los esclavos de Haití se sublevaron y declararon su independencia en 1804, como primer país de toda la América Latina.[4]

Referencias[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

  • Rutas de los esclavos [1]

Bibliografía[editar]

  • Mann Charles C. Hecht Susanna. Donde los esclavos reinaban. Nathional Geographic. En español. 2012, abril. Pag. 70 -77.
  • Klein, H. Los esclavos africanos en América Latina y el Caribe. Madrid, Alianza Editorial, 1986.
  • Mellafé, R. Breve Historia de la esclavitud en América Latina. México, 1931.
  • Mira Caballos, E. "Las licencias de esclavos negros a Hispanoamérica (1544-1550), Revista de Indias, Vol. LIV, N. 201. Madrid, 1994,págs. 273-297.
  • Saco, J. A. Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo. La Habana, 1938.
  • Thomas, H. La trata de esclavos. Barcelona, Planeta, 1997.