Esclavitud en América Latina

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Contrato esclavista Lima/Perú 13.10.1794.

La esclavitud en América Latina fue un fenómeno producido por la necesidad de mano de obra para la minería, las plantaciones, etc. Buena parte de la mano de obra esclava provenía de los territorios portugueses y holandeses en el África subsahariana.

La esclavitud en la América española de la población india fue prohibida de forma expresa por Isabel I a finales del siglo XV y por las Leyes de Indias realizadas en el siglo XVI, aunque se realizó ilegalmente o se utilizaron las encomiendas como forma de esclavitud encubierta.

La esclavitud de los indígenas[editar]

Tras el descubrimiento de América en 1492 los primeros en sufrir casos de esclavitud fueron los indios taínos de La Española, aunque realmente esto no era la norma, ya que se recurrió a otras fórmulas como la recaudación de impuestos en oro a los indios o las encomiendas de indios a españoles para su cristianización y "civilización".

La reina Isabel la Católica tenía reparos en considerar esclavos a los que deberían ser sus súbditos. Antes del descubrimiento, el 20 de septiembre de 1477, ya había dictado una ley para evitar la esclavitud en los territorios conquistados y se habían producido liberaciones de esclavos mediante la cédula real del 27 de agosto de 1490 de algún tratante. En 1480 Isabel dicta la Sentencia Arbitral de Guadalupe por la que son declarados libres e iguales todos los súbditos de sus reinos. Naturalmente, esta Sentencia Arbitral no terminaba de abolir todas las formas de esclavitud que pudiera haber, aunque no dejaba de ser un enorme paso en el sentido de la igualdad de derechos.[1]

Tras el descubrimiento de América en 1942, y por los casos que se daban de comercio de indios como esclavos, la reina consulta con juristas y teólogos y prohíbe la esclavitud, salvo los supuestos que sirvan para condenar a tribus caníbales, beligerantes, etcétera.[1] Ya Carlos V, (Carlos I de España y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico como Carlos V), en un edicto de 1530, prohíbe toda forma de esclavitud en cualquier tipo de circunstancia. Sin embargo, es complicado hacer valer la ley en territorios tan distantes y se utilizan recovecos legales para seguir ejerciéndola. Por ejemplo, utilizaban la encomienda como forma de trabajo forzado y, por ende, de esclavitud.[1]

En América se erigen algunas voces contra ese mal trato dado a los indígenas, como el caso de fray Antonio de Montesinos, con sus discursos, y fray Bartolomé de las Casas, que llegó a recabar la atención de Carlos V.

Como solución a la tesorería española, Carlos V decidió iniciar un sistema de concesión de las minas de la Provincia de Venezuela a banqueros alemanes de la casa Welser de Augsburgo a cambio de las rentas que estas minas produjeran. Una vez enterado Carlos V del trato que estos daban a los indígenas, rescindió el arrendamiento, incluso a costa de tener que renunciar a tan suculentas rentas.[1]

Finalmente, en 1537 se promulga la bula Sublimus Deus del papa Pablo III, en la que se declara a los indígenas como hombres en todas sus capacidades, lo que resta importancia a la esclavitud en pro de la encomienda.

Con la introducción de las Leyes Nuevas de Carlos V en 1542, se prohibió el tratamiento de indios como reses, por lo menos en papel, ya que por ejemplo los españoles aún realizaron en algunas zonas del territorio americano un tipo de expedición armada cuyo objetivo era capturar indígenas con el fin de esclavizarlos, que se denominaban Malocas. Estas Leyes Nuevas, enmarcadas en las Leyes de Indias, también ponían coto a la esclavitud evitando la constitución de encomiendas pero sin llegar a suprimir las hereditarias. En añadidura, en 1549 se especifica que está prohibido sustituir la encomienda por algún tipo de trabajo forzado.

Felipe II, por presiones de los colonos de Puerto Rico y La Española, hace ciertas concesiones para esclavitud pero al poco tiempo se retracta y prohíbe esta institución tanto para los indios como para los esclavos negros, en atención a las recomendaciones realizadas por Las Casas.

A pesar de todo, la esclavitud continuó existiendo de forma ilegal tanto por los españoles como por parte de los ingleses y holandeses.

La llegada de los esclavos africanos[editar]

Los esclavos africanos en España y Portugal[editar]

En la planeada expansión por las costas africanas los portugueses precisaban una base estable. Canarias hubiera sido la opción ideal, pero el hecho de que fuera parte de la corona castellana desde principios del siglo XV impidió este hecho.[2]

En la isla mauritana de Arguin fue donde el navegante portugués Joao Fernández, que atravesaría el Cabo Borjador en 1445, intercambiaría tejidos y trigo obtenidos en los puertos de Meça, Mogador y Safim por esclavos y oro. Tres años después se construiría un asentamiento estable en la zona y se crearía la llamada "Ruta de los Portugueses" entre Arguim y Wadane u Oudane. En 1450 el comercio portugués estaba ya consolidado. Se intercambiaban tejidos de lino, alfombras, trigo y otros objetos por oro, marfil, especias, goma, pieles, almizcle y esclavos que los árabes traían de la llamada "Tierra de los Negros".[3]

Desde Arguin se trasladaba la mercancía a Lagos y Lisboa. Arguin perdería buena parte de su importancia tras la apertura de nuevos centros de comercio portugueses en el Golfo de Guinea y con la consolidación de Cidade Velha de Ribeira Grande, en Cabo Verde, como centro neurálgico del comercio portugués en las atlántico con África, Asia y América.[4]

Desde 1425 los portugueses habían ocupado la isla de Madeira y los colonos se encontraban dedicados a la producción de trigo. El noble portugués Enrique "el Navegante" decidió crear un cultivo de caña de azúcar, comprada en Sicilia a comerciantes que la importaban del sudeste asiático, en la isla sostenido por esclavos africanos.[5]

Receloso de estos negocios portugueses, el monarca español Fernando el Católico, en 1478, organizó una armada en el puerto de Sevilla a las órdenes de Pedro de Covides y formada por 35 navíos. Esta expedición se encontró con 11 navíos portugueses al mando de Jorge Correia y Mem Palha que consiguieron hacerse con el botín español en oro y esclavos y llevarlo a Lisboa, y la quinta parte que le correspondía a Alfonso V de Portugal le ayudó a financiar su campaña contra Castilla.[6]

Prácticamente al mismo tiempo dos carabelas con pescadores de Palos de la Frontera y algunos marinos del Puerto de Santa María partieron de España y llegaron al Golfo de Guinea, se apoderaron de 120 esclavos y se los llevaron al Puerto de Palos, en la provincia de Huelva, que se convertiría a partir de entonces en un lugar de trata de esclavos negros.[7]

La guerra hispano portuguesa terminó al año siguiente con la firma del Tratado de Alcáçovas, donde Alfonso V renunciaba a sus aspiraciones al trono castellano, reconocía la soberanía española en Canarias a cambio de la soberanía en el Atlántico, lo que le daba poder sobre Madeira, Las Azores, Cabo Verde y "cualquier otra isla que pudiera ser encontrada y conquistada desde más allá del archipiélago de las Canarias, hacia Guinea".[8]

Por ello, hasta mediados del siglo XVI, Portugal se convirtió en el mayor traficante de esclavos de Europa. Los árabes continuaron con sus negocios de esclavos proveyendo, sobretodo, a países orientales. Cuando se abandona el Mediterráneo Oriental y se toma el Reino de Granada eso hace prácticamente imposible que se hagan esclavos blancos en la Península. Dentro de los esclavos negros estaban los llamados bozales, es decir, los que se habían culturizado en el norte de África o en algún reino cristiano. Los que no eran bozales tenían una vida más complicada, porque habían de aprender primero prácticamente todo sobre la cultura que les rodeaba.[8]

América española y portuguesa[editar]

Tras el descubrimiento de 1492 por los españoles el transporte de negros desde Arguin, Santo Tomé y San José de Mina y de las islas de Cabo Verde aumentó enormemente por la demanda de miles de esclavos. Esto se convirtió en un gran negocio para latifundistas, comerciantes, negreros y reyes europeos.[9]

El Rey de Portugal sacaba beneficios de esto a través de la Casa de los Esclavos, con el asiento de la saca de negros de las factorías, y los monarcas españoles sacaban beneficios a costar de vender licencias para permitir llevar esclavos negros a América. La licencia para transportar un esclavo costaba 8 ducados y en el siglo XVI se concedieron en España más de 120.000 licencias.[10]

Como en muchas zonas de América ya no quedaron tantos indígenas después de varias epidemias, pero la demanda de labor siguió creciendo, empezaron a importar esclavos africanos. Incluso el fraile Bartolomé de las Casas recomendaba la importación de los africanos para eliminar la escasez,[11] si bien Las Casas cambiaría de idea posteriormente y se posicionaría también en defensa de los africanos. Ese cambio de opinión se produjo probablemente entre 1545 y 1547.[12] De hecho escribió un opúsculo titulado Brevísima relación de la destrucción de África como preludio a a Brevísima relación de la destrucción de las Indias, publicada en 1552.

Los esclavos eran usados habitualmente en las haciendas y obrajes así como en la minería americana. Los primeros esclavos fueron solicitados por los frailes franciscanos y la Real Audiencia de Santo Domingo para trabajar en las plantaciones. Luego fueron solicitados por México, Perú y Río de la Plata.[13]

Los asientos[editar]

En 1580 Felipe II consuma la unión entre España y Portugal bajo una misma corona, situación que duraría hasta 1640.

En una primera fase la Corona organizó la trata de negros mediante los asientos, aunque la Corona no intervino nunca directamente en la trata hasta el siglo XVIII. El primer asiento concedido por la Corona fue en 1595. El asiento consistía en la delegación por parte de la Corona del monopolio de la importación de negros a América a una persona particular o entidad a cambio de dinero por un tiempo determinado. Ese monopolio se concedía mediante una subasta o concesión de agradecimiento. El asentista pagaba a la Corona una cantidad y se comprometía a llevar a América un número de piezas (negros) determinado en un plazo de tiempo fijado.

No existía una cantidad fija, pero un asiento estándar implicaba llevar a América entre 3000 y 4000 negros anualmente durante un periodo de 8 o 9 años. Los barcos que llevaban negros a América entraban por los puertos de Veracruz y Cartagena de Indias. También entraron negros por Buenos Aires para llevar negros a Brasil, pero porque allí el contrabando era más barato.

En la evolución de los asientos se pueden distinguir dos etapas: la primera transcurriría entre 1595 y 1640, en la que el monopolio de los asientos fue concedido a portugueses, durante el periodo en que Portugal perteneció al imperio de los Austrias. La segunda etapa transcurriría desde 1640 en adelante, en la que el monopolio de los asientos fue concedido a holandeses. Los portugueses contaban con la experiencia y práctica africanas. Abastecieron Portugal de esclavos negros, pero pronto la necesidad de esclavos que cultivaran azúcar en las islas Azores y en Madeira hizo necesario aumentar el ritmo de la trata. Los portugueses se aprovisionaban de esclavos en Senegal, Angola, el Congo y Guinea. El valor de los esclavos se incrementó a medida que la trata generaba plusvalías, pues el traslado de los negros desde los puertos americanos hacia el interior hacía elevarse el precio de los esclavos.

Los primeros esclavos negros llegaron a finales del siglo XV, llegando varias decenas hasta 1518, fecha en la que la Corona dio la primera licencia para introducir a 4000 africanos en las Indias durante ocho años. Este fue el primero de aquellos asientos de negros, que por mucho tiempo fueron una ensangrentada y lucrativa fuente de ingresos para los gerentes de Europa. Además del negocio oficial hubo también el contrabando de esclavos ejercido por piratas y comerciantes.

El traslado de esclavos entrañaba dificultades, y muchos esclavos morían por el camino, de manera que en los asientos se autorizó llevar una demasía del 40 % de esclavos para que llegara a los puertos el número de piezas estipuladas. El contrabando dificulta calcular el número exacto de negros que llegaron a la América hispana y a Brasil. Enriqueta Vila calcula que en el siglo XVII llegaron a América 268 204 esclavos, de los que 70 000 entrarían por Veracruz, 135 000 por Cartagena de Indias, 44 000 por Buenos Aires y el resto por el Caribe y otras zonas.

Desde 1640 hasta 1651 la trata fue suspendida, con el consiguiente aumento del contrabando, sobre todo holandés debido a su hegemonía marítima en África y Oriente a expensas del Imperio portugués. La principal base holandesa para el aprovisionamiento de esclavos fue Curaçao, a través de la cual los holandeses introdujeron muchos esclavos negros en América, y también a través de Cumaná (una parte de Venezuela). Los ingleses también intervenían en el contrabando de negros a través de sus bases en el Caribe: Jamaica y Barbados. En el año 1662 se concedió a los holandeses la preferencia de los asientos.

En una segunda fase el monopolio de los asientos fue concedido a compañías comerciales que se hicieron cargo de la trata a partir de 1696. La primera concesión se dio ese año a la Compañía portuguesa de Guinea, y en 1701, se dio a una compañía francesa.

La tercera fase estaría presidida por el interés de las naciones en conseguir el monopolio de la trata, por lo que nos encontramos que los ingleses demandaron y consiguieron el monopolio de la trata tras el Tratado de Utrecht (1714).

En el año 1713 la British South Sea Company obtuvo el asiento indefinido como compensación por la Guerra de Sucesión Española.En 1789 se permitió el comercio libre de esclavos para todas las naciones. En Cuba (entonces aún parte de España) sigue siendo legal la esclavitud hasta 1886, y en Brasil lo es hasta 1888.[14]

Los holandeses[editar]

En el siglo XVI se crean las Provincias Unidas de los Países Bajos. Crearán dos compañías, la de las Indias Orientales y la de las Indias Occidentales. Su mano de obra esclava le había proporcionado grandes riquezas por los metales preciosos, el tabaco, el azúcar, el cacao, el café y el algodón. De hecho, Holanda llegó a crear su propio monopolio de la trata de esclavos en Océano Índico, desde Nueva Guinea a sus posesiones en Indonesia y Oceanía.[15]

El mismo 1981, cuando España se anexiona Portugal, Felipe II de España prohibió a los holandeses el uso de todos los puertos de la Península Ibérica.[15] Esto provocó que los comerciantes de los Países Bajos organizasen ataques a las posesiones españolas y portuguesas. Llegaron al Golfo de Guinea y, aprovechando que se encontraba desguarnecido decidieron crear sus propias redes comerciales de oro, marfil, cera y pimienta, dejando solamente bajo el control portugués la trata de esclavos.[16]

En 1596 la casa comercial de Moucherond, en Zeeland, atacó San Jorge de Mina sin éxito. Posteriormente decidieron tomar la isla del Príncipe en 1598, sin embargo esta ocupación fracasó por las lluvias y las enfermedades y decidieron abandonarla a los 3 meses. Su objetivo principal era hacerse con las plantaciones de azúcar en la isla de Santo Tomé.[17]

En octubre de 1599 otra expedición, equipada en parte por Moucheron, lanzó un ataque contra Santo Tomé y pudo tomarla a las tres horas. Sin embargo, las lluvias y las enfermedades mataron en unos días a 12000 hombres y a las 2 semanas abandonaron Santo Tomé no sin antes llevarse a los esclavos.[18]

Durante los 20 años siguientes continuaron realizando ataques contra las posesiones portuguesas en África y Asia. Posteriormente fijaron su interés en Brasil. En 1625 los holandeses capitularon en Salvador de Bahía de Todos los Santos en un fallido ataque. En 1629 un ataque con 67 buques a Pernambuco permitió la introducción de los holandeses en la zona. En 3 años ya habían pasado a controlar la costa de Cabo de Santo Agostinho a Río Grande. En 1636 los portugueses reconquistaron Porto Calvo, que volvió a caer a finales del año en manos holandesas tras un ataque del conde de Nassau-Siegen, Johan Maurits.[19]

Durante la década de los 30 entraron en la colonia del Brasil holandés unos 1500 esclavos negros por año, pero casi todos venían de capturas a buques negreros portugueses que venían de Luanda o Santo Tomé. Como la zona brasileña disponía de grandes zonas de cultivo para tabaco y caña Maurits decidió quitarles Elmina a los portugueses para obtener esclavos, cosa que hizo en 1637.[19]

En 1640 Portugal se independiza de España y proclama rey al Duque de Braganza. En 1641 el almirante holandés Cornelis Jol ocupa Luanda y Bengela, en Angola, y luego Santo Tomé y Anobón. En 1462 cae el fuerte Axim, que era el último en la Costa de Oro que pertenecía a Portugal. Aunque Portugal mantuvo un puesto fortificado en el río Cacheu la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales controló la costa altántica africana y, con ella, los mejores mercados de esclavos. En 1679 se decide ocupar los puertos de Maleba y Cabina, donde se edifican dos factorías que obtienen, al menos, 4.000 esclavos al año.[20]

En la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII los portugueses lograrían recuperar territorios en África y en 1654 los holandeses se rindieron a los portugueses y abandonaron Brasil. Los portugueses consolidaron la cuenca del río Congo como uno de los principales centros de tráfico de esclavos.

Colaboración africana[editar]

El rey de Ndongo, Ngola Kiluanji, se opuso en un primer momento a la llegada a sus costas de los europeos porque intentaban intervenir en la administración de su reino. Sin embargo, posteriormente encontró ventajas en su situación ya que se convirtió en un suministrador de esclavos.[19] Su hija Nzinga (conocida por los españoles como reina Ginga) fue llevada a Lisboa, fue bautizada y llamada Doña Ana de Sousa y luego fue llevada devuelta a África, donde fue proclamada como reina en 1624. La reina Ginga renunció a su nombre cristiano y luchó por la independencia de Angola de los hombres blancos, tras lo cual fue derrocada y los europeos colocaron en el trono a Kiluanji II, que era un gobernante títere.[21]

La reina Ginga permaneció en Angola como reina guerrera liderando batallas contra los portugueses, aunque a los 81 años, poco antes de morir, decidió volver al cristianismo.[21]

El Congo fue una región que proporcionaba una gran cantidad de esclavos a los portugueses, lo cual no preocupaba en exceso a los regentes congoleños. En 1526 el rey del Congo, Alfonso I Mvemba un Nzinga, hijo de Juan I, escribió una carta a Juan III de Portugal dincándole que la conquista de Brasil, al aumentar el tráfico de esclavos, estaba despoblando su territorio. Pedro II Mbumbi mantuvo una actitud más beligerante contra los portugueses, yengando a proponer una alianza con los holandeses, pero al final nada de esto ocurrió. En los años 20 del siglo XVII se hizo con el trono congoleño García II, que se asoció con los holandeses para ocupar la importante plaza angoleña de Luanda. Sin embargo, pronto consideraron de que los holandeses eran aún peores que los portugueses. En la segunda mitad del siglo XVII y principios del XVIII los portugueses volverían a tomar posiciones en África.

Métodos y efectos de la esclavización[editar]

Los negreros efectuaron el llamado "comercio triangular". Cargaron ron, tabaco y armas en Europa, lo cambiaron por esclavos y marfil en África y vendieron los esclavos con lucro en América, de donde regresaron con materias primas y minerales a Europa. Durante el tránsito aproximadamente 50 % de los esclavos moría.

No hay cifras exactas sobre las víctimas de las atrocidades cometidas. Expertos estiman que entre los siglos XVI y XIX un total de cien millones de personas fueron deportadas o murieron durante la deportación. Esta cifra se refiere al tráfico total (occidental y oriental), contando también los muertos de las guerras de esclavización.[22] Las estimaciones del número de esclavos que fueron transportados a las Américas alcanzan casi los catorce millones.

La resistencia a la esclavitud[editar]

Es casi inimaginable lo que aquellos hombres y mujeres sufrieron a mano de sus captores, sus mercaderes y sus compradores. Aunque se vieron reducidos a la categoría de "objeto", sin derechos humanos, en ocasiones resistieron a esta forma de existencia indigna de un ser humano. Los amos blancos emplearon todo tipo de castigo físico. El único amparo de aquella gente maltratada fue el hecho de que como esclavo con marcas de castigo perdía valor.

Así, con poco que perder pero la posibilidad de ganar la libertad, muchos esclavos se rebelaron contra sus "dueños", comenzando con métodos pacíficos como el grito o el canto nocturno, incluso se pusieron en huelga o deliberadamente sabotearon las máquinas de su amo. Muchas veces también huyeron de la esclavitud y, a veces, se sublevó la entera población africana de un rancho, o incluso una región. Los amos a veces no sobrevivieron la venganza de su "propiedad".

La gente escapada trató de formar aldeas y fortificaciones para sobrevivir. Estas viviendas y empalizadas, estratégicamente ubicadas, se llamaron palenques, cumbés o quilombos. Las primeras rebeliones ya comenzaron en el siglo XVI, y no fueron tan desesperadas como se piensa. La gente africana constituyó la mayoría de la población en muchas partes de la colonia. Un ejemplo es Puerto Rico en 1530: 327 europeos y 2292 africanos. Generalmente, la población africana fue la más fuerte en el Caribe, por la eliminación completa de sus pueblos precolombinos y el duro trabajo en las plantaciones del azúcar.

A veces se formaron verdaderos reinos: el quilombo de Los Palmares, nueve grandes palenques organizados en el norte de Brasil, tiene sus raíces en el año 1602 y fue destrozado por traición de los portugueses en 1694.

Las rebeliones a veces se convirtieron en revoluciones: en 1791, los esclavos de Haití se sublevaron y declararon su independencia en 1804, como primer país de toda la América Latina.[23]

Referencias[editar]

  1. a b c d Sánchez Galera, op. cit, p. 217
  2. Del Rey y Canales, op. cit, p. 19
  3. Del Rey y Canales, op. cit, p. 20
  4. Del Rey y Canales, op. cit, p. 20-21
  5. Del Rey y Canales, op. cit, p. 23
  6. Del Rey y Canales, op. cit, p. 26-27
  7. Del Rey y Canales, op. cit, p. 26
  8. a b Del Rey y Canales, op. cit, p. 27
  9. Del Rey y Canales, op. cit, p. 32
  10. Del Rey y Canales, op. cit, p. 33
  11. www.cervantesvirtual.com: Los comienzos de la esclavitud en América, por Conrado Habler (PDF 426 Kbytes)
  12. Esponera Cerdán, Alfonso. «Bartolomé de las Casas y la esclavización de los negros según aportaciones de I. Pérez Fernández, OP (+2001)». Universidad de Valencia. http://www.americanistas.es/biblo/textos/10/10-06.pdf. Consultado el 23 de agosto de 2014. 
  13. Del Rey y Canales, op. cit, p. 35
  14. www.ensayistas.org: Cronología: Esclavitud y trata del negro en América
  15. a b Del Rey y Canales, op. cit, p. 47
  16. Del Rey y Canales, op. cit., p. 48
  17. Del Rey y Canales, op. cit., p. 49
  18. Del Rey y Canales, op. cit., p. 50
  19. a b c Del Rey y Canales, op. cit., p. 51
  20. Del Rey y Canales, op. cit., p. 54
  21. a b Del Rey y Canales, op. cit., p. 51
  22. www.monografias.com: Pasado y presente de la esclavitud
  23. Haití, la maldición blanca, por Eduardo Galeano Consultado el 28/09/2011)

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

  • Rutas de los esclavos [1]

Bibliografía[editar]

  • Mann Charles C. Hecht Susanna. Donde los esclavos reinaban. Nathional Geographic. En español. 2012, abril. Pag. 70 -77.
  • Klein, H. Los esclavos africanos en América Latina y el Caribe. Madrid, Alianza Editorial, 1986.
  • Mellafé, R. Breve Historia de la esclavitud en América Latina. México, 1931.
  • Mira Caballos, E. "Las licencias de esclavos negros a Hispanoamérica (1544-1550), Revista de Indias, Vol. LIV, N. 201. Madrid, 1994,págs. 273-297.
  • Saco, J. A. Historia de la esclavitud de la raza africana en el Nuevo Mundo. La Habana, 1938.
  • Thomas, H. La trata de esclavos. Barcelona, Planeta, 1997.
  • Del Rey, Miguel y Canales, Carlos. Esclavos. Comercio humano en el Atlántico. Madrid, México, Buenos Aires, San Juan, Santiago. Edaf, 2014.
  • Sánchez Galera, Juan y Sánchez Galera, Jose María. Vamos a contar mentiras. Madrid, México, Buenos Aires, San Juan, Santiago, Miami. Edaf, 2012