Error fundamental de la atribución

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El error fundamental de atribución (conocido también como sesgo de correspondencia o efecto de sobre-atribución) es la teoría que describe cognitivamente la tendencia o disposición a sobredimensionar disposiciones o motivos personales internos cuando se trata de de explicar (por ejemplo: atribuir o interpretar) un comportamiento observado en otras personas, dando poco peso por el contrario a motivos externos, tales como el rol social (incluyendo el rol de género) o la situación, para este mismo comportamiento. En otras palabras, la gente tiende a explicarse los comportamientos fundamentados más en el "tipo", "carácter" o personalidad del individuo, dando poco peso a los factores sociales y ambientales que lo rodearon e influyeron.

Esta presunción conduce, por defecto, a que se hagan explicaciones erróneas del comportamiento de otros. En lo relacionado a tentativas de justificar nuestro propio comportamiento generalmente no se observa el error fundamenta, se tiende a preferir interpretar acciones en términos de variables situacionales asequibles al propio conocimiento.

La discrepancia descrita se denomina sesgo actor- observador.

El término de error fundamental de atribución fue acuñado por Lee Ross (Ross, 1977)[1] algunos años después del ahora clásico experimento realizado por Edward E. Jones y Víctor Harris (1967)[2]. Ross argumentó en un periódico popular que el error fundamental de atribución forma parte del pilar conceptual más sólido del campo de la Psicología Social.

Jones escribió que encontró el término de Ross "demasiado provocativo y algo desorientador" y bromeó: "Es más, estoy enfadado porque no pensé en él primero". Recientemente algunos psicólogos como Daniel Gilbert empezaron a usar el término de "sesgo de correspondencia" para el error fundamental de atribución (Gilbert & Malone[3], 1995; Gilbert, 1998[4]).

El autor Malcolm Gladwell proporciona una definición del error fundamental de atribución un poco más ligera: lo define como una extra-polarización de una característica medida a una no relacionada. Como ejemplo, el autor cita “un típico estudio demostró que cuan intactas y perfectas estén las tareas o cuan puntual sea un individuo no indica casi nada de su frecuencia de asistencia a clase o el orden de su cuarto o de apariencia personal” (Gladwell, 2000, p.72) [5]. Basándonos en este concepto comparativo de un comportamiento con otro y no en una motivación con otra, Gladwell evita el enmarañamiento con preguntas complejas de la esencia del ser humano. Contenido:

Caso de Estudio Clásico[editar]

Basado en una teoría preliminar desarrollada por Edward E. Jones y Keith Davis, Jones y Harris presumieron que la gente atribuiría comportamientos aparentemente escogidos libremente a la disposición y comportamientos ocasionalmente dirigidos a situaciones. La hipótesis fue desorientada por el error fundamental de atribución.

Sujetos leyeron ensayos a favor y en contra de Fidel Castro. A los sujetos se les solicitó calificar actitudes pro Castro de los escritores. Cuando las personas creían que los escritores habían escogido libremente la posición escogida (pro – anti Castro), naturalmente calificaron una actitud positiva hacia Castro a las personas que estaban a favor. Sin embargo, en contradicción a la primera hipótesis de Jones y Harris, cuando a la gente le fue informada que la posición del escritor fue determinada por un juego de azar de monedas, ellos aun así describieron a los escritores que hablaron a favor de Castro de poseer en lo general una actitud más positiva hacia Castro que aquellos quienes hablaron en contra. En otras palabras, las personas no fueron capaces de visualizar la influencia de las restricciones situacionales vivida por los escritores; ellos no se inhibieron al atribuir verdaderas creencias a los escritores.

Explicación[editar]

No existe una explicación aceptada universalmente del error fundamental de atribución. A continuación se detallan algunas hipótesis de las causas del error:

1. Hipótesis del mundo justo: Melvin Lerner (1977) [6] teorizó la creencia que las personas obtienen lo que merecen y merecen lo que obtienen. Atribuir fracasos o fallas a causas de disposición más que a situacionales, las mismas que son inalterables e incontrolables, satisfaciendo la necesidad de creer en un mundo justo y de control sobre nuestra propia vida. De hecho, la motivación de ver a un mundo justo reduce la percepción de amenazas (Burger, 1981;[7] Walster, 1966[8]), brindando sensación de seguridad, encontrando significado a las circunstancias difíciles e inseguras y beneficiándonos psicológicamente (Gilbert & Malones, 1995). Desafortunadamente, la hipótesis de un mundo justo dio paso a una tendencia de derogación y culpabilidad a víctimas de eventos trágicos o accidentales, tales como a víctimas de violaciones (Abrams, Viki, Masser, & Bohner, 2003;[9] Bell, Kuriloff & Lottes, 1994[10]) y de abusos domésticos (Summers & Feldman, 1984[11]) con la finalidad de tranquilizarse de su insensibilidad a estos tipos de sucesos. Incluso las personas pueden llegar a extremos, tales como que la culpa de la víctima en una “vida pasada” con el propósito de justificar un mal resultado (Woolger, 1988). [12]

2. Comunicación del actor: A causas potenciales que capturan nuestra atención normalmente se tiende a atribuir efectos observados. Cuando se observa a otras personas, el individuo es el punto referencial primordial, mientras que se pasa por alto la situación como si fuera nada más que un simple fondo. Por ende, las atribuciones del comportamiento de otros se enfocan en la persona que observamos, no a fuerzas situacionales que actúan sobre la persona de la cual no se es consciente. (Lassiter, Geers, Munhall, Ploutz – Zinder & Breitenbecher, 2002; [13] Robinson & Mc Arthur, 1982; [14] Smiller & Millar, 1979[15]) (Cuando nos observamos somos más concientes de las fuerzas actúan sobre nosotros). La diferencia entre la orientación interna vs. la externa explica el sesgo entre actor y observador. (Store, 1973). [16]

3. Carencia de Ajuste de esfuerzo: Algunas veces, a pesar de saber que el comportamiento de las personas está limitado por factores situacionales, aun así cometemos un error fundamental de atribución (ejemplo Jones & Harris, 1967). Básicamente se debe a que no se considera simultáneamente la información del comportamiento y la circunstancial para caracterizar las disposiciones del agente (Gilbert, 2002) [17]. Inicialmente, utilizamos el comportamiento observado para caracterizar a la persona por la automaticidad (Carlston & Skowronski, 1994; [18] Moskowitz, 1993; [19] Nezman, 1993; [20] Uleman, 1987; [21] Winter & Uleman, 1984). [22] Se requiere realizar un esfuerzo deliberado y consciente para ajustar la inferencia considerando las limitaciones situacionales. Por lo tanto, cuando no existe suficiente información situacional para el ajuste, la inherencia incorrecta crea el error fundamental de atribución. Cuando las personas carecen de motivación y energía confía más en el error fundamental de atribución (ejemplo carga cognoscitiva) para procesar información situacional. (Gilbert, 1989) [23] Reducción de Efectos de Error

Se han encontrado técnicas efectivas para corregir el sesgo por medio de la reducción de los efectos del error fundamental de atribución:

• Poner atención en información de consenso. Al haber un comportamiento igual en la mayoría de las personas al enfrentarse a una misma situación, es más probable que la causa sea la explicación del comportamiento.

• Preguntarse a uno mismo cómo actuaría en esa misma situación.

• Buscar causas inadvertidas; específicamente buscar factores menos sobresalientes.

• Asimismo, se ha descubierto en un estudio que si al participante se le notifica que el escritor tiene motivos ocultos para optar por un punto de vista, tal cual un profesor con opinión parcializada en un tema específico, será menos propenso a ser víctima de un error fundamental de atribución.


Diferencias culturales en el error[editar]

Investigaciones previas han demostrado la existencia de diferencias culturales por la susceptibilidad de cometer un error fundamental de atribución: Personas pertenecientes a culturas individualistas son más propensas que los individuos de culturas colectivas a cometer este tipo de error (Miller, 1984). [24] Se ha encontrado atención diferenciada en los factores sociales entre las personas independientes e interdependientes, tanto en contexto social como no social: Masuda y sus colegas (2004) [25] en su experimento de presentación caricaturesca manifestaron que el juicio de los japoneses en <nowiki>Introduce aquí texto sin formato</nowiki>la expresión facial del objetivo fue sobre todo influenciada por las caras en su entorno, mucho más que los Americanos. Aunque Masuda y Nisbett (2001) [26] concluyeron de sus observaciones de las escenas de su experimento de caricaturas animadas, que los Americanos son más vulnerables que los japoneses a marcar referencias de objetos focales (ejemplo: pez) en vez del contexto (ejemplo: rocas y plantas). La discrepancia en la desigualdad de los diferentes factores en personas de diferentes culturas, señala que los asiáticos atribuyen el comportamiento a las situaciones mientras que los occidentales a la conducta del actor. Consistentemente, Morris & Peng (1994) [27] del experimento de atribución del comportamiento de su pez halló que mayor porcentaje de participantes americanos que de chinos percibieron la acción (ejemplo: un solo pez nadando en frente de un grupo de peces) como interna en lugar de cómo causa externa. Como explicación se podría acotar, que esta diferencia en atribuciones se forma por las distintas maneras de percepción orientadas por cada cultura. Particularmente, Markus y Kiyatama (1991) [28] mencionaron como los (individualistas) occidentales tienden a verse a ellos mismos como agentes independientes y por ende son proclives a los objetos individuales antes de detalles contextuales.

Error fundamental de atribución vs. Tendencia de Correspondencia[editar]

El error de atribución fundamental comúnmente es usado de manera intercambiable con la tendencia de correspondencia (A veces llamada inferencia de correspondencia – pero este término se refiere a un juicio natural que no necesariamente constituye una tendencia; mientras que la tendencia surge cuando la inferencia presentada es incorrecta, ejemplo la inferencia de disposición cuando la causa actual es situacional). Sin embargo, hay un debate sobre si los dos términos deberían ser distinguidos el uno del otro. Tres principales diferencias entre los procesos de su juicio se han aducido:

1. Perecería que se suscitaron bajo diferentes circunstancias, tanto como inferencias de disposición e inferencias de situación que pueden ser obtenidas espontáneamente. (Hamilton 1988). [29] El proceso de atribuciones, sin embargo, parece sólo ocurrir cuando el acontecimiento es inesperado o contrario a expectativas previas. Dicha noción es respaldada por un estudio conducido por Semin y Marsman (1994), [30] quienes encontraron que diferentes tipos de verbos invitaban a diferentes inferencias y atribuciones. Las inferencias correspondientes fueron elevadas a un mayor nivel por verbos de acción interpretativa (tal como “a ayudar”) que por acciones de estado o verbos de estado, así sugiriendo que los dos sean producidos bajo diferentes circunstancias.

2. Las inferencias correspondientes y atribuciones casuales difieren en automatización. Las inferencias pueden ocurrir espontáneamente si el comportamiento implica una situación o inferencia de disposición, mientras las atribuciones con causa ocurren lentamente (ejemplo Smith & Miller, 1983). [31]

3. También ha sido sugerido que las inferencias correspondientes y atribuciones de causas son suscitadas por diferentes mecanismos. Es de acuerdo general que las inferencias correspondientes son formadas por ir a través de diferentes etapas. Primeramente, la persona debe interpretar el comportamiento, y después, si hay suficiente información para hacerlo, agregar información situacional y revisar su inferencia. Pueden entonces ajustar aún más sus inferencias teniendo en cuenta la disposición de información (Gilbert, 1989; [23] Krull & Dill, 1996[32]). Las atribuciones causales sin embargo parecen estar formadas ya sea por el procesamiento de información visual utilizando los mecanismos de percepción, o por la activación de estructuras de conocimiento (por ejemplo, esquemas) o por el análisis sistemático de datos y el procesamiento (Anderson, Krull y Weiner, 1996 [33]). Por lo tanto, dada a la diferencia en estructuras teóricas, las inferencias de correspondencia están más relacionadas con la interpretación del comportamiento que con las atribuciones casuales.

Basado en las diferencias antes mencionadas entre las atribuciones causales y las inferencias correspondientes, algunas investigadores argumentan que el error de atribuciones fundamental debería ser considerado como la tendencia de hacer explicaciones de disposición antes que explicaciones de situación para el comportamiento, mientras que la tendencia de correspondencia debería ser considerada para establecer inferencias de disposición a partir del comportamiento (ejemplo Hamilton, 1998; [34] Krull, 2001) [35]. Con tan diferentes definiciones entre las dos, algunos estudios trans-culturales también han encontrado que las diferencias culturales de las tendencias de correspondencias no son equivalente para aquellos que pertenecen al error de atribución fundamental. Mientras que la segunda ha resultado ser más frecuente en las culturas individualistas que culturas colectivista, la correspondencia se produce a través de las culturas (por ejemplo, Masuda y Kitayama, 1996; [36] Choi y Nisbett, 1998; [37] Krull, Loy, Lin, Wang, Chen, y Zhao, 1999 [38]), lo que indica las diferencias entre los dos términos.

Citas y referencias[editar]

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2. ^ Jones, E. E. & Harris, V. A. (1967). The attribution of attitudes. Journal of Experimental Social Psychology, 3, 1–24.

3. ^ Gilbert, D. T., & Malone, P. S. (1995). The correspondence bias. Psychological Bulletin, 117, 21–38. PDF

4. ^ Gilbert, D. T. (1998). Speeding with Ned: A personal view of the correspondence bias. In J. M. Darley & J. Cooper (Eds.), Attribution and social interaction: The legacy of E. E. Jones. Washington, DC: APA Press. PDF

5. ^ Gladwell, Malcom, The New-boy network, in the New Yorker, May 29, 2000, p. 72.

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