Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general

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Carátula de An Essay on Economic Theory, traducción al inglés de Essai sur la Nature du Commerce en Général.

Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, (originalmente en francés: Essai sur la Nature du Commerce en Général, es un libro escrito por el economista francés Richard Cantillon, en torno a 1730 y publicada en francés veinte años después de su muerte. Se le considera un precedente de la economía moderna.

Richard Cantillon es conocido actualmente por su única obra, el Ensayo sobre la naturaleza del comercio en general, en la que el autor realiza un análisis sobre la mayor parte de los elementos de la economía de su tiempo, en la que existen elementos fisiócratas, mercantilistas, clásicos e incluso austriacos y keynesianos.

Contenido[editar]

Primera parte[editar]

Primer capítulo[editar]

El primer capítulo del ensayo se titula De la riqueza y en él se define la riqueza como los alimentos, las comodidades y las cosas superfluas que hacen agradables la vida. Otro comentario que merece la pena destacar es la tierra es la fuente o materia de donde se extrae la riqueza, y el trabajo del hombre es la forma de producirla. De donde se deduce que para Cantillon los factores de producción son la tierra y el trabajo, olvidándose del capital. A lo largo de todo el ensayo esta marginación del capital es constante; podríamos disculpar este olvido teniendo en cuenta que Cantillon murió el año 1734, cuando la Revolución Industrial se encontraba en un proceso embrionario y la economía era básicamente agraria y artesana. Como veremos más adelante, ésta es una influencia clara de William Petty.

Segundo capítulo[editar]

En el segundo capítulo, De las sociedades humanas, Cantillon muestra una curiosa ley económica: la desigualdad como algo inevitable. Todas las sociedades complejas presentes y pretéritas han tenido un alto grado de desigualdad y esto se debe o bien a un reparto inicial desigualitario o a una evolución que ha hecho que, de un reparto inicial equitativo se haya pasado a una situación inequitativa. Esta evolución se debe a herencias favorables a propietarios en caso de muerte sin descendencia o a ventas de tierras debido o bien a un espíritu holgazán o pródigo, o bien a necesidad por enfermedad.

Tercer capítulo[editar]

El tercer capítulo se titula De los pueblos y en él se muestra a los pequeños poblados como un lugar donde los campesinos pueden disponer de determinados servicios esenciales para su actividad.

Cuarto capítulo[editar]

El cuarto es De los burgos, se trata de una continuación del anterior. Aquí se justifica la existencia de lugares de reunión tipo ferias en vez de que los mercaderes vayan de aldea en aldea por los siguientes motivos: 1) Si los mercaderes fueran pasando de aldea en aldea, en los pueblos se multiplicaría, sin necesidad, el gasto de transporte. 2) Tales mercaderes se verían obligados, acaso, a visitar diversos lugares antes de encontrar la calidad y cantidad de los artículos cuya compra les interesa. 3) Los aldeanos se hallarían con frecuencia trabajando en los campos, a la llegada de los mercaderes, y, no sabiendo qué género de mercaderías desean, no tendrían nada dispuesto para ofrecerles en cambio. 4) Casi imposible resultaría fijar en los pueblos los precios de producto y mercaderías entre los mercaderes y los aldeanos. El mercader no se avendría a pagar en un pueblo el precio que allí se solicita por la mercancía, con la esperanza de encontrarla más barata en otro lugar, y los aldeanos rehusarían el precio que el mercader les ofrece por sus productos, ante la expectativa de otro mercader que pueda venir después y la tome a mejor precio. Es decir, para reducir los costes de transporte y para que todas las partes puedan hacerse una idea del precio de mercado en cada momento, reduciendo la incerteza y la especulación.

Siguientes capítulos[editar]

Los siguientes capítulos son De las ciudades y De las ciudades capitales, donde se nos indica el motivo por el que se forman las ciudades, que no es otro que el asentamiento en ellas de terratenientes y sus criados, los cuales necesitan una serie de servicios y bienes de artesanía. Las capitales surgen por el asentamiento en ellas del Rey, cuya presencia atrae a los terratenientes y, del mismo modo que en el caso anterior, a un amplio grupo de sirvientes y artesanos. Estos cuatro últimos capítulos tienen un cierto interés pero en ellos no se aporta nada nuevo al pensamiento económico, no así el siguiente.

El séptimo capítulo se denomina El trabajo de un labrador vale menos que el de un artesano. Este artículo se refiere a la determinación de los salarios y en él se reflejan los mismos motivos que decenios más tarde mostraría Adam Smith. Por ello sostengo que esa parte de La riqueza de las naciones es un mero plagio de la obra de Cantillon. Los motivos son los siguientes: un agricultor ya de niño comienza a ser productivo mientras que un artesano requiere un largo aprendizaje durante el cual es una carga para su padre. Para que el oficio de artesano tenga atractivo los salarios han de ser mayores, de lo contrario nadie sería artesano.

El siguiente capítulo insiste sobre la teoría de los salarios y se titula Los artesanos ganan, unos más, otros menos, según los distintos casos y circunstancias. Y en él se afirman cosas como: Los oficios que reclaman más tiempo para perfeccionarse en ellos, o más habilidad y esfuerzo, deben ser, naturalmente, los mejor pagados y también Las artes y oficios que llevan consigo ciertos riesgos y peligros, como en el caso de los fundidores, marineros, mineros de plata, etc., deben ser pagados en proporción a dichos riesgos. Cuando, además de los peligros, se exige habilidad, la paga será todavía más alta. En el capítulo hay más ejemplos de este tipo, en ellos se justifican los salarios por motivos de oferta, habría sido interesante unir al análisis algunos motivos de demanda. Esto lo hace Cantillon, aunque de un modo incompleto en el siguiente apartado.

El capítulo noveno se titula El número de labradores, artesanos y otros, que trabajan en un Estado, guarda relación, naturalmente, con las necesidades que de ellos se tiene. Aquí muestra lo que indica su título y utiliza este razonamiento para criticar que el Rey cree escuelas en las que se enseñe un oficio que la sociedad no necesita. Pero, siguiendo con esta reflexión observamos una influencia claramente mercantilista, ya que dichas escuelas si sirven para evitar las importaciones de productos que pueden fabricarse en el propio estado. Se trata de un apoyo a la política de sustitución de importaciones tan común en su época. Sus ideas sobre comercio exterior quedan reflejadas más claramente en el primer capítulo de la tercera parte.

El décimo capítulo se titula El precio y el valor intrínseco de una cosa en general es la medida de la tierra y del trabajo que interviene en su producción, y como su nombre indica, es un intento por descubrir de dónde viene el valor y cómo se forman los precios. Recordemos que los factores de producción para Cantillon son la tierra y el trabajo, ignorando al capital. Aquí Cantillon razona que debe existir una relación entre el coste de producción y el valor del producto. Existe una parte en la que se acerca a la paradoja del agua y los diamantes pero yerra en su razonamiento: El precio de un cántaro de agua al río Sena no vale nada, porque su abundancia es tan grande que el líquido no se agota; pero por él se paga un sueldo en las calles de París, lo cual representa el precio o la medida del trabajo del aguador. Pero en la siguiente parte aún se acerca más, cuando distingue entre el valor intrínseco (el determinado por el coste de producción) y el valor de mercado: El precio o valor intrínseco de una cosa a la medida de la cantidad de tierra y de trabajo que intervienen en su producción, teniendo en cuenta la fertilidad o producto de la tierra, y la calidad del trabajo. Pero ocurre a menudo que muchas cosas, actualmente dotadas de un cierto valor intrínseco, no se venden en el mercado conforme a ese valor: ello depende del humor y la fantasía de los hombres y del consumo que de tales productos se hace. Aquí parece que Cantillon le comienza a dar importancia a la demanda y al valor subjetivo de las cosas, determinado por su utilidad y utilidad marginal, en este caso podría ser un claro precursor del neoclasicismo y quizás sea este el motivo por el que Jevons sacó el ensayo del olvido; pero poco después se vuelve a alejar de una teoría subjetiva del valor dando a esta circunstancia un carácter excepcional cuando dice que: Sin embargo, en las sociedades bien administradas, lo precios de los artículos, y mercaderías en el mercado, cuyo consumo es bastante constante y uniforme, no difieren mucho del valor intrínseco, y cuando los años no son estériles o abundantes en demasía, los regidores de la ciudad se hallan en condiciones de fijar el precio de mercado de muchas cosas, como el pan y la carne, sin que nadie tenga motivo de queja.

El capítulo undécimo se titula De la propiedad o relación entre el valor de la tierra y el valor del trabajo. En él se expone una teoría que más tarde desarrollaría Marx, que es el coste de producción de una unidad de factor trabajo; es decir, la cesta de consumo necesaria para que viva un trabajador en un nivel de subsistencia. En este caso la abstracción es aún mayor, ya que dicha cesta se muestra en forma de volumen de tierra necesaria para permitir la reproducción de los trabajadores (recordemos que para Cantillon los factores de producción son la tierra y el trabajo), con lo que los factores de producción quedan reducidos a uno sólo: la tierra; lanzando una teoría que podríamos calificar como fisiócrata, aunque sea más elaborada que la de Quesnay. Todo ello se resume en la siguiente frase: el valor del trabajo cotidiano guarda relación con el producto de la tierra, y que el valor intrínseco de una cosa puede medirse por la cantidad de tierra que para su producción se emplea, y por la cantidad de trabajo que interviene en ella, es decir por la cantidad de tierra cuyo producto se atribuye a los propietarios; y como todas estas tierras pertenecen al príncipe o a los propietarios, todas las cosas que tienen ese valor intrínseco lo poseen a expensas de ellos. Curiosamente, mientras Quesnay define a la clase terrateniente como parasitaria, para Cantillon los dueños de la tierra son los verdaderos productores puesto que la tierra es en último término el único factor de producción.

El capítulo duodécimo tiene el sugerente título de Todas las clases y todos los hombres de un Estado subsisten o se enriquecen a costa de los propietarios de tierras y es una continuación del anterior. También se construye parte de un tableau économique, a través de un estudio de las transmisiones de flujos entre las distintas clases sociales, similar a la de Quesnay, convirtiéndose en el auténtico padre de este instrumento analítico a pesar de que no llegó a formularlo de una forma clara, es necesario deducirlo con fragmentos de varios capítulos.

El capítulo número trece es muy novedoso, se titula La circulación y el trueque de bienes y mercaderías, lo mismo que su producción, se realiza en Europa por empresarios a riesgo suyo. Su actualidad consiste en crear la figura del empresario-riesgo que dos siglos más tarde popularizaría Frank Knight. Los riesgos consisten en comprar inputs a coste cierto para revenderlos a precio incierto, lo que hace que el peligro de bancarrota sea constante. Cantillon no llega a desarrollar una teoría del riesgo y la incertidumbre pero es un pionero, además tiene el valor de que los economistas clásicos posteriores a él se olvidaron por completo de esta cuestión; el caso más extremo llega con Marx, cuando considera que toda remuneración al capital es un robo; uno de los motivos por los que el capital debe ser remunerado es para compensar el riesgo, pues de lo contrario el ahorro jamás se volverá inversión. Por ello y por su énfasis en la fantasía y gustos de los terratenientes los austriacos consideran a Cantillon como a un precursor de su escuela. (Rothbard [1995] y Hébert [1985]) El tema del interés será tratado en la tercera parte del ensayo de un modo más profundo. Además, Cantillon da a los empresarios la función de organizar todos los trueques e intercambios, el empresario de Cantillon es un equilibrador frente al rupturista empresario schumpeteriano.

El capítulo decimocuarto se titula Las fantasías, modos y maneras de vivir del príncipe, y en particular de los propietarios de las tierras se destinan en un Estado, y causan, en el mercado, las variaciones de los precios de todas las cosas. Para Cantillon, los labriegos y capataces utilizan la tierra según el uso más lucrativo que puedan prever, estudiando usos alternativos. Sin embargo, la cosa cambia para el señor rico, que tiene una gran autonomía a la hora de decidir que uso se le va a dar a la tierra para satisfacer sus deseos, por ejemplo, si le gustan los caballos destinará la tierra a praderas y si prefiere tener muchos criados la destinará a alimentos, aquí la demanda vuelve a recuperar terreno frente a la preponderancia que tuvo la oferta hasta el neoclasicismo.

El siguiente capítulo es una continuación del anterior y se titula La multiplicación y el descenso en el número de habitantes de un Estado dependen principalmente de la voluntad, de los modos y maneras de vivir de los terratenientes. En él se insiste en que la tierra puede destinarse a satisfacer los lujos del propietario o a aumentar el número de habitantes como sucede en la populosa China, donde los padres tienen tantos hijos como puedan mantener, sin que quepa el lujo. No trata de un precedente de los rendimientos decrecientes de la tierra de Malthus, la argumentación que justifica que tener hijos sea costoso tiene que ver con la mortalidad infantil y las probabilidades de que un niño llegue a edad adulta. En el otro extremo tenemos a los indios americanos, que por sus costumbres cazadoras necesitan enormes extensiones de tierra para vivir. Cantillon nos ofrece una teoría del volumen poblacional óptimo según los factores culturales y la productividad del uso de la tierra, que hace que los chinos tengan una enorme población por acre debido a factores culturales principalmente mientras que con los indios sucede justo lo contrario debido a su escasísima productividad del terreno. Son estos factores los que determinan la población y no al revés, podría pensarse que lo que está dado es la población y que ésta se adapta al entorno; así, los chinos al ser muchos tendrían que vivir con una austeridad extrema aprovechando muy eficientemente el acre y los indios al ser pocos podrían vivir de la caza, esto sería una visión más marxista según la cual el modo de producción determina la superestructura, las costumbres; la postura de Cantillon es la inversa. Con esta teoría del volumen poblacional óptimo no existe superpoblación, China no está superpoblada ni la América precolonial subpoblada, sino que viven en un equilibrio determinado por tres factores: recursos, tecnología y valores culturales (Tarascio [1985]). Siguiendo esta teoría de que los deseos de los terratenientes determinan el volumen poblacional, Cantillon se sirve para dar un argumento mercantilista: Pero cuando los señores y los propietarios de tierras adquieren en las manufacturas extranjeras sus lienzos, sedas y encajes, y para pagarlos envían al exterior los artículos alimenticios de su propio país, disminuyen con ello extraordinariamente las posibilidades de subsistencia de sus compatriotas, y aumentan las de las extranjeros, que muchas veces se convierten en enemigos del propio Estado. Si un propietario o señor polaco, a quien sus colonos pagan anualmente un renta aproximadamente igual al producto del tercio de su tierra, acostumbra usar telas, lienzos, etc., de Holanda, pagará por estas mercancías la mitad de su renta, y acaso empleará la otra mitad para la subsistencia de su familia en otros artículos y mercaderías burdas, producidas en Polonia: así, la mitad de su renta, en nuestro supuesto, corresponde a las sexta parte del producto de sus tierras, y esta sexta parte será absorbida por los holandeses, a quienes los colonos polacos la entregarán en forma de trigo, lana, cáñamo y otros artículos. He aquí pues una sexta parte de la tierra en Polonia sustraída a sus habitantes, ello sin contar con el pienso para los caballos de coches, carrozas y paradas, que se crían en Polonia, para atender el régimen de vida propio de los señores; además, si sobre los dos tercios del producto de las tierras que se atribuyen a los colonos, éstos, siguiendo el ejemplo de sus dueños, consumen manufacturas extranjeras, y saldan su importe, al exterior, en materias primas de Polonia, habrá un buen tercio del producto de las tierras polacas sustraídas a la subsistencia de los habitantes, y, lo que es peor, la mayor parte de ese producto se enviará al extranjero, procurando, a menudo, sustento a los enemigos del Estado. Si los propietarios de las tierras y los señores de Polonia se avinieran a consumir en un principio manufacturas de su propio Estado, por deficientes que fueran, poco a poco harían mejorar su calidad, y ocuparían en su producción un mayor número de sus conciudadanos, en lugar de dar esta ventaja a los extranjeros: y si todos los Estados mostraron un parecido empeño en no dejarse engañar por los demás en el comercio, cada Estado adquiriría importancia en proporción a sus productos y a la laboriosidad de sus habitantes. Como vemos, Cantillon es un pensador extraño, un heterodoxo de todas las escuelas económicas, pues en su obra encontramos una mezcla de puntos de vista, en este caso hay un clarísimo punto de vista mercantilista, incluso el considerar que con el tiempo se mejoraría la calidad recuerda a la teoría de las empresas nacientes de List. Aquí encontramos también un argumento malthusiano que recuerda al principio según el cual la pasión entre los sexos hace que el ser humano con medios de subsistencia se multiplique sin parar: No hay sino un reducido número de habitantes en un Estado que evitan el matrimonio por puro espíritu de libertinaje; todas las clases bajas no piden otra cosa que vivir y criar hijos que puedan por lo menos vivir como ellos. Cuando los labradores y artesanos no se casan, es porque esperan ahorrar lo suficiente para ponerse en situación de constituir una familia, o de encontrar alguna muchacha que lleva a la misma una pequeña dote. O más claramente: Los hombres se multiplican como los ratones en una granja, si cuentan con medios ilimitados para subsistir.

El capítulo decimosexto se titula Cuanto más trabajo hay en un Estado tanto más rico se considera, naturalmente. Este capítulo se inicia calculando la población productiva, que es una cuarta parte, la mitad no trabaja y dentro de los que trabajan una mitad lo hacen en trabajos no productivos, entre los que se encuentran los destinados al lujo por no contribuir a un aumento de la población. Este comentario es contradictorio con el del primer capítulo que definía riqueza como los alimentos, las comodidades y las cosas superfluas que hacen agradables la vida, donde mostraba el significado actual de riqueza. Cantillon se lamente de que este trabajo improductivo no se destine a otros usos preferibles para el Estado: Y si estos habitantes trabajan en atraer oro y plata al Estado a cambio de los artículos y mercaderías que ellos confeccionan y envían a los países extranjeros, su trabajo será igualmente útil, y beneficiará considerablemente al Estado. Cantillon se muestra defensor de los mercantilistas en relación a su política comercial y a su espíritu belicista de ser más poderoso militarmente que nadie: el verdadero acervo de un país consiste en el oro y en la plata, cuya cantidad actual, mayor o menor, determina necesariamente la grandeza relativa de los Reinos y de los Estados. Si por costumbre se atrae oro y plata del extranjero mediante la exportación de artículos y productos del Estado, como trigo, vinos, lanas. etc., ello permitirá enriquecer al Estado a expensas de la disminución del número de habitantes; pero si el oro y la plata se obtienen del extranjero a cambio del trabajo de los habitantes, así como de las manufacturas y artículos donde interviene pequeña cantidad de productos de la propia tierra, esto engrandecerá al Estado en forma útil y sustancial.

El último capítulo es el decimoséptimo, se titula De los metales y de las minas y particularmente del oro y de la plata. Consiste en una teoría sobre los metales en tanto medio de intercambio. Se señala que el valor de los metales es proporcional a su coste de producción, como el resto de los bienes. Más adelante y de una forma casi escondida da una explicación subjetiva al enigma ¿De dónde salen los precios?, al dar a la demanda y a la escasez un papel más decisivo: Si los propietarios de las tierras y las otras clases sociales subalternas de un Estado, que imitan a los primeros, renunciaran al uso del estaño y del cobre, en el supuesto, aunque falso, de que son nocivos a la salud, y generalmente se sirvieran de vajilla y batería de barro, dichos metales se cotizarían a un precio bajo en los mercados, suspendiéndose el trabajo que antes se destinaba a extraerlos de la mina; pero como estos metales se consideran útiles y de ellos nos servimos en los usos de la vida, tendrán siempre en el mercado un valor correspondiente a su abundancia o a su rareza, y al consumo que de ellos hace; y así se continuará extrayéndolos de la mina para reembolsar la cantidad de dichos metales que en el uso diario se destruyen. Este capítulo justifica el uso de los metales como bien de intercambio debido a sus propiedades más adecuadas, por no ser perecederos, fáciles de transportar, divisibles y poco voluminosos debido a su alto valor. Los metales son un bien más que satisfacen necesidades como cualquier otro bien pero que se han utilizado como medio de intercambio por sus mejores propiedades.

Segunda parte[editar]

Examinada la primera parte del ensayo, seguramente la más interesante. procede esta segunda parte, orientada a una teoría monetaria que tuvo como introducción el último capítulo de la primera parte.

El primer capítulo se titula Del trueque. Comienza rebatiendo la teoría de Locke según la cual el valor está proporcionado a su abundancia y rareza y a la abundancia y rareza del dinero. Este hecho es el que motiva que los precios hayan aumentado desde la llegada a Europa de metales americanos. La crítica que realiza Cantillon a Locke es que existen costes de transporte y bienes que no entran en el intercambio monetario, realidades que distorsionan este juicio tan sencillo. Sin embargo, Cantillon manifiesta que el análisis es correcto en su filosofía.

En el segundo capítulo De los precios de los mercados analiza el procedimiento de intercambio a través de un sistema de regateo en el que la abundancia o escasez de oferentes y demandantes hacen que el precio de mercado se acerque o se aleje del valor intrínseco, esto es, del coste de producción. Además esta abundancia o escasez también depende de la prisa por comprar o vender. Finalmente, este precio de mercado también dependerá de la oferta y demanda del resto del mundo y no sólo de la nacional. Cantillon considera que este procedimiento de regateo es imperfecto aunque óptimo: Aunque este método de fijar los precios de las cosas en el mercado no tenga ningún fundamento justo o geométrico, ya que a menudo depende de la prisa o del temperamento expeditivo de un pequeño número de compradores o vendedores, sin embargo no hay indicio de que se pueda llegar a determinarlo por otro procedimiento más adecuado. Es decir, Cantillon es un autor liberal en el sentido de que considera el sistema de racionamiento del mercado como el mejor posible.

El siguiente capítulo es largo e importante, en él da las primeras pinceladas a su teoría monetaria. Se titula De la circulación del dinero. Respecto de las rentas que paga el colono, el tercio destinado al pago al propietario debe ser pagado en dinero, del tercio del mantenimiento una cuarta parte lo enviará a la ciudad para comprar insumos del campo, y del tercio de la ganancia otra cuarta parte se enviará a la ciudad para comprar manufacturas de consumo. Es decir: 1/3+1/3x1/4+1/3x1/4=1/2. Por ello Cantillon afirma que es necesario un mínimo de dinero igual a la mitad del producto de la tierra para que exista circulación, pero para que esta circulación se realice con fluidez se precisan dos tercios. Sin embargo, si los pagos en vez de realizarse anualmente se realizan semestralmente el volumen necesario de dinero se reducirá a la mitad porque cinco mil onzas, pagadas dos veces, producirán el mismo efecto que diez mil onzas, pagadas una sola vez. Así, la cantidad necesaria de dinero dependerá de la frecuencia el que se realicen los distintos pagos. Así debe existir la proporción cuantitativa de dinero en efectivo necesaria para la circulación de un Estado, y que esta cantidad puede ser mayor o menor en los Estados, según el ritmo que se siga y la velocidad de los pagos. Es la primera vez que se habla del término “velocidad de circulación del dinero”. Una vez añadida la velocidad de circulación del dinero a la ecuación M=P.T, la teoría cuantitativa del dinero de Irwin Fisher estaba casi hecha. Tras analizar este hecho, Cantillon concluye que el volumen de dinero necesario es igual a un tercio de las rentas de los propietarios, es decir, un noveno del producto de la tierra.

El capítulo cuarto se titula Nueva reflexión acerca de la lentitud de la circulación del dinero en el cambio. El capítulo analiza la velocidad de circulación del dinero; una parte del dinero que perciben los propietarios se ahorra ya que dicho dinero se recibe de golpe trimestralmente pero se gasta semanalmente, con lo que no todo el dinero se mueve. Sin embargo, el propietario o el colono ponen sus ahorros a disposición de un banquero que les paga un interés con lo que ese dinero circula a gran velocidad. Otro hecho que aumenta la velocidad es la existencia de trueque, que no precisa dinero para llevarse a cabo. Pero también existen hechos que reducen la velocidad de circulación del dinero, como los fondos ociosos: todos los estamentos de un Estado que practican el ahorro, mantiene fuera de la circulación pequeñas sumas de dinero constante, hasta que reúnen la suficiente cantidad para colocarla a interés o con beneficio. Existen, además, gentes avaras y medrosas que entierran y atesoran sin cesar el dinero efectivo, durante un lapso a veces bastante prolongado. Muchos propietarios, empresarios, etc., guardan siempre algún dinero constante en sus bolsas o en sus cajas para afrontar casos imprevistos. Esta teoría de los fondos ociosos, si tuviese un análisis de los fondos ociosos como defensa frente al riesgo en época de crisis, riesgo y tipos de interés bajos podría dar pie a una teoría monetaria keynesiana, lástima. En todo caso resulta menos ingenua que el principio clásico según el cual los fondos ociosos no existen. Además existen grandes pagos distintos a los del colono al propietario que también reducen la velocidad de circulación. Por todo ello una cantidad de dinero de un noveno del producto de la tierra (verdadero PIB para Cantillon) parece suficiente para la circulación ágil de mercancías.

El siguiente capítulo, el quinto, se titula De la desigualdad de la circulación del dinero efectivo en un Estado. Este capítulo analiza la cantidad de dinero existente entre las diversas zonas de un Estado y las repercusiones que de esto se deriva. Todas las ciudades y distritos de un Estado transfieren una cantidad de dinero cada año a la capital a través de diferentes medios tales como los impuestos o las temporadas que los propietarios pasan en la capital. Esto hace que en las capitales circule más dinero y, por lo tanto, los precios sean mayores. Los costes de transporte evitan un traslado de mercancías de otros lugares más baratos. Cantillon considera que, ante una ausencia de barreras de transporte los costes serían iguales en todas partes, como los clásicos y neoclásicos. La causa de la diferencia de precios de la capital con respecto a otros lugares se debe, pues, a la existencia de un saldo de dinero positivo para la capital. De este hecho Cantillon lanza una recomendación de política económica que es fomentar en las provincias cercanas las explotaciones de productos pesados y costosos de transportar, tales como el carbón, y en las lejanas los ligeros, tales como telas. Así, se reducirían los costes de transporte y se podría ocupar la tierra para labranza de los peones innecesarios y no para pasto de los caballos que tiran las carretas.

El capítulo sexto se titula Del aumento y de la disminución de la cantidad de dinero efectivo en un Estado. Este es quizás el capítulo más interesante de esta segunda parte, en él se muestra de un modo satisfactorio una teoría monetaria que podríamos definir como keynesiana, al negar la neutralidad del dinero a corto plazo. Para un estado existen tres formas de aumentar su masa monetaria: el descubrimiento de nuevas minas, una balanza favorable y transferencias. Cantillon comienza analizando que pasa si se descubre una nueva mina. Este descubrimiento enriquecerá a todos los que viven de ella, aumentando sus gastos, dando así trabajo a artesanos los cuales aumentarán también sus gastos y así sucesivamente (este razonamiento recuerda mucho al multiplicador keynesiano). Este aumento del deseo de gasto incrementará la demanda de los productos que demanden estos grupos. Dicho aumento de precios hará que los colonos les destinen más tierras a costa de otros productos y que también se enriquezcan. Los perjudicados del aumento de precios serán todos aquellos que cuenten con un salario o rentas fijas. Algunos emigrarán en busca de salarios mayores, los propietarios al empobrecerse despedirán trabajadores, quienes también tendrán que emigrar. Al expirar los contratos, los propietarios reclamarán mayores rentas. Y finalmente, los aumentos de precios de los productos nacionales al encarecerse se volverán menos competitivos aumentando las importaciones huyendo el dinero al exterior y arruinando a los productores locales, quienes tendrán que emigrar al ser incapaces de soportar un alto coste de la vida. Resumiendo, se reducirá el número de habitantes del propio estado, los que queden vivirán mejor y gran parte del nuevo metal huirá al exterior. Si hay un saldo favorable de balanza comercial se enriquecerán los exportadores y aumentará el precio del trabajo y de la tierra enriqueciendo a más gente, esto provocará un aumento de los precios originando efectos similares al ejemplo anterior, entre ellos la vuelta a una balanza comercial equilibrada o al menos con un saldo positivo inferior. Finalmente, Cantillon re refiere al efecto de la protección frente al exterior sobre los precios en caso de aumento del dinero. En este caso los productos más baratos de fuera no podrán moderar el precio del producto protegido y su coste se elevará más que el coste del producto no protegido. Un resumen de este capítulo es que un aumento del dinero por cualquier vía no es equivalente a aumentar un cero en los billetes, el dinero no es neutral porque no todos los precios suben en una misma cuantía produciéndose fuertes efectos redistributivos y distorsionantes.

El capítulo séptimo se titula Continuación del mismo tema del aumento y de la disminución de la cantidad de dinero en un Estado, consiste en una insistencia en el tema de la no neutralidad del dinero tratado anteriormente, así cuando se introduce doble cantidad de dinero en un Estado no siempre se duplica el precio de los productos y mercaderías. Un río que se desliza y serpentea por su cauce socorre con doble rapidez porque se duplique el caudal de sus aguas (…) cualesquiera que sean las manos por donde pase el dinero que se ha introducido en la circulación aumentará naturalmente el consumo; pero este consumo será más o menos grande según los casos, y afectará en mayor o menor escala a ciertas especies de artículos o mercaderías. Otro aspecto interesante es la afirmación de que la cantidad de dinero afecta a la velocidad de circulación, algo que los clásicos niegan al considerar dicha velocidad como producto de convenciones sociales y hábitos que sólo pueden cambiar en el largo plazo. Así: Se comprende, así, que cuando en un Estado se introduce una respetable cantidad de dinero excedente, este dinero dé un nuevo giro al consumo, e incluso una nueva velocidad a la circulación, si bien no es posible indicar en qué medida.

El siguiente capítulo es una continuación de los anteriores y se titula Otra reflexión sobre el aumento y sobre la disminución de la cantidad de dinero efectivo en un Estado. Cantillon termina estos apartados encaminados a mostrar su teoría monetaria narrando otro medio de aumentar la cantidad de dinero en circulación: los préstamos de los particulares y del Estado con respecto al exterior, su problema, además de todos los anteriores es que el Estado que da a merced de los acreedores extranjeros, quienes hundirán el país cuando retiren sus fondos, siempre cuando el Estado tenga más dificultades. Cuando en un Estado entra dinero, por los mecanismos anteriormente citados la balanza comercial se ocupará de sacarlo. Sin embargo, y aún en el caso de que esto no se produjera, los opulentos no tardarían en utilizar su nuevo dinero para comprar productos de lujo en el extranjero empobreciendo al país. El motivo por el que dichas importaciones empobrecen al país más que otras será analizado en la tercera parte del ensayo. En este caso Cantillon no es justo, pues en el caso de que el lujo empobreciese al país, Cantillon no llega a justificar que una entrada de dinero aumente las desigualdades fomentando así el lujo de aquellos ricos que se han beneficiado de dicho aumento. También habrá ricos que perdieron fortuna y que se han visto obligados a disminuir su gasto suntuario. No se alcanza en ningún momento a razonar que más dinero genere más desigualdades, también podría actuar en sentido contrario. Por los motivos anteriores, Cantillon recomienda que el príncipe guarde dinero con el fin de mantener la oferta monetaria, detener los aumentos de precios y el lujo y tener un colchón para casos imprevistos. Cantillon está recomendando una política monetaria basada en la estabilidad de precios, como el actual Banco Central Europeo. Sin embargo, los gobernantes no realizan estas políticas restrictivas por culpa de su sed de poder, contribuyendo a las crisis de sus imperios. A fin de cuentas, el poder de un imperio depende de la cantidad de dinero que circula en él. Cantillon muestra como Roma se arruinó por culpa de que Calígula dilapidase el tesoro que su antecesor Tiberio había sacado de la circulación originando lujo, salida de dinero y subida de precios.

El capítulo noveno se titula Del interés del dinero y de sus causas, en él se justifica la existencia de préstamos remunerados frente a la consideración de que el interés es usura, especialmente cuando es muy alto. Este capítulo está influido claramente por la profesión de Cantillon, banquero. El primer motivo de que exista remuneración por el dinero prestado es el riesgo de impago que conlleva todo préstamo, por ello Cantillon considera que el origen de interés nace como una forma de hacer atractivos los préstamos frente al riesgo de impago. Otro motivo más importante para Cantillon es que gracias a ellos los empresarios sin dinero pueden realizar su actividad, además, si son frugales podrán cada vez ir tomando prestado menos dinero y así apropiarse de la remuneración del capital. Resulta curioso que Cantillon teorice sobre el precio del capital cuando en su teoría del valor no lo consideraba factor de producción. El interés se justifica como una remuneración al factor productivo capital y gracias a él el capital puede pasar a manos de empresarios competentes que hagan buen uso de él en vez de quedar ocioso en un cofre. En algunos casos los préstamos tiene una remuneración altísima, como los cerveceros londinenses que prestan cerveza a un quinientos por ciento de interés, dichos préstamos se justifican en el riesgo de impago, muy elevado en estos negocios. En todo caso, la justificación moral de unos intereses muy elevados no es muy distinta a la justificación moral de unas ganancias muy altas en otros negocios distintos al préstamo de dinero, tales como el comercio marítimo.

El décimo y último capítulo de la segunda parte se titula De las causas del aumento y de la disminución del interés del dinero en un Estado. En este capítulo Cantillon muestra los efectos de un aumento de la cantidad de dinero en los tipos de interés, que no siempre tiene que provocar una disminución del precio del dinero, así: si la abundancia de dinero en un Estado viene a través de las gentes que lo prestan, disminuirá, sin duda el interés corriente, conforme aumenta el número de prestamistas; pero si llega por mediación de personas que lo gastan, tendrá el efecto inverso, y elevará el tipo de interés aumentando el número de empresarios que encontrarán trabajo como consecuencia de este aumento en los gastos, viéndose obligados a tomar dinero a préstamo, para equipar su industria, en todas clases de interés. Es decir, es el consumo, especialmente el suntuario de los nobles, el que hace aumentar el tipo de interés al incrementar la demanda de dinero por parte de empresarios que se ocupan de suministrarles productos. Finalmente Cantillon considera que las medidas conducentes a limitar el tipo de interés son ineficaces porque generan mercados clandestinos e injustas porque las ganancias empresariales no están, en cambio, limitadas.

Tercera parte[editar]

La tercera y última parte del ensayo de Cantillon se inicia con un extenso tratado de política comercial, en él vemos al Cantillon más próximo al mercantilismo, en el que razona sobre que productos son más interesantes para importar y exportar, el objetivo último de esta política comercial será aumentar el volumen poblacional del país en cuestión y el bienestar de sus habitantes. Las consideraciones que observamos en el inicio de la tercera parte son un corolario de su teoría del valor y la población. Tras este comienzo avanza en su teoría monetaria explicando el papel de los intermediarios financieros.

El primer capítulo tiene el genérico título de Del comercio con el extranjero. La teoría que en él se expone es que hay unos productos que interesa vender y otros que interesa comprar, concretamente, una nación debe intentar exportar bienes intensivos en trabajo e importar bienes intensivos en tierra, puesto que, finalmente el único factor de producción es la tierra y una nación debe intentar que la tierra que se emplea en la producción de bienes exportados sea menor que la que se emplea en la producción de productos comprados, pues de la tierra depende la subsistencia de los habitantes de esa nación, ya que en ella pueden vivir y reproducirse. Los consumidores extranjeros están sosteniendo a un determinado número de trabajadores, es conveniente que el número de trabajadores que viven a expensas de consumidores foráneos sea mayor que el número de trabajadores extranjeros que viven a expensas de consumidores nativos. De esta forma una balanza comercial equilibrada puede beneficiar a un país a costa de otro, pues uno puede ganar medios de subsistencia desprendiéndose de meros bienes de lujo. Por todo ello a un estado le conviene cobrar en metales y, en su ausencia, bienes intensivos en tierra como alimentos; y pagar en manufacturas. Tal como se vio en la segunda parte del ensayo, una llegada de metal a través de una balanza con superávit originará un aumento temporal del poder y la riqueza de una nación, aunque luego vendrá la decadencia y el lujo. Por todo ello, Cantillon recomienda llevar a cabo las viejas medidas mercantilistas de sustitución de importaciones y promoción de exportaciones, sobre todo de productos manufacturados. También se recomienda dificultar la navegación de otros países con el objetivo de promover la propia, como por ejemplo las famosas leyes de navegación inglesas.

El capítulo segundo se titula De los cambios y su naturaleza. Consiste en una justificación de la existencia de letras de cambio, algo que Cantillon, como banquero que era, conocía muy bien. Comienza Cantillon considerando que pasaría si no existieran las letras, en este caso si París cobra a Chalons cincuenta mil libras en impuestos y Chalons cobra a Paris otras cincuenta mil libras por venta de vino habrá que transportar este dinero a un alto coste, mientras que si existen letras es mucho más sencillo: los corresponsales de los cosecheros de Chalons depositan cincuenta mil libras en poder de la oficina fiscal de París a cambio de letras contra el recaudador de Chalons, quien deberá pagar a los cosecheros, de este modo se cumplen ambas obligaciones sin apenas coste de transporte. Chalons pagará cincuenta mil libras en impuestos al recaudador de París y París pagará cincuenta mil libras al recaudador de Chalons por el vino a través del recaudador. Pero puede suceder que Paris deba a Chalons una cantidad neta, en cuyo caso habrá que recurrir a un banco parisino el cual les procurará a cambio del dinero que París debe a Chalons letras de cambio contra su corresponsal de Chalons.

El tercer capítulo se titula Otras explicaciones para el conocimiento de la naturaleza de los cambios. Se refiere a los intercambios de dinero no entre ciudades de un mismo reino como en el caso anterior sino entre distintos reinos. En la primera parte de este capítulo se refiere a las especulaciones con el tipo de cambio, algo tan de actualidad hoy; cuando un país tiene una balanza comercial deficitaria automáticamente su moneda se deprecia, si un banquero inglés estima que la moneda holandesa depreciada volverá a estar a la par entonces suministrará letras de cambio sobre su corresponsal en Ámsterdam, cuando la moneda vuelva a estar a la par, esto es, se aprecie, el banquero inglés habrá tenido una ganancia. En la segunda parte del capítulo se muestra un método para conocer el saldo comercial de un país: en Inglaterra, donde se prohíbe la salida de metal acuñado habrá superávit en caso de que se envíe metal a acuñar, es decir, cuando entre más metal del que tiene que salir; en Francia, donde no hay esa prohibición, habrá déficit cuando salga metal acuñado, es decir, sea necesario sacar del país un dinero más caro. En la tercera parte de este capítulo hay una crítica a la prohibición de sacar oro del país, en este caso habrá comerciantes dispuestos a quebrar la ley a cambio de unas elevadas tasas de ganancia, tanto mayores cuanto más altas sean las probabilidades de ser sorprendidos y cuanto más duro sea el castigo, los bienes de fuera serán más caros y saldrá más dinero, ya que los comerciantes en cuanto reúnan oro suficiente o cuando les invada el miedo saldrán del país con el dinero ganado.

El cuarto capítulo se titula De las variaciones en la proporción de valores, con respecto a los metales que sirven como moneda. Este capítulo es una teoría sobre el bimetalismo, argumentando que el valor de un metal con respecto a otro varía a medida que cambia la abundancia o escasez relativa de uno con respecto al otro, encareciéndose el relativamente más escaso. Para juzgar sobre la proporción entre un metal y otro debemos examinar el precio de mercado y no otras proporciones como la cantidad de metal que existe en un estado, entre otros motivos porque también afecta la proporción de otros países, que en caso de distar puede convertir en negocio el comprar un metal donde rea relativamente barato y venderlo donde sea relativamente caro, así hasta que el coste de transporte elimine la rentabilidad del negocio. Por todo ello, la relación de precios oficiales entre un metal y otro debe ser igual al del mercado, de lo contrario la moneda fuerte desaparecerá. Es una teoría contraria a la ley de Gresham.

El quinto capítulo se llama del aumento y de la disminución de valor de las especies amonedadas en denominación determinada. Cantillon continúa refiriéndose a lo que sucede en caso de que aumente o disminuya la cantidad de dinero en circulación, en este caso se refiere a que sucede si el soberano ordena una disminución del valor nominal de la moneda atesorando dinero, en este aso la gente querrá deshacerse de su dinero, disminuyendo la tasa de interés, aumentando la inversión y subiendo los precios. Cuando el Rey comience a atesorar dinero el dinero, en cambio, se volverá escaso y se producirá el efecto inverso, entonces el dinero atesorado por el Rey valdrá más y éste se aprovechará de la diferencia aumentando de nuevo las acuñaciones. Este procedimiento es común en los estados pero siempre han generado desorden. Poco o nada importa cuál sea el valor numerario de las especies, con tal de que sean permanentes; (…)Un estado no gana ni pierde con el aumento o disminución del valor de las monedas mientras conserva la misma cantidad de ellas, aunque los particulares pueden ganar o perder, como consecuencia de la variación.

El capítulo sexto y séptimo se titulan De los bancos y su crédito y Nuevos esclarecimientos e investigaciones sobre la utilidad de un Banco nacional. En ellos se describe el funcionamiento de los bancos; los bancos pueden prestar una cantidad de dinero a través de pagarés, pero no tiene necesariamente por que guardar en caja el equivalente a toda esa cantidad ya que los reintegros no van a ser todos en un mismo momento, de este modo los banqueros contribuyen a aumentar la velocidad de circulación del dinero. Una abundancia de dinero ficticia origina los mismos efectos que un aumento de la cantidad de dinero real en circulación, es decir, aumenta el precio del precio del trabajo y la tierra, aunque esta abundancia se desvanece en cuanto aparece el descrédito. Los billetes emitidos por los banqueros pasarán por muchas manos porque se utilizarán como medio de pago, con la confianza de que el banco devuelva el valor del billete a su presentación, de lo contrario el banquero verá arruinado su crédito. La cantidad de dinero que un banco debe tener en caja para hacer frente a reintegros dependerá de la confianza de los hacedores en el banco y, por tanto de la prisa que tengan en reclamar el pago, así unos banqueros podrán tener en caja un décimo de los depósitos y otros una mitad. Los bancos nacionales tienen la ventaja de que inspiran más confianza que un banquero privado.

El último capítulo del ensayo de Cantillon es el octavo, que se titula De los refinamientos del crédito de los bancos generales. El capítulo octavo se refiere a las prácticas bancarias de los estados, concretamente a la monetización de la deuda pública, a su compra con dinero sin respaldo. Los efectos de esta práctica son que el tipo de interés caerá, el precio de los bonos subirá y los bancos que compraron deuda podrán revenderla con ganancia pudiendo además retirar los billetes sin respaldo. El peligro de esta operación especulativa está en que los tenedores pueden solicitar la plata, el dinero real, y el banco se encontrará con dificultades de pago.