Enrique Peñaranda

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Enrique Peñaranda del Castillo
Penaranda.jpg
Enrique Peñaranda del Castillo

Presidente de Bolivia
15 de abril de 1940-20 de diciembre de 1943
Predecesor Carlos Quintanilla Quiroga
Sucesor Gualberto Villarroel

Datos personales
Nacimiento 15 de noviembre de 1892
Bandera de Bolivia Larecaja, La Paz, Bolivia
Fallecimiento 22 de diciembre de 1969 (77 años)
Bandera de España Madrid, España
Partido sin partido
Profesión Militar
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Enrique Peñaranda del Castillo (1892 - 1969), fue un militar y político boliviano. Presidente de la República entre los años 1940 - 1943.

Biografía[editar]

Enrique Peñaranda nació[1] en la Hacienda Porobaya del cantón Chuchulaya, provincia Larecaja (Departamento de La Paz), el 15 de noviembre de 1892. Egresó como subteniente del Colegio Militar del Ejército en 1910. En 1921 fue jefe de batallón y ascendió a coronel en 1932.

Como interino a cargo de la 4.ª División, el 19 de junio de 1932, aceptó firmar una "representación" (petición) escrita por Osorio sabiendo que contenía datos falsos para engañar al presidente Daniel Salamanca con vista a mantener la ocupación de la laguna Pitiantuta (Chuquisaca).

Años después intentó justificarse diciendo que lo había hecho debido a la "presión moral sofocante" de sus superiores.

Comenzada la guerra del Chaco comandó el Destacamento Peñaranda fracasando en los diversos intentos para quebrar la resistencia paraguaya en las zonas lindantes con los fortines Yujra y Ramírez y llevar ayuda al cercado fortín Boquerón.

Luego de la caída de Boquerón fue comandante de la 4.ª División dirigiendo la retirada del ejército boliviano hacia Saavedra donde abandonó diversos fortines entre ellos el importante y estratégico fortín Arce.

Fue aclamado como un héroe por romper supuestamente el cerco de Campo Vía, propaganda del gobierno de Daniel Salamanca para distraer la atención de la devastadora derrota en esa batalla y que Peñaranda se cuidó de aclarar. El teniente coronel Toro se adelantó a los ministros que venían a destituir a Kundt y convenció a este para que nombrara como su sucesor a Peñaranda. Así, un regular comandante de División, asumió el cargo de jefe del ejército boliviano en diciembre de 1933 en reemplazo del general boliviano-alemán Hans Kundt.

Careciendo de un punto de vista estratégico propio, y engañoso casi por omisión en sus relaciones civil-militares, Peñaranda era una misteriosa mezcla de «camaradería de rancho» (que le daba acceso a las sugerencias de los subordinados) y de intolerancia cuartelera cuando estaba irritado (complicando así sus relaciones con Salamanca (Dunkerley, 1987, p. 223)

El general Peñaranda continúa siendo el hombre sin carácter ni iniciativa propia. Esta impresión se ha hecho conciencia en el ejército y nadie la disimula.

Presidente Salamanca (Querejazu Calvo, 1981)

Como comandante del ejército, Peñaranda va a chocar continuamente con el anciano y exigente presidente Daniel Salamanca (1931-1934), que desconfiaba de los militares y de su capacidad profesional para lograr la victoria en la guerra. Otro desacuerdo se produjo por la cuestión de los nombramientos y ascensos, pues Peñaranda creía que se trataba de una cuestión interna, puramente militar, mientras que el Presidente insistía en que, constitucionalmente, era parte de sus prerrogativas como Capitán General. Cuando el reciente nombrado general Peñaranda intentó nombrar como jefe de Estado Mayor al coronel David Toro se opusieron algunos jefes militares. Esto motivó una severa advertencia del Salamanca:

"Está usted al borde de una rebelión militar frente al enemigo extranjero. Reflexione bien y deténgase a tiempo [...] Su deber es cumplir la orden que le he reiterado ya cuatro veces y que ahora le reitero por quinta vez".

Presidente Salamanca al general Peñaranda (Dunkerley, 1987, p. 224)

En noviembre de 1934, tras la pérdida de dos poderosas Divisiones en la batalla de El Carmen y la retirada del ejército hacia Villamontes abandonando el poderoso fortín Ballivian, símbolo de la presencia boliviana en el Chaco, Salamanca decidió sustituir a Peñaranda por un nuevo comandante. Esto provocó un golpe de estado encabezado por el propio general Peñaranda, el coronel David Toro y su protegido, el mayor Germán Busch, todos futuros presidentes de Bolivia. Los militares acordaron que el vicepresidente José Luis Tejada asumiera el cargo. Este motin, realizado a pocos kilómetros del enemigo, se conoce como "El corralito de Villamontes".

"Tropas al mando del mayor Germán Bush cercaron el chalet de la casa Staudt donde se había alojado el presidente Salamanca. En medio del mayor aparato de fuerza se apresó al presidente y capitán general del Ejército [...] quien no tenía siquiera una pequeña escolta". (Urioste, 1940, p. 137)

"De todas las revoluciones o golpes de Estado en Bolivia, esta fue una de las más grotescas. Se extrajeron tropas de las trincheras y en plena zona de operaciones, a doce kilómetros del enemigo, los principales jefes hicieron apuntar cañones a la residencia donde se alojaba el envejecido jefe del gobierno, la rodearon de soldados armados con fusiles y ametralladoras, y con actitudes valentonas, incitadas en algunos de ellos por el alcohol libado durante la noche de vigilia, aprisionaron a su víctima y más tarde le exigieron su renuncia. Salamanca firmó el documento casi gozoso de que los militares, a quienes nunca había estimado y a quienes culpaba de los desastres de la guerra, quitasen de sus espaldas una cruz que se le había hecho demasiado pesada y se condenasen a sí mismos ante el juicio de la historia, con un acto que por el lugar y las circunstancias en que se producía tenía las características de una traición a la Patria".

Historiador boliviano Querejazu Calvo (1977, p. 185)
Reunión en Puesto Merino de los comandantes en jefe de ambos ejércitos después del armisticio, 18 de julio de 1935).

Ya antes de finalizar la guerra Peñaranda fue opacado por Toro y Busch, sus más jóvenes e izquierdistas colegas que se hicieron cargo del gobierno (1936-39). Después del suicidio de Busch en 1939, las fuerzas conservadoras se reimpusieron y, temerosas del creciente poder de los nuevos partidos reformistas, comprometidos a desmantelar el orden existente, decidieron unirse en un pacto llamado la Concordancia. La Concordancia proclamó al general Peñaranda como su candidato y este ganó en elecciones fraudulentas. La candidatura comunista del PIR, encabezada por José Antonio Arze, obtuvo un mínimo de votos.

El gobierno de Peñaranda tuvo que hacer frente a grandes dificultades y estuvo marcado por la represión. El Presidente no contaba con una mayoría en el Congreso, y debió enfrentar la desconfianza de muchos miembros de su propia coalición, por no hablar de las fuerzas de la izquierda reformista. Las condiciones económicas continuaron deteriorándose a lo largo de su mandato, lo que provocó una serie de grandes huelgas que, a su vez, llevaron al gobierno a tomar medidas extra-constitucionales para restablecer el orden. La matanza en Catavi de mineros que protestaban contra la firma Patiño Mines, en diciembre de 1942, empañó aun más la administración Peñaranda. En el ámbito internacional, el general se alineó firmemente del lado de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, aceptando misiones militares y ayuda a cambio del apoyo incondicional al esfuerzo aliado: Bolivia entró formalmente en el conflicto después del ataque japonés a Pearl Harbor, en diciembre de 1941, y el gobierno de Peñaranda sostuvo que las huelgas en tiempos de guerra representaban una interrupción inaceptable de la producción boliviana con destino a los Estados Unidos (estos adquirían el estaño, el volframio y la quinina de Bolivia a precios fijos y relativamente favorables).

Sin embargo, la situación interna resultó difícil de controlar, a pesar de la popularidad del gobierno en Washington, y Peñaranda fue derrocado en 1943 por un golpe de Estado dirigido por jóvenes oficiales reformistas del ejército al mando del mayor Gualberto Villarroel.

Durante la gestión de Peñaranda se fundó en Oruro el Colegio Secundario Juan Misael Saracho, se inauguró el local de la Escuela Militar de Irpavi y se creó la Corporación Boliviana de Fomento.

Tras su derrocamiento, Peñaranda partió al exilió y sólo retorno a la caída del gobierno de Villaroel, retirándose a su propiedad de Chuchulaya. Nunca volvió a participar en la política boliviana. Encontrándose en España por razones de salud, falleció en Madrid el 22 de diciembre de 1969.

Referencias[editar]

  1. Mesa José de; Gisbert, Teresa; y Carlos D. Mesa, "Historia De Bolivia," 5.ª edición., pp. 551-573.