Empatía

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La empatía del griego ἐμπαθής ("emocionado") es la capacidad cognitiva de percibir, en un contexto común, lo que otro individuo puede sentir. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra.

El término anglófono fue acuñado en 1909 por Edward B. Titchener en un intento de traducir la palabra alemana "Einfühlungsvermögen", en relación al análisis de Theodor Lipps. Más tarde se volvió a traducir al alemán como "Empathie".[1]

Hipótesis y teorías sobre la empatía[editar]

Dependiendo del enfoque, corriente, o cosmovisión de la que se hable, la empatía, su orígen, y sus causas llegan a interpretarse de formas distintas. Esto tiene relación con las diversas creencias, hipótesis, teorías o especulaciones en torno al tema, algunas de las cuales se citan a continuación.

Historia antigua[editar]

Aristóteles afirmaba que el ser humano era político, esto es, social: vive en familias, clanes, grupos y manadas llamadas aldeas, pueblos, ciudades o naciones, y siente necesidad de juntarse con otros semejantes para poder realizarse como tal.

Teorías modernas[editar]

En la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner se relaciona directamente con la inteligencia interpersonal.

Ciertas corrientes de pensamientos psicológicos[¿quién?] postulan que la mente humana tiene en común sensaciones y sentimientos. La única diferencia entre dos personas es el momento en el que se muestran dichos sentimientos, provocando emociones que motivan a actuar. Que una persona no sienta igual que otra en un momento dado se debe a razones educativas, predisposición genética y condicionantes hormonales, que inducirán a encauzar los estímulos de una forma u otra.[cita requerida] Por eso, infieren que la empatía es posible en un individuo capaz de razonar acerca de sí mismo, evaluar sus sentimientos y razonar acerca de otras personas de forma que no tienda a justificar sus propios deseos. El deseo sería la unidad de degeneración del pensamiento objetivo, y el grado de exactitud estaría desvirtuado, en mayor o menor medida, dependiendo la conocimiento de uno mismo, o lo que es lo mismo, de su inteligencia emocional.[2]

Otras corrientes señalan la existencia de rasgos afines a la empatía en otros animales además de los humanos, como por ejemplo los roedores u otros primates; lo que algunos sugieren como argumento para especular sobre el origen de la empatía por mecanismos neuronales básicos desarrollados a lo largo de la evolución.[3]

En la teoría de juegos y en la vida económica, también parece que la empatía desempeña un papel significativo:

Solamente a través de la imaginación podemos concebir sus sensaciones (sc. los de nuestro hermano) (...) son las impresiones de nuestros propios sentidos y no la de los suyos lo que nuestra imaginación copia.[4]

Adam Smith, 1759.

Incluso expresiones de la psicología popular tales como vergüenza ajena, o su opuesta, la schadenfreude, o incluso el pronombre nos-otros, los nacionales, nuestro pueblo, etcétera, serían imposibles sin tal empatía (es decir, sin la asunción hipotética de la existencia de "personas parecidas a mí"). Parece ser que la capacidad de empatizar no es solamente importante para la observación de una conducta moral o social, sino paralelamente también para experimentar sentimientos como la envidia, el odio, guerras religiosas, etc. La filósofa Edith Stein ha realizado un estudio profundo sobre el problema de la empatía, de un gran rigor filosófico y científico. Su tesis de doctorado, publicada en español y titulada "Sobre el problema de la empatía", trata de la esencia de los actos de empatía en general, así como de la noción de persona que se obtiene a través del análisis de estos actos.

La base neurológica de fenómenos empáticos como el bostezo proviene del área cerebral precuneo, situada en el lóbulo parietal superior. Por otra parte, se ha observado que un determinado tipo de neuronas, las neuronas espejo, solamente se activan cuando el mismo acto que realiza un primate lo efectúa otro que es observado por el primero. De forma análoga, en los humanos se activa la misma área cerebral, en el curso de una emoción, al observar a otra persona en el mismo estado emocional. Se ha verificado también experimentalmente que la empatía es mayor entre personas de idéntico sexo, raza o edad, y que el grado de empatía es muy variable de una persona a otra. Por tanto, la empatía parece ser un importante factor de cohesión social y es una ventaja evolutiva desarrollada por selección natural que se relaciona con los conceptos de adaptación y supervivencia. Esto explicaría, por ejemplo, afecciones como el Síndrome de Estocolmo o el Síndrome de alienación parental. Con frecuencia, los sentimientos de empatía son utilizados por los ejércitos para mecanizar la conducta colectiva de grupos de soldados (el llamado sprit de corps, espíritu de cuerpo militar o corporativismo sociológico), por el cual todos deben responder a la amenaza que sufre solamente uno, incluso a costa de la vida de todo el grupo. Fenómenos humanos como el arte comienzan con una mímesis o imitación. También podría tener un importante papel en el aprendizaje.

Además, parece que esta capacidad, al menos en las personas, es susceptible de desarrollo y aumento: se acrecienta más fácilmente en los que no han padecido problemas afectivos, con padres que se han ocupado de ellos [cita requerida], y que han vivido en un ambiente en el que han sido aceptados y comprendidos, han recibido consuelo cuando lloraban o tenían miedo, y que han visto como se promovía la preocupación por los demás... En definitiva, cuando las necesidades afectivas y emocionales han estado cubiertas desde los primeros años de vida. [cita requerida]

Así pues, la empatía describe la capacidad intelectiva de una persona de vivenciar la manera en que siente otra persona; posteriormente, eso puede llevar a una mejor comprensión de su comportamiento o de su forma de tomar decisiones. Es la habilidad para entender las necesidades, sentimientos y problemas de los demás poniéndose en su lugar, y responder correctamente a sus reacciones emocionales. Como tal es un sentimiento objetivo cuyo desarrollo requiere un cierto tipo de inteligencia. Quienes padecen autismo, síndrome de Asperger o determinadas psicopatías ven muy mermada esta capacidad cognitiva; por el contrario, quienes ejercen un liderazgo altruista suelen caracterizarse por el amplio desarrollo de esta capacidad. Los estudios demuestran que esta capacidad suele darse más a menudo en el género femenino de la especie humana, quizá por el hecho biológico de tener hijos y cuidarlos, aunque no es privativa del mismo.

Las personas con empatía son aquellas capaces de escuchar a los demás y entender sus problemas y motivaciones; por eso, poseen normalmente alto reconocimiento social y popularidad, ya que se anticipan a las necesidades, antes incluso de que sus compañeros sean conscientes de ellas, y saben identificar y aprovechar las oportunidades comunicativas que les ofrecen otras personas. Esta capacidad se extiende entre especies, permitiendo al empático una mejor interacción con los animales; inversamente, algunos animales poseen también esta capacidad, como el delfín. Ciertos animales domésticos que han tenido un largo trato con el hombre, han sido seleccionados a causa de su empatía, facilitando su doma o domesticación. Ha sido demostrado, además, que la sutitución de juguetes por animales facilita los avances cognitivos y el desarrollo de la empatía y las facultades comunicativas en los niños autistas.[5]

Nuevos estudios permiten suponer que existe una relación entre la imitación o simulación del comportamiento y la capacidad de empatizar; incluso en el mundo animal se investiga la capacidad de empatizar como un posible avance en la evolución, al posibilitar relaciones de cooperación o simbiosis. También es frecuente la empatía entre animales, incluso hacia seres vivos de otras especies.[cita requerida]

En profesiones como el trabajo social, la medicina o la enseñanza, donde se requiere mucha empatía, el ejercicio continuado de la misma suele provocar su degradación, el cansancio o desgaste emocional, el síndrome del quemado o síndrome de burn-out. Por otra parte, existen los alexitímicos (personas incapaces de expresar los propios sentimientos y de percibir adecuadamente los de terceros) y los elementos antisociales o psicópatas, quienes guardan poca o ninguna consideración por los sentimientos ajenos y, en muchos casos, suelen manipularlas en su propio beneficio.

Numerosos pensadores han tratado sobre la empatía; entre ellos destacan Edith Stein, Sigmund Freud, Carl Rogers o José Antonio Marina.

Algunos investigadores dedicados al estudio de la empatía infantil han propuesto que esta cualidad, la capacidad de comprender los sentimientos ajenos, es adquirida. “Se ha mostrado que los niños víctimas de abuso no responden con empatía ante la aflicción de otros niños —explica el doctor Mark A. Barnett, profesor de la Universidad Estatal de Kansas en Manhattan, según se cita en el periódico The New York Times—. Tal vez vean a un niño angustiado y no reaccionen, o se acerquen a chillarle o empujarlo.” Por otro lado, agrega que “el niño cuyas necesidades emocionales han sido bien atendidas es más sensible a las emociones ajenas”. El doctor Barnett explica que la empatía pasa de padres a hijos.

Hoffman (1977) estudió el fenómeno y concluyó que la empatía es más relevante en las mujeres que en los varones.[6] Para Díaz-Aguado esto tiene que ver con la educación diferencial de niños y niñas.[7]

Referencias[editar]

Notas
  1. «Empathy». plato.stanford.edu (31 de marzo de 2008). Consultado el 29 de agosto de 2012.
  2. Frith & Blakemore (2004) especulan que la envidia o el odio podrían ser prductos de la capacidad de empatizar.(véase 2004)
  3. Cf. Frans B. M. de Waal, «La empatía en los animales», Mente y Cerebro, 38, 2009, págs. 20-27.
  4. It is by the imagination only that we can form any conception of what are his (sc. our brother's) sensations (...) it is the impressions of our own senses only, not those of his, which our imaginations copy.
  5. Pablo Herreros "El chimpacé que ayudó a hablar por primera vez a un niño autista", en El Mundo, 2-III-2012 http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/01/ciencia/1362145793.html
  6. RETUERTO PASTOR, Ángel: Diferencias en empatía en función de las variables género y edad. En Apuntes de Psicología 2004 Vol 22 No 3 pag 323 - 339 Colegio Oficial de Psicología de Andalucía Occiental y Universidad de Sevilla [1]
  7. DÍAZ-AGUADO, María José: La prevención de la violencia de género desde la eduación.[2]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]