Emirato de Creta

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Iqritish
Emirato de Creta

Simple Labarum.svg

824/827-961

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Capital Chandax
Religión Islam suní
Gobierno Monarquía
Emir
 • Años 820-c. 855 Abu-Hafs Úmar ibn Xuayb al-Bal·lutí
 • 949-961 Abd al-Aziz ibn Shuayb
Período histórico Edad Media
 • Establecido 824/827
 • Exiliados andalusíes llegan a la isla 824-827
 • Reconquista bizantina

El emirato de Creta fue un Estado musulmán que existió en la isla mediterránea de Creta desde finales de los años 820 hasta la reconquista bizantina por parte de Nicéforo II Focas, quien lanzó una gran campaña en su contra entre 960 y 961.

Creta fue conquistada por un grupo de exiliados de al-Ándalus que llegaron a la isla en torno a 824 o en 827-828, donde se establecieron rápidamente como un Estado independiente. Varios intentos bizantinos por recuperar la isla fallaron desastrosamente y el emirato (llamado Iqritish o Iqritiya por los árabes) fue uno de los principales enemigos de Bizancio durante los aproximadamente 135 años de su existencia. Creta dominó las vías marítimas del Mediterráneo oriental y funcionó como una base avanzada y puerto seguro para las flotas corsarias del mundo musulmán que asolaron las costas del mar Egeo controladas por Bizancio. La historia interna del emirato es poco conocida, pero todas las fuentes apuntan a una prosperidad considerable, derivada no solo de la piratería, sino también del intenso comercio y agricultura. El emirato llegó a su fin durante el reinado del bizantino Romano II.

Historia[editar]

Antecedentes[editar]

Creta había sido el blanco de varios ataques desde la primera oleada de conquistas musulmanas de mediados del siglo VII. Sufrió una primera incursión en 654 y nuevamente en 674-675,[1] mientras que diversas partes de la isla fueron temporalmente ocupadas durante el reinado del califa omeya Walid I (r. 705-715).[2] No obstante, la isla nunca fue conquistada y, pese a las incursiones ocasionales en el siglo VIII, se mantuvo firmemente en manos bizantinas;[3] Creta estaba demasiado lejos de las bases navales árabes en el Levante mediterráneo para llevar a cabo una expedición efectiva en su contra.[4]

Conquista de Creta[editar]

En algún momento de la segunda mitad del reinado del emperador bizantino Miguel II (r. 820-828), un grupo de exiliados de al-Ándalus llegó a Creta y comenzó su conquista.[5] Estos exiliados tenían una larga historia de andanzas: eran sobrevivientes de una revuelta fallida contra el emir Alhakén I de Córdoba en 818. Como consecuencia, los ciudadanos del barrio cordobés de al-Rabad fueron exiliados en masa. Algunos se asentaron en Marruecos, pero un grupo que sumaba más de 10 000 individuos se dedicó a la piratería, probablemente junto con otros andalusíes. Algunos de este último grupo, bajo el liderazgo de Umar ibn Hafs ibn Shuayb ibn Isa al Balluti, comúnmente conocido como Abu Hafs, desembarcaron en Alejandría y tomaron el control de la ciudad hasta 827, cuando fueron sitiados y expulsados por el general abasí Abdullah ibn Tahir al-Khurasani.[6] [7] La cronología exacta de su llegada a Creta es incierta. Según las fuentes musulmanas, por lo general, se fecha en 827 o 828, tras la expulsión de los andalusíes de Alejandría;[8] sin embargo, las fuentes bizantinas parecen contradecir esta fecha, al colocar su llegada poco después de la supresión de la gran revuelta de Tomás el Eslavo (821-823). Otras consideraciones sobre el número y la cronología de las campañas bizantinas lanzadas contra los invasores y ensayos prosopográficos de los generales bizantinos han llevado a otros estudiosos, como Vasileios Christides y Christos Makrypoulias, a proponer una fecha más temprana, c. 824.[9]

La flota sarracena parte hacia Creta. Miniatura del manuscrito Madrid Skylitzes.

Bajo los términos de su acuerdo con Ibn Tahir, los andalusíes y sus familias abandonaron Alejandría en 40 barcos. El historiador Warren Treadgold estima que sumaban unas 12 000 personas, de las cuales unas 3000 serían hombres en edad de luchar.[10] Según los historiadores bizantinos, los andalusíes ya estaban familiarizados con Creta, pues la habían asaltado anteriormente. También sostuvieron que el desembarco musulmán fue inicialmente concebido como una incursión y se transformó en un intento de conquista cuando el propio Abu Hafs incendió sus naves; sin embargo, los exiliados andalusíes habían llevado consigo a sus familias, por lo que se trataría de una invención posterior.[8] El lugar de desembarco de los andalusíes tampoco se conoce: algunos académicos consideran que se encontró en la costa norte, bien en la bahía de Suda o bien cerca del lugar donde posteriormente erigieron su ciudad y fortaleza principal, Chandax (en árabe: ربض الخندق‎, rabḍ al-ḫandaq, "Castillo del Foso", la actual Heraclión).[8] [11] Otros piensan que es más probable que llegaran a la costa sur de la isla y que luego se trasladaron al interior y a la costa norte, zonas más densamente pobladas.[12] [13]

Tan pronto como se enteró del desembarco árabe, el emperador Miguel II reaccionó y envió sucesivas expediciones para recuperar la isla; sin embargo, la habilidad de Bizancio para responder efectivamente a dicha incursión se vio limitada por las pérdidas sufridas durante la revuelta de Tomás el Eslavo y, si el desembarco se produjo en 827-828, por el desvío de barcos y hombres para hacer frente a la conquista de Sicilia por los aglabíes tunecinos.[14] La primera expedición, bajo Photeinos, strategos del thema de Anatolia, y Damián, conde del Establo, fue derrotada en una abierta batalla, donde Damián pereció.[15] [16] La siguiente expedición fue enviada un año más tarde y comprendió 70 naves bajo el mando de Cráteros, strategos del thema de los Cibirreotes. En un principio la expedición fue victoriosa, pero los confiados bizantinos fueron luego derrotados en un ataque nocturno. Cráteros logró huir a Cos, pero fue capturado por los árabes y crucificado.[17] [18] Ch. Makrypoulias sugiere que estas campañas deben haber tenido lugar antes que los andalusíes completaran la construcción de Chandax, a donde trasladaron su capital desde Gortina, en el interior de la isla.[19]

Emirato pirata[editar]

La fortaleza veneciana de Heraclión, la capital del emirato, entonces llamada Chandax (Rabd al-Handaq en árabe; castillo del foso), construida tres o cuatro siglos después de la salida de los sarracenos.

Tras haber rechazado los primeros ataques bizantinos, Abu Hafs consolidó lentamente su control sobre toda la isla[18] y se proclamó gobernante. Reconoció la suzeranía del califa abasí, pero en la práctica gobernó como un príncipe independiente de facto.[8] La conquista de la isla tuvo un gran impacto en el equilibrio estratégico de la región, pues alteró el equilibrio del poder naval en el Mediterráneo oriental y desprotegió las costas del Egeo, hasta entonces seguras, que empezaron a ser asoladas por incursiones frecuentes y devastadoras.[20]

Los andalusíes también ocuparon varias de las islas Cícladas durante los primeros años que estuvieron en Creta, pero Miguel II organizó otra expedición de gran envergadura, en la que participó un cuerpo de marina completamente nuevo, los Tessarakontarioi y se usaron nuevos barcos. Comandados por el almirante Orifas, esta flota logró expulsar a los árabes de las islas egeas, pero fracasó en la reconquista de Creta.[21] [22] El sucesor de Miguel II, Teófilo (r. 829-842), envió una embajada al emir de Córdoba Abderramán II, intentando convencerlo para que aunaran esfuerzos contra los exiliados andalusíes, pero el gobernante cordobés se limitó a dar su consentimiento a cualquier acción militar contra sus súbditos rebeldes.[8] En octubre de 829, los cretenses destruyeron una flota imperial a lo largo de Tasos y después se dirigieron al Monte Athos, que quedó devastado.[23] [24] Posteriormente atacaron Lesbos en 837 y las costas del thema de los Tracesios, en el suroeste de Asia Menor, donde destruyeron el centro monástico del Monte Latros, pero sufrieron una dura derrota frente al strategos local Constantino Kontomytes.[8] [25]

Tras la muerte de Teófilo en 842, se tomaron nuevas medidas para enfrentarse a la amenaza cretense. En 843 se creó un nuevo thema marítimo, del mar Egeo, para lidiar más eficazmente con las incursiones sarracenas. Bajo el mando personal del poderoso logoteta y regente Teoctisto, una expedición intentó de nuevo tomar Creta. A pesar de haber llegado a ocupar la mayor parte de la isla, Teoctisto tuvo que abandonar el ejército debido a las intrigas políticas en Constantinopla y las tropas bizantinas acabaron siendo masacradas por los árabes.[26] [27] Haciendo un esfuerzo para debilitar a los sarracenos, en 853 varias flotas bizantinas realizaron diversas operaciones coordinadas en el Mediterráneo oriental, atacando la base naval egipcia de Damieta y capturaron armas destinadas a Creta. A pesar de algunos éxitos bizantinos en los años siguientes, los cretenses retomaron las incursiones a principios de la década de 860, atacado el Peloponeso, las Cícladas y el Monte Athos.[8] [28] En 866, el césar bizantino Bardas reunió una gran fuerza expedicionaria para subyugar Creta, pero su asesinato a manos de Basilio I, solo dos semanas después de la salida de la flota de la capital, supuso el fin de la misión.[29] [30]

El almirante bizantino Nicetas Orifas castiga a los sarracenos cretenses. Ilustración de la crónica Skylitzes de Madrid

A principios de la década de 870, las incursiones cretenses aumentaron de intensidad. Sus fuerzas, muchas veces comandadas por renegados bizantinos, circulaban por el Egeo y más lejos, llegando hasta las costas de Dalmacia. En una ocasión, una flota cretense llegó a entrar en el mar de Mármara, en las proximidades de Constantinopla y atacó Proconeso sin éxito. Fue la primera vez, desde el segundo sitio de Constantinopla en 717-718, que una flota musulmana llegó tan cerca de la capital bizantina. Sin embargo, en 873 y 874 los cretenses sufrieron una serie de duras derrotas frente al nuevo almirante bizantino, Nicetas Orifas. Nicetas hizo muchos prisioneros, que torturó intensamente para vengarse de las incursiones.[8] [31] Estas victorias bizantinas aparentemente condujeron a treguas temporales y, por lo que parece, el emir cretense Saipes (Shuayb I ibn Umar) fue obligado a pagar tributo a Bizancio durante cerca de una década.[32]

Las incursiones fueron retomadas poco después, al unirse a los cretenses flotas sirias y del norte de África.[33] El Peloponeso fue particularmente fustigado por las nuevas incursiones, pero Eubea y las Cícladas también sufrieron bastante. Patmos cayó bajo el control de los cretenses y Naxos fue obligada a pagar tributo.[34] Atenas pudo haber sido ocupada c. 896-902,[3] y en 904 una flota siria comandada por León de Trípoli saqueó Salónica, la mayor ciudad bizantina después de Constantinopla. Los sarracenos de Creta mantuvieron una estrecha cooperación con los sirios, que frecuentemente usaban Creta como base o punto de escala, como fue el caso de León de Trípoli cuando regresó del saqueo de Salónica. En esta ocasión, muchos de los más de 20 000 cautivos hechos en Salónica fueron vendidos u ofrecidos como esclavos en Creta.[34] [35]

En otoño de 911 empezó una expedición de 177 navíos y 43 000 hombres contra Creta, comandada por el almirante Himerio, que fue forzado a retirarse de la isla después de algunos meses de cerco a Chandax. La flota acabó siendo destruida en una batalla naval a lo largo de la isla de Quíos por una flota combinada de cretenses y sirios comandada por León de Trípoli y Damián de Tiro.[34] [36] [37]

Reconquista bizantina[editar]

La reconquista bizantina de Creta. Ilustración de la crónica Skylitzes de Madrid

La piratería cretense alcanzó un nuevo pico en las décadas de 930 y 940, devastando el sur de Grecia, Monte Athos y la costa occidental de Asia Menor. Como resultado, el emperador Constantino VII (r. 913-959) envió una nueva expedición a la isla en 949. Esta fue derrotada por un ataque sorpresa, un fracaso que los cronistas bizantinos describen como resultado de la incompetencia e inexperiencia del comandante, el eunuco Constantino Gongilas.[34] [38] [39] El emperador no desistió y durante los últimos años de su reinado inició la preparación de otra expedición, que fue llevada cabo en el reinado de su sucesor, Romano II, (r. 959-963), que confió el mando al experto general Nicéforo Focas (futuro emperador Nicéforo II). Al frente de una enorme armada y ejército, Focas zarpó en junio o julio de 960, desembarcó en Creta y derrotó a las primeras resistencias musulmanas. Le siguió después un cerco a Chandax, que duró hasta invierno de 961, hasta que la ciudad fue tomada al asalto el 6 de marzo.[34] [40]

La capital del emirato fue saqueada y sus mezquitas y murallas demolidas. Los habitantes fueron asesinados o esclavizados y el último emir de la isla, Abd al-Aziz ibn Shuayb (Kurupas para los bizantinos) y su hijo al-Numan (Anemas) fueron hechos prisioneros y llevados a Constantinopla, donde Nicéforo celebró su triunfo.[34] [41] Creta fue transformada en un thema bizantino y los musulmanes que quedaron fueron convertidos al cristianismo por misioneros como Nicón de Creta. Entre los conversos, se encontraba el príncipe Anemas, que sirvió al ejército bizantino y murió en combate en 971 en la batalla de Dorostolon, (actual Silistra), durante la guerra de 970-971 contra los Rus.[41] [42]

Legado[editar]

Nicéforo II Focas, que comandó la reconquista de Creta antes de convertirse en emperador bizantino.

Se sabe muy poco sobre lo que pasó en Creta durante el dominio árabe, debido a la escasez de registros históricos sobre la historia interna del emirato y a la casi total ausencia de restos arqueológicos de aquel periodo, a excepción del nombre de algunos lugares, que recuerdan la presencia sarracena, posiblemente debido a las destrucciones llevadas a cabo por los bizantinos tras 961.[43] Esto ha influido la perspectiva con la que se estudia el emirato en general: los eruditos se basan sobre todo en registros bizantinos y han presentado el emirato de Creta bajo el punto de vista de los bizantinos, es decir, esencialmente como un «nido de corsarios» y poco más.[44]

El panorama presentado por las pocas y dispersas fuentes del mundo musulmán es, por su parte, bastante diferente: el emirato era un Estado estable con una economía monetaria regular y con vastas relaciones comerciales, existiendo pruebas de que Chandax era un centro cultural de cierta importancia.[45] La existencia de numerosas monedas de oro, plata y cobre, de peso y composición prácticamente constantes, evidencia una economía fuerte y un elevado nivel de vida entre la población.[46] La economía se vio fortalecida por el intenso comercio con el resto del mundo musulmán, especialmente con Egipto, así como por una agricultura próspera. La necesidad de sustentar un Estado independiente y de tener acceso a los mercados del mundo musulmán condujeron a una intensificación de la producción agrícola. Es también posible que el cultivo de caña de azúcar fuera introducido en Creta durante el emirato.[47]

Sobre el destino de los cristianos de la isla tras la conquista musulmana, la postura tradicional es que la mayor parte fue convertida al islam o expulsada.[18] Sin embargo, de las fuentes musulmanas se puede inferir que el cristianismo siguió existiendo en Creta, aunque esas mismas fuentes señalan que los musulmanes, fuesen descendientes de la primera oleada andalusí o emigrantes posteriores, constituían la mayoría de la población.[48] También hay evidencias de facciones rivales en la isla, tanto cristianas como musulmanas. Por ejemplo, Teodosio el Diácono, autor de la poesía épica El saqueo de Creta, relata que los «habitantes de peñascos y cavernas» liderados por su jefe Karamuntes descendieron de las montañas durante el sitio de Nicéforo Focas a Chandax.[49]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. (Treadgold, 1997, pp. 313, 325)
  2. (Canard, 1986, p. 1082)
  3. a b (Miles, 1964, p. 10)
  4. (Treadgold, 1997, p. 378)
  5. (Makrypoulias, 2000, pp. 347–348)
  6. (Canard, 1986, pp. 1082–1083)
  7. (Miles, 1964, pp. 10–11)
  8. a b c d e f g h (Canard, 1986, p. 1083)
  9. (Makrypoulias, 2000, pp. 348–351)
  10. (Treadgold, 1988, pp. 251, 253)
  11. (Treadgold, 1988, p. 253)
  12. (Makrypoulias, 2000, p. 349)
  13. (Miles, 1964, p. 11)
  14. (Treadgold, 1988, pp. 250–253, 259–260)
  15. (Makrypoulias, 2000, pp. 347–348)
  16. (Treadgold, 1988, pp. 253–254)
  17. (Makrypoulias, 2000, pp. 348, 351)
  18. a b c (Treadgold, 1988, p. 254)
  19. (Makrypoulias, 2000, pp. 349–350)
  20. (Makrypoulias, 2000, p. 347, 357)
  21. (Makrypoulias, 2000, p. 348-349, 357)
  22. (Treadgold, 1988, p. 255, 257)
  23. (Miles, 1964, p. 9)
  24. (Treadgold, 1988, p. 268)
  25. (Treadgold, 1988, p. 324-325)
  26. (Makrypoulias, 2000, p. 351)
  27. (Treadgold, 1997, p. 447)
  28. (Treadgold, 1997, p. 451)
  29. (Treadgold, 1997, p. 453)
  30. (Makrypoulias, 2000, p. 351-352)
  31. (Treadgold, 1997, p. 457)
  32. (Canard, 1986, p. 1083–1084)
  33. (Miles, 1964, p. 6-8)
  34. a b c d e f (Canard, 1986, p. 1084)
  35. (Treadgold, 1997, p. 467)
  36. (Makrypoulias, 2000, p. 352-353)
  37. (Treadgold, 1997, p. 470)
  38. (Makrypoulias, 2000, p. 353-356)
  39. (Treadgold, 1997, p. 489)
  40. (Treadgold, 1997, p. 493-495)
  41. a b (Treadgold, 1997, p. 495)
  42. (Canard, 1986, p. 1084–1085)
  43. (Miles, 1964, p. 11, 16-17)
  44. (Canard, 1986, p. 1083)
  45. (Miles, 1964, p. 15-16)
  46. (Christides, 1984, p. 33, 116–122)
  47. (Christides, 1984, p. 116–118)
  48. (Christides, 1984, p. 104-109)
  49. (Miles, 1964, p. 15)

Bibliografía[editar]