Elpidio González

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Elpidio González
Elpidio González
Elpidio González

12 de octubre de 1928-6 de septiembre de 1930
Presidente Hipólito Yrigoyen
Vicepresidente   Enrique Martínez
Predecesor José P. Tamborini
Sucesor Matías Sánchez Sorondo

12 de octubre de 1922-12 de octubre de 1928
Presidente Marcelo T. de Alvear
Predecesor Pelagio Luna
Sucesor Enrique Martínez

Datos personales
Nacimiento 1 de agosto de 1875
Bandera de Argentina Rosario, Argentina
Fallecimiento 18 de octubre de 1951 (76 años)
Bandera de Argentina Buenos Aires, Argentina
Partido Unión Cívica Radical

Elpidio González (Rosario, Santa Fe, 1 de agosto de 1875 - Buenos Aires, 18 de octubre de 1951) fue un político argentino perteneciente a la Unión Cívica Radical, elegido Vicepresidente de la Nación Argentina (1922-1928).

Trayectoria[editar]

Infancia y juventud[editar]

Sus padres fueron Domingo González (coronel del ejército) y Serafina.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en Rosario y posteriormente se mudó a Córdoba con su madre donde cursó estudios universitarios de Derecho en la Universidad Nacional de Córdoba, logró llegar a quinto año pero no se recibió.

Ingresó en la Unión Cívica Radical, fue amigo personal y parte del grupo más cercano a Hipólito Yrigoyen. Participó de la Revolución Radical de 1905, comandó un pelotón revolucionario y fue detenido.

Se recibió de abogado en la Universidad Nacional de La Plata en 1907.

En 1912 fue elegido diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires y en 1916 elegido diputado nacional por la Provincia de Córdoba.

Trayectoria política[editar]

Inicia en la política tempranamente como militante de la Unión Cívica Radical. El primer registro de su actuación data en la revolución radical del 4 de febrero de 1905 cuando intentó derrocar al presidente Manuel Quintana. Fue la primera vez, y no la última, que debió sufrir la pena de prisión.

Electo Hipólito Yrigoyen como presidente de la Nación (1916-1922) se desempeñó como Ministro de Guerra entre 1916 y 1918 y Jefe de Polícía de la Ciudad de Buenos Aires entre 1918 y 1921. En este último año fue elegido presidente de la Unión Cívica Radical.

Con la aprobación de la Ley Sáenz Peña fue candidateado como gobernador de Córdoba, con vistas a las elecciones de 1912, pero rechazó esta propuesta aunque participó activamente en la campaña electoral entablando una relación fluida con Yrigoyen, esta campaña contó con el apoyo del payador Gabino Ezeiza y el cura Gabriel Brochero.

En 1922 fue elegido vicepresidente de la Nación acompañando a Marcelo T. de Alvear (1922-1928), luego de derrotar a la alianza de partidos conservadores llamada Concertación Nacional. Durante este mandato mantuvo un fuerte enfrentamiento con el presidente, como fruto del conflicto entre yrigoyenistas o personalistas y alvearistas o antipersonalistas.

En 1928 durante la segunda presidencia de Hipólito Yrigoyen (1928-1930) fue Ministro del Interior hasta el golpe militar del 6 de septiembre de 1930, que lo encarceló durante dos años.

Rehusó a percibir la pensión que le correspondía como vicepresidente de la nación; para ganarse la vida trabajó como corredor de comercio de la firma de anilinas Colibrí y murió en la absoluta pobreza.[1]

Fallecimiento[editar]

Elpidio González, a principios de 1951 fue operado, estuvo internado seis meses porque no tenía hogar ni quién se encargara de atenderlo.

El 18 de octubre de ese año a las 4:25 falleció acompañado por su ahijado Tito Anchieri, Orozco, Carlos Borzani e Ismael Viñas. Dejo aclarado en su testamento como debía ser sepultado:

"ser enterrado con toda modestia, como corresponde a mi carácter de católico, como hijo del seráfico padre San Francisco, a cuya tercera orden pertenezco, suplico con amor de Dios la limosna del hábito franciscano como mortaja y la plegaria de todos mis hermanos en perdón de mis pecados y en sufragio de mi alma".

El origen de las jubilaciones de privilegio en Argentina[editar]

Después de haber trabajado en política toda su vida y de haber ejercido varios cargos públicos, entre ellos el de Vicepresidente de la Nación Argentina durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear, se retiró de la política y nadie supo más de él.
Cierto tiempo después un diputado en funciones lo vio en las recovas de Once, con una valija, vendiendo betunes, pomadas y cosas afines, por lo que se dijo [a sí mismo]: “no puede ser que alguien que ha dado tanto por la Patria viva en estas condiciones”. Presentó en el Congreso una Ley que permitiera darle al viejo político una vejez decente y así fue aprobada la primera Jubilación de Privilegio.
Pero he aquí lo más sabroso de esta historia: Cuando le fueron a dar la noticia al viejo caudillo, éste la rechazó diciendo: “que mientras tuviera dos manos para trabajar, no necesitaba limosnas”.
Una anécdota en un tranvía[editar]
Cierto domingo de un frío invierno, al mediodía, un anciano, pesándole más los años que el maletín de gastado cuero cargado de betún y anilinas Colibrí para los zapatos con que se ganaba la vida, vistiendo un traje gris, pobre y limpio y la barba, larga pero cuidada, subió a un tranvía.
Después de sacar el boleto se sentó al lado de un señor que venía leyendo un libro.
-“Cantos de vida y esperanza”, un buen libro de Rubén Darío. -le dijo el anciano al pasajero lector, y luego se enfrascó en sus cosas sin prestarle más atención.
El anciano contaba ahora, algunas monedas que había obtenido de la venta del día..
-Y sí, es él, -pensó el lector; ese al que ahora se le caía una moneda de un peso y se levantaba cansinamente a recogerla. Era él, el mismo que decían que vivía en un cuarto de la calle Cerrito que se venía abajo; el mismo que había rechazado una pensión que le correspondía; el amigo de Yrigoyen; el vicepresidente de Alvear... el que tampoco aceptó una casa que el gobierno quiso darle para que viviera como merecía. Sí, era Elpidio González.
El viejo político, con la moneda recuperada en su mano, jadeó un poco. Se había agitado al agacharse a recogerla. Y, como justificándose, dijo a su vecino, al sentarse nuevamente junto a él:
-Si no la uso para limosna, la usaré para comer.
Y en la siguiente parada se alejó hacia la puerta trasera, como un espectro, para irse.
- ¡Oiga, señor González! -le dijo el viajero-, sírvase guardar el libro que le agrada con usted.
Sería un honor para mí que lo aceptara.
El anciano le miró agradecido y, cerrando los ojos, le dijo con convicción y humildad:
-Un funcionario, aunque ya no lo sea, no acepta regalos, hijo. Y, además, recuerdo bien a Darío, mejor que a los precios de las pomadas:
“...y muy siglo diez y ocho, y muy antiguo, y muy moderno; audaz, cosmopolita; con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo, y una sed de ilusiones infinita… ”
Después de recitar su estrofa, tras la parada, el anciano bajó del tranvía y se perdió en la historia, con toda la riqueza de su pobreza -guardada en un maletín viejo, lleno de pomadas, y de unas pocas monedas escurridizas.
Un hombre olvidado, quizás, porque es un espejo en el cual muy pocos -o acaso nadie en la política argentina de hoy- pueda mirarse... ELPIDIO GONZÁLEZ
Lo recordamos, rechazó toda pensión del estado que le correspondiera, y había sido: diputado nacional, ministro de Guerra, jefe de Policía, vicepresidente de la República, ministro del Interior y, finalmente, preso político durante dos años, tras el derrocamiento del gobierno democrático de Yrigoyen, que integraba.
“ Su paso por los altos cargos públicos no había significado para él un enriquecimiento material. Pobre, muy pobre, hizo frente al violento cambio de la fortuna con estoica simplicidad ”.
La Nación (Octubre, 1951)

Referencias[editar]

  1. Diego Barovero (2003). «Elpidio González: el asceta de la política». Consultado el 30 de diciembre de 2009.

Bibliografía[editar]

  • CASTRO, Nelson (2009). La sorprendente historia de los Vicepresidentes Argentinos. Vergara Editor S.A. 
  • LUNA, Félix (1964). Yrigoyen. Buenos Aires: Desarrollo. 
  • GARCIA MASSA, Oscar (2000). «Elpidio González». Historiando Columnas de la historia. [1] consultado el 17-May-2006. 

Véase también[editar]


Los ministros del segundo gobierno de Don Hipólito Yrigoyen:

Enlaces externos[editar]