El zorro de arriba y el zorro de abajo

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El zorro de arriba y el zorro de abajo
de José María Arguedas
Género Novela
Idioma Castellano
Editorial Losada (Buenos Aires)
País Bandera de Perú Perú
Fecha de publicación 1971
Formato Impreso
Serie
Todas las sangres
(1965)
El zorro de arriba y el zorro de abajo
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El zorro de arriba y el zorro de abajo es la sexta y última novela del escritor peruano José María Arguedas publicada póstumamente en 1971. Es una novela trunca, es decir, no culminada, y que se halla intercalada por unos diarios personales e intimistas donde el autor refiere los tormentos que le agobiaban mientras iba escribiendo la novela, para finalmente anunciar su inminente suicidio. Complementan la obra dos cartas y un epílogo. La novela pinta las consecuencias del acelerado proceso de modernización del puerto de Chimbote, motivado por el boom pesquero; hacía allí llegan miles de inmigrantes andinos atraídos por la oportunidad de ganarse la vida en una pujante urbe industrial, y al mismo tiempo asimilarse a la llamada «modernidad», todo lo cual, según la óptica del escritor, trae consecuencias nefastas: la pérdida de la identidad cultural del hombre andino y su degeneración moral al sucumbir ante los vicios de la ciudad, en bares y burdeles.

Contexto[editar]

Según la correspondencia del autor, el proyecto de la novela habría nacido en los primeros meses de 1966. En cartas enviadas al editor español Carlos Barral fechadas en ese año, Arguedas le cuenta sobre un proyecto de novela que versaría sobre los pescadores de anchoveta y sobre la revolución producida por la industria de la harina de pescado en la costa peruana.[1] Por otras fuentes sabemos que originalmente el proyecto novelístico estaba ambientado en el Puerto de Supe, que también vivía el boom pesquero, pero luego fue desplazado por Chimbote, hacía donde Arguedas viajó varias veces para documentarse y hacer entrevistas a pescadores y trabajadores del puerto. Fue a mediados de 1968 cuando se le ocurrió intercalar entre los capítulos de ficción de su novela unos diarios personales, el primero de los cuales redactó los días 10, 11, 13, 15 y 16 de mayo. Este «primer diario» apareció en la revista Amaru y fue lo que desató su polémica con el escritor argentino Julio Cortázar, a raíz de las críticas destempladas que éste hiciera a la literatura regionalista o telúrica.[2] Fue una época difícil para el escritor pues atravesaba una fuerte crisis depresiva, que ya antes lo llevó a un intento de suicidio (en 1966); vivía en una continua lucha contra el insomnio y los dolores en la nuca y en la espalda. Aún así se esforzó en llevar adelante su proyecto de novela y redactó cuatro capítulos (que conforman la primera parte del libro), según cuenta en el segundo y tercer diario que intercala en la obra. El segundo diario está fechado en el Museo de Sitio de Puruchuco, en Lima, febrero de 1969, y el tercer diario en Chile, en mayo del mismo año. En Chile redactó también lo que llamó los «hervores» de la segunda parte del libro, pero después anunció estar psíquicamente incapacitado para continuar. Es entonces cuando preparó su suicidio y adquirió un revólver. En lo que rotuló como el «¿Último diario?» (cuya revisión está fechada en octubre de aquel año) mencionó el balazo que pondría fin a su vida; un mes después cumplió su amenaza (noviembre de 1969). Finalmente se inserta en la obra como epílogo la carta que el escritor envió al editor Gonzalo Losada dando sus últimas disposiciones sobre la publicación de la obra, pese a haber quedado trunca. Se ha dicho con certeza que la muerte del escritor pone fin a la novela.

Explicación del título[editar]

Los zorros a los que hace referencia el singular título de la obra (el de arriba y el de abajo) son personajes mitológicos tomados por el autor de unas leyendas indígenas recopilados a fines del siglo XVI o comienzos del siglo XVII por el doctrinero hispanoperuano don Francisco de Ávila en la provincia de Huarochirí. Estas leyendas escritas en quechua fueron traducidas al castellano y editadas por el mismo Arguedas bajo el título de Dioses y hombres de Huarochirí (1966).

La leyenda de los zorros es la siguiente: en tiempos remotos dos zorros se encontraron en el cerro Latausaco, en Huarochirí (sierra del actual departamento de Lima), junto al cuerpo dormido de Huatyacuri, hijo del dios Pariacaca. El mundo se hallaba dividido en dos regiones, de donde provenía cada zorro:

  • La región de abajo, cerca al mar, estrecho litoral caluroso donde no llueve; y
  • La región de arriba, de montañas y abismos de altura.

Es decir lo que después vino a llamarse respectivamente la costa y la sierra, división tradicional del territorio que hoy conocemos como el Perú. Los zorros se convierten en consejeros de Huatyacuri, quienes le ayudan a vencer los retos que le impone el yerno del dios Tamtañamca, pero a la vez son observadores discretos y algo burlones de todo lo que ocurre.

Según el plan del escritor, estos zorros debían ser los guías o narradores de la historia, como símbolos de cada una de las mitades del Perú y que se reencuentran luego de 2,500 años en lo alto de un cerro de arena a cuyos pies se extiende Chimbote, un puerto que se hallaba entonces en plena efervescencia motivada por el boom pesquero. En efecto, Chimbote está situado en la «región de abajo» y hacía allí llegan miles de inmigrantes provenientes de la sierra o la «región de arriba». Según el plan del lector estos zorros debían entrometerse de vez en cuando en los sucesos narrados para comentarlos y orientarlos. Sin embargo tal plan no se desarrolla a plenitud. Los zorros solo figuran en dos ocasiones con nombre propio, al final del Primer Diario y del capítulo I; otras veces parecen encarnarse en el capítulo III en las figuras de don Ángel Rincón Jaramillo (el zorro de abajo) y don Diego (el zorro de arriba), aunque de manera no muy clara.[3]

Escenario[editar]

El escenario de la novela es el puerto de Chimbote, situado en el departamento de Ancash, costa norte peruana. Hacia 1940 era solo una aldea de pescadores, con algo más de 4,000 habitantes. Desde 1955 tuvo en despegue vertiginoso merced a la industria de la harina y aceite de pescado, productos que por entonces empezaron a tener mucha demanda en los mercados internacionales pues eran insumos básicos en la fabricación de alimentos compuestos para animales. A mediados de la década de 1960 funcionaban en el puerto 40 fábricas y operaban unas 600 bolicheras, algunas implementadas con alta tecnología; para entonces Chimbote tenía 250,000 habitantes y su producción de anchoveta representaba un tercio del total nacional. El boom pesquero atrajo a muchos inmigrantes de diversos partes del Perú, siendo el grupo más significativo el de los serranos o andinos, principalmente de la zona norte del país. La ciudad, cuyo trazo había sido diseñado por Enrique Meiggs, notable ingeniero norteamericano del siglo XIX, pronto desbordó y se construyeron barrios para obreros, como el de la Fundición, pero la marejada humana siguió inundando el puerto. En total surgieron unas 27 barriadas en los médanos y arenales de los contornos de la ciudad. En la novela se menciona la barriada de San Pedro, surgida sobre un gran médano y a la que se subía por un angosto camino trazado por las piaras de burros; más lejos se hallaba la barriada de El Progreso, cerca al antiguo cementerio y en la ruta de la carretera principal, y más alejado todavía la barriada de La Esperanza Baja, ya sobre los arenales.

Época[editar]

La época en que está ambientado el relato es la década de 1960, es decir sincroniza con el tiempo en que fue escrito. Hay una alusión concreta a un año, 1967. El autor solo pudo escribir cuatro capítulos completos que conforman la primera parte, así como lo que llamó los «hervores» de la segunda parte, además de los diarios que intercaló a lo largo de la obra, labor que hizo entre mayo de 1968 y agosto de 1969, para poco después suicidarse disparándose un tiro en la cabeza.

Personajes[editar]

No hay personajes principales.

  • Chaucato, mestizo y veterano, es el patrón de la bolichera «Sansón I» que lleva como tripulantes a diez o más pescadores, con los que se dedica a pescar toneladas de anchovetas destinadas para la industria de fabricación de harina y aceite de pescado. Fue en tiempo pasado patrón de Braschi, quien después se convirtió en magnate de la industria pesquera. Tiene esposa y dos hijos mellizos.
  • El Mudo Chueca, homosexual incestuoso, cuya madre, una prostituta llamada la Muda, hace que sodomice a sus clientes mientras se acuestan con ella. Es contratado como trabajador en la bolichera «Sansón I». Se enemista con el gringo Maxwell, a quien amenaza con cortarle.
  • «El Violinista», trabajador a prueba de la bolichera «Sansón I», era efectivamente músico que interpretaba su arte en una boite de copetineras llamado «El gato negro».
  • Maxe, otro trabajador de la bolichera de Chaucato. Es alto y algo mulato.
  • El negro «Toro Muerto», un patrón de lancha, alto y de voz atropellada.
  • El zambo Mendieta, un patrón de lancha, putañero o frecuentador del prostíbulo de Chimbote.
  • Asto, un pescador de origen andino, que trabaja en la lancha dirigida por el zambo Mendieta y gana buen sueldo. Le dicen despectivamente «serrano» e «indio». Se aficiona con una prostituta del salón rosado, apodada «la Argentina», quien le trata «como a una vizcachita». Rescata a su hermana Florinda del «Corral» (el burdel aledaño, de bajo nivel).
  • «La Argentina», prostituta extranjera del salón rosado del burdel de Chimbote, el de más categoría, donde ocupaba la habitación más espaciosa y mejor amoblada. Era blanca, rubia y de piel suave.
  • Florinda, hermana de Asto, se convierte en conviviente de Antolín Crispín.
  • Antolín Crispín, joven, ciego, serrano, tocador de charango. Vive en el barrio de La Esperanza, junto con Florinda.
  • Tinoco o Tinocucha, serrano, matón y soplón, miembro de la «mafia», organización al servicio de los intereses de Braschi, el patrón mayor. Su jefe inmediato es Pretel El Characato. Su campo de acción es el burdel de Chimbote, donde prostituye a su hermana Felicia y a su esposa Gerania. Embaraza a Paula Melchora, así como a otras prostitutas, quienes le apodan el Asno de verga lani.
  • La Orfa, prostituta del Corral, es cajamarquina, vive en San Pedro y tiene un bebé rubicundo de padre desconocido.
  • Zavala, meditador, lector y pescador, sindicalista enérgico. Se pasea por el prostíbulo acompañado del Tartamudo.
  • Pretel el Characato, uno de los miembros de la mafia.
  • Don Hilario Caullama, indio aymara de Puno, formado en el oficio de la pesca mayor en los puertos del sur. Llega a Chimbote donde logra ser patrón de la lancha pesquera «Moby Dick».
  • Don Ángel Rincón Jaramillo, jefe de planta de la fábrica de harina de pescado «Nautilus Fishing», quien recibe la visita de Don Diego.
  • Don Diego, un estrafalario «hippie incaico», agente de Braschi, el patrón mayor de la industria pesquera. Visita una fábrica de harina de pescado y una residencia de curas norteamericanos en Chimbote.
  • El gringo Maxwell, un norteamericano, ex cuerpo de paz, que viaja por el Perú y termina asimilándose a la cultura andina luego de asistir a una fiesta en una comunidad puneña; desde entonces baila como poseído del espíritu de San Vito y toca charango. En Chimbote se instala en una barriada, se hace albañil fabricante de ladrillos y planea casarse con su vecina Fredesbinda. Se pelea en el burdel con el Mudo, quien jura cortarle el cuello.
  • El loco Moncada, personaje estrambótico, es un zambo locuaz que predica en las plazas públicas disfrazándose para cada ocasión. Sus sermones, entre filosóficos y políticos, ocupan buena parte de la novela. Decía descender del presidente Luis José de Orbegoso y Moncada. Dos episodios muestran su locura: su discurso que da en la esquina de la plaza del mercado principal donde escenifica un extraño retablo, y su participación en la procesión de cruces junto con la gente de las barriadas. En sus períodos de lucidez, trabaja como acarreador de pescado de los botes cortineros a la playa, por lo que recibe buen pago.
  • Gregorio Bazalar, chanchero de San Pedro, dirigente de su barriada. En su casa vive con dos mujeres empleadas, la Esmeralda y la Juana, quienes le ayudan en las tareas del hogar y la crianza de cerdos; las malas lenguas lo acusan de bígamo, aunque él lo niega siempre. Fue elegido presidente de su barriada, haciendo una buena labor.
  • Mansilla, presidente de la barriada de San Pedro, en disputa con Bazalar, quien lo desplaza obteniendo más votos de los vecinos.
  • Esteban de la Cruz, serrano, ex minero de la mina de Cocalón, que llega a Chimbote donde encuentra empleo como vendedor de helados; luego ayuda a su esposa Jesusa en la venta de papas en un puesto del mercado y se compra una máquina de zapatería. Como consecuencia de su antiguo trabajo sus pulmones se encuentran llenos de polvo de carbón de piedra, que empieza a expulsarlos como esputos negros que recoge en hojas de periódico para guardarlos y pesarlos, pues un curandero le asegura que se habrá curado cuando expulse cinco onzas de carbón. Amigo y compadre del loco Moncada. Su esposa se convierte al evangelismo y él mismo recibe influencia de las prédicas evangélicas, aunque no se decide a la conversión. Tiene dos hijos, aun menores.
  • Apasa o «Doble Jeta», pescador aimara, que compra dos chacras pequeñas en el Valle del Santa, que hace trabajar a tres mujeres provenientes también de la sierra, quienes de noche se convierten en sus amantes.
  • El albañil Cecilio Ramírez.
  • El Padre Michael Cardozo, cura norteamericano, de tendencia progresista, que tiene en su despacho un retrato de Che Guevara junto a una representación de Cristo. Habla muy bien el castellano y conoce los problemas de las barriadas.
  • El Padre Hutchinson, cura norteamericano.

Braschi o Banchero[editar]

Los personajes de la novela mencionan constantemente a un tal Braschi, presentado como el patrón mayor de la industria pesquera, admirado por muchos y odiado por otros. Sin duda se inspira en la figura de Luis Banchero Rossi, el famoso industrial peruano cuya audacia y visión hizo posible en el Perú el surgimiento sideral de la industria de la harina y el aceite de pescado, al punto de convertir a su país en la primera potencia pesquera del mundo. En la novela, Braschi es presentado, más que como un explotador económico, como un agente de corrupción moral. A él se debe no solo que Chimbote se convierta en un emporio con fábricas modernas, sino que la ciudad se llene de bares y prostíbulos, operación planeada meticulosamente por Braschi y sus lugartenientes, a fin de que los trabajadores serranos dilapiden todo el dinero ganado en putas y borracheras y de esa manera queden sujetos indefinidamente a ese aberrante sistema. Tiene a su servicio un grupo de matones y soplones, la «mafia», que se encargan de facilitar la consecución de sus intereses. El mismo Braschi encarna en su persona lo más bajo de la depravación moral: es un pederasta pasivo, que se deja sodomizar por el Mudo y por otros pescadores en el prostíbulo de la ciudad, aunque en los días en que está ambientada la novela hacía tiempo que Braschi ya no visitaba Chimbote.[4]

El personaje de la vida real, Banchero, fue asesinado al comenzar el año de 1972, en circunstancias no esclarecidas. Poco después el gobierno militar presidido por el general Juan Velasco Alvarado estatizó la industria pesquera.

Estructura[editar]

La obra consta de dos partes y un epílogo; la primera parte consta de cuatro capítulos, los únicos terminados.

Resumen por capítulos[editar]

PRIMERA PARTE[editar]

PRIMER DIARIO

Fechado en Santiago de Chile, 10 de mayo de 1968, en el primer diario el autor narra una secuencia de su vida que desemboca en su primer intento de suicidio de 1966. Cuenta que contrajo en la infancia una «dolencia psíquica» que hizo crisis en mayo de 1944 (tenía entonces 33 años) y que lo dejó casi cinco años neutralizado para escribir; de esa crisis salió, en parte, gracias a su encuentro con una prostituta, una zamba gorda que le devolvió el amor de vivir. Pero intelectualmente, no se recuperó del todo y a lo largo de esos años solo leyó unos cuantos libros. En abril de 1966 intentó suicidarse, porque se sentía un «enfermo inepto», un simple espectador de los acontecimientos revolucionarios que sacudían al mundo y no soportaba el no poder ser un participante. Pero inmediatamente dice que si volviera a escribir recobraría la sanidad, y que para facilitar ello se enfocaría primero en un tema que en ese momento le obsesionaba, sobre el cómo no pudo matarse, que luego enlazaría con los motivos elegidos para una novela a la que bautiza con el nombre de El Zorro de Arriba y el Zorro de Abajo. En otros diarios (fechados el 11, 13, 15, 16 y 17 de mayo) rememora algunos episodios entre agradables y tormentosos de su infancia y adolescencia, así como hace alusiones a la reciente polémica que tuvo con el escritor argentino Julio Cortázar y a su gran amistad con el escritor mexicano Juan Rulfo.

CAPÍTULO I

Comienza narrando las acciones de Chaucato, patrón de la bolichera «Sansón I», y sus trabajadores pesqueros, entre los que se hallan los apodados «el Mudo» y «el Violinista». El diálogo entre estos personajes es excesivamente vulgar, con jergas e insultos denigrantes, según el uso de los pescadores del puerto de Chimbote. Resaltan los dicterios que recibe el Mudo por su condición de homosexual. Chaucato y sus pescadores acarrean del mar toneladas de anchovetas que luego lo venden a las fábricas para su conversión en harina y aceite de pescado. El dinero que ganan por este trabajo, muy sustancioso, lo dilapidan después en los bares y prostíbulos del puerto. El burdel emblemático de Chimbote se divide en tres secciones: el salón rosado, el salón blanco y el corral, siendo el primero de mayor jerarquía, donde atienden prostitutas extranjeras (como «la Argentina»), y el último el de nivel más bajo, donde se ofrecen mujeres pobres, mayormente de origen andino y selvático. En ese ambiente ocurren grescas entre los visitantes, peleas con las mujeres, encerronas, borracheras, sadomasoquismo, etc. Por ejemplo, el pleito del Mudo con el gringo Maxwell, a quien amenaza degollar con un cuchillo, y la incursión de un cabo de la guardia civil, a quien algunos revoltosos sobornan para evitar ser apresados. Un pescador serrano, Asto, ostentosamente celebra su mejora salarial visitando asiduamente a «la Argentina», la prostituta más cotizada del salón rosado, por ser extranjera, blanca y rubia. En otra escena, tres prostitutas del Corral (entre ellas la Orfa y Paula Melchora) retornan caminando a su barriada, lamentando su situación. El capítulo finaliza mencionándose a Chaucato, quien duerme plácidamente en un cuarto del burdel, mientras que dos prostitutas, la «Flaca» y la «China», se reparten el pago, aunque la última reclama haber hecho sola el «trabajo».

CAPÍTULO II

Este capítulo presenta a un extravagante personaje, el loco Moncada, un zambo que predica en calles y plazas del puerto, utilizando disfraces según la ocasión. Un ejemplo de esas alocuciones o monólogos es el siguiente:

Miren como toreo las perversidades, las pestilencias. Yo soy lunar negro que adorna la cara, el lunar cuando está en la mejilla de la mujer buenamoza o en la frente del hombre es adorno. ¿Quién dice que no?, yo soy lunar de Dios en la tierra, ante la humanidad. Ustedes saben que la policía me ha querido llevar preso, otras veces decían que era gato con uñas largazas, de ladrón. Yo, no niego que soy gato, pero robo la amistad, el corazón Dios, así araño yo... y no es la moneda la que me hace disvariar sino mi estrella...

El loco Moncada, con una pesada cruz al hombro, recorre la ciudad, pasando por el mercado. Al llegar a la vía del ferrocarril encuentra un gallo triturado por un vagón, que recoge y mastica. La gente lo ve dirigirse hacia las barriadas situadas más lejos, en los arenales. Sucedía entonces que las autoridades habían convencido a los pobladores pobres a que enterraran a sus muertos en un nuevo cementerio habilitado en una pampa hondonada situado al otro lado de la barriada de San Pedro. El antiguo cementerio, situado en un médano colindante con la carretera principal, había sido cercado con un muro y en su fachada colocada un gran arco; sería destinado en adelante para la gente pudiente. Los pobladores de las barriadas, instados por sus líderes, organizaron entonces una «procesión de cruces»: arrancaron las cruces de las tumbas de sus muertos (situadas en la parte alta del viejo cementerio) y las trasladaron al nuevo cementerio, haciendo una larga marcha. Nadie comprendía el motivo del loco Moncada para sumarse a esa procesión; la cruz que abandona en la hondonada es recogida por el sacristán-guardián del cementerio, que decide colocarla en lo alto del médano del cementerio. En otra escena, Tinoco llega al barrio de La Esperanza Baja y entra en la casa de Florinda (la hermana de Asto), a quien amenaza para que vuelva al Corral. Aparece Antolín Crispín, el conviviente de Florinda y discute con Tinoco, quien termina por irse, volviendo al puerto. En la parte final se describe la descarga de anchoveta de la bolichera «Sansón I» y la visita de Asto a su hermana, luego de una dura jornada laboral.

SEGUNDO DIARIO

Fechado en el Museo de Puruchuco, Lima, el 13 de febrero de 1969, empieza diciendo que su novela anterior, Todas las sangres, la compuso en dos etapas separadas una de otra por varios años, y que la ha vuelto a leer después de mucho tiempo por obligación. Confiesa también que aún no puede empezar el tercer capítulo de la presente novela, porque no entiende a fondo lo que está pasando en Chimbote y en el mundo. Menciona que la segunda parte de esta obra la escribió sin conocer bien Chimbote. Cuenta sobre su estadía en la ciudad de New York, donde anduvo una semana sin descanso, por la Quinta Avenida, la Calle 42, Greenwich Village, Harlem y Broadway, hasta que una noche tuvo una aventura con una linda negrita a la que conquistó hablándole en quechua. Afirma que no cree conocer bien las ciudades, a pesar de estar escribiendo sobre una de ellas. Cuenta también que va a almorzar a un restaurante de obreros llamado «Miguel Angel», donde la dueña, una señora gorda y buenamoza, hace descuentos a los profesores de la Universidad Nacional Agraria La Molina.

CAPÍTULO III

Comienza describiendo el diálogo entre el jefe de planta de la fábrica de harina de pescado «Nautilus Fishing», don Angel Rincón Jaramillo y un visitante, don Diego, enviado de Braschi. Don Ángel le cuenta los manejos de la industria pesquera, fríamente calculados por Braschi y sus lugartenientes. La idea era enseñar a nadar y a pescar a los serranos, y una vez entrenados en el oficio pagarles cientos y hasta miles de soles y como no sabían manejar tanta plata, lo siguiente era hacerles gastar en borracheras y en putas, y también en hacer que construyeran sus casas propias. Pero algunos serranos no caen fácilmente en ese esquema y sobresalen por méritos propios. Don Ángel reconoce que muchos trabajadores andinos asimilan rápidamente las técnicas de mantenimiento y reparación de las embarcaciones, mejor incluso que los criollos. También menciona las intrigas de los sindicalistas apristas y comunistas, y cómo después de una huelga de trabajadores la industria aumentó el pago salarial a estos, para casi inmediatamente devaluarse la moneda (en 1967), lo que significó que el trabajador empezara a ganar 30% menos de lo que recibía antes de la huelga. Todo lo cual se da a entender como una maquinación malévola de Braschi que conocía con antelación los manejos del poder de turno. Para fines de la década ya la industria iba en declive por lo que se hizo necesario la reducción del personal de trabajadores, pero aun así seguían llegando más serranos a Chimbote. Don Ángel cuenta también que la última vez que Braschi estuvo en Chimbote fue durante la entronización de San Pedro, el patrón de los pescadores, luego de lo cual se despidió con un obsequio alucinante: sus ayudantes acarrearon cien prostitutas ante el regocijo de los trabajadores, que armaron una orgía desenfrenada dentro de la fábrica. Mientras continúa la conversación, don Ángel lleva a don Diego a conocer el proceso de la producción de la harina y aceite de pescado; le muestra todas las maquinarias y le explica su funcionamiento. Finalmente esa noche ambos van a visitar una boite donde se presenta una nudista, apodada «La Caprichosa».

CAPÍTULO IV

Esteban de la Cruz es un inmigrante andino, que vive en una barriada con su esposa Jesusa y sus dos pequeños hijos. Es compadre y amigo del loco Moncada. Su esposa trabaja vendiendo papas en el mercado y él lo ayuda comprando la mercadería en Trujillo. También se compra una máquina para remallar zapatos. En este capítulo aparece en escena en la calle, tosiendo y expulsando esputos muy negros, que recoge en hojas de periódico que luego guarda meticulosamente. Sucedía que en la sierra había trabajado en la mina de carbón Cocalón y a raíz de esa experiencia tenía los pulmones llenos de polvo de carbón. Ya en Chimbote, un día se siente mal de salud y va donde el médico, quien le informa que tenía los días contados pues sus pulmones estaban llenos de carbón. Esteban busca en Chimbote a sus antiguos compañeros de la mina y se entera que todos ya habían muerto, excepto uno, quien ya agonizante le cuenta que el brujo de su pueblo le había dicho que la única manera de curarse era botando el carbón a través de los esputos, hasta que llegaran a pesar por lo menos siete onzas. Esteban, que ya había esputado antes, recobra las esperanzas de vivir y es así como expulsa y recoge sus esputos para pesarlos hasta poder llegar a la cantidad aconsejada; en el momento del relato ya había expulsado 5 onzas. El loco Moncada lo visita y lo alienta a vencer el mal. Mientras que su esposa Jesusa adquiere un puesto en el mercado que paga a plazos, dando como aval la máquina de zapatería de Esteban. El capítulo finaliza con Esteban trabajando en su máquina, muy entusiasmado, pese a que las fuerzas se le iban a medida que pasaban los días.

TERCER DIARIO

El primer diario de esta entrega está fechado en Santiago de Chile, el 18 de mayo de 1969, y refiere su viaje a la ciudad de Arequipa y a la de Moquegua. En Arequipa estuvo doce días, donde escribe las quince páginas finales del tercer capítulo de la novela; menciona además a un pino gigante que ese elevaba en un patio colonial y cuya voz afirma poder escuchar. En el diario del 20 de mayo, refiere que fue invitado por Nelson Osorio a Valparaíso, Chile. Allí se hospeda en la casa de Nelson y en la de Pedro Lastra, ambiente intelectual donde logra reanimarse. Concluye el capítulo IV de la novela. Asiste a varias sesiones académicas en la Universidad de Valparaíso. Retorna al Perú. Menciona su polémica con Julio Cortázar y alude a la visita que un día le hizo Mario Vargas Llosa. Finalmente, en el diario del día 28 de mayo, dice que tras un segundo retorno de Chile cree haber encontrado la «técnica» para la Segunda Parte de la obra, y asegura haber ya escrito los tres primeros «hervores» de la misma: Chaucato con «Mantequilla», don Hilario con «Doble Jeta» y la Decisión de Maxwell.

SEGUNDA PARTE[editar]

Comienza con el diálogo entre Chaucato y «Mantequilla». Chaucato vivía con su mujer y sus dos hijos mellizos en un barrio residencial de Chimbote; «Mantequilla» le encuentra recostado en su sillón, viendo la televisión y le cuenta que Braschi pretende quitarle su lancha, a lo que Chaucato responde que si eso ocurriera él se defendería hasta con dinamita. El siguiente diálogo es entre «Doble Jeta» y don Hilario Caullama, ambos pescadores de Chimbote naturales de Puno (aunque «Doble Jeta» alternaba con la agricultura y se había comprado dos chacras pequeña en el valle del Santa que hacía trabajar a mujeres peones que a la vez oficiaban de amantes). Similar al anterior diálogo, «Doble Jeta» le avisa a su paisano que Braschi le iba a quitar su lancha «Moby Dick» y no volvería a conseguir trabajo como patrón de lancha. Todo ello era represalia de Braschi contra aquellos que se habían involucrado en los líos sindicalistas. Luego se narra la vida de don Gregorio Bazalar, chanchero de San Pedro que llega a ser presidente de su barriada, luego que un grupo de 200 vecinos lo eligiera en desmedro de Mansilla, el anterior presidente, acusado de tener poca representatividad. En su casa Bazalar cría cerdos, tarea en la que le ayudan dos mujeres jóvenes, la Juana y la Esmeralda, de quienes la gente cree que son sus concubinas, pero él lo niega siempre, y dice que una es su sobrina y la otra una recogida. El resto del capítulo refiere al diálogo que sostienen el padre Cardozo, el padre Hutchinson (ambos norteamericanos), el chanchero Bazalar, el albañil Cecilio Ramírez (estos dos representantes de las barriadas) y el gringo Maxwell. Cada uno de ellos habla sobre la vida cotidiana de trabajo, sus familias, las penurias económicas de los que viven en las barriadas de Chimbote. El padre Cardozo era el sacerdote principal de todas las barriadas, y era conocedor de la vida de subsistencia de sus pobladores, además había estado en Cuzco, Puno y otros lugares en donde venían muchos inmigrantes. El diálogo se desarrolla en la residencia de curas del barrio de La Esperanza, en la oficina del padre Cardozo, donde había dos láminas grandes que representaban una a Cristo y otra al Che Guevara, y sobre este último gira en parte la conversación pues en el fondo todos ellos eran simpatizantes de la revolución.

¿ÚLTIMO DIARIO?

Está conformado por trozos seleccionados y corregidos en Lima, el 28 de octubre. El primero está fechado en Santiago de Chile, el 20 de agosto de 1969. Aquí el escritor anuncia que no podrá culminar la novela y hace un breve repaso sobre los personajes de la obra, contando cómo habría sido la suerte final de cada uno de ellos. Luego de decir que ha luchado inútilmente contra la muerte, anuncia su inminente partida:

Despidan en mi un tiempo del Perú, cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias.

Por último en el diario del 22 de octubre, el autor hace alusión al balazo que acabaría con su vida. Un mes después el escritor se disparó un tiro en la cabeza. Se puede decir que esta obra José María Arguedas la terminó con su vida.

EPÍLOGO

Es una carta dirigida por el autor a don Gonzalo Losada, el editor de Buenos Aires, y está fechada en Santiago de Chile, el 29 de agosto de 1969. Trata sobre las últimas disposiciones sobre la publicación de la obra, la que consiente pese a estar inconclusa; uno de sus pedidos es que se inserte como prólogo el discurso que pronunció cuando ganó el premio Inca Garcilaso de la Vega (el famoso discurso donde dice «No soy un aculturado»), último deseo que no fue cumplido por los editores de la obra.

Análisis[editar]

En la novela los fragmentos novelescos, que narran la imposición del orden capitalista y se focalizan en Chimbote, alternan con páginas aisladas del diario personal, autobiográfico, del autor. En él se expresa la decisión de suicidarse, se narran los preparativos de ese acto terrible y se formula lo que pudiera ser el testamento de Arguedas. Sería demasiado parcial interpretar la efectiva realización de ese hecho atroz fuera de sus condicionamientos psicológicos íntimos, pero, respetando su inmancillable intimidad, es evidente que en cierto sentido la decisión del suicidio es correlativa a la comprobación de que el mundo no será como se soñó en Todas las sangres. Para José María Arguedas la vida era un acto de participación en el proceso histórico y la historia un camino de perfección; por esto, cuando comprueba que es imposible participar en el caos y que la historia desobedece a los imperativos morales del hombre, decide quitarse la vida. No es capaz de existir en un mundo que niega lo mejor del hombre. Paradójicamente, pese al sentido trágico que expresan los fragmentos novelescos y los diarios, en El zorro de arriba y el zorro de abajo se encuentran afirmaciones de esperanza.

Arguedas imagina que su frustración corresponde al límite de un mundo y que inmediatamente detrás se construye la realidad tal como él la deseaba. Es sólo un acto de fe.[5]

Mensaje[editar]

La obra es un fresco elocuente y crudo de las consecuencias negativas que conlleva la modernidad y el desmedido afán de lucro. El indio inmigrante, al llegar a la ciudad, sucumbe a la presión del entorno y va perdiendo paulatinamente su identidad cultural; sus hijos se «acriollan» y adquieren otras costumbres; pero tal vez lo más grave sea la degeneración moral del hombre andino que cae en los vicios urbanos cuyos santuarios son los bares y burdeles del puerto. De otro lado, la industrialización, símbolo por antonomasia de la modernidad, tiene consecuencias catastróficas en el medio ambiente: la pesca indiscriminada y la contaminación que producen las fábricas disloca el equilibrio natural; por ejemplo las aves marinas agonizan tristemente de inanición al perder su alimento que es absorbido por el monstruo llamado industria pesquera. Los alcatraces o cochos deambulan desesperadamente por el puerto, buscando alimento en los basurales y son víctimas fáciles de los hombres y los perros. Una humareda densa se eleva desde las chimeneas de las fábricas y las fundiciones, y un hedor domina toda la ciudad, todo lo cual da el marco conveniente a una ciudad caída en la degeneración física y moral.

Referencias[editar]

  1. Vargas Llosa 1996, p. 282.
  2. Vargas Llosa 1996, pp. 285-286.
  3. Vargas Llosa 1996, pp. 296-298.
  4. Vargas Llosa 1996, p. 317-318.
  5. Antonio Cornejo Polar, pp. 132-133

Bibliografía[editar]

  • Arguedas, José María Arguedas: El zorro de arriba y el zorro de abajo. ALLCA XX/Ediciones UNESCO, Colección Archivos, 14. Madrid, 1990. Edición crítica coordinada por Éve-Marie Fell.
  • Cornejo Polar, Antonio: Historia de la literatura del Perú republicano. Incluida en «Historia del Perú», Tomo VIII. Perú Republicano. Lima, Editorial Mejía Baca, 1980.
  • Sánchez, Luis Alberto: La literatura peruana. Derrotero para una historia cultural del Perú, tomo V. Cuarta edición y definitiva. Lima, P. L. Villanueva Editor, 1975.
  • Vargas Llosa, Mario: La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. Fondo de Cultura Económica. México, 1996. ISBN 968-16-4862-5

Enlaces externos[editar]