El tres de mayo de 1808 en Madrid

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El tres de mayo de 1808 en Madrid o Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío

El cuadro está pintado con pocos detalles, se llega directamente al tema. Emplea una luz casi natural.
Información
Pintor Francisco de Goya
Año 1813-1814
Estilo artístico Romanticismo
Técnica pictórica Óleo sobre lienzo
Longitud 268 cm
Anchura 347 cm
Localización Museo del Prado
Madrid, Bandera de España España
Y no hay remedio lámina 15 de Los desastres de la guerra, h. 1810-1812. Se prefiguran elementos de El tres de mayo de 1808.
Y no hay remedio lámina 15 de Los desastres de la guerra, h. 1810-1812. Se prefiguran elementos de El tres de mayo de 1808.[1]

El tres de mayo de 1808 en Madrid o Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío[2] (conocido más popularmente como Los fusilamientos del tres de mayo) es un cuadro del pintor aragonés Francisco de Goya, realizado entre 1813 y 1814, que se conserva en el Museo del Prado, Madrid, España. En él, Goya intenta plasmar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa en el marco del Levantamiento del dos de mayo, al inicio de la Guerra de la Independencia Española. Tiene su pareja en El dos de mayo de 1808 en Madrid o La carga de los mamelucos. Ambos cuadros son de la misma época y corriente artística. Pudieron haber sido encargados por el regente don Luis María de Borbón y Vallabriga antes de la llegada de Fernando VII, e incluso se dice que adornaron un arco del triunfo dedicado al monarca. Asimismo fueron encargados por el gobierno provisional de España en 1813, a sugerencia de Goya. Su intención queda plasmada en una carta autógrafa del aragonés:

«... perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa».
apud Glendinning (1993), pág. 107.[3]

La pintura es oscura, muestra imágenes fuertes y crea el arquetipo del horror, aprovechado más tarde por Goya en Los desastres de la guerra. Tiene también un claro tinte de nueva generación, que rompe con las costumbres pictóricas impuestas por el cristianismo. No tiene ningún precedente en las pinturas de guerra, y es reconocida como una de las primeras pinturas contemporánea. «Es la primer pintura que puede llamarse grande y revolucionaria en toda la extensión de la palabra, en su temática, en su género, en su intención», escribió sobre el cuadro el historiador del arte Kenneth Clark.[4]

El tres de mayo de 1808 ha inspirado numerosos cuadros que se han visto influenciados por esta obra. Entre ellos se cuenta El fusilamiento de Maximiliano, de Édouard Manet y otras obras de éste. También Pablo Picasso se inspiró en esta obra de Goya para Guernica.

En la década de 1850 el pintor José Madrazo —entonces director del Prado— puso en duda la autoría goyesca de este cuadro, ya que, según él, «el cuadro es de calidad muy inferior a otros retratos del maestro Goya». Décadas después, durante el apogeo del impresionismo y del romanticismo, adquiere fama mundial. La obra fue trasladada a Valencia en 1937, para evitar daños durante la Guerra Civil. Sufrió daños al caer de un camión, pero fue restaurado. Aunque se paliaron estos daños, los resabios aún son visibles en el lateral inferior izquierdo. Nuevas restauraciones le han devuelto el tono oscuro original.

Tabla de contenidos

[editar] Contexto histórico

El dos de mayo de 1808 en Madrid fue terminado de pintar dos meses antes que su pareja, El tres de mayo de 1808. Ambos cuadros revelan la lucha del pueblo español contra Francia, y la subsecuente ejecución de castigo.
El dos de mayo de 1808 en Madrid fue terminado de pintar dos meses antes que su pareja, El tres de mayo de 1808. Ambos cuadros revelan la lucha del pueblo español contra Francia, y la subsecuente ejecución de castigo.

Napoleón Bonaparte se autoproclamó cónsul de la Primera República Francesa el 18 de febrero de 1799, y en 1804 el Papa Pío VII le coronó emperador. España controlaba el acceso al Mar Mediterráneo, por lo que era un punto crucial que los franceses debían dominar cuanto antes. Carlos IV era el rey español, un hombre abúlico y desinteresado por las tareas de gobierno. María Luisa de Parma, reina consorte, y su supuesto amante, Manuel Godoy, eran quienes manejaban el reino. Napoleón tomó ventaja de la situación y propuso a Carlos IV conquistar Portugal y repartirlo entre ambas naciones.[5] El Príncipe de la Paz —como se conocía a Godoy— aceptó gustoso y permitió a las tropas francesas penetrar en territorio español. Sin embargo, las verdaderas intenciones del emperador eran otras: a la sazón debía conquistar España y Portugal simultáneamente, y permitiría que su hermano José Bonaparte se hiciese con el gobierno de ambos reinos. Pero la medida de Godoy y de los reyes desató descontento en varias esferas de la sociedad española, las cuales se vieron acaudilladas por Fernando de Borbón y Borbón-Parma, príncipe de Asturias y heredero a la corona, totalmente enemigo de Godoy. Fernando entendió claramente que era un plan de los franceses para hacerse con el reino, y llegó a pensar en asesinar a Godoy e incluso a sus padres, para tomar él el poder y sacar cuanto antes a las tropas de Napoleón.[5]

El primer ministro español durante la Guerra de Independencia, Manuel Godoy. Príncipe de la Paz y Duque de Alcudia.
El primer ministro español durante la Guerra de Independencia, Manuel Godoy. Príncipe de la Paz y Duque de Alcudia.

Más de 20.000 soldados franceses entraron a España en noviembre de 1807, con la misión de reforzar al ejército hispano para atacar Portugal. Los españoles no opusieron resistencia y permitieron su libre tránsito.[6] Hacia febrero de 1808, los verdaderos planes de Napoleón comenzaron a saberse y hubo pequeños brotes de inconformidad en varias partes de España, como Zaragoza.[7] Joaquín Murat, comandante del ejército galicano, creía que España reaccionaría mejor bajo el mando de José Bonaparte, hermano de Napoleón, que gobernada por Carlos IV o por su hijo Fernando. Así lo expresó al emperador en una carta del 1 de marzo de 1808.[8] En marzo, el pueblo estalla y, dirigido por Fernando y su camarilla, arma el Motín de Aranjuez, destituye a Godoy y le obliga a salir del país, propiciando la abdicación de Carlos IV. Napoleón captura al nuevo rey, Fernando VII, y también a su padre. Fueron llevados presos a Bayona, donde Fernando abdica en su padre. quien cede la corona española al emperador. Éste, a su vez, la traspasa a su hermano José, quien es, desde el 6 de junio de 1808, José I de España.

El pueblo español había aceptado gobernantes extranjeros en el pasado —a los Borbón en 1700, en la persona de Felipe de Anjou—, pero estaba vez no estaba dispuesto a permitir una ocupación francesa. El 2 de mayo, el gobierno invasor decretó la salida de los últimos miembros de la familia real, entre ellos el infante Francisco de Paula de Borbón, benjamín de los reyes. Al percatarse de ello, el cerrajero Blas Molina arengó al pueblo, diciendo: «¡Traición! ¡Nos han quitado a nuestro rey y quieren llevarse a todos los miembros de la familia real! ¡Muerte a los franceses!», detonando así el levantamiento. Murat escribió sobre ello a José Bonaparte: «el pueblo de Madrid se ha levantado en armas, dándose al saqueo y a la barbarie. Corrieron ríos de sangre francesa. El ejército demanda venganza. Todos los saqueadores han sido arrestados y, con las armas en la mano, serán fusilados».[9] Goya conmemora el levantamiento en La carga de los mamelucos, donde un grupo de mamelucos franceses a caballo pelean contra el pueblo sublevado en la Puerta del Sol, escenario de varias horas de fiero combate.[8] Muchos de los rebeldes fueron reprimidos, arrestados y fusilados en las localidades cercanas a Madrid en los días siguientes, hecho que representa El tres de mayo de 1808. La oposición española persistió durante los siguientes cinco años, en una guerra de guerrillas.[8] Las fuerzas militares siguieron en pie de guerra, y poco después se aliaron con portugueses y británicos, todos bajo el mando de Arthur Wellesly, duque de Wellington, que combatió por primera vez en Portugal hacia agosto de 1808. En el tiempo en que la pintura fue concebida, el pueblo español había convertido a los sublevados en sinónimo de patriotismo y heroísmo.[10]

Yo lo vi, lámina 44 de Los desastres de la guerra, h. 1810-1812.
Yo lo vi, lámina 44 de Los desastres de la guerra, h. 1810-1812.

Como otros españoles liberales, Goya mantenía una difícil situación ante la invasión francesa, puesto que apoyó las ideas de la Revolución Francesa y esperaba que España sufriese cambios similares. Compartía esta visión con otros amigos intelectuales como Juan Meléndez Valdés y Leandro Fernández de Moratín, quienes eran llamados «afrancesados», término usado por mucha gente para referirse a los supuestos partidarios de José Bonaparte.[11] El autorretrato de Goya, realizado en 1798, fue regalado al embajador francés Ferdinand Guillemardet, quien profesaba al aragonés una gran admiración.[12] [13] Para mantener su puesto de pintor de cámara, Goya debe servir a José I, a pesar de que siempre ha sentido un desprecio por la autoridad y llega a degradarla en sus retratos.[14] [15] [16] Mientras tanto, atestigua cómo sus compatriotas pelean ante los franceses, lo que a la postre motivará algunas de sus obras.[17] Durante los años de la guerra se limita la producción artística de Goya, pues no tenía imaginación para pensar. Sin embargo, crea El coloso —que está basado en los horrores de la invasión y en La profecía del Pirineo, poesía de Juan Bautista Arriaza—, al mismo tiempo que se inspira para Los desastres de la guerra.[12]

En febrero de 1814 los franceses son expulsados de España y Goya aprovecha para proponer al gobierno provisional realizar una pintura que pudiese «perpetuar por medio del pincel las más notables y heroicas acciones o escenas de nuestra gloriosa insurrección contra el tirano de Europa».[18] Su propuesta es aceptada y Goya comienza a trabajar en El tres de mayo. A pesar de no conocerse a ciencia cierta si presenció o no los levantamientos y la subsecuente represión,[12] han existido muchos intentos de probar que así fue.[19]

[editar] El cuadro

[editar] Descripción

Autorretrato de Goya en 1815. El gesto del pintor revela su desencanto ante los sucesos de España, principalmente por la guerra. En ese ambiente se genera El tres de mayo de 1808 en Madrid.
Autorretrato de Goya en 1815. El gesto del pintor revela su desencanto ante los sucesos de España, principalmente por la guerra. En ese ambiente se genera El tres de mayo de 1808 en Madrid.

La escena plasmada en El tres de mayo de 1808 ocurre en las primeras horas de la madrugada del día siguiente al levantamiento, esto es, el 3 de mayo de 1808,[20] y se centra en dos grupos de hombres: uno que ya ha sido fusilado, y otro que espera su ejecución. De acuerdo a Clark, las víctimas y los verdugos se enfrentan a través de un estrecho espacio: «Una pincelada del genio ha contrastado las actitudes de los soldados y el objetivo irregular de sus rifles».[21] Una lámpara en el suelo provee de luz a todo el cuadro. Pero la mayor iluminación cae en el grupo de muertos situados a la izquierda, especialmente en el fraile que reza arrodillado.[22] A la derecha y al centro del óleo se encuentran otros condenados esperando recibir los disparos de los franceses.[23] La figura central consiste en un hombre arrodillado y aparentemente ensangrentado, con los brazos abiertos, lo que puede indicar desafío o actitud de oración.[24] Tiene un tono amarillo, lo que evoca la luz de la lámpara.

A la derecha se yergue también el conjunto de soldados, sumidos en la sombra y que forman, aparentemente, un conjunto monolítico. Vistos desde la distancia, las bayonetas, los uniformes y las demás armas se vuelven implacables e inmutables. La mayoría de los rostros no son visibles, pero una de las víctimas reacciona con horror al mirar a los guardias. Esta escena, en particular, dota de dramatismo a la obra, especialmente si se observa desde la distancia. En el fondo hay una multitud con antorchas, posiblemente sean soldados o simples curiosos.[25]

Probablemente, tanto La carga de los mamelucos como El tres de mayo de 1808 fueron concebidas como parte de una serie mayor.[26] Varios comentarios establecen que Goya pintó cuatro óleos para conmemorar los sucesos de mayo de 1808 en Madrid: los dos conocidos actualmente —La carga de los mamelucos y El tres de mayo de 1808—, y dos más que se han perdido. José Caveda, académico de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, escribió, en 1867, un informe en el que mencionaba dos pinturas alusivas al Dos de Mayo y Cristóbal Ferriz —coleccionista y estudioso del arte goyesco—, menciona que las dos pinturas tocaban temas similares: uno sobre el asalto al Palacio de Oriente y otro relativo a la defensa de la artillería española.[26] Los estudios contemporáneos afirman que la desaparición de las dos últimas pinturas de la serie puede indicar que el gobierno no estuvo de acuerdo con la representación de la revuelta popular.[26]

[editar] Los desastres de la guerra

Artículo principal: Los desastres de la guerra
No se puede mirar, lámina 26 de Los desastres de la guerra, c.1810-1812.
No se puede mirar, lámina 26 de Los desastres de la guerra, c.1810-1812.

Los desastres de la guerra es una serie de grabados hechos por Goya entre 1810 y 1815. Con la técnica al aguafuerte, el aragonés plasma las vivencias del pueblo español en la guerra. El álbum de bocetos fue regalado por Goya a un amigo, y actualmente se exhibe en el Museo Británico. En él se encuentran muchos dibujos preparatorios, que permiten datar los grabados.[27] Posiblemente hayan sido bocetos para otro cuadro relativo a la guerra, especialmente dedicado a los Sitios de Zaragoza, pero que el inicio de la Década Ominosa frustró por completo.[28] No se puede mirar es una composición que alude claramente a la participación femenina en la guerra. Una mujer tiene sus manos en actitud de orar mientras un grupo de soldados acecha, pero esta vez no son visibles. Es una escena similar a El tres de mayo de 1808, ya que Goya solía repetir modelos en sus grabados —una muestra de su libertad en la creación artística—.[29] [30]

Y no hay remedio es otro de los primeros grabados, producido en el más crudo momento de la guerra y en que la creación artística de Goya llegó a un momento negro y desesperanzador. Se aprecia cómo un condenado es llevado al garrote vil por defender a la nación de los franceses.[31]

[editar] Iconografía e invención

La libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, 1830. Ejemplo de arte revolucionario, del cual Goya fue pionero con El dos y el tres de mayo de 1808.
La libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, 1830. Ejemplo de arte revolucionario, del cual Goya fue pionero con El dos y el tres de mayo de 1808.[32]

La pintura ha provocado reacciones divergentes al ser estudiada. Por un lado, se le considera una de las mejores piezas en el ámbito de la pintura de historia, pero la poco heroica descripción del levantamiento hace que muchos no la consideren apropiada para representar el heroísmo español en la guerra. Además, en el punto de vista de algunos escritores como Richard Schickel, el cuadro tiene deficiencias técnicas y presenta a los soldados en ángulos muy estrechos, lo que, según él, dista de ser realista. Schickel cree asimismo que Goya no deseaba el reconocimiento académico por estas obras, sino más bien reforzar el impacto de la guerra en la conciencia del pueblo español.

El tres de mayo se ha convertido en influencia para numerosas obras de arte, pero su atractivo principal consiste en el manejo de la pintura, alejándose de las convenciones hasta entonces establecidas.[33] El romanticismo tomó las obras goyescas como ejemplo, pues estaban influidas por la injusticia, la guerra y la muerte, ideal predilecto de los románticos.[34] Así, Théodore Géricault y La balsa de la medusa (1818-1819) y La libertad guiando al pueblo, de Eugène Delacroix, son ejemplos del romanticismo pictórico que tuvo su inspiración en el aragonés.[32]

Detalle de la mano derecha de una de las víctimas. Muestra un estigma, similar a los que Cristo sufrió en su Pasión.
Detalle de la mano derecha de una de las víctimas. Muestra un estigma, similar a los que Cristo sufrió en su Pasión.[35]

El cuadro tiene la temática y la estructura basado en el martirio, tradicional en el arte cristiano, lo que se ejemplifica en el dramático uso del claroscuro, yuxtapuesto a la inevitable ejecución.[36] En este cuadro se observa una fuerte influencia de los trabajos religiosos de José de Ribera, en los que las víctimas son finalmente ejecutadas, y así reciben la «corona del martirio».[37]

En El tres de mayo, el hombre con los brazos abiertos en el punto central tiene un aire similar a la crucifixión de Cristo, y una pose que también evoca a Cristo en su oración en el Monte de los Olivos —véase Cristo en el huerto de los olivos de Caravaggio o Cristo en el monte de los olivos de Goya—.[38] La figura central de nuevo emite un estigma,[36] y la linterna situada al centro ha sido siempre un atributo tradicional de los soldados que prendieron a Jesús.[39] No sólo las referencias a la crucifixión son las únicas que hay sobre el catolicismo. Los principales colores que se muestran son el amarillo y el blanco, símbolos heráldicos del Papa.[38] Pero en El tres de mayo no persiste el ideal de salvación cristiana, sino que se muestra la muerte como algo inevitable.

Giovanni Battista Tiepolo pintó en 1722 El martirio de San Bartolomé, que es una escena tradicional del martirio. Goya tomó inspiración de obras violentas para El tres de mayo.
Giovanni Battista Tiepolo pintó en 1722 El martirio de San Bartolomé, que es una escena tradicional del martirio. Goya tomó inspiración de obras violentas para El tres de mayo.

La linterna es un recurso de iluminación surgido en los inicios del Barroco y perfeccionado por Caravaggio.[40] Tradicionalmente es usada como una metáfora de la presencia divina. La iluminación por antorcha o candelabro también tiene connotaciones religiosas, pero en El tres de mayo no manifiestan intención de milagro. Por el contrario, el pelotón de fusilamiento se mueve en penumbras. Quizá Goya pretende dar a entender con esto una forma de martirizar aún más a los presos.[40]

La víctima, como la presenta Goya, es anónima al igual que sus asesinos. Su ruego a Dios no es tradicional, y al verse desoído, se deja morir a manos de los franceses. No se le concede el heroísmo de salvarse, pero sí el del martirio individual. Debajo de él hay un sangriento y desfigurado cadáver, y otros prisioneros que pronto correrán su misma suerte. Según Licht, para Goya el martirio individual no tiene sentido, por lo que crea toda una ejecución en masa.[38] [41]

Esta manera de pintar retratos colectivos tiene un precedente en el arte occidental.[41] Pero siempre se presentaba como una víctima asesinada en solitario. El tres de mayo da una visión menos catártica, al crear una procesión de condenados que mueren uno tras otro. El resultado es un grupo de hombres muertos, en que lo sublime se deja atrás y no hay margen para la resurrección.[42] El objetivo de ello es crear en el espectador un sentido de muerte en que el patriotismo está ante todo.[41]

Finalmente, Goya no hace ningún esfuerzo por suavizar su composición, pues cree que sujeto y sufrimiento son indivisibles.[43] La pincelada no es agraciada, los colores son sangrientos y únicamente se limitan a la oscuridad.[44] Así, Goya logra una de sus composiciones más fuertes y llenas de dramatismo, superadas únicamente por sus Pinturas Negras.[43]

[editar] Destino

La familia de Carlos IV, por Goya, 1800-1801. El aragonés realizó muchos retratos de la familia real española, especialmente de Carlos IV y Fernando VII. Pero El tres de mayo de 1808 no fue considerado por la reina consorte Isabel de Braganza, como «tema adecuado» para la colección real.
La familia de Carlos IV, por Goya, 1800-1801. El aragonés realizó muchos retratos de la familia real española, especialmente de Carlos IV y Fernando VII. Pero El tres de mayo de 1808 no fue considerado por la reina consorte Isabel de Braganza, como «tema adecuado» para la colección real.

A pesar de que tuvo buena acogida entre el pueblo, no se conocen más datos de su primera exposición, dada la preferencia de Fernando VII por el arte neoclásico. Además, las revueltas populares idealizadas no era algo muy agradable para los recién restaurados Borbones, ya que veían en peligro su continuidad en el trono. Prueba de ello es la retirada de un monumento a los caídos en la guerra, ordenado por el rey, para evitar oposición a su gobierno. Poco tiempo después, Vicente López Portaña es nombrado primer pintor de la corte, en sustitución de Goya. Así, el maestro aragonés puede recrear pinturas sin encargos oficiales.[45] [46]

La pintura permaneció entre treinta y cuarenta años sin ser exhibida, desde que pasó al Prado.[47] Théophile Gautier visitó el Prado en 1845 y ya la menciona, y en 1858 obtiene su título actual: El tres de mayo de 1808 en Madrid.

En 1867, Charle Yriarte consideró que la obra merecía una exposición hecha únicamente para ésta y El dos de mayo.[26] En 1872 ya aparece en los catálogos del Prado con el título Escena del tres de mayo de 1808.[26] ambas pinturas han salido únicamente una vez del museo, en 1937, durante el transcurso de la Guerra Civil Española. Sufrieron algunos daños,[48] pero éstos han sido paliados entre 2007 y 2008, con ocasión del bicentenario del levantamiento.[49]

[editar] Fuentes en el arte

El juramento de los Horacios. de Jacques-Louis David, 1784. Es considerada fuente de inspiración para algunos elementos de El tres de mayo.
El juramento de los Horacios. de Jacques-Louis David, 1784. Es considerada fuente de inspiración para algunos elementos de El tres de mayo.

Se cree que una de las fuentes de inspiración para El tres de mayo fueron las imágenes producto de la imaginación popular. Los fusilamientos fueron representados muy seguido en la iconografía española de la Guerra de Independencia,[50] Miguel Gambrino realizó en 1813 Asesinato de cinco monjes en Valencia, un grabado sobre madera que se conserva en la Biblioteca Nacional, donde Napoleón y sus tropas son vistos como el Anticristo. Tal vez pudo inspirar a Goya.[51] [52] Este grabado tiene demasiadas similitudes con El tres de mayo, especialmente en la postura que adoptan los monjes, similar a la de Cristo, al ser fusilados. Incluso se dice que Gambrino se dejó influenciar por esta obra, mas el grabador no incluye el sentido de la iluminación pictórica.[53]

Las obras de Rubens, en especial La matanza de los inocentes (1611), posiblemente influenciaron a Goya.
Las obras de Rubens, en especial La matanza de los inocentes (1611), posiblemente influenciaron a Goya.[54]

La composición geométrica del cuadro puede ser un irónico homenaje al francés Jacques-Louis David y a su cuadro de 1784, El juramento de los Horacios. En él, los jóvenes Horacios juran la bandera romana, y tienen un aire similar a los fusilados en El tres de mayo. El gesto de quien toma el juramento recuerda y evoca a los franceses ejecutando a los guerrilleros. David pertenece a la corriente del neoclasicismo, lo cual Goya aprovecha para matizar y dotar de crueldad a sus figuras en El dos y el tres de mayo de 1808 en Madrid, puesto que La carga de los mamelucos también está influenciada por el arte neoclásico de David.[55] Goya también pudo tener un precedente en La capitulación de Madrid, el 4 de diciembre de 1808, de Antoine-Jean Gros.[56]

Peter Paul Rubens (1577-1640), pintor holandés afincado muchos años en España, puede ser otro de los artistas que influyó a Goya en sus composiciones. Especialmente, La masacre de los inocentes y Los horrores de la guerra —realizadas entre 1638 y la muerte del holandés—, presentan rasgos parecidos a las obras de Goya realizadas a partir de 1793. Esta teoría es reforzada por el parecido de Saturno devorando a un hijo, parte de las Pinturas Negras de Goya (1819-1823), con el Saturno de Rubens. Éste fue hecho para la Torre de la Parada, entre 1634 y 1636, y se supone que en estrecha colaboración con Diego Velázquez. Clark considera que las escena de la batalla entre madrileños y mamelucos acaecida el 2 de mayo de 1808 y más tarde retratada por Goya, está influenciada por el arte de Rubens.[54] Asimismo, en 1796 el aragonés realizó un dibujo preparatorio para un Saturno, muy similar al de Rubens pero que finalmente no llegó a realizarse.


[editar] Legado

La ejecución del emperador Maximiliano (1868-1869), representa el fusilamiento de Maximiliano I de México, el 19 de junio de 1867. La temática de Manet y la técnica empleada, recuerdan a El tres de mayo.
La ejecución del emperador Maximiliano (1868-1869), representa el fusilamiento de Maximiliano I de México, el 19 de junio de 1867. La temática de Manet y la técnica empleada, recuerdan a El tres de mayo.

Uno de los primeros cuadros que se vieron influenciados por El tres de mayo de 1808 es La ejecución de Maximiliano, de Édouard Manet,[57] pintado entre 1867 y 1869, a base de fotografías tomadas el día de la ejecución del emperador. Manet pudo haberse inspirado en la obra de Goya, la que visitó en 1865 en el Prado y meses más tarde en una exposición en el Museo del Louvre.[58] También pudo haber visto una copia de El tres de mayo, en un libro sobre Goya, hacia 1866.[59] Arthur Danto, crítico de arte, compara la obra de Goya con la de Manet así:

«El tres de mayo muestra un fusilamiento en el marco de la Guerra de Independencia Española, cuando los franceses invadieron España y raptaron a la familia real. Los galos eran impopulares en la península, y también en México. Fue en éste país donde los insurrectos les dieron una fiera batalla en la que finalmente triunfó la república. El cuadro de Goya es una ejecución de civiles, que estaba destinada a despertar el odio hacia los franceses en España. En resumen, la pintura del aragonés fue concebida como un episodio nacionalista».[60]

Otro de los cuadros inspirados en El tres de mayo es el Guernica, de Pablo Picasso, y que representa el bombardeo a tal ciudad durante la Guerra Civil Española.[61] En 2006, con la colaboración del Museo Reina Sofía —donde se encuentra Guernica—, el Prado presentó una exposición que mostraba en la misma sala El tres de mayo de 1808 en Madrid, El fusilamiento de Maximiliano y Guernica.[62] En ese cuarto también se exhibió La masacre de Corea, otro cuadro de Picasso que fue pintado durante la Guerra de Corea—es otro cuadro que tiene rasgos de El tres de mayo—. Los combatientes en esa escena pueden tratarse de los soldados del Ejército de Estados Unidos o de las fuerzas de las Naciones Unidas.

Aldous Huxley escribió en 1957 un ensayo comparando la obra de Rubens con la de Goya, y al referirse a El tres de mayo, afirmó: «Es una composición propia de Goya, donde el dramatismo y la intensidad son la mejor manera de reflejar una escena tan cruda».

Clark vuelve a remarcar la importancia de El tres de mayo en la historia del arte, con estas intensas palabras, propias de su autor:

«En el arte de Goya no debemos pensar en el estudio ni el artista en su trabajo. Sólo debemos pensar en la obra. Ello no implica que El tres de mayo sea algún tipo de periodismo superior, es más bien el registro de un incidente con un ángulo de efecto inmediato. Me avergüenza decir que una vez pensé eso, pero al estudiar esta extraordinaria obra de Goya, reconozco que estaba errado».[63]

[editar] Véase también

[editar] Referencias

  1. Bareau, pp. 48 y 50.
  2. Prado, p. 141. El título oficial con el que es exhibido es: Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 en la Montaña del Príncipe Pío, Madrid. Véase Príncipe Pío para el monte.
  3. Francisco de Goya en :L. Cirlot (dir.), Museo del Prado II, Col. «Museos del Mundo», Tomo 7, Espasa, 2007. ISBN 978-84-674-3810-9, pp. 86-87
  4. Clark, p. 130.
  5. a b Connell, pp 146.
  6. Baines, Edward. History of the Wars of the French Revolution. Philadelphia: McCarty and Davis, 1835. p.65 (en inglés)
  7. Connell, pp.145-148. (en inglés)
  8. a b c Licht, p.109 (en inglés).
  9. Cowans, Jon. «La España moderna, su historia documentada». Universidad de Pensilvania, mayo de 2003. ISBN 0-8122-1846-9
  10. Murray, Christopher John. «El tres de mayo de 1808», en Enciclopedia del Romanticismo, 1760-1850. Taylor and Francis, 2004. pp. 1133 y 1134. ISBN 1-57958-422-5.
  11. Bareau, p.45
  12. a b c Licht, p.111.
  13. Guillemardet fue a España como embajador, y se convirtió en el primer extranjero retratado por Goya. Más tarde, adquiere una copia de Los caprichos, que exhibe en París. Así se convirtieron en fuente de influencia para pintores como Eugène Delacroix y todo el movimiento del romanticismo. Heras, p.73.
  14. Glendinning (1993), págs. 44-48
  15. Bozal (2005), vol. 1, págs. 107 y 148-149.
  16. Clark, p.129.
  17. El pintor vive los estragos de la guerra, y lo plasma en sus Desastres de la guerra. Es especialmente crudo el número 15, Yo lo vi.
  18. Clark, p.126.
  19. Connell, pp.153-157. En esa época el aragonés vivía en una casa ubicada en la esquina de la Puerta del Sol. Es entonces cuando Antonio de Trueba supone que presenció los eventos de mayo de 1808. Esto se lo contó, supuestamente, Isidoro, jardinero de Goya, que afirma haber acompañado al pintor durante la noche de la masacre a observar los cuerpos de los ejecutados.
  20. Hagen, Rose-Marie and Hagen, Rainer. «What Great Paintings Say». Taschen, 28 de febrero de 2003. p.363. ISBN 3-8228-2100-4
  21. Clark, p.127.
  22. Esto concuerda con el deseo de Murat de tomar como víctimas a miembros de clases bajas y religiosos, para hacer escarmentar al pueblo español. Boime, p.297.
  23. Lo cual sugiere que Goya representa en desorden a las víctimas, pues sólo desea conmemorarlas y no crear un excesivo patriotismo que pudiere hacer sombra a Fernando VII.
  24. Licht, p. 116.
  25. Licht, p. 117.
  26. a b c d e Tomlinson, p. 139.
  27. En el álbum había dibujos preliminares de los grabados, y detalles sobre la numeración de cada uno de ellos. Por ejemplo Yo lo vi está numerado como 49, pero en la entrega final tuvo el número 15. También ofrece datos sobre el tipo de papel utilizado. En principio el maestro de Fuendetodos usó papel importado de los Países Bajos, pero al agotarse debió emplear papel español. Ver Bareau, p. 50
  28. Bareau, pp.49 y 50.
  29. Stoichita, p.37.
  30. Spivey, pp. 193–195.
  31. Bareau, pp.48-50.
  32. a b Licht, p. 124.
  33. Connell, pp.158-159.
  34. Licht, p. 117.
  35. Licht, p.121.
  36. a b Licht, p.121.
  37. Licht, p.118.
  38. a b c Licht, p.121.
  39. En los cuadros posteriores al siglo XII se refuerza la representación de los romanos —que portan una linterna— arrestando a Jesús y Pedro intentado frustrar sus planes con una espada.
  40. a b Licht, p.119.
  41. a b c Licht, p.122.
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  48. Prado, p.140.
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[editar] Bibliografía utilizada

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