El divino Narciso (auto)

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Primera parte de Inundación castálida, obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz (Madrid, 1689).

El divino Narciso es el más conocido, original y perfecto de los autos sacramentales de Sor Juana Inés de la Cruz.[1] Fue publicado en 1689.[2] A ella antecede una loa.

En la época que fue compuesto El divino Narciso, el auto sacramental estaba muy mal valorado en el ambiente literario de Hispanoamérica, aunque los autos de Pedro Calderón de la Barca fueron muy bien acogidos. De acuerdo a la gran mayoría de la crítica, Sor Juana es quien perfecciona el auto sacramental y crea los mejores exponentes del género.[3] En El divino Narciso Sor Juana usa un conjunto lírico-dramático para dar vida a los personajes creados. El divino Narciso, personificación de Jesucristo, vive enamorado de Su Imagen, y a partir de ese planteamiento se narra toda la historia. Marcelino Menéndez y Pelayo, Julio Jiménez Rueda y Amado Nervo han coincidido en que El divino Narciso es el más logrado de los autos sorjuanescos.

Alude al tema de la conquista de América y a las tradiciones de los pueblos nativos del continente, aunque este tema no era popular en la literatura de su tiempo. Sor Juana se aprovecha de un rito azteca, representado por un tocotín,[4] en honor a Huitzilopochtli para introducir la veneración a la Eucaristía y ligar las creencias precolombinas con el catolicismo hispánico. Es una de las obras pioneras en representar la conversión colectiva al cristianismo, pues el teatro europeo estaba acostumbrado a representar solo la conversión individual.[5]

La obra cuenta con la participación de personajes mitológicos, alegóricos y en menor medida bíblicos. Naturaleza Humana, la protagonista, dialoga con Sinagoga y Gentilidad, y se enfrenta a Eco y Soberbia. Al mismo tiempo Narciso, el divino pastor hijo de la ninfa Liríope y del río Cefiso, personifica la belleza de la juventud.[6]

Análisis[editar]

En El divino Narciso se presenta al mundo precortesiano como enigmático y misterioso, lleno de tradiciones en principio incomprensibles para los novohispanos de la época.[7] Sor Juana siente simpatía e incluso aprecio por ellos, pues, contrario a la costumbre de la literatura colonial, no representa a los indígenas como seres irracionales y salvajes.[8]

La redención de la humanidad es el móvil más importante de la obra. El divino Narciso es Dios mismo, que busca a a la ovejuela descarriada a fin de llevarla a su rebaño y en el camino encuentra a cada una de las naturalezas humanas. Ello entraña un intento por mostrar la esencia del catolicismo de una manera simple, lo que consigue de una manera magistral.[9]

El pensamiento político del auto corresponde a un proyecto de integración política, más que a un intento de evangelización.[10] En algunas partes Sor Juana denuncia el maltrato que los indígenas sufren a manos de los españoles, por lo que de cierta forma señala que los fundadores de Nueva España fueron los frailes y no los conquistadores. Esta representación de América es única en la literatura colonial hispanoamericana.[11]

Muchos pasajes de El divino Narciso, sobre todo las intervenciones del pastor, recuerdan la obra de San Juan de la Cruz y de Fray Luis de León, dos de los más importantes escritores místicos de la literatura española del siglo XVI.[12]

El título de este auto sacramental alude a El divino Orfeo, de Pedro Calderón de la Barca, quien es, muy probablemente, el escritor que más influenció la obra dramática de Sor Juana Inés de la Cruz.[13]

Para Sor Juana los autos sacramentales son el remedio diabólico de la Eucaristía cristiana, preocupación que aparece ya en los primeros cronistas de la Conquista, en quienes la monja pudo haber tenido su fuente.[14] A la vez, Sor Juana muestra cómo la dulzura de la Religión, caritativa dama española, contrasta ante la firmeza de su marido el Celo, sospechosamente parecido a los conquistadores.[15] El drama sorjuanesco de las querellas maritales tiene su antecedente, otra vez, en Calderón de la Barca.[16]


El divino Narciso

Primera parte de Inundación castálida, obras completas de Sor Juana Inés de la Cruz (Madrid, 1689). El divino Narciso es el más conocido, original y perfecto de los autos sacramentales de Sor Juana Inés de la Cruz. Fue publicado en 1689. A ella antecede una loa.

En la época que fue compuesto El divino Narciso, el auto sacramental estaba muy mal valorado en el ambiente literario de Hispanoamérica, aunque los autos de Pedro Calderón de la Barca fueron muy bien acogidos. De acuerdo a la gran mayoría de la crítica, Sor Juana es quien perfecciona el auto sacramental y crea los mejores exponentes del género. En El divino Narciso Sor Juana usa un conjunto lírico-dramático para dar vida a los personajes creados. El divino Narciso, personificación de Jesucristo, vive enamorado de Su Imagen, y a partir de ese planteamiento se narra toda la historia. Marcelino Menéndez y Pelayo, Julio Jiménez Rueda y Amado Nervo han coincidido en que El divino Narciso es el más logrado de los autos sorjuanescos.

Alude al tema de la conquista de América y a las tradiciones de los pueblos nativos del continente, aunque este tema no era popular en la literatura de su tiempo. Sor Juana se aprovecha de un rito azteca, representado por un tocotín, en honor a Huitzilopochtli para introducir la veneración a la Eucaristía y ligar las creencias precolombinas con el catolicismo hispánico. Es una de las obras pioneras en representar la conversión colectiva al cristianismo, pues el teatro europeo estaba acostumbrado a representar solo la conversión individual.

La obra cuenta con la participación de personajes mitológicos, alegóricos y en menor medida bíblicos. Naturaleza Humana, la protagonista, dialoga con Sinagoga y Gentilidad, y se enfrenta a Eco y Soberbia. Al mismo tiempo Narciso, el divino pastor hijo de la ninfa Liríope y del río Cefiso, personifica la belleza de la juventud.

En El divino Narciso se presenta al mundo precortesiano como enigmático y misterioso, lleno de tradiciones en principio incomprensibles para los novohispanos de la época. Sor Juana siente simpatía e incluso aprecio por ellos, pues, contrario a la costumbre de la literatura colonial, no representa a los indígenas como seres irracionales y salvajes.

La redención de la humanidad es el móvil más importante de la obra. El divino Narciso es Dios mismo, que busca a a la ovejuela descarriada a fin de llevarla a su rebaño y en el camino encuentra a cada una de las naturalezas humanas. Ello entraña un intento por mostrar la esencia del catolicismo de una manera simple, lo que consigue de una manera magistral.

El pensamiento político del auto corresponde a un proyecto de integración política, más que a un intento de evangelización.10 En algunas partes Sor Juana denuncia el maltrato que los indígenas sufren a manos de los españoles, por lo que de cierta forma señala que los fundadores de Nueva España fueron los frailes y no los conquistadores. Esta representación de América es única en la literatura colonial hispanoamericana.

Muchos pasajes de El divino Narciso, sobre todo las intervenciones del pastor, recuerdan la obra de San Juan de la Cruz y de Fray Luis de León, dos de los más importantes escritores místicos de la literatura española del siglo XVI.

El título de este auto sacramental alude a El divino Orfeo, de Pedro Calderón de la Barca, quien es, muy probablemente, el escritor que más influenció la obra dramática de Sor Juana Inés de la Cruz.

Para Sor Juana los autos sacramentales son el remedio diabólico de la Eucaristía cristiana, preocupación que aparece ya en los primeros cronistas de la Conquista, en quienes la monja pudo haber tenido su fuente. A la vez, Sor Juana muestra cómo la dulzura de la Religión, caritativa dama española, contrasta ante la firmeza de su marido el Celo, sospechosamente parecido a los conquistadores. El drama sorjuanesco de las querellas maritales tiene su antecedente, otra vez, en Calderón de la Barca.

Referencias[editar]

  1. Sor Juana Inés de la Cruz. Obra selecta, ed. lit. Margo Glantz, México, Fundación Biblioteca Ayacuch, 1994, pág. 575.
  2. Horacio Jorge Becco, Poesía colonial hispanoamericana, México, Fundación Biblioteca Ayacuch, 1990, pág. 275.
  3. Méndez Plancarte, loc. cit.
  4. Ignacio Arellano, El teatro en la Hispanoamérica colonial, Madrid, Iberoamericana, 2008, pág. 102.
  5. Beatriz Garza Cuarón, Historia de la literatura mexicana, desde sus orígines hasta nuestros días, vol. 2, México: Siglo XXI, 1996.
  6. Sor Juana Inés de la Cruz, El divino Narciso, México, Red, 2006, pág. 9.
  7. Chávez, pág. 155.
  8. Chávez, pág. 157.
  9. Chávez, págs. 158-169.
  10. Arellano, op. cit., pág. 102.
  11. José Pascual Buxó, Permanencia y destino de la literatura novohispana: historia y crítica, México, UNAM, 2006.
  12. Antonio Caso, Conferencias del Ateneo de la Juventud, México, UNAM, 2000, pág. 86.
  13. Sor Juana Inés de la Cruz, The answer: including a selection of poems, ed. lit. Amanda Powell, Roma, Electa, 1974, pág. 15.
  14. Glantz, Margo, Ensayos sobre literatura colonial, México, Fondo de Cultura Económica, 2006, págs. 472 y ss.
  15. Verónica Grossi, Sigilosos v(u)elos epistemológicos en Sor Juana Inés de la Cruz, Madrid, Iberoamericana, 2007.
  16. Aída Beaupied, Narciso hermético, Liverpool, University Press, 1997.

Bibliografía[editar]

  • CHÁVEZ, Ezequiel, Sor Juana Inés de la Cruz: ensayo de psicología, México, Porrúa, 1970, págs. 148-151. ISBN 970-07-2619-9,
  • MÉNDEZ PLANCARTE, Alfonso, Autos y loas, tomo III de las Obras completas, México, Fondo de Cultura Económica, 1955, págs. LXXIII-LXXIX. ISBN 968-16-4511-1.