El dilema de la habitación hermética y el foco de luz

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El dilema de la habitación hermética y el foco de luz es una aparente paradoja de la física clásica planteada por diferentes físicos desde el siglo XVI, aunque la identidad de su autor es desconocida. Lo que en principio era un mero acertijo sin fundamento teórico, ha encontrado en la física cuántica una posible solución.

Planteamiento del dilema[editar]

El texto varía según las fuentes, pero siempre gira en torno a una idea fundamental. El objeto de estudio es una habitación cúbica de paredes de hierro completamente hermética y sellada, tal que nada pueda entrar ni salir. Se debe suponer que en la habitación sólo hay dos hombres, una vela y un encendedor, ya que la habitación está a oscuras. Sin embargo, tras comprobar cada uno de los hombres en la oscuridad que tienen un compañero de cuarto, uno de ellos enciende la vela y se encuentra a solas en la habitación.

Este problema no tienen solución posible en la física clásica. Ningún objeto puede atravesar la materia ni desaparecer espontáneamente, por lo que fue considerado como un acertijo para niños hasta los albores del siglo XX.

Postulados de física cuántica[editar]

El profundo análisis de las fuerzas que gobiernan la materia y la energía (gravitacional, electromagnética, nuclear fuerte y nuclear débil) a lo largo del pasado siglo ha arrojado una posible solución al acertijo, impensable antes del año 1905, cuando fue publicada la Teoría de la Relatividad. Una de las consecuencias de la relatividad son las ondas gravitacionales, que pueden ser producidas por sucesos tan improbables como la colisión de dos agujeros negros. Las ondas gravitacionales se desplazan a la velocidad de la luz y acarrean una distorsión en la morfología del espacio-tiempo en su radio de acción, sin que ningún aparato de medición que las sufra pueda detectarlas. Si se supone la habitación cúbica golpeada por las ondas gravitacionales, ninguno de los hombres podría apreciarlas, pero tanto ellos como la misma habitación se retorcerían sobre sí mismos. Los cálculos demuestran que una fuerza gravitatoria de 8,05 Newton es suficiente para distorsionar las ondas gravitacionales hacia el centro de la fuerza, creando una asimetría en el continuo espacio-tiempo. Finalmente, un campo magnético de al menos 0,0034 Gauss puede orientar todos los dipolos de un material paramagnético bajo la influencia de las ondas gravitacionales, alterando profundamente su estructura molecular. En un caso extremo, como el de un campo magnético de 0,3 Gauss, las ondas gravitacionales distorsionadas por el campo gravitatorio podrían abrir un agujero de gusano de duración de milésimas de segundo en la superfecie del material paramagnético, conectado en su extremo con la otra superficie del material.

Solución del problema[editar]

La comunión de todos estos factores podría permitir que uno solo de los dos hombres de la habitación "atravesara" literalmente la pared de la habitación hacia el exterior, sin dejar rastro tras la extinción de las ondas gravitacionales y sus efectos. No obstante, la probabilidad de que dos agujeros negros colisionen es ínfima, y ni siquiera se tiene noticia de que haya llegado a ocurrir en la Historia del Universo. Recientes experimentos en el acelerador de partículas de Oxford preluden la posibilidad de generar ondas gravitacionales artificiales haciendo colisionar mini-agujeros negros de dimensiones atómicas, pero es tan sólo un postulado teórico.

Véase también[editar]

Bibliografía[editar]

Michael Clarke. El gran libro de las paradojas: De la A a la Z. Londres. Routledge, 2002.

Enlaces externos[editar]