El delincuente, el vaso de leche y otros cuentos

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El delincuente, el vaso de leche y otros cuentos
Autor Manuel Rojas
Género Cuentos
Idioma español
Artista de la cubierta Marta Carrasco
Editorial Zig-Zag
País Flag of Chile.svg Chile
Fecha de publicación 2003
Páginas 159
ISBN 956-12-1271-4

El delincuente, el vaso de leche y otros cuentos es una antología de nueve cuentos del escritor chileno Manuel Rojas.

Introducción[editar]

Estos son las novelas de Manuel Rojas y que han sido muy populares las monjas mandan latigo ps!

Capítulos[editar]

El delincuente: la historia comienza en un conventillo, en la cual el protagonista de esta, el maestro Garrido, relata vivir en la primera habitación del lugar justo al lado de la entrada y observar después de su jornada laboral a la gente que ingresaba y salía, dándose cuenta de como les ha ido, y entre otros detalles más, de acuerdo a Garrido.

Un día sábado por la medianoche, el maestro detecta a dos sospechosos a la entrada del conventillo: un sujeto en estado de ebriedad y otro con apariencia de pillo, por lo que decide llevarlos a la comisaría junto con su vecino el maestro Sánchez, ya que necesitaría ayuda por el largo trayecto del viaje, tomando en cuenta que el lugar queda a ocho cuadras a pie y no tenían medio de transporte. Sin embargo, Garrido y compañía de una manera muy curiosa ríen y conversan, por lo que se dio cuenta de lo absurdo la situación, después de que su vecino el maestro Sánchez dijera de forma bastante dura al borracho: "Camina animal". Finalmente al momento de dejar a los sospechosos en el lugar de justicia, ambos maestros marcharon tristes a sus hogares.

El vaso de leche: un joven desertor de un vapor de origen inglés procedente de Punta Arenas, quedó a su suerte en un lugar desconocido, en el que llevaba mendigando durante seis días en muelles y puertos. En su antigua tripulación, estuvo sólo un mes allí, en donde ayudaba a un austríaco pescador de centollas y posteriormente se embarcó ocultamente en un barco que iba hacía el norte, pudiendo comer y vivir bien, en donde por desgracia para él, lo delataron y desembarcaron, pensando que era un infiltrado.

Tras otro pequeño tiempo deambulando por las calles de la localización "desconocida" mencionada, el joven entró en una cafetería vacía en donde solo atendía la dueña del lugar y con éxito logró que ella se compadeciese de él, dándole una porción de vainillas y un tazón de leche; después de la acción, este se hechó a llorar con desesperación, recibiendo más de una caricia de parte de la dueña, quien lo consuela con la dulzura de un amor maternal y le deja servida la misma porción anterior. Finalmente el hombre se despide agradecido de la mujer y se retira del recinto.

Un mendigo: durante un soleado día de Invierno color tafetán, un tipo llamado Lucas Ramírez fue dado de alta del hospital. Aquel sujeto solo en la ciudad, sin familia, trabajo y hogar, comienza a vagar por las calles solo con la "compañía" de sus muletas, las cuales hacían posible que estuviera en pie. Tras meses realizando esta actividad, se decidió buscar un albergue para pasar la noche, acordándose de un viejo conocido suyo llamado Esteban, quien podría ayudarle en su situación, pero al no dar con la numeración de la casa, recurrió a un restaurante, en donde fortuitamente, recibió mucho dinero, después de ser interrumpido al consultar. Sin embargo, Ramírez quedó en una profunda perplejidad al no querer aceptar su condición de mendigo; revirtiendo su pensamiento, después de que acudiera al lugar repitiéndose la situación, de esta forma eligiendo su destino.

El trampolín: en este cuento, el autor del libro Manuel Rojas, relata su experiencia cuando era un estudiante de medicina e iba de vuelta de sus vacaciones realizadas en Valparaíso hacía la capital, Santiago junto con un amigo suyo en tren. Rojas luego relata que al llegar el tren a Bellavista, al frente de su posición se situaron un oficial y un detenido. Rojas y su amigo le preguntan al oficial que crimen cometió el hombre, el cual respondió homicidio, teniendo él como antecedente que mató a un amigo y compañero de trabajo. Sin embargo, la versión del detenido fue la conmovió a Rojas y su acompañante, ya que estos percibieron inocencia en los relatos vertidos del supuesto culpable.

Cuando el oficial de policía se ausenta un par de minutos, cuando el tren es chocado por otra máquina que arribaba en la estación de tren, los protagonistas no dudan en que el prisionero debe huir, pues lo consideran inocente. Es así como un "trampolín de la suerte" le ayuda a aquel sujeto evitar la cárcel, su más inminente destino.


Pedro el pequenero: don Vicho intenta recordar una historia nueva para divertir a su auditorio de niños que esperan un cuento. Luego de unos momentos de buscar en su memoria de abuelo decide contar el relato de “Pedro el Chuico”, un hombre que había vivido en los tiempos de Jesucristo. Los escuchas se acomodaron a su alrededor para oír la historia: Pedro era un hombre que junto a su mujer, fabricaban pequenes y era famoso por estos bocadillos calientes. Ganaba mucho dinero con sus ventas, tanto que lo volvió un hombre pretencioso. Muchos amigos llegaron a su puerta, distrayéndolo de su trabajo y llevándose su dinero. Su mujer lo abandono luego que se volvió un borracho agresivo. Su apodo fue cambiado por Pedro el chuico, por su tendencia al vino. Solo se refugió en la cantina en donde sus amigos le regalaban un trago y a veces algo de comida. Un día se encontró con Jesucristo a quien le pidió una limosna para comprar alcohol y la consiguió. El encuentro con Jesús se repitió, pero esta vez el Maestro no le dio dinero sino que lo toco en la cabeza y le dijo que él no tenía sed. Desde entonces Pedro no pudo beber una sola gota de alcohol. La abstinencia no le duro mucho y volvió a sus andanzas de borracho. Un día se volvió a encontrar con Jesucristo, quien era conducido al lugar de su muerte. El Maestro le pidió agua pero Pedro no se la dio, en cambio le dijo que se quitara la sed tal como se la quitó a él. Jesús le miro con tristeza y le dijo que siempre tendría sed. Una sed terrible le invadió, busco desesperadamente alcohol para saciarse pero nadie le ofreció. Quiso tomar agua pero solo obtenía una momentánea frescura, luego la sed volvía con más fuerza. Desesperado llegó ante la cruz de Jesús, allí una gota de su sangre mezclada con agua, que brotó desde su costado herido, cayó en la boca de Pedro y calmo la sed (105-120).

Un ladrón y su mujer: la esposa de Francisco Córdoba lo visita en la cárcel, en su primera visita no puede verlo. Le dicen que vuelva la mañana siguiente. Al terminar la tarde los presos fueron sacados de sus celdas, es allí cuando a Francisco Córdoba le llega la noticia de una fuga donde esta después muy informado. El hombre lo medita mucho tiempo y en un arrebato de adrenalina decide escapar seguido dos nativos araucanos, quienes conocían bien los alrededores. La esposa de Francisco Córdoba vuelve a la cárcel, la interrogan y procesan por considerarla sospechosa por la fuga de la noche anterior. La mujer pasa cinco largos días en una celda, hasta que finalmente la liberan. Decide volver su ciudad, al subir al tren se encuentra con su esposo fin (121-136).

La compañera de viaje: unos amigos le piden al gringo Rodolfo que cuente una de sus historias. El hombre, les explica que alguien como él, no tiene historias interesantes que contar. Los amigos insisten y Rodolfo comienza un relato. En un viaje que realizó a Milán para ver la gira de una actriz “la Duse”, conoció a una joven. Ella había abordado el tren equivocado y se lamentaba por el retraso que tendría. Rodolfo le conversa para distraerla. Él le cuenta el motivo de su viaje y ella acepta ser también admiradora de la actriz. Faltaba poco para llegar al destino y a Rodolfo se le ocurrió una idea para superar el problema de la señorita: le invito a pasar la noche en un hotel y ella en la mañana podría buscar la casa en donde la esperaban. Ella desconfía y rechaza la invitación. Pero las cosas cambian, pues al bajar del tren la joven no encuentra a los amigos que le esperaban y acepta finalmente la invitación de Rodolfo. Una vez en el hotel pidió dos piezas y después de unos momentos invito a su compañera de viaje a ver la actuación de la Duse. Después de la función Rodolfo la invito a cenar. Volvieron al hotel y ella lo invito a su habitación para conversar. Cuando el hombre fue a visitarla, ella se mostro desconfiada y luego de ver la molestia de Rodolfo le confesó que él la confundía. Ella le confesó que jamás había conocido a un hombre así. En un momento de silencio Rodolfo la beso y se fue de la habitación. Al otro día, la compañera de viaje, se fue muy temprano, y nunca más la volvió a ver.

Referencias[editar]