El Loto Azul

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El Loto Azul
Le Lotus bleu
Chinese black dragon.svg
Publicación
Formato Seriada en Le Petit Vingtième,
con recopilación en álbum
Primera edición Seriada: 9 de agosto de 1934 a 17 de octubre de 1935
Contenido
Tradición franco-belga
Género aventuras
Personajes principales Tintín
Milú
Mitsuhirato
Tchang
Dirección artística
Creador(es) Georges Remi (Hergé)
Serie
Colección Las aventuras de Tintín
Número 05
Numeración 24
Volumen anterior Los cigarros del faraón
Volumen siguiente La oreja rota
Sitio web

El Loto Azul (Le Lotus bleu) es el quinto álbum de la serie Las aventuras de Tintín, creada por el historietista belga Hergé. Se publicó por entregas en el suplemento Le Petit Vingtième entre el 9 de agosto de 1934 y el 17 de octubre de 1935,[1] a un ritmo de dos páginas semanales en blanco y negro. La primera edición en álbum, también en blanco y negro, apareció en 1936 en la editorial Casterman.[1] La primera edición en color, en la misma editorial, data de 1946. Para ella, las primeras cuatro páginas del álbum fueron enteramente dibujadas de nuevo, y se introdujeron también ciertos cambios de menor importancia en otras partes del libro. [1]

El Loto Azul es la segunda parte de una historia iniciada en el álbum anterior, Los cigarros del faraón, aunque puede leerse de forma independiente. La acción se desarrolla en su mayor parte en China, principalmente en la ciudad de Shanghái. El título está tomado del nombre de un ficticio fumadero de opio de esta ciudad. Tiene una gran relevancia dentro de la historia de la serie, por ser la primera vez que su creador, Hergé, se preocupó por documentarse exhaustivamente acerca del tema tratado, para lo que contó con la ayuda de un estudiante chino, Zhang Chongren,[2] que influiría notablemente en el álbum y en su obra posterior. Para algunos autores, se trata de la primera obra maestra de Hergé e incluso hay quien considera este álbum el mejor de toda la serie.[3] [1]

Antecedentes[editar]

Hergé y Tintín[editar]

Las aventuras de Tintín cobraron fama desde la primera historieta. En la imagen, portada de Le Petit Vingtième de 15 de mayo de 1930 relativa a Tintín en el país de los soviets.

En 1934, el artista gráfico Georges Remi, más conocido desde 1924 como Hergé,[4] ya conocía el éxito profesional. Tras asentarse en lo personal al contraer matrimonio con Germaine Kieckens en 1932,[5] su carrera parecía también consolidarse. Acababa de fundar una agencia de publicidad llamada Atelier Hergé,[6] en la que, para poder hacer frente a los numerosos pedidos, había incluido como socio a José De Launoit, amigo, antiguo compañero del movimiento escultista[7] y del servicio militar[8] y padrino de boda.[5] Pero, desde que en 1927 fuera contratado por su editor —el abate Norbert Wallez—,[9] era su colaboración con el diario católico Le Vingtième Siècle la que le proporcionaba mayor popularidad. Además de otras colaboraciones en distintos suplementos del periódico —de ideología bastante conservadora—,[10] Hergé se ocupaba del suplemento infantil Le Petit Vingtième desde su creación en 1928.[11] Sus personajes gozaban de la aceptación del público infantil y juvenil. Por ejemplo, desde 1930 venía dibujando las aventuras de Quique y Flupi,[12] dos golfillos de Bruselas que habían dado ya lugar a la publicación de dos álbumes,[13] y en 1934 había iniciado las aventuras de Popol y Virginia.[14]

Pero eran las aventuras de Tintin las que más éxito proporcionaban a su creador. Tintín en el país de los Soviets (1929-1930),[15] Tintin en el Congo (1930-1931)[16] y Tintín en América (1931-1932) habían sido muy populares.[17] La fama del personaje era tal que el periódico organizó multitudinarias recepciones populares a Tintín en la Estación del Norte de Bruselas al término de la publicación seriada de cada una de las tres historias, contando con la participación de un joven y un perrito que encarnaban al reportero y su mascota.[18] El estilo de línea clara con el que estaban dibujadas suponía el tipo de dibujo más moderno de su época.[19] Con posterioridad a la publicación de las historietas en capítulos semanales del suplemento, se publicaron con éxito los tres álbumes recopilatorios de las aventuras.[20] Una crisis en la relación entre el autor y la publicación[21] fue resuelta con un nuevo acuerdo económico favorable al primero cuando ya se había iniciado la publicación de El Loto Azul.[22]

Tintin en Oriente[editar]

El interés de Hergé por China se había iniciado en 1923, cuando —todavía adolescente— participó en un retiro espiritual en la abadía de Saint-André de Loppem y conoció al padre Édouard Neut.[23] En 1932 Japón invadió China y un lector de Le Petit Vingtième sugirió que Tintin visitara el país. La respuesta de la redacción fue contundentemente negativa, argumentando que sería demasiado peligroso para el reportero.[24] Sin embargo, poco después, el 24 de noviembre de 1932,[25] cuando terminó la publicación de Tintín en América, el ficticio periodista anunció en una entrevista del suplemento infantil que pronto embarcaría hacia China, e informó de que el itinerario abarcaría Egipto, la India e Indochina. Hergé incluyó un bonito mapa ilustrado que anticipaba las aventuras que estaban por llegar.[26] A diferencia de las dos primeras historietas de Tintín, la temática de esta no había venido sugerida por Wallez.[27] A principios de diciembre de 1932 se inició la publicación de las nuevas aventuras, y Tintín anticipó que su destino era Shanghái.[28] El título provisional de la nueva aventura era Tintín en Oriente,[29] si bien, tras la publicación de los fascículos y con vistas a la edición del álbum, Hergé le cambiaría el título por el de Los cigarros del faraón.[30]

El álbum es considerado por los especialistas como una obra de transición situada entre el Tintín primitivo de las tres primeras historietas y el notable cambio que representará El Loto Azul.[31] A diferencia de las ingenuas historietas anteriores, carentes de argumento y caracterizadas por la improvisación,[32] Los cigarros del faraón muestra una cierta continuidad en su trama, ligada por la existencia de una sociedad secreta dedicada al tráfico de drogas.

Tras terminar esta primera historia, en mayo de 1934, una carta de Quique y Flupi ya incluía una referencia a la situación política internacional, con los carros de combate japoneses atacando China.[33] Por esas fechas, Hergé se disponía a recopilar toda la documentación posible acerca de China con la intención de ambientar adecuadamente la continuación de la historia.[33] La nueva aventura de Tintín acabaría siendo El Loto Azul.

Documentación[editar]

Se ha señalado la posible influencia que pudo tener en la gestación de El Loto Azul la película de D.W. Griffith Lirios rotos (Broken Blossoms; 1919), protagonizada por Lillian Gish y Richard Barthelmess.[34] También pudo tener cierta influencia el libro de André Malraux La condición humana, muy conocido por haber ganado el Premio Goncourt en 1933.[35] Otras posibles influencias procedían de la prensa, donde China incrementaba su presencia poco a poco. El conocido periodista Albert Londres, quien había sido uno de los modelos para crear a Tintín, escribió numerosos artículos en China hasta que su intrigante informe sobre Manchuria y Shanghái desapareció con él al hundirse su barco frente a las costas de Adén. También hay constancia de que Hergé compró los libros China, de Vicente Blasco Ibáñez y Von China und Chinesen, de Heinz von Perckhammer.[36] Sin embargo, parece claro que hubo otras personas que tuvieron más impacto en el acabado del álbum.

Hergé se documentó concienzudamente para ilustrar el álbum, lo que le permitió reproducir las coloristas calles de Shanghái de forma muy realista.

Hasta El Loto Azul, la visión que los álbumes de Tintín tenían de otras culturas estaba basada en estereotipos:[37] malvados bolcheviques, africanos simples, codiciosos norteamericanos, indios ingenuos… La escasa relación de Tintín con la cultura china no había sido muy distinta: en Tintín en el país de los Soviets, aparecen unos crueles verdugos chinos con trenza y, en la primera versión en blanco y negro de Tintín en América, Milú teme acabar como alimento de dos sicarios chinos que llegarán a arrojar a su maestro al Lago Míchigan.[3] En la mencionada entrevista con Tintín en la que éste anunciaba su viaje a China, publicada el 24 de noviembre de 1932, el entrevistador hablaba de los torturadores chinos y de la posibilidad de que Milú fuera secuestrado por algún cocinero. El texto iba acompañado por un dibujo en el que el fox terrier era perseguido por un chino muy similar a los aparecidos en los dos álbumes mencionados.[25] Curiosamente, el impulso para que cambiara de actitud respecto al pueblo chino vino de la misma Iglesia Católica con cuya labor misionera Hergé había sido tan complaciente en Tintín en el Congo.[3]

Conocedor de la circunstancia de que Lou Tseng-Tsiang —antiguo ministro de asuntos exteriores en el Gobierno chino y autor de una obra sobre la ocupación de Manchuria por Japón— había decidido ordenarse sacerdote con el nombre de padre Célestin Lou y residía en la abadía de St. André, Hergé escribió un par de días después al padre Édouard Neut. Éste no solo conocía al culto sacerdote oriental, sino que también era, a su vez, un buen conocedor de la realidad china. Neut le respondió animándole a documentarse adecuadamente porque pensaba que el nuevo álbum de Tintín podía tener mayor importancia que los anteriores y podía llegar a ser «una obra de entendimiento interracial» y «de verdadera amistad entre los pueblos blanco y amarillo». El sacerdote le envió dos libros y un artículo periodístico que resultarían de gran utilidad. Uno de los libros era Aux origines du conflit mandchou, obra de otro sacerdote, el padre Thadée, que explicaba las raíces del conflicto de Manchuria.[38] [39]

Cuando se disponía a recopilar documentación sobre China, contactó con Hergé el padre Gosset, capellán de un grupo de estudiantes chinos de la Universidad Católica de Lovaina. El sacerdote, que había seguido la obra del dibujante, le pidió que describiera de forma apropiada al país asiático, pues temía que sus estudiantes, grandes seguidores de Tintín, se sintieran decepcionados por la repetición de los viejos clichés.[a] [40]

El 8 de marzo de 1934, durante un período de descanso entre la publicación de ambas historietas, Le Petit Vingtième publicó una nueva entrevista a Tintín. En la misma, a la pregunta de si tenía miedo de los chinos, Tintín, ya influenciado Hergé por la carta del padre Gosset, contesta lo siguiente: «¿Miedo de los chinos? Es obvio que, como en el caso de los europeos, hay de todo, pero los chinos en general son personas encantadoras, muy educadas, con una gran cultura y muy hospitalarias. Muchos de los misioneros a los que he encontrado en mis viajes me han hablado de una China a la que aman profundamente. Es un error pensar que todos los chinos son mentirosos, crueles, etc.»[40]

Remi visitó al padre Gosset en Lovaina y conoció a dos de sus alumnos, el experto en teatro chino Arnold Chiao Cheng-chi y su novia Suzanne Lin.[39] Además, el sacerdote le sugirió que mantuviera una entrevista con Zhang Chongren, un prometedor estudiante de escultura de la Academia de Bellas Artes de Bruselas oriundo de Shanghái, que estaba también muy interesado en pintura, poesía y otras artes.[41]

Zhang Chongren[editar]

Zhang Chongren transmitió a Hergé el rechazo a la ocupación militar japonesa de parte de China.

El 10 de mayo de 1934, Remi recibió la primera visita de Zhang,[33] una influencia que resultaría decisiva[42] y de la que nacería una pronta y profunda amistad.[38] Zhang hizo nacer en Remi un gran interés sobre China, su arte y sus técnicas de pintura. Además, le ayudó a abandonar ideas preconcebidas y a desterrar estereotipos.[3] No es casual que Hergé creara en El Loto Azul un personaje que lleva el mismo nombre del artista chino[43] y que el intercambio de información entre Tintín y él facilite que ambos prescindan de ideas preconcebidas y estereotipadas respecto a la cultura de su interlocutor.[3] El autor comentaría después: «Hasta entonces, para mí la China estaba poblada por vagas “humanidades” de ojos rasgados, de gente cruel que comía nidos de golondrina, llevaba trenza y echaba a los niños al río… Me habían impresionado mucho las imágenes y los relatos de la Guerra de los Boxers, en las que se hacía hincapié en las crueldades de los amarillos, y me marcó mucho». El artista chino también le proporcionó postales, libros de dibujo y manuales chinos, que Hergé estudió y copió y que influyeron en su arte. Años después diría: «De allí procede mi gusto por el orden, mi deseo de reconciliar el detalle y la sencillez, la armonía y el movimiento».[44]

Un par de semanas más tarde, Zhang volvió a visitar a Remi llevando consigo los mencionados manuales de dibujo chinos. Con el material disponible, Hergé empezó a elaborar sus primeros bocetos de ambiente oriental.[38] En ellos, comenzó a distinguir entre los rasgos de los personajes chinos y los de los japoneses.[45] Poco después, comenzó la publicación de la historieta. Hergé se había hecho una idea correcta de la situación política de Shanghái gracias a su labor previa de documentación, y ahora dibujaba los decorados distribuyendo negros y blancos mediante pluma y pincel.[46] Los jardines del hotel proceden de uno de los manuales de Zhang;[46] la cama tradicional de la casa del señor Wang en la que despierta Tintín fue esbozada por el artista chino.[47]

La colaboración de Zhang también fue determinante para elaborar unos realistas rótulos escritos en chino con una hermosa caligrafía[38] que le había enseñado su tío abuelo Ma Xiangbo.[48] El artista asiático ayudó a Hergé diseñando carteles escritos en chino mandarín sobre diferentes temáticas, lo que concede mayor verosimilitud a las imágenes. En el álbum anterior, Hergé había ilustrado algunas imágenes con un árabe elemental creado por él mismo a partir de ejemplares de sus archivos. Sin embargo, los ideogramas creados por Zhang muestran gran conocimiento del idioma. Los textos callejeros incluyen carteles de contenido político, filosófico o comercial.[b] También la decoración y mobiliario del interior de las viviendas chinas están diseñados por Zhang con gran cuidado para aproximarse a la realidad.[49] Ambos artistas se reunían los domingos y Zhang escribía los textos en chino que debían aparecer en la página que se publicaba semanalmente y que le dotaban de una tremenda autenticidad.[50] Un llamativo ejemplo es la viñeta en la que Tintín espera durante horas la llegada a su casa del profesor Fan Se-Yeng mientras contempla una hermosa pintura tradicional china colgada en la pared.[51] En julio de 1935,[52] antes de que se terminara la publicación de la historieta, el joven Zhang regresó a China; pero le dejó a Hergé abundante documentación y los textos caligrafiados necesarios para completar la historia.[53] El estudiante rehusó recibir cualquier tipo de compensación económica a cambio de su importante colaboración, pues entendió esta en primer lugar como una obligación para con su país y, posteriormente, como un placer.[54] También rechazó, aunque con agradecimiento, la propuesta de Hergé de figurar como coautor de la historieta.[52]

Aunque Remi y Zhang se escribieron por un tiempo, la guerra en China hizo que perdieran el contacto durante décadas. Sin embargo, el artista belga nunca llegó a olvidar al joven colaborador que le había iniciado en la comprensión de Oriente y, cuando se encontraba con personas de origen chino, solía preguntar si le conocían. Por fin, a principios de 1975, durante una fiesta que tenía lugar en Bruselas, Hergé coincidió con Pierre Wei y le preguntó si conocía a un escultor de Shanghái llamado Zhang Chongren. Para su sorpresa, Wei le respondió que Zhang había sido su padrino de bodas veinte años antes y, si bien había perdido contacto con él, prometió pedir ayuda a su propio hermano que residía en Shanghái. Al cabo de un tiempo, el hermano pudo informarle de que Zhang vivía todavía en la misma casa familiar de siempre y los dos antiguos amigos pudieron reanudar su comunicación epistolar.[c] Tras muchas dificultades, en 1981 Zhang pudo viajar a Bélgica y reencontrarse con un Hergé que ya estaba por entonces debilitado por la enfermedad que acabaría con su vida dos años después.[55]

Nueva etapa[editar]

La documentación recopilada por Hergé desde la invasión de Manchuria por los japoneses de 1931 y el ataque a Shanghái de 1932 sirvió para que el dibujante diseñara una ciudad muy verosímil, aunque lo hiciera partiendo en ocasiones de imágenes de otras ciudades chinas, como Tien-Tsin, Mukden, Kharbine y Pekín.[42] Este afán de Hergé por documentarse abre paso a lo que algún estudioso ha denominado como «etapa documentalista» en las aventuras de Tintín; una etapa que abarca la década de 1930. Sin embargo, la influencia de este interés documental se extiende con menor intensidad a todas las posteriores historietas del personaje.[56]

Orientalismo[editar]

La influencia de Zhang suscitó en Hergé una afición por Oriente que le acompañaría toda su vida. Concretamente, mostró un gran interés por la filosofía y la cultura chinas, particularmente por el taoísmo,[57] pero también por el budismo y el pensamiento zen.[58] La gratitud de las autoridades chinas por la defensa de sus intereses en El Loto Azul se expresó a través de la invitación que la esposa de Chiang Kai-shek, Soong May-ling transmitió a Hergé para visitar China,[59] un viaje que, debido a los continuos conflictos bélicos (Segunda Guerra Sino-japonesa, Segunda Guerra Mundial, Guerra Civil China), el dibujante solo pudo realizar en 1973, y tan solo a la República de China subsistente en Taiwán.[60] Con ocasión de ese tardío viaje, Remi pudo visitar también Macao y Hong Kong, incluidos los Nuevos Territorios. Sin embargo, el viaje motivaría que las autoridades comunistas le impidieran posteriormente visitar la República Popular China, a pesar de haber recibido noticias de su amigo Zhang, quien seguía viviendo en Shanghái.[57] Su interés por Oriente también se podía percibir en algunas de las obras de arte que fue incluyendo en su colección personal, entre las que se encontraban varios caros jarrones chinos adquiridos en Londres y un buda dorado que compró a un monje tibetano.[61]

Guion[editar]

Estructura[editar]

Al ser una continuación de Los cigarros del faraón, la historia comienza donde terminó la anterior: en el palacio del maharajá de Rawhajpurtalah. Es, por tanto, la primera historieta de Tintín que no comienza en Bruselas.[37] Ello aconsejó a Hergé a introducir un recordatorio de lo sucedido en el álbum anterior en forma de resumen de prensa.[62] El mayor trabajo previo de documentación desarrollado por Hergé se refleja también en un guion más coherente que los de las aventuras anteriores, en las que el propio autor no sabía bien por donde iba a discurrir la historia de una semana a otra. El Loto Azul puede resultar menos espontáneo y emocionante en ese sentido, pero, a cambio, es mucho más profundo y realista.[63]

Sinopsis[editar]

Alambradas que delimitan la concesión internacional de Shanghái. Tintin atraviesa dichos límites varias veces a lo largo de la historia.

Tras finalizar su lucha contra la sociedad secreta de narcotraficantes narrada en Los cigarros del faraón, Tintin descansa en el palacio del maharajá de Rawhajpurtalah. Allí recibe la visita de un emisario chino que es envenenado con una flecha impregnada de radjaidjah, el veneno que vuelve loco. Antes de perder la razón, el mensajero solo puede decir dos palabras: «Mitsuhirato» y «Shanghái». Tintin decide partir hacia esta ciudad para resolver el enigma. Una vez allí, es recibido por Mitsuhirato, quien resulta ser un comerciante textil japonés. Éste le dice que fue él quien envió al mensajero para pedirle que permaneciera con el maharajá, quien se encuentra en peligro. Tras la entrevista, Tintin es objeto de dos atentados contra su vida, de los que se salva gracias a la agresiva intervención de un joven chino. Al acudir a una cita con éste, Tintin comprueba que también ha sido envenenado con el radjaidjah. Ante la imposibilidad de obtener más información, decide embarcar de vuelta a la India.

En el barco, Tintin y Milú son secuestrados y trasladados a la casa de Wang Jen-Ghié, padre del joven demente que salvó a Tintin. Wang le informa de que pertenece a una sociedad secreta denominada Los Hijos del Dragón, dedicada a la lucha contra el tráfico de opio. También le advierte de que Mitsuhirato es el principal responsable de tal actividad en China, además de ser un agente al servicio del gobierno japonés. Interceptando emisiones de radio cifradas, Tintin obtiene una pista que le conduce a un fumadero de opio llamado El Loto Azul. Siguiendo a Mitsuhirato desde allí, observa cómo vuela un tramo de vía férrea, acción que, acompañada por una intensa actividad propagandística, permite a Japón justificar una intervención militar en China. Tintin es capturado y Mitsuhirato le inyecta una dosis de radjaidjah antes de dejarle en libertad. Sin embargo, el veneno había sido previamente sustituido por agua por uno de los hijos del dragón. Mitsuhirato denuncia a Tintin a las autoridades de ocupación japonesas, que ponen precio a su cabeza. Pese a todo, Tintin consigue escapar y llegar a casa de Wang.

Al poseer una muestra del veneno, Tintin decide regresar a Shanghái para analizar el radjaidjah y buscar una cura. Tras hacerse pasar por general, atraviesa las líneas japonesas y entra en la concesión internacional burlando la vigilancia. Un noticiero que ve en un cine en el que se ha refugiado, le informa de que está en la ciudad el profesor Fan Se-Yeng, experto en cuestiones relacionadas con la demencia. Le busca en su casa, pero aquél se demora excesivamente. Las indagaciones de Tintin le revelan que el sabio ha sido secuestrado y que piden un rescate por él pero, antes de que pueda hacer nada, es detenido por la policía, que le expulsa de la concesión haciéndole caer en manos de los japoneses.

Condenado a muerte, Tintin es salvado por el señor Wang. Siguiendo la pista, decide viajar a Hou-Kou para localizar al profesor Fan. Una inundación le obliga a abandonar el tren y le permite salvar de morir ahogado al joven Tchang Tchong-Jen, quien decide acompañar a su salvador. Mientras tanto, Mitsuhirato consigue que el jefe de la policía de la concesión, el corrupto Dawson, colabore en la captura de Tintin. Para ello, envía a Hernández y Fernández a Hou-Kou. Los dos policías detienen a Tintin, pero Tchang sustituye sus credenciales y el periodista queda en libertad. Cuando llegan al lugar donde se debe pagar el rescate por el profesor Fan, un agente de Mitsuhirato hiere a Tintin, a quien solo la intervención de Tchang consigue salvar.[d]

Los dos jóvenes regresan a Shanghái. Tras una semana de reposo en casa del señor Wang, Tintin espía a Mitsuhirato y se entera de que éste se dispone a capturarles a todos. En efecto, cuando vuelve a casa ve que la familia Wang ha sido secuestrada. Una pista le conduce a El Loto Azul, donde oye a Mitsuhirato mencionar un almacén del puerto. Al día siguiente por la noche, Tintin se esconde en un barril que los traficantes conducen al almacén. Allí es capturado por Mitsuhirato, quien le revela que su jefe es el mismo Rastapopoulos, quien se presenta allí. Los bandidos pretenden que el demente hijo del señor Wang les decapite a todos, pero la intervención de Tchang y los hijos del dragón, escondidos en otros barriles, consigue salvarles y detener a los delincuentes.

Además de acabar con la red de traficantes de opio, las investigaciones de Tintin dejan al descubierto las argucias japonesas, por lo que Japón debe abandonar el territorio chino. Los señores Wang deciden adoptar a Tchang y Tintin zarpa de vuelta a casa.[64]

El tráfico de drogas[editar]

El Loto Azul es el nombre de un ficticio fumadero de opio de Shanghái similar al de la imagen.

Ya en Los cigarros del faraón Hergé había elegido como adversaria de Tintín a una organización secreta de traficantes de droga. De esta forma, eligió un tema muy de actualidad en la época de publicación de la historieta, pues el tráfico de opio había reclamado la atención de la Sociedad de Naciones, quien dirigía y coordinaba la represión de los traficantes.[65] Este tipo de delincuencia le resultaba tan repulsiva al dibujante belga que decidió mantener la trama en El Loto Azul e, incluso, volvió a utilizarla en su posterior álbum El cangrejo de las pinzas de oro.[66] El artista enlaza este tipo delictivo con el tema de las sociedades secretas de todo tipo que proliferaban en la época y usaban influencias ante estamentos poderosos Su influencia ante la clase política dio lugar a escándalos tan notorios como el caso Stavisky en Francia o el escándalo del estraperlo en España, lo que perjudicó todavía más el prestigio de las instituciones parlamentarias, muy quebrantadas durante el período de entreguerras. A ello hay que añadir la pertenencia de algunos líderes políticos a la masonería, lo que, dado el carácter discreto de esta —ya que no secreto—, dio munición a publicaciones sensacionalistas, algunas muy del agrado de Remi. La utilización de este tipo de organizaciones y sus rituales era un recurso muy extendido en la literatura popular.[67]

Igualmente secreta, pero de signo positivo, es la sociedad de Los hijos del dragón, que lucha contra el tráfico de opio en China y que solicitará —y prestará— ayuda a Tintín. Las sociedades secretas estaban muy enraizadas en la China tradicional. Además, algunas fueron organizadas en el ámbito concreto de las concesiones internacionales —administradas siempre por extranjeros— con el propósito de defender los intereses de los chinos. Organizaciones como la de la Banda Verde existían realmente en la época con este propósito.[68]

Aunque los fumaderos de opio habían sido prohibidos en Shanghái en 1906, en la década de 1930 seguían existiendo establecimientos clandestinos como El Loto Azul. Al igual que en Chicago con la Ley seca, las redes de delincuentes atendían la demanda de consumo de droga, así como las de juego y prostitución.[69]

Trasfondo político[editar]

La influencia de Zhang fue también determinante para el compromiso político que adoptó Hergé en El Loto Azul. La agresividad de la política del Japón era ya clara en el momento de la publicación de la historieta, pero pocos europeos eran conscientes del peligro que suponía. De hecho, la mayor parte de la opinión pública europea era projaponesa, pues el Imperio había sido aliado de Francia y el Reino Unido durante la Gran Guerra y era adversario de la Unión Soviética. Muchos occidentales creían que la presencia japonesa en China proporcionaba estabilidad en la región.[49] El joven estudiante chino hizo que Remi cambiara su visión también en este ámbito.[70]

El incidente de Mukden inspira parte del argumento del álbum. En la imagen, expertos japoneses inspeccionan la vía saboteada en 1931.

El sabotaje por Mitsuhirato de la línea férrea Shanghái-Nankín, del que Tintín es testigo, es una clara transposición del verídico incidente de Mukden, acaecido en noviembre de 1931 mucho más al norte, en Manchuria, y que sirvió a Japón para justificar su intervención en China y la creación del estado títere del Manchukuo. Hergé describe sucintamente el inescrupuloso empleo de la propaganda por parte del Imperio Japonés para legitimar su ocupación de territorio chino.[42] Además, el artista dibuja a los diplomáticos japoneses ante la Sociedad de Naciones justificando la ocupación, tal como había ocurrido en la realidad pocos años antes.[49] También hubo en la realidad una ocupación japonesa de Shanghái, pero solo duró tres meses gracias a la intervención de la organización internacional.[71]

Al final de la historia se narra también el abandono por parte de Japón de la Sociedad de Naciones, hecho que había tenido lugar en la realidad en febrero de 1933.[49] El papel que en esa decisión japonesa desempeñó el informe de la Comisión Lytton[72] es sustituido en la historieta por la labor investigadora de Tintín.[73]

La toma de partido del dibujante en contra del imperialismo nipón es clara, aunque menos panfletaria de la que hizo en Tintín en el país de los soviets,[71] y está lejos de la sutileza de la denuncia antinazi de El cetro de Ottokar.[74] Su militante postura sorprendió a muchos; un general belga criticó al dibujante por considerar que la política de Extremo Oriente no era apropiada para los niños y la embajada japonesa protestó oficialmente ante las autoridades belgas[75] y presionó a Le Vingtième Siècle para impedir la publicación de la historieta. De hecho, el álbum no se publicaría en Japón hasta muchos años después, y solo tras añadir los editores una introducción explicativa.[76] Sin embargo, los acontecimientos posteriores demostraron la perspicacia política de Hergé, quien se adelantó años a la opinión de muchos occidentales.[59] Por otro lado, tras la Segunda Guerra Mundial, esta toma de partido antijaponesa le vendría muy bien a Hergé para defenderse de las acusaciones de colaboracionismo con las autoridades alemanas durante la ocupación.[77]

Si no es bueno el papel de los japoneses, lo cierto es que los occidentales no quedan mejor. La concesión internacional, una zona de la ciudad controlada por las potencias extranjeras que se mantenía desde la Primera Guerra Sino-japonesa,[78] aparece solo preocupada por los particulares intereses comerciales y convertida en un foco de corrupción. Su jefe de policía, Dawson, no vacila en aliarse con los japoneses cuando le conviene. Ya resulta sorprendente encontrar una visión tan radicalmente antioccidental en una publicación belga de esa época, pero todavía llama más la atención que fuera una publicación infantil y católica la que la difundiera.[79] La crítica se ve completada con la explicación que Tintín ofrece a Tchang acerca de la visión estereotipada que los occidentales tenían de China y la mención que Tchang hace de la Guerra de los boxers.[80] A pesar de esta visión negativa, hay que tener en cuenta que Shanghái también era la ciudad más importante y cosmopolita del Extremo Oriente debido precisamente a esta presencia extranjera.[81]

La inequívoca crítica al colonialismo puede apreciarse en la secuencia en la que Tintín decide defender al conductor chino del rickshaw que le transporta cuando éste es agredido a bastonazos por el racista Gibbons. No solo le romperá el bastón al norteamericano, sino que le reprochará que su conducta es impropia de un caballero.[82] Esta toma de partido por parte de Tintín del lado de los débiles y oprimidos es la que ha permitido que algunos autores remarquen el compromiso del personaje con los derechos humanos y las minorías, y su oposición al autoritarismo; y ello sin recurrir a posturas explícitamente políticas o religiosas. Unos valores nacidos del platonismo, el estoicismo, el cristianismo, desarrollados en la caballería medieval y culminados con lo mejor de la Revolución Francesa.[83]

Sin embargo, la incursión política de Hergé no llega a mencionar los problemas internos chinos, como la guerra civil entre el Kuomintang de Chiang Kai-shek y el Partido Comunista de Mao Zedong, a pesar de que en la fecha de publicación de la historieta era un hecho perfectamente conocido, pues incluso había tenido lugar ya la Larga Marcha.[80]

Personajes[editar]

Tintín[editar]

Llegada de la Comisión Lytton a Shanghái en 1932. En el álbum, Tintín realiza una labor investigadora cuya conclusión es similar a la del informe de la comisión.

Tintín continúa el proceso de maduración que iniciara en Los cigarros del faraón. Lejos de su imagen de niño o adolescente de las primeras historietas, el joven es ahora una persona bien informada, fruto de la mejor documentación llevada a cabo por Hergé,[84] y que se desenvuelve bien en sociedad.[85] Su personalidad está mejor desarrollada que en las anteriores historietas.[86] Sigue siendo reportero, pero desde el álbum precedente ya no se anuncia como periodista del Le Vingtième Siècle, sino que parece independiente, y su actuación es más propia de un investigador privado que de un periodista.[87] De hecho, aparece más como protagonista de noticias periodísticas que como autor de las mismas.[88] La pericia del héroe manejando todo tipo de vehículos, ya demostrada en anteriores aventuras, se vuelve a poner de manifiesto cuando conduce un blindado japonés.[89] También demuestra conocer el código Morse[89] y ser un experto nadador al salvar a Tchang.[90] La suma de tantas habilidades le ha valido ser comparado con James Bond.[89]

En esta aventura, Tintín muestra sus emociones como no había hecho hasta entonces; primero derramando lágrimas ante la tristeza de la esposa del señor Wang, preocupada por la demencia de su hijo Didi[79] y, más tarde, durante la despedida de sus amigos asiáticos.[91] Esa mayor humanidad del personaje queda evidenciada por otro hecho significativo: por primera y única vez podemos ver sangrar al héroe cuando un sicario de Mitsuhirato —también japonés como él— le dispara a traición haciéndose pasar por fotógrafo. La herida permite verle también por primera vez privado de su indumentaria.[92] Muestra de esta mayor profundidad del personaje es también la profunda amistad que surge entre el reportero y el joven Tchang. Al ser jóvenes de similar edad, la relación de casi hermandad que se establece llega a ser incluso más profunda que la que Tintín llegará a tener en el futuro con el mismísimo capitán Haddock, una persona de más edad.[93]

Por lo demás, las simpatías de Hergé y Tintín por la cultura china quedarán evidenciadas por el hecho de que el segundo aparece vestido con indumentaria típica china durante gran parte de la acción, así como en el hecho de que, en futuras historias, aparecerán elementos decorativos chinos en el apartamento del reportero.[86]

Tchang[editar]

El joven Tchang Tchong-Jen, a quien Tintín salva de morir ahogado y que, a su vez, salva a Tintín en varias ocasiones,[94] aparece sólo en el último tercio de la historia,[95] pero es un personaje esencial. Es la primera vez que Tintín viaja acompañado de un amigo[96] y éste no solo le salva en varias ocasiones —actuación que en anteriores aventuras solía corresponder a Milú o a otros personajes incidentales— sino que en su falsificación de la documentación de Hernández y Fernández demuestra ser insustituible.[97] La interpretación más extendida es que Hergé le pone al personaje el mismo nombre que a su amigo Zhang Chongren, el estudiante chino que le instruyó respecto a la cultura de su país, a modo de homenaje, ya que la relación entre los personajes es similar a la existente entre los dos artistas al servir para que ambos eliminen los prejuicios recíprocos hacia la cultura del otro.[3] Sin embargo, algún autor va más allá y considera al Tchang ficticio como la misma persona que el artista de idéntico nombre.[e] Desde este punto de vista, sería el único personaje real, junto a Al Capone, que aparece en las aventuras de Tintín.[98] A pesar de una prolongada separación que duró décadas, Hergé nunca olvidaría su amistad con el joven chino estudiante de arte, y retomó el personaje de Tchang para el álbum Tintín en el Tíbet. Allí veremos que la amistad entre el reportero y el joven chino es tan fuerte que Tintín, al enterarse de que el avión en el que viajaba Tchang se ha estrellado en el Himalaya, intentará un rescate que va más allá de la lógica.[99]

Mitsuhirato[editar]

El educado comerciante japonés cuyos modales impresionan a Tintín en su primer encuentro resultará ser uno de los dirigentes de la red de traficantes de opio y, además, un eficaz agente del gobierno japonés. La total ausencia de principios de Mitsuhirato le hace irrecuperable a ojos del autor, hasta el punto de que merecerá la muerte, al igual que otros ilustres antagonistas del reportero. Sin embargo, la forma elegida para su suicidio, el ritual del harakiri, resulta inapropiada para un individuo de su calaña y evidencia un desconocimiento de la cultura japonesa.[100]

Hernández y Fernández[editar]

Hernández y Fernández parecen trabajar para la Sociedad de Naciones, organismo muy presente en la historieta. Sus reuniones celebradas en la gran sala del Palacio de las Naciones de Ginebra también aparecen en el álbum.

Los dos policías ya habían intervenido en Los cigarros del faraón,[43] donde parecían trabajar para la Sociedad de Naciones,[101] pero su reaparición en esta historia supone su definitiva consolidación en el mundo de Tintín, que ya no abandonarán. En la primera edición del mencionado álbum son denominados como X-33 y X-33 bis y ya desde entonces se distinguen por su incapacidad.[101] Posteriormente serán denominados en la versión original Dupond y Dupont o, más abreviadamente, los Dupondt.[102] En la versión española responden a los nombres de Hernández y Fernández. Su llegada a la ciudad de Hou-Kou disfrazados de mandarines de opereta causa sensación entre la población[43] y supone el comienzo de una larga serie de disfraces igualmente ineficaces que usarán en sucesivas aventuras.[103]

Parece que Hergé se inspiró en varios modelos para su creación, pero entre ellos estaba, aunque fuera de forma inconsciente, su propio padre, Alexis Remi, quien tenía un hermano gemelo llamado León. Ambos llevaban bigote, se vestían igual y decían la famosa frase «je dirais même plus!» («yo aún diría más», en la versión española).[104] Los tropiezos de los Dupondt, que también se repetirán en futuros álbumes, suponen una dosis de humor que relaja la aventurera acción de Tintín.[105] En El Loto Azul no solo caen una primera vez en la estación, sino que, cuando se ríen de sí mismos al recordar el incidente, vuelven a caer aparatosamente.[103] Este tipo de gags, así como su aire charlotesco, muestran la influencia del cine de Charles Chaplin.[106] También Laurel y Hardy fueron dos modelos cinematográficos que influyeron en los personajes.[107]

Rastapopoulos[editar]

Este curioso personaje ya había aparecido como figurante en una viñeta de Tintín en América.[108] Quizá su aspecto, diseñado para un productor cinematográfico, le gustó a Hergé, porque el personaje volvió a aparecer en Los cigarros del faraón.[109] El apellido fue sugerencia de un amigo, y Hergé lo encontró sumamente divertido.[110]

En su primera aparición en El Loto Azul, Rastapopoulos vuelve a mostrar a Tintín su cara amable y falsamente colaboradora, y simula ayudar en la resolución de la desaparición del profesor Fan Se-yeng a pesar de que él mismo ha organizado el secuestro.[111] Su aparente amabilidad desaparece cuando se revela su verdadera personalidad.[79] Al final del álbum volverá a aparecer, pero ya en calidad de líder supremo de la organización de narcotraficantes a la que Tintín lleva tiempo enfrentándose y, por tanto, superior de Mitsuhirato.[110]

Se trata, sin duda, del contrapunto ideal al héroe,[112] y por ello reaparecerá veinte años más tarde en Stock de coque.[79] Si el parecido entre Tintín y Sherlock Holmes fue señalado ya por el propio Hergé,[88] Rastapopoulos es el equivalente de Moriarty, como se ve en la reaparición del jefe de la trama de narcotraficantes tras su aparente fallecimiento en la aventura anterior.[113] Sin embargo, el carácter recurrente de este personaje —y de otros de las aventuras de Tintín— también ha dado lugar a comparaciones con La comedia humana, de Honoré de Balzac.[113]

Dawson[editar]

Al igual que Rastapopoulos, el corrupto jefe de policía de la concesión internacional debe encajar su derrota junto al despechado Gibbons. Dawson volverá a aparecer años más tarde en Stock de coque en un nuevo rol de traficante de armas,[79] una profesión que Hergé siempre vio con muy malos ojos.[87]

Gibbons[editar]

El empresario norteamericano representa lo peor de la sociedad occidental. Arrogante y racista, golpea sin motivo al culí que conduce el rickshaw que transporta a Tintín, lo que provoca la reacción de éste en defensa del chino. Gibbons manifiesta públicamente sus ideas acerca de la supremacía de la raza blanca así como el desprecio que siente hacia la cultura china.[80] Aunque no forma parte de la trama delictiva, su resentimiento hacia el reportero hace que le perjudique activamente en varias ocasiones.[114]

El Maharajá de Rawhajpurtalah[editar]

Aunque el personaje tiene mayor intervención en Los cigarros del faraón, también aparece al inicio de El Loto Azul. Se trata de un personaje claramente positivo, honestamente preocupado por el bienestar de su pueblo. El período que Tintín pasa en su palacio, entre el final de una aventura y el comienzo de la siguiente, aparece como una época tranquila y libre de preocupaciones.[115]

El álbum[editar]

Stand de Casterman en una feria del libro. La firma editó el álbum de El Loto Azul de modo que satisfizo plenamente a Hergé.

En 1936, la editorial Casterman le encarga a Remi la preparación del álbum. Para ello, le exige un título que esté en la línea del anterior; Hergé decide llamarlo El Loto Azul, que le parece misterioso y oriental, y termina el proyecto de ilustración para la portada que ya tenía preparado.[116] Este nombre es el del fumadero de opio propiedad de Mitsuhirato en el que transcurre parte de la acción. Dada la afición que el dibujante tenía por el cine, el título puede proceder de la película El expreso de Shanghai, dirigida en 1932 por Josef von Sternberg y protagonizada por Marlene Dietrich, en la que un críptico mensaje dice «El loto azul debe tener flores rojas a medianoche». Por otra parte, dicha planta es desconocida por la botánica.[44] También la famosa portada que muestra un dragón chino de color rojo sobre fondo negro —colores que se invertirían en ediciones posteriores— está inspirada en el cine, pues un tema similar servía de fondo para una fotografía de Anna May Wong, coprotagonista de El expreso de Shanghai, en una portada de la revista A-Z que anunciaba su anterior película La hija del dragón. La importante experiencia de Hergé como diseñador publicitario le había convencido de la necesidad de que la portada captase la atención del público.[36] [117]

Para el interior del álbum, la editorial sugiere el uso del color, pero el artista carece de tiempo debido al desarrollo de la nueva aventura de Tintín y otros trabajos —entre ellos la llegada de unos héroes nuevos, Jo, Zette y Jocko[118] y deberá dedicar cinco domingos a realizar las láminas encartadas coloreadas.[116] Aunque defiende un sistema de tricromía para las láminas, la editorial lo considera demasiado oneroso.[119]

Desde un punto de vista artístico, algunos críticos destacan la secuencia nocturna en la que, tras ser secuestrados en el barco, Tintín y Milú son introducidos en cajas y arrojados al mar, de donde son recogidos por una pequeña embarcación y trasladados de nuevo a la costa. Los dibujos tienen el aspecto de negativos fotográficos, pues los fondos se ven en color gris claro y las figuras en negro. Ello permite resaltar las ondas del mar y las siluetas de los árboles recortadas contra el cielo. Al mismo tiempo, la página llama la atención porque en ella no aparece el protagonista, habitualmente omnipresente en el relato.[120]

Cuando a Hergé le llega uno de los ejemplares del álbum escribe lo siguiente al editor: «¡Acabo de recibir el álbum de Tintín y me he quedado sobrecogido! Es de gran lujo y lo primero que me ha venido a la mente es que ¡es demasiado bonito para los críos! (…) ¡Qué poco me esperaba yo algo parecido a esto!» El éxito es tal que el autor recibe de inmediato el encargo de nuevos encartes para las reediciones de los anteriores álbumes.[121] La confianza que el dibujante siente tras este trabajo, primero del que se siente orgulloso, le permite afrontar el reto de enviar a su protagonista a otro lugar exótico: la América Latina de La oreja rota.[122]

La llegada del color[editar]

En 1940, durante la Segunda Guerra Mundial, Alemania invadió Bélgica y las nuevas autoridades cerraron Le Vingtième Siècle y, con él, Le Petit Vingtième. Tras años de popularidad, Hergé se encontró sin empleo. Para remediar la situación, y siguiendo las instrucciones que el rey Leopoldo III dio de retomar las ocupaciones normales, Remi aceptó una oferta del diario Le Soir. Durante la guerra, las aventuras de Tintín se siguieron publicando en este periódico.[123] Puesto que su línea editorial estaba controlada por las autoridades nazis, tras la liberación todos los empleados del diario se convirtieron en sospechosos de colaboracionismo. El periódico fue cerrado para volver a abrir con nuevo personal. Todos los antiguos trabajadores fueron investigados. El mismo Hergé, a pesar de su popularidad, fue detenido varias veces por milicianos, llegó a pasar una noche en el calabozo y no pudo seguir publicando durante un tiempo. Esa obligada interrupción la aprovechó preparando para Casterman las versiones en color de los viejos álbumes que habían sido publicados originalmente en blanco y negro.[124]

En 1946 se publicó la versión en color de El Loto Azul. Ello dio lugar a algunos retoques, aunque de menor entidad que los que tuvieron las aventuras anteriores.[125] En el original en blanco y negro, al comienzo de la historia un artículo firmado por G.R. (casualmente las mismas iniciales del autor, George Remi) nos recordaba lo sucedido en el episodio anterior. Este guiño al lector desapareció en la nueva versión, siendo reemplazado por un resumen periodístico. Algo similar ocurre con el final, donde se simplifica la sección periodística. Los soldados escoceses que intentan dar una paliza al protagonista, son sustituidos por tres robustos sikhs, y también se suprime la condecoración que se les imponía posteriormente con intenciones humorísticas.[125] También hay algún cambio en la secuencia del cine. Un reportaje dedicado al nuevo récord de velocidad establecido por sir Malcolm Campbell fue suprimido por ser demasiado coyuntural y hacer referencia al pasado. También cambian detalles menores, como el nombre del hotel en el que se aloja Tintín, el contenido del panel del despacho de Mitsuhirato que muestra los nombres y cargamento de los barcos utilizados por la red de narcotraficantes o el nombre de la compañía para la que trabaja Gibbons.[126]

Trascendencia[editar]

Los estudiosos de la obra de Hergé valoran muy positivamente el álbum. Philippe Goddin considera que el autor belga sabe mantener la tensión en todo momento para tener en vilo al lector de los fascículos semanales.[127] Fernando Castillo opina que la historia alcanza una madurez crítica desconocida hasta entonces en las aventuras de Tintín.[128] Michael Farr cree que en este álbum las aventuras están ya organizadas «con la precisión de una sinfonía»,[129] y que «posee una cohesión, una precisión y una profundidad que ninguna aventura de Tintín había alcanzado hasta entonces».[44] En general, se considera que es la primera obra maestra del autor y que constituye un punto de inflexión en su creación. Para algunos estudiosos, es incluso el mejor álbum de la serie de Tintín.[3]

La influencia del cine de Chaplin es visible en Hergé, particularmente en su composición de Hernández y Fernández.

Farr considera también que la historia supone un cambio respecto de las anteriores en cuanto que construye un guion que discurre de forma más pausada y ordenada, acabando con la tendencia a meter al protagonista en un atolladero tras otro con la intención de mantener la tensión en todos los fascículos semanales. Por otra parte, afirma que el propio autor reconoció que representó el comienzo de su interés por documentarse acerca de los países que iba a visitar Tintín.[3] De hecho, en los archivos de Hergé hay más bocetos y estudios creados para El Loto Azul que para cualquier otro de los álbumes del personaje, si bien es difícil diferenciar cuáles son del autor belga y cuáles de Zhang Chongren.[130] A juicio de este estudioso de la obra de Hergé, la influencia del arte chino recibida a través de Zhang habría permitido que el historietista bruselense perfeccionara su estilo de línea clara que llegaría a ser tan característico de su dibujo y que tanto influiría después en otros artistas.[63]

Una de las páginas del álbum muestra una de las pocas ocasiones en que Tintín entra en una sala de cine. Aunque el séptimo arte no aparece mucho en las aventuras de Tintín, sí fue muy importante para Georges Remi, quien pudo asistir a su nacimiento y desarrollo.[131] Se han señalado las influencias en la obra de Hergé de directores como Alfred Hitchcock, Julien Duvivier o Charles Chaplin.[106]

En 1989, al celebrar el 60 cumpleaños de Tintín, se organizó una exposición que exhibía todos los dibujos originales realizados a tinta china para El Loto Azul. Su gran calidad elevó el arte de Hergé a un nivel imposible de esperar cuando se publicó semanalmente en Le Petit Vingtième.[79]

Véase también[editar]

Notas[editar]

  1. Entre otras cosas, el sacerdote le decía en la carta lo siguiente (Coronado Morón et ál., 2005, p. 235):

    Si usted describe a los chinos tal como a los occidentales se los presenta muchas veces, si los muestra con una trenza en la espalda, cosa que ocurría bajo la dinastía manchú, un signo de esclavitud; si los declara bribones y crueles; si habla de suplicios chinos, ofenderá cruelmente a mis estudiantes. Por favor, ¡sea prudente! ¡Infórmese bien!

    .
  2. Algunos de los carteles que aparecen en las calles tienen un claro contenido político, como el que aparece detrás de Gibbons cuando Tintín le rompe el bastón y que reza ¡Abajo el imperialismo!, u otro que dice ¡Boicotead los productos japoneses!; otros son de contenido más filosófico, como Si estás enfermo no podrás alcanzar tus ambiciones o Poseer mil acres de tierra no es equiparable a tener un buen empleo; otro grupo es de contenido más comercial, como un cartel callejero que muestra bombillas y dice Electricidad Siemens, en otro situado en una tienda se lee Reparación de relojes de pulsera y de pared y, sobre la mesa en la que Tintín degusta un té hay un cartel que anuncia Bebidas y tentempiés (Farr, 2008, p. 81).
  3. En una carta escrita el 1 de mayo de 1975, Hergé le agradecía a Zhang (Farr, 2009, p. 95)

    (...) no solo por la ayuda que me brindó en aquel momento para mi trabajo, sino también, y sobre todo, por todo aquello que, sin darme cuenta, me aportó. Gracias a usted mi vida adoptó un nuevo rumbo. Me hizo descubrir una amplia gama de cosas, la poesía, la sensación de unidad entre el hombre y el universo.

    Y añadía (Farr, 2009, p. 106):

    Gracias a usted, por último, descubrí —¡después de Marco Polo!— China, su civilización, sus pensamientos, su arte y a sus artistas. En este momento estoy inmerso en el Tao Te King y en la obra de Chuang Tsé, ¡y todo se lo debo a usted!

    En un paquete aparte le envió sendos ejemplares de El Loto Azul y Tintín en el Tíbet, aunque solo llegarían al tercer intento y tras realizar una gestión en la embajada china (Farr, 2009, p. 106).
  4. El sicario esconde su arma dentro de una cámara fotográfica con la que ofrece retratar a los dos jóvenes. Esta fotografía que no llega a existir sería retomada muchos años después. En marzo de 1981, cuando Hergé y Zhang se reencontraron, el semanario Tintín decidió celebrar el evento remitiendo una postal con la «fotografía» de Tintín, Tchang y Milú a cada uno de los aficionados que enviaron una carta de felicitación. La postal estaba firmada por los dos veteranos artistas y amigos. (Temmerman, 43:10)
  5. El nombre del artista chino y el del personaje es el mismo. En el presente artículo se ha optado por identificar al artista por la transcripción más corriente hoy en día de su nombre chino, Zhang Chongren, aunque también se puede encontrar escrito como Chang Ch'ung-jen o como Chang Chong-chen. Sin embargo, para el personaje se ha optado por mantener el nombre que aparece en la versión castellana del álbum, Tchang Tchong-Jen.

Referencias[editar]

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  9. Goddin, 2008, p. 32.
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Bibliografía utilizada[editar]

Fuentes primarias[editar]

Enlaces externos[editar]