Efecto Mozart

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda

Se denomina "efecto Mozart" a la serie de supuestos beneficios que produce el hecho de escuchar la música compuesta por Wolfgang Amadeus Mozart. Dicho efecto «continúa siendo objeto de investigación, sin ninguna pronunciación firme o definitiva que reivindique o deseche la teoría en cuestión».[cita requerida]no significa que dicho efecto afecte en la forma de ver la perspectiva de la música.

El libro que dio origen al término[editar]

En 1991, el otorrinolaringólogo e investigador Alfred A. Tomatis publicó el libro Pourquoi Mozart basado en su Método Tomatis, y en el cual utilizaba música durante las sesiones de terapia con sus pacientes, afirmando que la música de Mozart ayudaba en el proceso y que podía curar casos de depresión.[1] Su método, desarrollado a mediados del siglo XX, pretendía estimular el oído y el sistema nervioso para integrar aspectos sobre el desarrollo y comportamiento humano.[2]

El estudio que investigó el efecto[editar]

En 1993, la psicóloga Frances Rauscher et al.[3] de la Universidad de California[4] describieron en un artículo, «Music and Spatial Task Performance», publicado en la revista Nature,[3] que la exposición de 36 estudiantes durante 10 minutos a la sonata para dos pianos en re mayor (K.448) (en el catálogo Köchel) tenía efectos positivos en las pruebas de razonamiento espacio temporal. Este efecto duraba unos 10 minutos.

El estudio se realizó sobre tres grupos de 36 alumnos de instituto en cada grupo. Mientras un grupo escuchaba a la obra citada, un segundo grupo escuchaba a instrucciones de relajación diseñadas para reducir la presión arterial. Un tercer grupo permaneció en silencio. A los diez minutos, tuvieron que completar una serie de tareas, incluyendo pruebas de razonamiento según Stanford-Binet y pruebas de doblar y cortar papel. Los investigadores encontraron que los alumnos que habían escuchado a Mozart obtuvieron puntuaciones más altas que los alumnos de los demás grupos.[1]

Impacto cultural y en el mercado[editar]

Poco después, un artículo en The New York Times afirmó que los «investigadores [Rauscher y Shaw] habían determinado que escuchar a Mozart realmente te hace más listo».[1] Entre las distintas iniciativas posteriores basadas en la investigación sobre el efecto Mozart, tanto la industria musical como algunas escuelas privadas lo utilizó como una herramienta de marketing,[5] y en 1998 el gobernador de Georgia regaló un casette o un CD de música clásica a cada madre primeriza que diera a luz en el estado.[4] Lo mismo sucede en Dakota del Sur, Texas, y Tennessee. Otro regalo semejante, a todas las madres, hace la Academia Nacional Americana de las Artes y Ciencias. Y una reciente ley de Florida obliga que todos los niños con edades inferiores a cinco años escuchen en sus colegios 30 minutos diarios de música clásica. Uno de los investigadores del proyecto original comentó: «No creo que haga daño. Yo apoyo que los niños sean expuestos a experiencias culturales maravillosas. Pero creo que el dinero podría ser mejor invertido en los programas de educación musical.»[cita requerida]

Frances Rauscher, la investigadora y profesora de psicología de la Universidad de Wisconsin-Oshkosh, que realizó el primer estudio experimental en 1993 se muestra molesta con el grado de explotación comercial del efecto Mozart y la orientación lucrativa que se le dio a sus investigaciones. En todas sus conferencias deja claro que no existe evidencia científica de que al escuchar algún tipo de música se incremente la inteligencia.

De hecho, una investigación realizada en 2010 por los científicos Jacob Pietschnig, Voracek Martin y Anton K. Forman del Instituto de Investigación Básica Psicológica de la Universidad de Viena, y publicada en la prestigiosa revista Intelligence, revela que las sonatas de Mozart son agradables para el oído, pero la creencia de que potencia la inteligencia de los niños es falsa.

El análisis estadístico de toda la literatura de investigación disponible de 39 estudios con más de 3000 voluntarios en esta materia no encontró cambios significativos en sus habilidades cognitivas. Este estudio muestra que el sólo hecho de escuchar música de Mozart no permite observar mejoras en las facultades de los sujetos de la investigación. Así mostraron que el efecto Mozart en la inteligencia no es más que una de las muchas "leyendas urbanas" de la psicología popular: "Recomiendo a todos que escuchen música de Mozart, pero no se puede satisfacer la expectativa de que de esta manera se logre un aumento de la capacidad cognitiva", explicó Jakob Pietschnig, uno de los autores del estudio.

Si bien la música armónica, melódica y rítmica de varios compositores realizan casi el mismo trabajo que Mozart, dicho autor es especial, explica Tomatis en su libro Por qué Mozart, ya que los ritmos y frecuencias que usa “dan una sensación de libertad y rectitud que nos permite respirar, pensar y reflexionar con facilidad”, acrecienta nuestro potencial creativo de una manera más natural, nos regala una “sensación de seguridad permanente”... El milagro de Mozart es “Colocar al ser humano al unísono con la armonía universal".

Estudios científicos sobre el efecto Mozart[editar]

En 2001, la revista Journal of The Royal Society of Medicine publica una recapitulación respecto al efecto Mozart realizado por el Dr. J. S. Jenkins,[3] en donde afirma que efecto Mozart existe, pero hay que delimitarlo y estudiarlo con más profundidad. Entre sus conclusiones, afirma que aun cuando hay una mejora en los rendimientos, son pequeñas y el efecto no va más allá de unos 12 minutos. Tampoco afecta a la inteligencia en general. Sin embargo, afirma que hay efectos beneficiosos en personas con epilepsia, pero que los resultados no son específicos a las composiciones de Mozart y que no existen criterios musicales definidos.[3]

En 2003, la revista Nature publicó una investigación de la Universidad de California que reforzaba la idea concluyendo que sólo diez minutos de una sonata para piano de Mozart bastaban para mejorar nuestro razonamiento espacial.

En 2007 un informe publicado por el ministerio alemán de investigación, del que se hizo eco Nature, y un análisis posiblemente de toda la literatura científica relacionada con música e inteligencia, concluye que «escuchar pasivamente la música de Mozart —o cualquier otro tipo de música del agrado de uno— no hace a una persona más inteligente. Pero otros estudios deberían ser realizados para comprobar si la audición de música podría incrementar a largo plazo el coeficiente intelectual de un niño...».[5]

En mayo de 2010 un equipo de científicos de la Universidad de Viena comprobó la influencia de la música de Mozart en 3000 personas, y los resultados no registraron ningún incremento en la inteligencia de los sujetos que habían sido sometidos al experimento.[4]

En 2013, el biólogo Nicholas Spitzer de la Universidad de California cuestionó la existencia del efecto Mozart a partir de sus interpretaciones de un estudio que dijo que no se mostraba ningún efecto en la actividad o capacidad cerebral por escuchar música de Mozart.[6]

Efectos en los episodios epilépticos[editar]

En un estudio sobre el efecto Mozart en la actividad epileptiforme, publicado en 1998, Hughes et al. mostraron con la electroencefalografía (EEG) que hubo una disminución significativo en 23 de 29 pacientes de dicha actividad con la sonata K448.[3]

En otro estudio sobre los episodios epilépticos, se le hizo que escuchase la sonata K448 de Mozart durante 10 minutos cada hora a una niña de ocho años que sufría episodios epilépticos, concretamente del síndrome de Lennox-Gastaut, durante el tiempo diario que estaba despierta. El número de episodios se redujo desde nueve episodios en las primeras cuatro horas a un episodio en los cuatro horas siguientes. Asimismo, la duración de los episodios se redujo de 317 segundos a 178. El día siguiente, solo tuvo dos episodios en 7 horas y media.[3]

Referencias[editar]

  1. a b c Sorensen, Lars. (en inglés) «Mozart on the Brain.» Cognition & Language: Birth to Eight: 290:522 Fall 2008 - November 19, 2008. Consultado el 20 de octubre de 2014.
  2. Thompson, Billie M. y Susan R. Andrews (en inglés) «An historical commentary on the physiological effects of music: Tomatis, Mozart and neuropsychology.» Integrative Physiological and Behavioral Science Volume 35, Issue 3 , pp 174-188. 2000. Consultado el 20 de octubre de 2014.
  3. a b c d e f Jenkins, J. S. (en inglés) «The Mozart effect.» J R Soc Med April 2001 vol. 94 no. 4 170-172. Consultado el 19 de octubre de 2014.
  4. a b c «Los bebés que escuchan música clásica no son más listos». El País (04/05/2010).
  5. a b (en inglés) Abbott, Alison (13 de abril de 2007). «Mozart doesn't make you clever». Nature.
  6. [1]

Enlaces externos[editar]