Educomunicación

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La Educomunicación es un campo de estudios interdisciplinar y transdisciplinar que aborda, al mismo tiempo, las dimensiones teórico-prácticas de dos disciplinas históricamente separadas: la educación y la comunicación. Ha sido reconocido por UNESCO[cita requerida] en 1979 como "educación en materia de comunicación" incluye "todas las formas de estudiar, aprender y enseñar", en el contexto de la utilización de los medios de comunicación como artes prácticas y técnicas científicas. Aparici (2010) propociona otros términos por los que se conoce también la educomunicación: recepción crítica de los medios de comunicación, pedagogía de la comunicación, educación para la televisión, pedagogía de la imagen, didáctica de los medios audiovisuales, educación para la comunicación, educación mediática, etc. El término educomunicación se emplea para expresar varios conceptos, cada uno con su matriz propia: educación a la comunicación, educación para la comunicación, educación en la comunicación. Se trata, pues, por un lado, de educar en el dominio de los medios y lenguajes para la emisión de mensajes y por otro lado, de fomentar la recepción crítica de los mismos. La educomunicación está presente en la nueva era de los procesos de enseñanza-aprendizaje. Se pretende una adquisición del conocimiento a través de un proceso crítico-reflexivo, que favorezca la capacitación de la persona mediante el desarrollo de su creatividad posibilitando la compresión de la producción social de comunicación; siendo capaz de saber como funcionan las estructuras, cuáles son sus técnicas y los elementos expresivos que los medios manejan para poder entender los mensajes de forma crítica. Como se trata de educar para la emisión de mensajes, la educomunicación también engloba una concepción técnica, el saber utilizar las nuevas tecnologías de la comunicación.

La educocomunicación surge en Hispanoamérica a mediados de la década de los años setenta para luego extenderse por España. También se desarrolló este campo de estudio paralelamente en otros países como Estados Unidos, con el nombre de Media Literacy; en el Reino Unido se la denominó Media Education y en Finlandia, Educación Liberal Popular Audiovisual. Se trataba de organizaciones que se dedicaban al estudio de los medios, sus lenguajes y la producción, reflexión y crítica de la educación forman e informal. En cada país o zona los grupos dedicados a la educomunicación buscaron dar respuesta a las necesidades propias de su contexto. (Aparici, 2010). En América latina, surgieron grupos como el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa ILCE, en México, existiendo diversos teóricos como El Dr. Franciso Sierra Caballero (Universidad de Sevilla) y el Dr. Enrique Brito Velázquez (Universidad Marista) que la han analizado desde una óptica para el desarrollo de las ciudadanías y vida en democracia. En España se trabajó la educomunicación a través de la Drac Magic en Cataluña, el SOAP en Madrid y, a partir de los años ochenta en la UNED.

El campo de la educomunicación nunca está definido, sino en permanente construcción, en cuanto influenciado por el continuo proceso de cambio social e innovación tecnológica. La educomunicación ha pasado de tener como objeto de estudio fundamental los mass media y las tecnologías analógicas para incluir y poner el foco de atención ahora en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Aparici (2010) expresa que el movimiento educomunicativo se basa en los principios de la pedagogía crítica de Paulo Freire, quien sustentaba una corriente de pensamiento dialógico donde incluyó la convergencia de la educación y la comunicación identificándolos como dos procesos que forman parte de un mismo fenómeno. Tanto en las aulas como en los medios de comunicación convencionales predomina el modelo vertical, modelo transmisor o modelo bancario propuesto por Freire, es decir, un modelo de enseñanza-aprendizaje en el que no hay participación por parte del alumnado, del espectador. Frente a esta recepción pasiva, Freire planteaba el diálogo, un diálogo entendido como un proceso de comunicación sin división entre emisores y receptores. Se trata de que los alumnos y los espectadores participen, sean emisores activos, problematicen la realidad, esto es, se posicionen críticamente sobre cualquier tema para llegar así al verdadero conocimiento y siempre entre iguales. En este sentido, Kaplún (1998) también nos habla del mismo concepto en su modelo autogestionario. En él, el sujeto participa activamente en el proceso educativo, se involucra, investiga, busca respuestas, problematiza y sólo así, llega al conocimiento. En la misma línea que estos autores, Jean Cloutier acuñó el término emirec para referirse a la posibilidad de que una persona participe en un proceso comunicativo tanto como emisor como receptor de forma alternativa.

Aparici (2010) destaca el peligro de que las nuevas tecnologías digitales puedan seguir repitiendo los modelos pedagógicos verticales y no participativos, como ocurrió cuando irrumpieron herramientas innovadoras como el vídeo, la radio, las diapositivas, etc. Por ello, es importante que haya detrás de la tecnología, unos principios pedagógicos y comunicativos basados en los puntos que hemos visto, de participación, diálogo y autogestión. En los últimos tiempos, gracias a las posibilidades que brindan las nuevas tecnologías y sobre todo, la web 2.0, como las wikis, los blogs, las redes sociales, etc. cada persona puede actuar como emirec. En principio, estas plataformas permiten desarrollar los modelos participativos, colaborativos y dialógicos, pero se requiere que las personas se encuentren alfabetizadas digitalmente. Gutiérrez (en Aparici, 2010) propone una definición integradora para la alfabetización digital que incluye conocimientos básicos sobre las formas más comunes de codificar y descodificar significativamente información verbal, sonora, visual, audiovisual y multimedia. Se trata de una alfabetización digital necesaria que va más más allá de la descodificación automática o de saber utilizar dispositivos multimedia. Aparte de que las personas sepan manejar las herramientas web, es preciso que puedan participar en la sociedad creando contenidos, emitiendo sus propios documentos multimedia con valor crítico, reflexivo que ayuden, en última instancia, a la transformación social. La creación se erige como principio básico de la alfabetización en nuestra era. Además, educando para la emisión se llega a ser mejores receptores. Desde la emisión crítica de mensajes también se educa la recepción crítica. Gracias a la elaboración y difusión de mensajes se llegan a conocer los programas, los lenguajes, las técnicas, etc. utilizadas en los mensajes que recibimos y de esta manera, los podemos valorar con conocimiento de causa. Tanto los educadores como los padres tienen también que ser capaces de ser creadores en este entorno multimedia y de la web 2.0 para poder comunicarse, tienen el reto de no quedarse atrás en la sociedad del conocimiento.

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  1. Aparici, R. (2010). Educomunicación: más allá del 2.0. Barcelona: Gedisa
  2. Kaplún, M. (1998). Una pedagogía de la comunicación. Madrid: Ediciones de la Torre.