Economía del estado estacionario

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La economía del estado estacionario de equilibrio dinámico (DESSE) es una teoría económica propuesta por Herman Daly en la que se plantea la existencia de un estado sostenible óptimo de la economía humana a partir de conceptos previos de los economistas neoclásicos que tenían una opinión favorable de este estado, como John Stuart Mill. Mill solía verlo, en buenos términos, como el punto final de crecimiento ontológico causado por el aumento de la población y la disminución de los ingresos (Kerschner, 2008, p. 13).

Sin embargo, el desarrollo del carbón y el petróleo barato crearon un espejismo de percepción de "crecimiento ilimitado" propiciando que la estimación del final del crecimiento ontologico, que se daba por hecho por los economistas neoclásicos, posteriormente fuerá considerada como mera ficción analítica. Sólo algunos, como Joseph Schumpeter (Schumpeter, 1942) o John Maynard Keynes continuaron estimándolo en sus cálculos. Sin embargo, a partir de todas estas estimaciones Daly elaboró su concepto normativo de un estado estacionario ontológico (Kerschner, 2008, p. 14).

Historia[editar]

Durante siglos los economistas han considerado una transición del crecimiento económico a un estado estable, desde los economistas clásicos, como Adam Smith, a los actuales economistas ecológicos. Smith observó y teorizó que el comercio entre personas en mercados abiertos llevaría a la producción de las cantidades apropiadas de los productos básicos, la división del trabajo, aumento de los salarios y una espiral ascendente de crecimiento económico. Sin embargo, Smith reconoció un límite al crecimiento económico. Predijo que en el largo plazo, el crecimiento demográfico elevaría el número de los salarios bajos, los recursos naturales serían cada vez más escasos y la división del trabajo se aproximarían a los límites de su eficacia. Smith predijo incorrectamente 200 años como el período más largo de crecimiento, seguido de una estabilización de la población.[1]

Por otro lado, Thomas Malthus veía la imposibilidad de que la especie humana pudiera lograr el estado estacionario tras el final del crecimiento, así pues, argumentaba que ésta siempre estaría condenada al "vicio y la miseria" (Kerschner, 2008, p. 13).

John Stuart Mill, uno de los pioneros de la economía más prominentes del siglo XIX, anticipó la transición del crecimiento económico a un "estado estacionario". En su obra maestra, Principios de Economía Política, Mill argumentó que el aumento de la riqueza no sería infinita y que el final de este crecimiento conduciría al estado estacionario del capital. Mill, a diferencia de Malthus y Smith, (Kerschner, 2008, p. 13) veía con buenos ojos este estado estacionario, pues solía argumentar que el final del capital y el crecimiento necesariamente no implicaba el empeoramiento de las condiciones humanas tanto moral como socialmente.[2]

Durante el siglo XX, el influyente economista John Maynard Keynes también consideró aquel día en que la humanidad pudiese centrarse más en los fines (felicidad y bienestar) que en los medios (crecimiento económico y acumulación del capital).[3] Keynes describió una “comunidad cuasi estacionaria”, caracterizada por una población estable viviendo sin guerras y con pleno empleo (Kerschner, 2008, p. 14).

Decrecimiento y economía de estado estacionario[editar]

Georgescu-Roegen no aprobaba las simpatías de sus discípulos con la idea de estado estacionario ya que consideraba que violaba la cuarta ley de la termodinámica, es decir, el reciclaje completo es imposible, por ejemplo, las materias primas empleadas para construir un ordenador son fragmentadas y diseminadas por todo el planeta, siendo prácticamente imposible reconstituir los minerales originales. Mientras tanto, Latouche considera al estado estacionario como una imposibilidad entrópica, quedando como única opción el decrecimiento (Kerschner, 2008, p. 14).

No obstante, según menciona Christian Kerschner, esta crítica se origina de una interpretación estrecha del estado estacionario ya que Daly acentúa que este estado «no es ni estático ni eterno; es un sistema en equilibrio dinámico dentro de la biosfera entrópica que lo contiene y lo sustenta». Por lo tanto, considera al decrecimiento y a la economía del estado estacionario como conceptos que pueden ser complementarios (Kerschner, 2008, p. 15).

Soluciones de la economía de estado estacionario[editar]

Daly propone una división de la economía en dos rubros (Daly, 1992):

  • Reserva de personas y artefactos, que debe ser maximizado.
  • Flujo material y energético, que sirve para mantener la reserva y debe ser minimizado.

Christian Kerschner ve la propuesta de "erres" de Latouche (revaluar, reestructurar, redistribuir, reducir, reutilizar y reciclar) conceptualmente vinculada a la visión de Daly. Por otro lado, Daly propone la creación de tres instituciones antes de que este modelo deje de ser efectivo (Daly, 1992):

  1. Incorporar cuotas de agotamiento físico de recursos para estabilizar las reservas de artefactos físicos y mantener el rendimiento por debajo de los límites ecológicos.
  2. Un organismo de distribución que límite el grado de desigualdad en la distribución de las existencias constantes.
  3. Control natal de la población, como por ejemplo, licencias de nacimiento transferibles. Esto diferencia a Daly de los decrecentistas, que suelen evitar el problema de sobrepoblación.

Daly propone que si tales instituciones se desean implementar, tienen que ir de la mano de un "crecimiento moral" ya que se correría el riesgo, al igual que la propuesta del decrecimiento, de ser imposiciones de "arriba a abajo" (Daly, 1992). Mientras tanto, Kerschner ve la oportunidad de un "crecimiento moral" efectivo en momentos de crisis importantes como el cénit del petróleo o la crisis alimentaria (Kerschner, 2008, p. 15).

Kerschner, a diferencia de Latouche, piensa que tanto el decrecimiento como la economía de estado estacionario son complementarios, puesto que el primero resulta atractivo para los movimientos de base y la segunda ofrece soluciones macroeconómicas prácticas. Argumenta que en la combinación de ambos se ofrecería una base teórica sensata a partir de los escritos de los economistas más destacados y sin eludir el problema demográfico (Kerschner, 2008, p. 15).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Adam Smith (1904) An Inquiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations. London: Methuen and Co., Ltd., ed. Edwin Cannan, 1904. Quinta edición.
  2. Mill, John Stuart (1848) "Of the Stationary State," Book IV, Chapter VI in Principles of Political Economy: With Some of Their Applications to Social Philosophy, J.W. Parker, London, England. Consultado el 02 de agosto de 2010. «The increase of wealth is not boundless. The end of growth leads to a stationary state. The stationary state of capital and wealth… would be a very considerable improvement on our present condition. […] ...a stationary condition of capital and population implies no stationary state of human improvement. There would be as much scope as ever for all kinds of mental culture, and moral and social progress; as much room for improving the art of living, and much more likelihood of it being improved, when minds ceased to be engrossed by the art of getting on.»
  3. Keynes, John Maynard. (1930) "Economic Possibilities for Our Grandchildren," in John Maynard Keynes, Essays in Persuasion, New York: W.W.Norton & Co., 1963, pp. 358-373. «that avarice is a vice, that the exaction of usury is a misdemeanour, and the love of money is detestable… We shall once more value ends above means and prefer the good to the useful».

Bibliografía[editar]