Drama social

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El drama social es un subgénero teatral en el que un grupo oprimido de personas se levanta contra la arbitrariedad de un tirano.

Origen y desarrollo[editar]

Antecedentes[editar]

Sus orígenes en España se encuentran en los Siglos de Oro. El crítico Francisco García Pavón afirmaba que Fuenteovejuna de Lope de Vega podía considerarse el primer drama social propiamente dicho, pero su forma está más bien vinculada a los primeros movimientos revolucionarios, a la presencia de la llamada "cuestión social", a la lucha de clases y a las primeras reivindicaciones obreras que se empiezan a producir a fines del siglo XIX.

Un indudable precursor es, sin duda, Félix Mejía, el carbonario editor de El Zurriago (1821-1823), quien empezó escribiendo piezas cortas de figurón político y de denuncia social en este periódico y siguió luego con denuncias de la tiranía como La muerte de Riego (1824), La Pola (1828) o La Suiza libre (1846) entre otras.

Inicio[editar]

Una obra como Los tejedores de Gerhart Hauptmann se suele considerar la primera muestra de este subgénero, que enseguida encontró eco en España, donde fue adaptada a iniciativa de José Echegaray por José Francos Rodríguez y Félix González Llana y estrenada en 1894 con el título de El pan del pobre, con cambios significativos en virtud de los cuales el agrio conflicto entre trabajadores y patronos acaba casi reducido a un melodrama entre un patrono opresor y su hijo natural, al que aquel, sin saberlo, da muerte.

En marzo de 1895 se estrena Teresa, de Leopoldo Alas "Clarín", en que aparece el mundo de la minería asturiana bajo tintes conflictivos y sentimentales. A los pocos meses aparece el que se tiene como obra fundamental del género en España, el Juan José de Joaquín Dicenta, al que siguieron El señor feudal, Daniel y Aurora, obras en que, sin embargo, los conflictos sociales quedan siempre impregnados de elementos melodramáticos y folletinescos. Otros dramaturgos que siguieron en este empeño fueron Federico Oliver con Los semidioses, drama de la emigración andaluza y denuncia en clave reformista de ciertos aspectos propios de la España negra, como la adicción a los toros. Otros dramas donde lo rural y lo social se combinan a partes iguales son los de José López Pinillo como Pármeno, La tierra o Esclavitud.

Siglo XX[editar]

En la década de 1920 se intensifica la preocupación social en dramaturgos de filiación socialista como Marcelino Domingo (Juan sin Tierra) y Luis Araquistáin (El coloso de arcilla). Después habrá que esperar a la llegada de Antonio Buero Vallejo para encontrarnos con dramas que, por su constitución coral y la denuncia de problemas sociales, merezcan este nombre; así puede considerarse buena parte del teatro del Neorrealismo con Buero a la cabeza (Historia de una escalera, Hoy es fiesta), seguido por Alfonso Sastre (La cornada, La mordaza), Rodríguez Méndez (Los inocentes de la Moncloa), José Martín Recuerda (El Cristo) y sobre todo Lauro Olmo, quien con La camisa entronca con las raíces del género.