Dogmas de la Iglesia católica apostólica romana

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Los dogmas de la Iglesia Católica Apostólica Romana son todas aquellas afirmaciones doctrinales que la religión católica mantiene.

De acuerdo con la constitución De Fide Catholica, emanada del concilio Vaticano I, cap. 3, «deben ser creídas con fe divina y católica todo aquello que está contenido en la Palabra de Dios, escrita o transmitida, y es propuesto por la Iglesia para ser creído como divinamente revelado, ora por solemne juicio, ora por su ordinario y universal magisterio». Fe divina es la que se le debe a Dios, fe católica es la que se le debe a la Iglesia. Los dogmas católicos son inmutables. Como dijo León XIII, «lejos de la mente de alguno el disminuir o suprimir, por cualquier razón, alguna doctrina que haya sido transmitida.» (Carta Testem benevolentiae, sobre el americanismo). Dice la misma constitución antes citada (cap. 4): «Y, en efecto, la doctrina de la fe que Dios ha revelado, no ha sido propuesta como un hallazgo filosófico que deba ser perfeccionado por los ingenios humanos, sino entregada a la Esposa de Cristo como un depósito divino, para ser fielmente guardada e infaliblemente declarada. De ahí que también hay que mantener perpetuamente aquel sentido de los sagrados dogmas que una vez declaró la santa madre Iglesia y jamás hay que apartarse de ese sentido so pretexto y nombre de una más alta inteligencia [Can. 3]. “Crezca, pues, y mucho y poderosamente se adelante en quilates, la inteligencia, ciencia y sabiduría de todos y de cada uno, ora de cada hombre particular, ora de toda la Iglesia universal, de las edades y de los siglos; pero solamente en su propio género, es decir, en el mismo dogma, en el mismo sentido, en la misma sentencia”.»

El credo[editar]

Todos y cada uno de los artículos del Credo de los Apóstoles son artículos de fe, y dogmas, para los católicos, esto es:

  • Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor. Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de María la Virgen. Padeció bajo el poder de Poncio Pilato. Fue crucificado, muerto y sepultado. Descendió a los infiernos. Al tercer día resucitó de entre los muertos. Subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos. Creo en el Espíritu Santo, la santa Iglesia católica, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.
  • Creencia monoteísta en un solo Dios en tres personas distintas: Padre Creador del Universo (Yavé), Hijo Redentor del mundo (Cristo) y el Consolador Espíritu Santo. Esta doctrina es conocida como trinitad (creencia en la Santísima Trinidad: un Dios único y «trino»).

Los Padres de la Iglesia consideraron herejía toda creencia que negara el carácter trinitario de la Divinidad (el gnosticismo, el arrianismo, el pelagianismo, entre otros). En el Credo de Nicea se expresó explícitamente esta doctrina, que fue preservada en credos posteriores del cristianismo, incluso los de la Reforma. Las Iglesias Ortodoxas son también profundamente trinitarias.

Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor,
  • Creencia en que Jesús, al ser Dios, nació sin pecado original.
que concebido por obra y gracia del Espíritu Santo nació de María Virgen
  • Creencia en la divinidad y humanidad de Jesucristo, basada en el evangelio de San Juan. Según esta doctrina, Jesucristo es Dios y hombre a la vez y, al ser Dios, vivió su vida terrenal sin pecado.
padeció bajo el poder de Poncio Pilato
fue crucificado, muerto y sepultado
descendió a los infiernos
al tercer día resucitó de entre los muertos
  • La resurrección de Cristo
subió a los cielos
  • La Ascensión a los cielos en cuerpo y alma
y está a la diestra de Dios Padre
desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos.
  • El Juicio Final
Creo en el Espíritu Santo
en la Santa Iglesia Católica,
la Comunión de los Santos,
el perdón de los pecados,
  • Perdón de los pecados: por medio del Bautismo o, como gracia derivada de la del Bautismo, cuando hay arrepentimiento sincero, gracia posterior a la confesión, si esta es posible, o antes de la confesión si esta no es posible pero el penitente se compromete a confesarse directamente ante Dios en cuanto lo sea. El sacerdote, como testigo presencial del pueblo de Dios, y en nombre de Dios, absuelve de todos los pecados en el sacramento de la Reconciliación. Esta absolución es válida, mientras haya auténtica contrición en el penitente.

Es indispensable comprender que la Iglesia Católica contempla la gracia del Bautismo, o sea el perdón de los pecados, más como un bien surgido de la realeza de Jesucristo, Rey de Reyes, que como un proceso jurídico o ritual.

la resurrección de la carne
y la vida eterna.
  • la vida eterna después y por medio de la muerte
    • Cielo Estado en que el alma de los justos gozan eternamente de la visión beatífica (presencia de Dios)
    • Purgatorio, proceso de purificación por el que pasan ciertas almas que han recibido la salvación.
    • o Infierno. Estado en que los pecadores sufren de la ausencia eterna de Dios
Amén
  • Existencia de creaturas espirituales, que fueron creadas por Dios, llamados ángeles, una tercia parte de estos, se revelaron contra Dios, encabezados por Lucifer y fueron arrojados al Infierno, son llamados demonios.

Dogmas sobre Cristo[editar]

Los primeros Concilios de la Iglesia se enfocaron en definir los dogmas acerca de la Persona de Cristo, además de lo ya citados anteriormente sobre la Encarnación, la Filiación Divina, la Muerte, la Resurrección, su Ascensión y su segunda Venida, que forman parte del Credo citado, existen otros definidos por los Concilios posteriores:

  • Jesucristo es Verdadero Dios y Verdadero Hombre: Esto basado en las definiciones de los primeros concilios que sostienen que Jesús tiene una doble naturaleza, la divina y la humana, la segunda desde el momento de su encarnación del vientre de María, naturalezas unidas Dios perfecto y hombre perfecto, de alma racional y cuerpo, antes de los siglos engendrado del Padre según la divinidad, y el mismo en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, nacido de María Virgen según la humanidad, el mismo consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad y consustancial con nosotros según la humanidad. Porque se hizo la unión de dos naturalezas, por lo cual confesamos a un solo Señor y a un solo Cristo.

Siguiendo, pues, a los Santos Padres, todos a una voz enseñamos que ha de confesarse a uno solo y el mismo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, el mismo perfecto en la divinidad y el mismo perfecto en la humanidad, Dios verdaderamente, y el mismo verdaderamente hombre de alma racional y de cuerpo, consustancial con el Padre en cuanto a la divinidad, y el mismo consustancial con nosotros en cuanto a la humanidad, semejante en todo a nosotros, menos en el pecado [Hebr. 4, 15]; engendrado del Padre antes de los siglos en cuanto a la divinidad, y el mismo, en los últimos días, por nosotros y por nuestra salvación, engendrado de María Virgen, madre de Dios, en cuanto a la humanidad; que se ha de reconocer a uno solo y el mismo Cristo Hijo Señor unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación, en modo alguno borrada la diferencia de naturalezas por causa de la unión, sino conservando, más bien, cada naturaleza su propiedad y concurriendo en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas, sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo, como de antiguo acerca de Él nos enseñaron los profetas, y el mismo Jesucristo, y nos lo ha trasmitido el Símbolo de los Padres

Concilio Ecuménico de Calcedonia

Y predicamos igualmente en Él dos voluntades naturales o: quereres y dos operaciones naturales, sin división, sin conmutación, sin separación, sin confusión, según la enseñanza de los Santos Padres; y dos voluntades, no contrarias —¡Dios nos libre!—, como dijeron los impíos herejes, sino que su voluntad humana sigue a su voluntad divina y omnipotente, sin oponérsele ni combatirla, antes bien, enteramente sometida a ella. Era, en efecto, menester que la voluntad de la carne se moviera, pero tenía que estar sujeta a la voluntad divina del mismo, según el sapientísimo Atanasio. Porque a la manera que su carne se dice g es carne de Dios Verbo, así la voluntad natural de su carne se dice y es propia de Dios Verbo, como Él mismo dice: Porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del Padre, que me ha enviado [Ioh, 6, 38], llamando suya la voluntad de la carne, puesto que la carne fue también suya. Porque a la manera que su carne animada santísima e inmaculada, no por estar divinizada quedó suprimida, sino que permaneció en su propio término y razón, así tampoco su voluntad quedó suprimida por estar divinizada, como dice Gregorio el Teólogo: “Porque el querer de Él, del Salvador decimos, no es contrario a Dios, como quiera que todo Él está divinizado”.

Dogmas marianos[editar]

  • Inmaculada Concepción de la Virgen María: los católicos afirman que la madre de Jesús fue preservada del pecado original por privilegio especial divino desde el momento mismo en que fue concebida en el seno de su madre, Santa Ana (Lc 1, 28). Esta doctrina, basada en el contenido del texto de Lc. 1, 28 («El ángel entró donde estaba María y le dijo: -Dios te salve, llena de gracia, el Señor está contigo») y Lc 1, 42 («Y levantó la voz para decir con cálido acento: ¡Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!»), y en la Tradición Sagrada. El origen de por qué fue formulado este dogma está en el problema cristológico de la identidad de Jesús como Hombre y Dios al mismo tiempo y en la misma persona, según el dogma católico. Quienes se contraponían a este dogma argumentaban que si Cristo fue hombre en todos los sentidos, también lo sería como portador del pecado original (otro de los dogmas del catolicismo). De esta forma, tanto para defender el dogma de la identidad Hombre-Dios en la misma persona de Jesús como para defender el dogma de que Cristo fue Hombre en todos los sentidos menos en el pecado, surgió el dogma de la Inmaculada Concepción. La Inmaculada Concepción fue declarada dogma de fe por el papa Beato Pío IX en 1854. La aparición de la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes a santa Bernadette Soubirous el 25 de marzo de 1858, revelando su identidad en los téminos "Yo soy la Inmaculada Concepción" (Qué soï era immaculado councepcioũ)[1] [2] fortalecería aún más la expresión del dogma en el sentir de la Iglesia Católica. La Comunión Anglicana, quien también sostiene la Inmaculada Concepción de María, ha honrado a la Virgen María en su advocación de Nuestra Señora de Lourdes al peregrinar el Arzobispo de Canterbury y primado de la Comunión Anglicana Rowan Williams, a Lourdes y predicar ante 20.000 personas en la Eucaristía Internacional, siendo el Cardenal Kasper, del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad Cristiana el celebrante. Este hecho fue considerado muy auspicioso en orden a la unidad de los cristianos.[3] [4]

. sínodo de Letrán del año 649, presidido por el papa Martín I recalcó los tres momentos de la virginidad de María cuando enseñó que «la santa, siempre virgen e inmaculada María concibió del Espíritu Santo sin semilla, dio a luz sin detrimento y permaneció indisoluble su virginidad después del parto».

Virginidad antes del parto: . En Lc 1,26s vemos testimoniado que María llevó vida virginal hasta el instante de su concepción activa: «El ángel Gabriel fue enviado por Dios…a una virgen… y el nombre de la virgen era María». . La concepción virginal de María fue predicha en el Antiguo Testamento por el profeta Isaías en su célebre profecía de Emmanuel: «Por tanto, el mismo Señor os dará señal: He aquí que la virgen dará a luz un hijo y llamará su nombre Emmanuel.»

. La Sagrada Escritura sólo testimonia indirectamente la perpetua virginidad de María después del parto. La interpretación tradicional de Lc 1,34: «¿Cómo sucederá esto, pues no conozco varón?», infiere de la respuesta de María que ella, por una especial iluminación divina, había concebida el propósito de permanecer siempre virgen.

. Nos consta también indirectamente la virginidad perpetua de María por el hecho de que le Salvador, al morir, encomendase a su Madre a la protección de San Juan, lo cual nos indica claramente que María no tuvo hijos fuera de Jesús.

. Como muy bien señala San Ambrosio de Milán, gran Padre latino del siglo IV, en su polémica contra el monje apóstata Joviniano, la virginidad de María, la virginidad total, es doctrina de la Iglesia desde la época neotestamentaria. En una epístola afirma el santo Obispo milanés: “no dice –la Sagrada Escritura- solo que una virgen concebirá, sino también que una virgen dará a luz. Pues lo que es la puerta del templo, aquella puerta exterior que mira a oriente y permanece cerrada… ¿no es María esta puerta, por la que el Salvador entró en el mundo… Ella que concibió y dio a luz como virgen?”.


  • Asunción de María. María fue llevada al cielo ("asumida, asunta")en cuerpo y alma después de su paso por la tierra. Esta doctrina pertenece a la más antigua Tradición de las Iglesias Católica y Ortodoxa (que hablan de la "dormición de la virgen" o del "Tránsito de María") y fue declarado dogma de fe por el papa Pío XII el 1 de noviembre de 1950 mediante la constitución apostólica Munificentissimus Deus.
  • Maternidad divina: María es madre de Dios. Basada en el dogma de que Jesús tiene dos naturalezas unidas: Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne... De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen. (Concilio de Éfeso)

Otros dogmas y creencias católicos[editar]

  • Iglesia: Jesucristo constituyo una Iglesia visible, a partir de la persona de Pedro y los demás apóstoles, para la salvación de los hombres y esa es la Santa Iglesia Católica y Apostólica, cuya cabeza visible es el Papa.
  • Creencia en que existen dos fuentes de Revelación una es la Escrita que es la Biblia, y otra la Tradición Apostólica, que son las enseñanzas de los apóstoles no escritas y transmitidas a lo largo de los siglos, por la Iglesia.
  • El Magisterio de la Iglesia, es el único facultado para la interpetación verdadera y definitiva de la revelación divina, y este es ejercido a través del Papa y los Obispos en comunión con él, que se ejerce también por medio de los Concilios Ecuménicos, estas definiciones cuando son solemnes (Magisterio extraordinario) son infalibles e irreformables, sin embargo la fe católica obliga a los fieles el asentimiento del Magisterio ordinario, que son los documentos de caracter pastoral del Papa y los obispos.
  • El valor de la oración, esto es, de la relación personal del individuo con su Creador.
  • La doctrina de la sucesión apostólica. Es decir que los apóstoles tras su partida de este mundo, dejaron sucesores en las personas de los obispos, quienes tienen las facultades de los apóstoles, para impartir los sacramentos, así como su autoridad.
  • El papa como vicario de Jesucristo en la Tierra, es decir la Cabeza visible de la Iglesia, que tiene autoridad sobre toda la Iglesia.
  • Infalibilidad del papa El papa es infalible en cuanto a todo lo declarado con respecto a la doctrina ("Ex cathedra").
  • Veneración de la Virgen María y de los Santos. Viene ya de la especial mención a la Virgen en el Credo. Se evidencia especialmente en un asombroso número de advocaciones (representaciones) marianas, recipientes cada una de un fervoroso culto popular, especialmente en procesiones y peregrinajes: Nuestra Señora de Luján (Argentina), Virgen de Urkupiña (Bolivia), Nuestra Señora de Cocharcas, Nuestra Madre de la Merced, Virgen del Carmen, Nossa Senhora de Aparecida (Brasil), Nuestra Señora del Rosario de Las Peñas, Nuestra Señora del Rosario de Andacollo (Chile), Virgen del Quinche (Ecuador), Nuestra Señora de La Paz (El Salvador), Nuestra Señora del Pilar, de Guadalupe, de las Viñas (España), Virgen de la Inmaculada Concepción (EE.UU), Nuestra Señora de Lourdes (Francia), Nuestra Señora de Suyapa (Honduras), Madonna di Loreto (Italia), Nuestra Señora de Guadalupe, de San Juan de los Lagos (México), Santa María de la Antigua (Panamá), Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé (Paraguay), Nuestra Señora del Rosario de Lima, Virgen del Milagro, Santísima Virgen de Guadalupe de Pacasmayo, Virgen de la Puerta y la Virgen de Chapi en (Perú), Virgen de Chiquinquirá , Virgen de Coromoto, Virgen de Betania (Venezuela),

Referencias[editar]

  1. Trochu, Francois (1957). Saint Bernadette Soubirous, 1844-1879. Longmans (London). p. 480. ISBN 9780895552532. 
  2. Visentin, M.C. (2000). «María Bernarda Soubirous (Bernardita)». En Leonardi, C.; Riccardi, A.; Zarri, G. Diccionario de los Santos. España: San Pablo. pp. 1586–1596. ISBN 8428522596. 
  3. http://www.30giorni.it/sp/articolo.asp?id=19217
  4. http://anglicanuruguay.blogspot.com/2008/10/anglicanos-se-unen-en-jubileo-de.html

Véase también[editar]