Distrito de Guadalupe

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Guadalupe
Distrito del Perú
Plaza Mayor de Gaudalupe
Plaza Mayor de Gaudalupe
Bandera de Distrito de Guadalupe
Bandera

Escudo de Distrito de Guadalupe
Escudo

Guadalupe
Guadalupe
Localización de Guadalupe en Perú
Coordenadas: 7°25′00″S 79°30′00″O / -7.41667, -79.5


Coordenadas: 7°25′00″S 79°30′00″O / -7.41667, -79.5
Capital Guadalupe
Entidad Distrito
 • País Bandera del Perú Perú
 • Región Escudo de La Libertad Peru.svgLa Libertad
 • Provincia Escudo de San Pedro de Lloc.pngPacasmayo
Alcalde Lourdes Plasencia Zapata (2011 - 2014)
Eventos históricos  
 • Fundación 7 de agosto de 1825
Superficie  
 • Total 243 km²
Altitud  
 • Media 92 msnm
Población  
 • Total 37,239 (2 007) hab.
 • Densidad 8.544 hab/km²
Gentilicio Guadalupano(a)
Huso horario UTC-5
Sitio web oficial
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Guadalupe es un distrito de la provincia de Pacasmayo, se encuentra a 126 km al norte de Trujillo. Está a 92 metros sobre el nivel del mar y al llegar se puede observar desde lejos a la Virgen de Guadalupe en la cima del cerro.

Símbolos[editar]

Bandera[editar]

Fue reconocida oficialmente por decreto de alcaldía N° 030-92CDG, del 15 de julio de 1992.

La bandera de Guadalupe consta de 6 partes:

  • 5 franjas horizontales y el escudo de la ciudad que viene a ser la parte número 6: una de color azul en la parte superior siendo su ancho un tercio del ancho de la bandera, una de color verde en la parte inferior también de ancho un tercio del ancho de la bandera y al centro en el tercio restante va una franja de color rojo que es bordeada en la parte superior e inferior por dos franjas blancas cuyos anchos son la séptima parte de este espacio.
  • Los colores de la bandera representan:
    • El azul : La devoción Mariana de Guadalupe.
    • El rojo : El sacrificio de nuestros heroes guadalupanos: Justo Albujar, Fernando Albujar y Manuel Guarniz.
    • El verde : La actividad agrícola y la fertilidad de las tierras de nuestro pueblo.
    • El blanco : El espíritu de la paz de nuestro pueblo y su carácter hospitalario.

La bandera de Guadalupe fue creada por Julio Gálvez Abanto.

Escudo[editar]

Reconocido oficialmente por decreto de alcaldía N° 010-91-DG. El escudo tiene el blasón (Escudo) de Francisco Pérez de Lezcano, lleva en la parte superior el nombre de Guadalupe con tipografía antigua, un poco más abajo una corona color de oro, alrededor un manto desplegado de color azul bordeado con flecos color oro y en la parte posterior de plata, lo flaquean en derecha e izquierda dos Manu Rak en color negro y en la parte inferior presenta una banda blanca donde va contenida la fecha de fundación de Guadalupe y la frase "Hombres de Fé".

El diseño de el Escudo de Guadalupe fue realizado por el arquitecto guadalupano Roberto Lostaunau Flores.

Himno[editar]

Reconocido oficialmente por decreto de alcaldía N° 051-91CDG. El himno a Guadalupe hace una remembranza de lo más significativo, valioso y querido de este pueblo. Ensalza las fértiles tierras del valle, recuerda sus antepasados, evoca la fe en la Virgen de Guadalupe, inspira el valor de sus héroes Justo, Fernando Albujar y Manuel Guarniz y del espíritu solidario del filántropo Tomás Lafora.

Historia[editar]

Fundación de la ciudad de Guadalupe[editar]

Guadalupe enclavada en el corazón del valle del Jequetepeque, siempre estará relacionada a la Virgen de Guadalupe. La ciudad de Guadalupe fue fundada por el capitán español Francisco Pérez de Lezcano el martes 15 de abril de 1550. Conquistado el Perú por Francisco Pizarro y sus hombres, fueron dados en feudos varios pueblos del valle del Jequetepeque al capitán Francisco Pérez Lezcano, que en 1531 entrara con Pizarro en Cajamarca y después vivió con su familia en Trujillo. El corregidor de esta ciudad quería perderle; y aprovechando la sospecha de ser Lezcano culpable de unos pasquines ofensivos, que cada amanecer aparecían en las puertas principales de Trujillo, lo condenó a una muerte que hubiera llegado, de no salvarle la Virgen de Guadalupe, quien, en la mañana de su ejecución, hizo descubrir al culpable: un clérigo por nombre Pajalarga, que huyó y en el río Chagres fue devorado por un caimán.

Lezcano con su mujer Luisa de Mendoza, peregrinando al santuario de La Virgen de Guadalupe en España, logró el permiso de los monjes para hacer una réplica y llevarla al Perú. Envuelta entre bocados y metida en un baúl (6), salió de España, desembarcando en el hoy puerto de Chérrepe, donde la virgen calmó furiosas olas que suben en montes y bajan en toros, arrepintiéndose unas a otras, en decir del padre Calancha. Era el año l560 (7). Lezcano puso provisionalmente la efigie en una rústica capilla de su huerto en Chérrepe; y aunque no hay plena concordancia entre los autores en torno a las capillas y templos varios que ha tenido la imagen hasta hoy.

Al parecer, antes de entregar Lezcano la Virgen a los agustinos para su cuidado, la tuvo en un segundo templo en su finca de Chérrepe Viejo, donde hay considerables restos de tapial y pinturas en el enterrado zócalo de esta capilla, que fue de una nave y medía casi 25 metros de largo.

En julio de l563 entregaba Lezcano la imagen de Guadalupe y buen solar para edificarle un templo digno y un convento adjunto, al provincial de los agustinos, padre Cepeda, y al superior de Trujillo, padre San Pedro. Y después de salvar un pleito, promovido por los curas limítrofes de Lloc, Mocupe y Chérrepe, y apoyado por el obispo -a quienes interesaba aquella fundación y, por evitar la hicieran los frailes, proponían colocar la imagen en la catedral de Trujillo. En l565 se comenzó el tercer templo, en el valle de Jequetepeque, a los pies del solitario cerro Namul. De esta iglesia y del adjunto convento agustiniano quedan restos.

Aunque reducidos, después del incendio que los destruyó. (El padre San José supone incendiado el segundo templo, no éste). Con la virgen marchó el pueblo- que desde el siglo XVI se llama, como en Extremadura, Guadalupe-, refugiándose alrededor del cuarto ejemplo, levantado por los agustinos con su adjunto gran monasterio, capaz para 50 religiosos, y una hospedería para los peregrinos, igual que la tuviera el anterior; pero también éstos sucumbieron en l6l9, bajo el fuerte trepidar de un terremoto.

Por fin, el padre Hernando de la Barrera dio comienzo al último y definitivo santuario, a pocos metros del anterior, construido con cal y ladrillo, con dos espaciosos claustros para convento de estudios, y un templo esbelto y bien decorado; los mismos que hoy subsisten, aunque reformada su iglesia y sin monjes el cenobio.

La importancia del santuario de Guadalupe en Pacasmayo fue grande, como templo marial y como casa de frailes. La Virgen mostróse allí tan milagrosa, que su fama cruzó fronteras y se extendió por los contornos, contándose entre sus prodigios- narrados por el casi contemporáneo padre Calancha- el obrado con el virrey del Perú, Alvarez de Toledo, cuando en l568 navegaba rumbo al Callao, y en Cabo Blanco una tempestad amenazó con echar a pique sus cuatro naves. Tan agradecido quedó a la Señora de Guadalupe- que en España ya había visitado-, que desembarcando en Paita, peregrinó al templo de Pacasmayo, mandó celebrar varias novenas y nombró a la Virgen protectora de la Real Armada del Perú. Y al año siguiente dio en feudo al santuario los pueblos de Lloc, Jequetepeque, Chérrepe, Mocupe y Chepén.

Copiando la tradiciones del santuario de Extremadura, en Guadalupe de Perú fue costumbre celebrar sus fiestas anuales de diciembre con una lucida feria, a la que concurrían varios miles de peregrinos y llegaban comerciantes hasta de centroamérica, en decir del padre Calancha (9). Era ruta de peregrinaje a la vera del camino colonial costero y varios virreyes lo visitaron. Como monasterio de agustinos, Guadalupe del norte de Perú ha tenido destacada importancia en el seno de la orden. Fue noviciado y casa de estudios hasta que en 1826 salieron de allí sus frailes en virtud de una ley de supresión de conventos, decretada por el general Sucre. Con este santuario estuvo muy ligado el singular devoto de la Virgen extremeña y obispo de Quito, fray Solís, que intervino en la fundación del primer convento y allí deseó acabar sus días, aunque no le fue posible. Sin embargo de que el culto a la Virgen no se apagó y hoy revive con pujanza, la tónica de los agustinos sí debía ser baja cuando en 1752 el obispo de Trujillo les quitó la parroquia ajena al templo y les prohibió tener pila bautismal, intentando despojarles también del santuario; dando todo ello motivo - en 1785 - a un pleito entre la orden y la mitra, cuyo resultado fue una real cédula, fechada en 1794, que ordena se entreguen al párroco de Chepén, don Nicolás López de Barrena, la iglesia, imagen, alhajas, etc.., de Guadalupe. Pero ante la reclamación del definitorio de la congregación agustiniana en el Perú, el Consejo de Indias logró que el rey diera orden en contrario por nueva cédula de 1796. Poco después, el nuevo prior de Guadalupe, padre Terhón (1797-1801 ), intentaba restaurar el templo.

En sus tiempos de esplendor visitó el santuario de Pacasmayo el monje guadalupense fray Diego de Ocaña, cuando en septiembre de 1599 cruzaba los arenales desde Paita a Lima. En sus relaciones del viaje, cuenta que allí se hospedó, aunque no le atendieron muy bien. Por allí anduvo, asimismo, el fraile jerónimo padre Pedro del Puerto 1613, ofreciéndonos con mucho desenfado la impresión que le causó el santuario y sus religiosos agustinos: "En los llanos de Trujillo y Peña, viniendo caminando a Lima, hallé un convento de Religiosos Agustinos grande en edificio y número de frailes. Hize jornada allí aunque no pose en su casa. Llamase Guadalupe porque tienen una imagen con este título. Llegué al convento y pocos o ningunos conocieron el hábito. Preguntome el Prior que de que Orden era, díxiselo, y estuvo el casso de manera que comenzó a decir quam pobre está la tierra. Pregúntele quien había puesto allí aquella imagen y dádole título de Guadalupe; comenzó ha titubear, alborotose, acudieron frayles ha verme de pies a cabeza y yo me arrepentí muchas veces, e ser curioso, sin tener papeles y recaudos. Procuré una imagen de las que dan a todo el mundo que va allí la cual traigo para que la vean V.P.- Lo cierto es que las limosnas que hay, pocas o muchas, por aqulla comarca, ellos las recogen y no conocen otros religiosos de Guadalupe sino los frayles Agustinos de los llanos donde está la imagen que e dicho" (Relación ms. del viaje de fray Pedro del Puerto, existente en el archivo del monasterio extremeño de Guadalupe). Aunque las reformas agrarias implantadas en el S. XIX , con ocasión de construirse Perú en nación autónoma, arrebataron al templo del Guadalupe sus tierras, hasta entonces sabemos que fue propietario de pingües fincas, que más que al santuario beneficiaron al convento y a sus frailes. En 1601 habíale dado el cacique de Moro-Moro, Francisco Chepén, 3.500 varas de tierra para una capellanía, y al morir dejó al templo todos sus bienes. Y entre las propiedades que enumera Villarejo en su citada obra, figuran siete fincas con una renta anual de 3.637 pesos. Todo ello y las joyas de la imagen -que por su riqueza era llamada Virgen de los peruleros- se perdió en el siglo XIX. Al ser expulsados los Agustinos, el templo quedó a cargo de la mitra, como parroquia, y el convento fue desmembrado pasando un claustro -el más pequeño y hoy mejor conservado- a propiedad particular. En fecha cercana sufrió la iglesia una reforma poco afortunada, sustituyendo los altares del siglo XVII por otros modernos y deshaciendo el retablo mayor para ofrecernos el actual, sin interés artístico alguno. En nuestros días ha experimentado un notable resurgimiento la devoción a este santuario, a raíz de ser coronada la imagen , el 24 de octubre de 1954, como patrona de los pueblos norperuanos.En el 2004 se conmemoró a lo grande los 50 años de la coronación canónica, LA VIRGEN DE GUADALUPE visitó las diferentes comunidades del valle del Jequetepeque, acompañados por sus devotos.

Los Hermanos Albújar y Manuel Guarniz[editar]

En marzo de 1881, establecieron los chilenos una guarnición en Guadalupe, la que era comandada por el capitán Chacón, quién a la vez obedecía órdenes del jefe provincial sargento mayor Ezequiel Villarreal cuya sagacidad y buen tino evitó a la provincia excesos y cobardías perpetrados por la soldadesca intemperante y levantisca. Residía en San Pedro.

Eventos[editar]

Desde que los invasores habían sentado sus reales en Guadalupe, nadie los había hostilizado y vivían en paz.

Un hecho inusitado vino a turbar la tranquilidad de los soldados chilenos. En el departamento de Lambayeque se habían levantado falanges de guerrilleros. Los hermanos Valera conocidos como Chorrocas, un tal Soberón y otros atacaban a las guarniciones de Chiclayo y Lambayeque.

Dos centenares de guerrilleros comandados por Belisario Valera entraron a Guadalupe el 25 de octubre de 1881.

La guarnición chilena en Guadalupe, estaba compuesta en esos días por 40 soldados chilenos.

Los chilenos ocupaban una casa en la cual funciona hoy en día la subsede de la Universidad Nacional de Trujillo en la calle Ayacucho muy cerca de la plaza de armas.

Al oír los tiroteos los chilenos se imaginaron que se trataba de un ataque en forma, se desplegaron en grupos por diferentes sectores aledaños a la plaza de armas. Dos horas y media duro el enfrentamiento armado siendo las fuerzas de Chorroca repelidas.

La población guadalupana de aquella época estaba preocupada por las acciones que pudieran tomar los chilenos contra la población en vista de los eventos sucedidos.

La situación era difícil y se complicó más, esa misma tarde (25 de Octubre), después que el orden estaba completamente restablecido, transitaba un sargento chileno por la calle panteón(hoy día Junín) y al pasar por la casa que ocupaban Fernando Albujar, Justo Albujar (zapateros) y Manuel Guarniz(aprendiz de zapatero) un tiro le badeó el kepí, sin tocarle la cabeza. Confundido por el pánico, el sargento abultó las cosas y contó a sus jefes que al pasar frente a la casa de unos zapateros Albujar le habían disparado.

Se ordenó que los Albújar y Manuel Guarniz sean apresados. Estos jóvenes no habían tomado parte en el ataque al militar chileno, pero según algunas versiones se sabe que el que hizo el disparo fue un sirviente de don José González, apellidado Domingo Rubio, que en compañía de su patrón y de el señor José Valderrama, se encontraban en los altos de la casa de los Albujar, cuando ocurrió el incidente ellos no habían estado allí.

Cuando los hermanos Albújar y Manuel Guarniz llegaron al cuartel, el jefe chileno les hizo muchas preguntas a fin de saber si ellos realmente habían hecho el disparo.

Fernando Albújar con una entereza digna del inconmensurable valor moral que poseía, contestó que ninguno de los tres había tomado parte en el evento ocurrido.

El 27 de octubre se dio a conocer al pueblo que los Albújar y Manuel Guarniz serían fusilados por ataque al invasor.

Un concejo de guerra sin previo estudio del asunto, había decidido el fusilamiento.

Los hermanos Albújar y Manuel Guarniz decidieron no delatar a los que habían realizado el ataque prefiriendo en este caso el fusilamiento.

Un formidable movimiento de protesta se organizó en la ciudad, el general Ecuatoriano Don secundino Darquea el cual vivía en Guadalupe junto con otros extranjeros que también residían en la ciudad y demás distritos de Guadalupe, elevaron un memorial al jefe departamental de Trujillo, demostrando que los jóvenes no habían realizado ningún ataque.

El referido memorial debía ser trasmitido por teléfono desde San Pedro de Lloc, capital de la provincia de Pacasmayo a Trujillo y como ya los Albujar y Manuel Guarniz estaban en capilla llevó el mensaje haciendo un viaje forzado el mismo hijo del general Darquea, quien lo entregó al jefe provincial chileno don Ezequiel Villarreal, que dicho de paso estaba también interesado en salvar a los Albujar y Manuel Guarniz.

En la noche Villarreal habló por teléfono con el coronel Novoa, jefe departamental de las fuerzas chilenas, exponiendo la petición de Guadalupe, el clamor de los extranjeros y manifestando francamente que los acusados eran inocentes. La respuesta de Novoa fue brutal, pues contestó lo siguiente: Aantes de ahora ha dicho usted que eran culpables, hoy afirma que son inocentes, ¡fusílenlos! Voy a dormir. En seguida dejó el fono.

De nada sirvieron las gestiones de los extranjeros, ni las lágrimas de sus hermanas que solicitaban perdón, de rodillas ante el jefe, ni el ofrecimiento de 6 000 soles de plata que erogó el pueblo con el objeto de salvar a los Albujar y Manuel Guarniz. Era una orden superior que venía desde Trujillo, dictada por el coronel Novoa, quién no conocía los acontecimientos y por la distancia ignoraba la conclamitación de todo un pueblo herido en lo más delicado de sus sentimientos.

El 28 de octubre de 1881, los hermanos Fernando Albujar y Justo Albujar y su compañero Manuel Guarniz marchaban al último suplicio. A las ocho de la mañana desfiló el fúnebre cortejo, precedidos de la caballería e infantería chilenas, tomando el camino al cementerio general. Las trompetas del batallón tocaban una marcha que desgarraba el corazón y en todos los semblantes se reflejaba un sentimiento de tristeza y dolor profundo. Detrás de la tropa iba un numeroso gentío que sirvió de testigo del inaudito crimen perpetrado en la persona de tres mártires.

Marchaban los hermanos Albujar y Manuel Guarniz con resignación y conciencia tranquila. El cura Francisco de Paula Rojas Sarmiento iba con ellos acompañándolos en tan doloroso trance así mismo respondía ante los curiosos : “Pobres, mueren inocentes” ya que según se supo años después Los Albujar y Manuel Guarniz le habían hecho saber como secreto de confesión, quien había disparado y que ellos no habían realizado ninguna clase de ataque.

Cuando llegaron al cementerio, a cada uno se le señaló su banco y un soldado se encargo de ponerles el vendaje, Justo Albujar y Manuel Guarniz consintieron que se les ponga, pero Fernando lo rechazó, poniendo, en evidencia, una vez más, la energía de su carácter y el vigor moral de su espíritu, se desgarró la camisa y dijo lo siguiente: "MUERO INOCENTE Y ESO ME RESIGNA A RECIBIR LA MUERTE CON PACIENCIA".

Al pueblo no se le permitió presenciar el fusilamiento, tuvieron que mantenerse a una distanciaprudencial; esto motivó que Manuel Lías de 09 años y otros dos niños más, subiesen a un árbol de quebracho, que estaba cerca del lugar de los sucesos, y así escondidos entre las ramas, poder observar a corta distancia el acto.

Luego de la bendición final, a 60 metros de los jóvenes mártires se colocó el pelotón de fusilamiento conformado por 12 soldados chilenos, a la orden de un oficial, el cual dio las ordenes siguientes: ...¡Tirador de pie!...¡carguen!...¡apunten!...¡Fuego!...Dispararon doce descargas de rifles que acabaron con la vida de los tres jóvenes, fueron enterrados en el mismo cementerio, los brazos de Fernando Albujar estaban rígidos en actitud horizontal hacia el frente como si hubiera estado señalando a la tropa chilena.

Gracias al general Darquea y a las súplicas de su bella hija la señorita Anita Darquea se logró que fueran fusilados en el cementerio y no en la plaza de armas tal como lo planeaba hacer la tropa chilena.

Toda la población estaba triste y contrariada, el mismo jefe del destacamento chileno en la provincia de Pacasmayo el sargento Mayor Ezequiel Villarreal conocía la injusticia del proceso, y deploraba con frecuencia el poco tino con que se había tratado el tema.

De manera , pues que este proceso sin documentos legalmente aparejados, es uno de los más injustos y violentos que registra la historia de la guerra.

Desde el 13 de diciembre de 1983 son considerados héroes de la República del Perú.

Carta de Fernando Albújar[editar]

Esta es la carta que dirigió Fernando Albujar al alcalde de Guadalupe, señor don Manuel Banda. Fue escrita la víspera del fusilamiento y no se ha alterado absolutamente nada, dejando exacto la ortografía y redacción del autor.

Dice así:

Capilla del Cuartel, octubre 27 de 1881.

Señor Manuel Banda.-Pte.

Mi buen amigo.

"Mañana debo ser pasado por las armas, tres soldados me acusan de que en mi tienda habían salido tiros, lo que es muy falso, abrí, registraron, no hallaron nada que notase tal culpa, y sin embargo, soy condenado a muerte muero inocente y esto mismo me resigna a recibir la muerte con paciencia. Le encargo a mi familia, a mis hermanos José y Enrique que lo que es Justo morirá conmigo igualmente inocente.

"Me preparo a recibir la Divina Majestad para morir como cristiano, y por consiguiente, perdono a todos, le encargo atienda los gastos de esa desgraciada familia, hasta que venga mi hermano José que le abonará todo".

"Su desgraciado amigo que muere inocente".

Fernando Albujar.

Nuestra Señora de Guadalupe[editar]

Bellísima imagen de madera policromada, vestida y con cabellera, de unos 70 cm. de alto, de rostro “muy agraciado y devoto”, así como el Niño Dios, que sostiene en su mano izquierda“ mientras que con la diestra lo estrecha amorosamente contra su pecho”.

En su primer viaje a Sudamérica, el Papa Juan Pablo II exaltó el hecho de que “mientras que la mayoría de los pueblos vino a conocer a Cristo y al Evangelio después de siglos de su historia, las naciones del continente iberoamericano nacieron cristianas”.1

Sin duda, el país donde más se patentiza ese origen providencial de América Latina es el Perú, con su portentosa gracia fundacional, atestiguada tanto por múltiples hechos sobrenaturales como por inigualados frutos de santidad y civilización cristiana.

Un exponente de esa gracia primigenia, es la milagrosa imagen de la Virgen de Guadalupe 2 venerada en la localidad del mismo nombre, en la provincia de Pacasmayo.

Vivía en Trujillo a los pocos años de fundada, hacia 1560, el encomendero Capitán Francisco Pérez de Lezcano. Rico y muy estimado, la Corona le había concedido tierras y otros beneficios en Chérrepe y Pacasmayo. De repente comenzaron a aparecer en las más distinguidas casas trujillanas, pegados a sus puertas durante las noches, extraños libelos infamando a sus moradores: hecho sumamente grave, aún más considerando que la calumnia y otros delitos contra el honor se castigaban entonces con severidad extrema, que podía llegar hasta la pena capital. Se realizaron investigaciones sin resultado, hasta que dos testigos declararon haber visto, el día en que apareció uno de los carteles infamatorios, a un embozado con características físicas similares a las del capitán Pérez de Lezcano regresando de madrugada a su casa. Sin más el Corregidor de la ciudad mandó apresar al capitán, y tras un juicio sumario, pese a que él protestó su inocencia, le hizo sentenciar a muerte.

No le quedaba al reo sino poner su suerte en manos de Dios, y lo hizo por medio de la venerada Virgen de Guadalupe “la Extremeña”, una de las invocaciones más populares de España, milagrosamente descubierta en el siglo XIV en una cueva en las montañas de Extremadura, donde había permanecido escondida durante varios siglos desde la invasión mahometana.

Pérez de Lezcano, extremeño y devotísimo de la Virgen de Guadalupe, prometió a su Patrona que si Ella le salvaba la vida traería de España una réplica de su imagen y le erigiría un santuario en Trujillo. Y precisamente en la madrugada del día marcado para su ejecución, un griterío “¡Aquí del Rey!” alborotó la ciudad aún dormida. En la calle todavía oscura un vecino clamaba por ayuda mientras forcejeaba con un embozado a quien había sorprendido pegando un cartel infamatorio en su puerta. Rápidamente este fue reducido y resultó ser un eclesiástico de mala reputación, que vivía junto a la casa del capitán y era de su misma estatura. Así descubierto el verdadero autor de las calumnias, Pérez de Lezcano fue liberado, su inocencia aclamada y su honor debidamente reparado.

Restaba al agradecido capitán cumplir su voto. Viajó a España y, acompañado de un escultor que contrató en Sevilla, se trasladó a Guadalupe, donde con permiso de los custodios del santuario hizo tallar una réplica de la imagen (la cual no debe ser confundida con su homónima de México.² Una vez terminada la trajo personalmente a Trujillo, donde fue festivamente recibida en 1562, y le hizo levantar una capilla en su heredad de Pacasmayo, entregando su custodia a los Padres Agustinos.

Tras el fortísimo terremoto que arrasó Trujillo en 1619, el santuario se trasladó a su emplazamiento actual, naciendo así el poblado de Guadalupe. En él se destaca el templo, de reminiscencias góticas, concluido en 1643.

Estupendos milagros obrados por la imagen desde su llegada al Perú le dieron rápidamente fama en todo el Norte del continente hasta Centroamérica, y aun en Europa. De ellos se enteró el Virrey Don Francisco de Toledo cuando partía para el Perú a tomar posesión de su cargo. Frente a Cabo Blanco sobrevino una furiosa tempestad que amenazaba echar a pique su escuadra, al punto que todos se dispusieron para morir. En tal extremo, el Virrey hizo solemnes promesas a la Virgen de Guadalupe; a su requerimiento todos la invocaron; y para admiración general, de inmediato el mar se calmó. Tras el feliz desenlace el Virrey quiso desembarcar en Paita y fue por tierra hasta Guadalupe, donde dio una gran limosna y en nombre del Rey hizo donación a la Virgen de cinco pueblos: Guadalupe, San Pedro de Lloc, Jequetepeque, Chérrepe y Chepén.

El cronista de la Orden agustiniana, Fray Antonio de la Calancha, narra también que se debe a esta imagen la primera resurrección ocurrida en América, en la persona de un indio neogranadino llamado Hernando Tusa, cuando estaba siendo velado en el santuario. Refiere asimismo el resonante caso de otro indio llamado Alonso, apóstata y hechicero, “comensal del demonio”, que recibió una doble gracia: primero la conversión y después la curación (era tullido de las manos y en los pies). Pero quizás el más asombroso de los prodigios de la Virgen de Guadalupe es el ocurrido con un soldado español en las costas del Mar del Norte. Preso por desertor y condenado a la horca, a instancias de un compañero que le contó el caso de Pérez de Lezcano, se encomendó empeñadamente a la protección de la Virgen de Pacasmayo, y renovó su confianza en Ella a camino del patíbulo. Al ordenarse la ejecución, la cuerda se partió inexplicablemente y el condenado cayó al piso sano y salvo. El comandante de la plaza, contrariado, hizo armar una cuerda más gruesa, y ordenó repetir la ejecución. Para asombro de todos, la nueva cuerda también se partió. Obstinado, el comandante mandó insistir con cuerdas cada vez más fuertes, pero todas se partían al momento de ser ahorcado. El prodigio se repitió ¡siete veces!; hasta que el comandante se rindió a la evidencia del milagro y, en medio de aclamaciones concedió al reo la libertad. El feliz amnistiado vino en 1630 a Pacasmayo como peregrino, para agradecer a la Virgen su salvación.

Las convulsiones del período republicano y el anticlericalismo que entonces campeaba determinaron que el santuario de Guadalupe —que fuera para los Agustinos lo que Ocopa fue para los Franciscanos o Juli para los Jesuitas: su más importante centro misionero— pasara al clero secular. Con el tiempo el abandono fue tomando cuenta de la bella construcción. Hasta que hacia 1940 el P. Santiago Wenceslao Aguilar, emprendió la restauración del conjunto y gestionó además la coronación canónica de la imagen, aprobada por Pío XII y realizada en 1954.

La inolvidable ceremonia, presidida por el Nuncio como legado papal, fue apadrinada por el Presidente de la República y su esposa junto con las máximas autoridades de Gobierno, legislativas y judiciales y militares de Trujillo, además de alcaldes regionales de La Libertad, Cajamarca y Lambayeque. Al colocar la corona en la venerada imagen, el Nuncio exclamó: “Del mismo modo que por nuestras manos te coronamos en la tierra, así merezcamos que Cristo nos corone de gloria en el Cielo”. La multitud prorrumpió en aclamaciones y aplausos, mientras escuadrillas de aviones de la Base Aérea de Chiclayo arrojaban flores y una corona de rosas sobre la imagen, las campanas de todos los templos repicaban y la artillería militar disparaba una salva de 21 cañonazos. Se inició después la procesión más concurrida y solemne que el santuario recuerda, con la Virgen de Guadalupe luciendo su hermosa corona de oro, y ladeada de doce niñas simbolizando las doce estrellas de su aureola.

Cultura[editar]

Gastronomía[editar]

"Los ricos cebiches de camarones, los cabritos estofados, los arroces con pato en todas sus variedades, los arroces con carne, los pescados, los mariscos y, El sandwich de pavo, en fin, la alegría" forman parte de la gastronomía local. Estas son las delicias de la mesa guadalupana que un visitante de comienzos del siglo recordaba años después de su estancia en Guadalupe. Y que mejor manera de evocar, sino con el sabor que se impregna en la memoria gustativa. Así es, no hay comensal que llegue a Guadalupe y que no deje de ponderar los sabores que se muelen, se mezclan, se marinan, se hierven... en la ancestral cocina guadalupana.

Dia de semana o día festivo en Guadalupe se come rico. Es una tradición de larga data alimentarse y agradar el paladar. Y en día de fiesta es mayor el esmero. Un cronista limeño de la revista "La integridad", dirigida por Abelardo Gamarra, escribió para esa publicación en 1889 que en la feria de Guadalupe se encuentran "salones de lunch, fondas, cocinas a la criolla, superiores a las que de tal se consideran en la capital".

Esta tradición culinaria continua en la inagotable inventiva de cocineras y cocineros. Otras delicias son el frito, el sudado de life, el sudado de camarones, la butifarra de chancho, el refresco de cebada, y en dulces los tajadones, el champús, los huevos a la nieve, la mazamorra de chancho, etc. Pero quien se lleva las palmas es el sánguche de pavo, emblema de la gastronomía guadalupana. Es único en todo el Perú porque su proceso empieza en la crianza del ave y se logra con ingredientes y secretos extraídos de recetarios al oído, entre maceraciones, aromas y con toques preciosos a medida de la buena mano.

En los últimos años se ha impulsado una nueva corriente en los eventos gastronómicos que anualmente se celebran en Guadalupe, entre ellos el festival gastronómico del pavo y del arroz. Ahora cocineros tradicionales y chefs de las nuevas generaciones exploran el infinito universo culinario y crean nuevos platos para deleite del comenzal.

Guadalupe, mar, sol y arena[editar]

El litoral guadalupano es bendecido por una sucesión de playas y balnearios donde el cálido sol norteño va al encuentro del mar en cada atardecer, y en esa espera discurren los más largos y apacibles días que la vida nos puede brindar.

Balneario La Barranca: Entre el mar y los empinados barrancos se extiende un conjunto de casas amplias y frescas, organizadas en varias manzanas. Es un bello y apacible refugio donde la vida, entre los veraneantes, transcurre con familiaridad y la espera paciente de hacer una buena pesca para agradar la mesa. La Barranca disa 17 Km. de la ciudad de Guadalupe, y se llega a través de una serpenteante vía afirmada. Tiene condiciones para practicar bicicleta montañera y ala delta.

Balneario La Bocana: En la margen izquierda de la desembocadura del río Chamán se luce una amplia franja de arena bañada por un mar generoso. Frente al océano, sobre una ladera, se agrupan los ranchos y viviendas desde donde se domina el horizonte marino. En verano, cuando el lugar es visitado por los bañistas, se realizan competencias de motocross que concentran a audaces competidores del norte peruano.

Playa Chica y Playa Grande: Extensas e impresionantes ambas playas solitarias y alejadas del bullicio son preferidas para los aficionados a la pesca.

Otras playas dignas de visitar son: El Rinconazo y La Piola que completan la oferta playera de Guadalupe.

Centro formador del Caballo de Paso[editar]

Esta histórica tierra de hombres diestros y dedicados a la faena agrícola fue uno de los ejes de la formación evolutiva del caballo peruano de paso. El paso del tiempo y el desconocimiento ha hecho que se olvide o se soslaye la contribución de Guadalupe en la evolución de nuestra raza caballar.

Basta mencionar algunas glorias y personajes legendarios de cuna o residencia guadalupana para reconocer su gravitación nacional en la esfera equina. Entre ellos figura don José Bernardo Goyburu Rázuri. Al respecto el costumbrista José Vicente Rázuri resalta: "Guadalupe es la meca de la crianza del caballo de paso".... Muchos ejemplares fueron llevados a diferentes países como por ejm Ecuador, Panamá. Y en Lima, quien más deslumbró por la exhibición de arrogantes caballos, fue don José Bernardo Goyburu, que con excelentes chalanes, como Pedro Aranda, Juan Soltero y Francisco Reaño "Trinche", conquistaba los más trepidantes aplausos".

Don Federico de La Torre Ugarte es la gloría más reconocida oficialmente en las páginas de la historia. Fue fundador de la Asociación de Criadores y Propietarios de Caballos Peruanos de paso y ostenta el título de Presidente Honorario Vitalicio de la mencionada asociación.

Entre los chalanes de estirpe guadalupana, además del legendario Pedro Aranda, brilla sobre su brioso corcel Ricardo Soltero, un genio y maestro, para muchos el mejor chalán de la historia.

Mucho antes de que aparecieran los concursos oficiales, la famosa Feria de Guadalupe, era el centro de exhibición y comercialización de caballos de paso, de finos aperos, pellones, ponvhos. Esta galana ciudad era el centro de concentración de los más entendidos criadores y aficionados. Esta fina raza y noble tradición, tiene en Guadalupe y en sus eximios cultores uno de los más impresionantes formadores de la estampa, la contextura, el brillo y el paso llano que hoy se admira en otros países del mundo.

Gobierno distrital[editar]

El Gobierno distrital de Guadalupe tiene una tradición de gestión democrática de alternancia.

Autoridades[editar]

Alcaldesa 2010-2014 : Lourdes Plasencia

Centros poblados[editar]

Algunas imágenes de Guadalupe
 
 
 
Vista de una zona agrícola de Guadalupe  
Atardecer guadalupano  
Iglesia de Guadalupe  
Vista Hacia El Cerro De La Virgen  
Virgen De Guadalupe  

Personajes notables[editar]

  • Marina Mora, Miss Perú 2002.
  • Caribeños de Guadalupe.nhjyyhyhhhhyyhhyy

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]