Discrepancia energética de los cien milenios

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Media de varias muestras de δ18O, un proxy de Tº, de los últimos 600 milenios.

La discrepancia energética de los últimos cien milenios o el problema de los 100.000 años es una discrepancia entre los registros geológicos de temperatura (Tº pasadas) y el monto de radiación entrante solar, o insolación. Los ascensos y caídas son de acuerdo a la intensidad de la radiación del sol, la distancia de la tierra al sol, y la inclinación de los polos de la Tierra. Sin embargo, el ciclo de glaciaciones, donde hay crecimiento y decrecimiento periódicamente en una escala temporal de 100.000‑ años (100 ka), no correlaciona bien con cualquiera de esos factores.

Debido a las variaciones en la órbita terrestre, el monto de insolación varía en periodos de alrededor de 21, 40, 100, y 400 milenios. Las variaciones en el monto de la radiación solar producen cambios en el clima de la Tierra, y se reconocen como un factor clave en la oportunidad de iniciar y terminar las glaciaciones. Los análisis espectrales muestran que la respuesta más poderosa del clima es en periodos de 100 milenios, pero la variación orbital en este período es pequeña.

Reconstrucción de climas pasados[editar]

Un registro δ18O de los pasados 120 milenios.

Los datos de anteriores climas — especialmente de de registro geológico de temperatura — puede ser fácilmente deducirse de la evidencia sedimentaria, aunque sin la precisión de los actuales instrumentos de medición. Tal vez el indicador más útil del clima del pasado es el fraccionamiento de isótopos de oxígeno, como el δ18O. Ese fraccionamiento es controlado mayormente por el monto del agua encerrada en el hielo y la temperatura absoluta del planeta.

Comparación de registros[editar]

El registro de δ18O del aire (en las muestras de hielo en Vostok) y de [Foraminifera|sedimentos]] marinos ha sido comparado con las estimaciones de la irradiación solar, que debe afectar a la temperatura y el volumen del hielo. Nicholas Shackleton sintonizó orbitalmente las muestras de aire en hielo antártico δ18O (es decir, que igualó la señal a este supuesto forzante), y usó el análisis espectral para identificar y restar el componente del registro de que en esta interpretación podría ser atribuido a una lineal (directamente proporcional) respuesta al forzante orbital. La señal residual (lo que restaba), en comparación con el residual de un registro similarmente resintonizado de muestras isotópicas marinas, le permitió estimar la proporción de la señal que se debió al volumen de hielo, con el resto (después de haber intentado permitir el efecto Dole) se atribuye a los cambios de temperatura en las aguas profundas.

El componente de 100 milenios en la variación de volumen de hielo, se encontró que coincidían con los registros del nivel del mar sobre la base de la determinación de la edad de coral, y estando con excentricidades orbitales de varios miles de años, como sería de esperar si la excentricidad orbital fuera el mecanismo de estimulación. Fuertes nolineales "saltos" en el registro aparecen en las deglaciaciones, si bien la periodicidad de 100.000 años no era la más fuerte periodicidad en este registro "puro" de volumen de hielo. El registro separado de Tº del mar en profundidad se encontró que varía directamente en fase con la excentricidad orbital, al igual que la Tº antártica y el CO2; así la excentricidad parece ejercer un efecto inmediato geológico en las Tº del aire, la temperatura del mar profundo, y las concentraciones atmosféricas de CO2. Shackleton concluyó que: "El efecto de la excentricidad orbital probablemente entre en el registro de paleoclimás a través de una influencia en la concentración de la concentración atmosférica de CO2".[1] El mecanismo causante de estos cambios cíclicos de temperatura permanece en el corazón del problema de los 100 milenios.

Soluciones al problema[editar]

Efecto de las variaciones de la oblicuidad, que en conjunto con la precesión, se amplifican con la inclinación orbital.

Véase también[editar]

Referencias[editar]