Dieta mediterránea

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La dieta mediterránea
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Nombre descrito en la Lista Representativa del PCI.
Gazpacho ingredients.jpg
Las verduras y el aceite de oliva son los elementos fundamentales de la dieta mediterránea, junto con el pescado y la carne.
País Bandera de Chipre Chipre
Bandera de Croacia Croacia
Flag of Spain.svg España
Flag of Greece.svg Grecia
Flag of Italy.svg Italia
Flag of Morocco.svg Marruecos
Flag of Portugal.svg Portugal
Tipo Cultural inmaterial
Criterios R1, R2, R3, R4 y R5
N.° identificación 00884
Región Europa y
América del Norte
Año de inscripción 2010 (V sesión)
Año de extensión 2013
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Se conoce como dieta mediterránea al modo de alimentarse basado en una idealización de algunos patrones dietéticos de los países mediterráneos,[1] especialmente: España, Portugal, sur de Francia, Italia, Grecia y Malta. El 16 de noviembre de 2010 fue declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad[2] en una denominación conjunta de España, Grecia, Italia y Marruecos.[3] Previamente, en 2007, el Gobierno español propuso la candidatura de la dieta mediterránea para su inclusión en la lista del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, pero fue rechazada en la conferencia internacional que la Unesco realizó en Abu Dabi.

Las características principales de esta alimentación son un alto consumo de productos vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos), pan y otros cereales (siendo el trigo el alimento base), el aceite de oliva como grasa principal, el vinagre y el consumo regular de vino en cantidades moderadas.

Beneficios para la salud[editar]

Las propiedades saludables que se le atribuyen se basan en la constatación de que, aunque en los países mediterráneos se consume más grasa que en los Estados Unidos, la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor.[4] [5] Las causas de tales propiedades parecen estar en el mayor consumo de productos ricos en ácidos grasos monoinsaturados,[6] presentes en el aceite de oliva (que reduce el nivel de colesterol en sangre).[7] También se atribuye al consumo de pescado, en especial pescado azul,[8] rico en ácidos grasos ω-3 y, finalmente, al consumo moderado de vino tinto (por sus antocianos y resveratrol). El vino también está asociado a otro efecto cardioprotector denominado la paradoja francesa.[9]

Los polifenoles estilbenos, que se encuentran en la piel de la uva y se concentran en el vino tinto, y los lignanos, presentes en las aceitunas, el aceite de oliva virgen, las semillas de lino, las semillas de sésamo y los cereales integrales están asociados con efectos protectores frente a la mortalidad.[7]

Parece ser que la dieta mediterránea está asociada con un menor riesgo de deterioro cognitivo leve tanto durante el envejecimiento como durante la etapa de transición entre la demencia o deterioro cognitivo leve a la enfermedad de Alzheimer.[10]

Llevar un régimen de dieta mediterránea se asocia a menor índice de obesidad abdominal, que predice el riesgo de diabetes, hipertensión, infarto o de accidente cerebrovascular.[11] La adherencia a la dieta mediterránea reduce en un 30% el riesgo de padecer diabetes tipo 2, sin necesidad de reducir la ingesta calórica, el peso o realizar ejercicio físico.[12] [13] También mejora el desarrollo embrionario y fetal, y disminuye los problemas disovulatorios y de infertilidad.[14]

En un estudio realizado en 2012 en una muestra de 11.015 universitarios, se constató que las personas que seguían con regularidad una dieta mediterránea, obtuvieron mejor puntuación en la escala "Health-Related Quality of Life (HRQOL)" relacionada con la calidad de vida, que incluye variables de salud tanto físicas como mentales.[15]

Historia[editar]

Las primeras referencias científicas a una dieta mediterránea son del año 1948, cuando el epidemiólogo Leland G. Allbaugh[16] estudió el modo de vida de los habitantes de la isla de Creta y, entre otros aspectos, comparó su alimentación con la de Grecia y EE UU. Por su parte, el fisiólogo norteamericano Ancel Keys, que encabezó un estudio sobre las enfermedades coronarias, el colesterol de la sangre y el estilo de vida de siete países (Italia, Yugoslavia, Grecia, Países Bajos, Finlandia, EE UU y Japón) tras la Segunda Guerra Mundial, contribuyó a su difusión. Keys y sus colaboradores apreciaron que la incidencia de las enfermedades coronarias era menor en las zonas rurales del sur de Europa y en Japón. Sospecharon que había un factor protector en el estilo de vida, que etiquetaron como "manera mediterránea" (mediterranean way). Describieron este estilo de vida como "muy activo físicamente (por la escasa mecanización del agro),[17] frugal, y con una ingestión predominante de productos vegetales y reducida en productos de origen animal". La posterior difusión de sus resultados asimiló el concepto de "estilo mediterráneo" con el de "dieta mediterránea".

Crítica[editar]

Esta dieta, tal cual se planteó, nunca ha sido consumida tradicionalmente en ningún país mediterráneo. Los estudios epidemiológicos muestran que el consumo de huevos, por ejemplo, se situaría en torno a los 10 huevos por semana, el consumo de carnes o pescados es diario, y el consumo de helados y otros dulces era comparable al de fruta como postre, etc. Cuando Keys analizó la dieta de Creta en los años 1950, la comida estaba bastante racionada, y quizás en ese tiempo la dieta cotidiana de los cretenses se pareciera más a la que él propuso.[cita requerida]

Por otro lado, Keys se apoyó en la imagen de salud proyectada por los países mediterráneos entre los estadounidenses para formular una dieta más racional, pues la dieta norteamericana de su época abusaba del consumo de ciertos productos (carne, huevos y mantequilla) e ignoraba otros (verduras y pescado). Acabó formulando una dieta en la que predominaban los productos vegetales, complementada con cantidades justas de carne y pescado.

Referencias[editar]

  1. León MT y Castillo MD. 2002. La dieta mediterránea está de moda. Medicina General 49: 902-908.
  2. El flamenco, el canto de la Sibila, "los Castels" y la dieta mediterránea, Patrimonio de la Unesco, RTVE, 16 de noviembre de 2010, consultado el mismo día.
  3. «La dieta mediterránea» (en español). UNESCO Culture Sector. Consultado el 09-02-2013.
  4. Mackenbach JP. 2007. The Mediterranean diet story illustrates that ‘‘why’’ questions are as important as ‘‘how’’ questions in disease explanation. Journal of Clinical Epidemiology 60(2): 105-109.
  5. Serra-Majem Ll, Roman B y Estruch R. 2006. Scientific evidence of Interventions using the mediterranean diet: A systematic review. Nutrition Reviews 64 (Supl 1): S27-S47.
  6. Keys A, Mienotti A, Karvonen MJ, Aravanic C, Blackburn H, Buzina R, Djordjevic BS, Dontas AS, Fidanza F, Keys MH, Kromhout D, Nedeljkovic S, Punsar S, Seccareccia F y Toshima H. 1986. The diet and 15-year deaht rate in the Seven Countries Study. American Journal of Epidemiology 124 (6): 903-915.
  7. a b «Dos estudios confirman que la dieta mediterránea se asocia con un menor riesgo de mortalidad». 
  8. Kromhout D, Menotti A, Ketesloot H y Sanz S. 2002. Prevention of Coronary Heart Disease by diet and lifestyle. Circulation 105(7): 893-898.
  9. de Lorgeril M, Salen P, Paillard F, Laporte F, Boucher F y de Leiris J. 2002. Mediterranean diet and the French paradox: Two distinct biogeographic concepts for one consolidated scientific theory on the role of nutrition in coronary heart disease. Cardiovascular Research 54(3): 503–515.
  10. Scarmeas N, Stern Y, Mayeux R, Manly JJ Schupf N, Luchsinger JA. 2009. Mediterranean Diet and Mild Cognitive Impairment. Archives of Neurology 66 (2):216-225.
  11. «Un estudio demuestra que cuánto más se consume la dieta mediterránea menor es la obesidad abdominal». Consultado el 16 de agosto de 2012. 
  12. «La dieta mediterránea reduce el riesgo de diabetes sin necesidad de restringir las calorías ni practicar ejercicio.». Consultado el 20130108. 
  13. Seguir la dieta mediterránea también sirve para prevenir el desarrollo de la diabetes tipo 2
  14. «La fertilidad mejora con dieta mediterránea». 
  15. P. Henríquez Sánchez, C. Ruano, J. de Irala, M. Ruiz-Canela, M.A. Martínez-González, A. Sánchez-Villegas (Marzo 2012). «Adherence to the Mediterranean diet and quality of life in the SUN Project». European Journal of Clinical Nutrition 66 (3):  p. 360-8. doi:10.1038/ejcn.2011.146. 
  16. Allbaugh LG. 1953. Food and nutrition (chapter 6). En: Crete: A case study of an underdeveloped area. Princeton University Press, Princeton, NJ. pp: 97-135.
  17. Kromhout D, Bloemberg B, Seidell JC, Nissinen A y Menotti A. 2001. Physical activity and dietary fiber determine population body fat levels: the Seven Countries Study. International Journal of Obesity 25 (3): 301-306.

Enlaces externos[editar]