Diaguita

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Diaguita
Otros nombres calchaquí,
pazioca,
cacán
Ubicación Flag of Argentina.svg Argentina
Flag of Chile.svg Chile
Población total 31 753 descendientes autorreconocidos en Argentina (ECPI 2004-2005)[1]
Idioma cacán (extinto)
español (actualmente)
quichua (actualmente en Santiago del Estero).
Etnias relacionadas quilmes
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Distribución aproximada de pueblos indígenas en el extremo meridional de Sudamérica en tiempos de la conquista.

Diaguita (voz quechua [2] es el exónimo impuesto por los incas y divulgado luego por los conquistadores españoles para un conjunto de pueblos independientes que hablaban un idioma común —el cacán—, autodenominados pazioca o paccioca. Se ubicaban en los actuales noroeste de Argentina —especialmente en los valles Calchaquíes— y en el Norte Chico de Chile.

A partir de 850, desarrollaron arqueológicamente la cultura santamariana[cita requerida] que se caracterizó por su gran riqueza, por sus poblados organizados, por el uso de metales y la alfarería. Opusieron resistencia tanto a la conquista del Imperio inca —entre 1471 y 1533, tras la denominada tercera expansión del imperio incaico— como a la del Imperio español —en el siglo XVII, durante las Guerras Calchaquíes—.

Ubicación[editar]

Los diaguitas habitaban los cerros y valles de lo que en la actualidad es el noroeste del territorio de Argentina, en las provincias de Jujuy, Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja, norte de San Juan, extremo noroeste de Córdoba, sudoeste de Santiago del Estero y en los valles transversales de las regiones de Atacama y Coquimbo, teniendo al oeste de la Cordillera de los Andes como límite aproximado el río Choapa. Aún se conservan restos de sus ingeniosas construcciones llamadas por los quechuas púkara o pucará como las ciudadelas de los quilmes en Tucumán, Tilcara en Jujuy, Fuerte Quemado en Catamarca, Tolombón, Chicoana, y Atapsi en Salta.

En toda esta región el clima es seco, llueve poco en el invierno y la mayor parte del año es soleado.

Diaguitas de Argentina[editar]

Esta antigua estrella diaguita se halla en Vinchina, La Rioja, noroeste de Argentina.

Hacia 1480, los diaguitas sufrieron el avance y la conquista del Imperio inca gobernado por Túpac Yupanqui. A partir de ese momento, los diaguitas quedaron incorporados al distrito o suyo más austral del imperio denominado Collasuyo, formándose en sus antiguos territorios provincias o wamanis incaicas para su mejor administración.

La conquista por los incas, que se prolongó durante un siglo, significó un proceso de transculturalización con la civilización incaica que les incorporó sus costumbre y modos de vida. Bajo el dominio inca, los diaguitas construyeron caminos, poblados dedicados a la agricultura y los textiles, asentamientos como almacenes o collcas y refugios o tambos, fortalezas o pucaras y también santuarios que se ubicaron el las cumbres de las montañas (apus) en donde realizaban sacrificios humanos.

Luego de conquistar el Imperio inca, los conquistadores españoles crearon en sus territorios de América del Sur el Virreinato del Perú, incorporando a los diaguitas en el ámbito territorial de este inmenso virreinato.

Sin embargo, los diaguitas opusieron resistencia a la corona española comenzando las tres Guerras Calchaquíes, que se extendieron por un siglo desde 1560 hasta 1667. No bien comenzó la conquista española, 1561, formaron un gran ejército al mando de Juan Calchaquí logrando rechazar a los invasores hasta Santiago del Estero. Pero en 1665 los conquistadores, que habían fundado varias ciudades a modo de cerco (la fundación de la ciudad de Jujuy cerró tal cerco por el norte), lograron vencerlos. Para evitar rebeliones, los españoles -utilizando una práctica que también habían empleado los incas- dividieron y desarraigaron a los diaguitas. Así, la mayor parte de los integrantes de la tribu de los quilmes, fueron obligados a caminar desde Tucumán hasta Buenos Aires, más precisamente hasta la localidad que hoy lleva su nombre: Quilmes.

Alfarería de los valles Calchaquíes, en poder del Museo de La Plata (provincia de Buenos Aires).

Algunas parcialidades fueron tratadas con algo más de indulgencia al no haber participado en tal conflicto, tal es el caso de los Amaicha, los cuales pudieron así permanecer en sus territorios ancestrales situados en el sector de Valles Calchaquíes correspondiente a la provincia de Tucumán.

Otros diaguitas procedentes de los Valles Calchaquíes, lograron encontrar refugio en el Chaco Austral haciendo alianza con etnias pampidochaqueñas como las de los abipones y emokovit o mocovíes, esto explica en parte dos cuestiones: los grandes alzamientos chaqueños inmediatos al fin de las Guerras Calchaquíes, uno de tales alzamientos significó la destrucción de la ciudad española de Concepción de Buena Esperanza.

Según el cronista español Mariño de Lovera, la población diaguita había disminuido notablemente por la resistencia a los conquistadores incas y más tarde a los conquistadores españoles.

Según el Censo de 2001, en las provincias de Jujuy, Salta y Tucumán se reconocen o descienden en primera generación del pueblo diaguita 14.810 personas, de los cuales 7.216 residen en comunidades. En las provincias de Catamarca, Córdoba, La Rioja, Santa Fe y Santiago del Estero se autorreconocieron 6138 diaguitas. En la Ciudad de Buenos Aires y los 24 partidos del Gran Buenos Aires se autorreconocieron 6217 diaguitas. En todo el país se autorreconocieron 31.753 diaguitas, 8180 viviendo en comunidades.[3]

Comunidades[editar]

En la provincia de Catamarca se halla la comunidad Los Morteritos-Las Cuevas, dentro del municipio de Villa Vil, en el norte del departamento Belén, que cuenta con 246 integrantes.[4]

En la provincia de Tucumán se hallan las comunidades:[5]

  • En el Departamento Tafí del Valle:
    • Casas Viejas (105 familias).
    • El Mollar (225 familias).
    • La Angostura (86 familias).
    • Valle de Tafí (450 familias).
    • Ayllu El Rincón (50 familias).
  • En el Departamento Trancas:
    • Potrero de Rodeo Grande (100 familias).
    • Chasquivil (25 familias).
    • Tolombón (103 familias).
    • Hualinchay (40 familias).
    • Chuschagasta (84 familias).
    • Ancajuli (15 familias).
    • San Pedro Colalao (40 familias).
    • Anfama (10 familias).
  • En el Departamento Chicligasta:
    • Solco Llampa (5 familias).
  • En el Departamento Tafí del Valle:
    • Amaicha del Valle (873 familias).
    • Quilmes (630 familias).

En la provincia de Santiago del Estero se hallan las comunidades (ayllus) de la parcialidad diaguita cacano:

  • En el Departamento Atamisqui:
    • Ayllu de Codo, incluye a las comunidades de Codo y Toro Uman.
    • Ayllu de Puncu Atun, incluye a Puerta Grande y Vinal Pozo.
    • Ayllu de Atamisqui, incluye a zona rural de Villa Atamisqui y Cortadera.
    • Ayllu Cacán de Mochimo.
    • Ayllu de San Dionisio.
    • Ayllu Ashpa Nockayshpa (Puesto de Díaz).
    • Ayllu Tukuy Sujllayaj, incluye a Mollares y Píruas.
    • Ayllu Taa Ayllus Kuska, incluye a Saucíoj, San Dionisio, Medellín, Simbol Pampa y El Dorado.
    • Ayllu Ashpa Nockayshpa Sapym Tulúm Tulúmanta, incluye a Tulún Tulún y Puesto de Rosario.
    • Ayllu de Ancocha, incluye Ancocha, Banderita, Loma Puñuna, San José Norte y San José Sur.
    • Ayllu Yacu Chiri, incluye Yacu Chiri y Tasigasta.
    • Ayllu Cacán Ashpa Sumaj, incluye Juanillo, Umamaj, Los Toloza, Los Peralta y Totora.
  • En el Departamento Avellaneda:
    • Ayllu Kemikuy, incluye Hornillos y Cortadera
  • En el Departamento Loreto:
    • Ayllu Cacán Ashca Caycu, incluye Santa Rosa, Ayuncha, La Revancha, Tío Pozo, Esquina Pozo, Diente del Arado, Taco Ralo y Ternera Huatana.

Diaguitas de Chile[editar]

Distribución de los pueblos pre-hispánicos de Chile (excepto Isla de Pascua).

Los diaguitas que se establecieron en el actual territorio chileno de las regiones de Atacama y Coquimbo llegaron desde el actual noroeste argentino hacia los siglos V y VI,[cita requerida] modificando y reemplazando al Complejo Las Ánimas durante los siglos VIII al X, de tipo agro-alfarero, y se distribuyeron en un área ubicada entre los paralelos 27° S (límite septentrional aproximado) y el 32° S (límite meridional aproximado), poblando los valles de Copiapó,[6] limitando en esta zona, al norte con los atacameños y al sur con los picunches. Estos sucesivos aportes e intercambios comerciales de población originaron la etnia diaguita la que se convirtió en el pueblo prehispánico más avanzado de Chile y que existió entre los siglos X y XVI.

Las relaciones entre los diaguitas orientales —o diaguitas argentinos— y los diaguitas occidentales —o diaguitas chilenos—, denominados así por Ricardo E. Latcham, eran fluidas tal como lo demuestran los hallazgos de restos de moluscos y mariscos procedentes de las costas chilenas en los yacimientos argentinos y la decoración de las cerámicas con fauna típica argentina como el yaguar, ñandú o quirquincho en los yacimientos chilenos.[cita requerida] Al sur del territorio existen pruebas de mitimaes diaguitas (colonias con fines sociales, económicos o militares) destinados al comercio con los pueblos del complejo cultural Aconcagua.

El idioma diaguita es totalmente desconocido. Gerónimo de Bibar, quien llegó con los conquistadores españoles, describió en sus crónicas que cada valle tenía «una lengua de por sí». Rodolfo Schuller acuñó la hipótesis de que este idioma sería el cacán, hipótesis muy difícil de comprobar. La toponimia del territorio diaguita está actualmente ocupada mayoritariamente por nombres provenientes de otras culturas: quechuas, picunches o españolas.

Archivo:Escudilla polícroma zoomorfa.jpg
Materiales: CerámicaAgroalfarero Tardío. Fase II 1300- 1500 d.C.Medidas: 88 mm de alto.

La vida diaguita se mantuvo estable hasta la llegada de las tropas del Imperio incaico de Túpac Yupanqui, en 1470, bajo el mando del general Sinchi Ruca, quien tenía a disposición 10 000 hombres, según lo comentado por el Inca Garcilaso. La conquista probablemente no se realizó de norte a sur como fuese lo esperable, las cerámicas incaicas encontradas en los valles de Elqui y de Limarí, anteriores a las encontradas en Copiapó, hacen suponer que los incas cruzaron desde Tucumán hacia estos valles y desde ahí expandió sus conquistas hacia los valles aledaños. La ausencia de estructuras defensivas, pucarás y el rápido cambio estilístico de las cerámicas locales hacia estilos propios del Cuzco describen una invasión incaica que no tuvo mucha resistencia. La presencia de ciertas cerámicas (vasijas pakcha) destinadas para ritos exclusivos incaicos y otras vasijas destinadas a los jefes locales de claro diseño cuzqueño hacen suponer una fuerte alianza política entre ambos pueblos.[7] Además de estas características, se evidencia la subdivisión incaica en dos mitades en el valle de Coquimbo (Elqui), en el sector bajo o dominante se estableció el apunchic o gobernador llamado Anien, que regía desde Copiapó por el norte hasta el río Limarí por el sur.

Con la llegada de los españoles y la Conquista de Chile se estableció la encomienda y la población mermó de manera sustancial. Se calcula que en el periodo de dominación incaica la población alcanzaba el número de 30 000 habitantes. En la fundación de la ciudad de La Serena (1544), Juan Bohón relataba «[que] desde el Valle de Conconcagua hasta Copayapo no hay 3.000 indios»; a finales del siglo XVI se podían contar solo 1200. Posteriormente al levantamiento indígena de 1549 que quemó la recién fundada ciudad de La Serena, los últimos rasgos de la cultura diaguita desaparecieron, dejando sólo las cerámicas y los cementerios como huellas de su paso por el Norte Chico.

En la actualidad, la comunidad Huascoaltina, de los sectores cordilleranos del río Huasco, han revitalizado el reconocimiento a esta etnia, logrado la aceptación de tal condición por el Congreso de Chile; sin embargo, en el ambiente académico hay dudas sobre si esta comunidad presenta una real herencia diaguita, puesto que la mayoría de la etnia vivía en los valles de Elqui y de Limarí.

Cultura diaguita[editar]

Los orígenes de los diaguitas difieren de los pueblos andinos ya que los diaguitas tienen linajes huárpidos, pámpidos y andinos.

Si bien la cultura diaguita propiamente se corresponde con la cultura arqueológica llamada cultura santamariana o cultura de Santa María ―cerca del 850 al 1480― e incluso hasta 1570,[8] al menos a partir de la conquista por el Imperio Inca recibieron de éste un importante influjo cultural que se evidencia en lo religioso y estilos de cerámica, entre otros, desde los Andes Centrales -es decir, desde la región andina ubicada entre los 20° S y la línea del Ecuador.

Aunque de culturas muy similares, por algunos rasgos, en especial lingüísticos, muchos etnógrafos hacen una separación de los diaguitas propiamente dichos respecto a los atacamas (o alpatamas de lengua cunzalala -emparentada a la lickan-antay) habitantes de la Puna, los humahuaca u omaguacas, los lípe y tomata -de lengua lickan-antay- (habitantes de las sierras de Tarija y el norte de Jujuy), los capayán habitantes del sureste de La Rioja y norte de San Juan y los olongastas habitantes del sudeste de la provincia de La Rioja, el oeste de la provincia de Santiago del Estero y extremo noroeste de la provincia de Córdoba.

Su nivel cultural en el actual Chile era ligeramente inferior al de los atacameños. Compartían gran parte de los rasgos culturales con sus vecinos del norte.

Idioma[editar]

El idioma del pueblo diaguita era el kacán, que según las fuentes se lo llama también kakán, kaká, caca, kaka y chaka. Es una lengua actualmente extinta, de la que se conservan topónimos y otras escasas palabras en el habla coloquial de los habitantes de las zonas del norte de Chile, Argentina y sur de Bolivia.

Se hablaba en los Valles Calchaquíes de las actuales Salta y Tucumán, toda Catamarca, gran parte de La Rioja, parte oeste de Santiago del Estero, (la sierra y el río Dulce) y norte de San Juan (río Bermejo, Valle de Jáchal y Valle Fértil) y, en mucha menor medida, en el extremo noroeste de Córdoba.

En Argentina los diaguitas han persistido con dos identidades culturales: la llamada «diaguita-calchaquí» y la kolla -que aunque con la misma etimología es distinta de la colla boliviana-. Los kollas o coyas argentinos son una fusión de diaguitas, atacameños, omaguacas, capayanes y chichas muy transculturados por la invasión quechua-aimara del siglo XV, eso explica que sus idiomas originales (kunza de los atacameños, y kakan de los diaguitas) hayan desaparecido.

Los sacerdotes Alonso de Barzana y Pedro Añasco compusieron hacia 1590 preceptos gramaticales y vocabularios; Barzana también escribió doctrina cristiana, catecismo, homilías, sermones, confesionario y plegarias en kakán, pero nunca llegaron a ser publicados. Otros sacerdotes (Hernando de Torre Blanca y Diego de Sotelo) también conocieron esta lengua.

Existe actualmente un único documento en donde alguien afirma haber tenido conocimiento directo de la existencia de la lengua kakán, que es la carta del Padre Alonso de Barzana de la Compañía de Jesús a su provincial, fechada en Asunción del Paraguay en 1594.

El mismo sacerdote en una carta al Padre Juan Sebastián, del 8 de septiembre de 1594, escribió:

La caca usan todos los diaguitas y todo el valle de Calchaquí y el valle de Catamarca y gran parte de la conquista de la Nueva Rioja y los pueblos casi todos que sirven a San Tiago, así los poblados en el río del Estero como otros muchos que están en la sierra.

El hecho de la completa desaparición de la lengua kakán a fines del siglo XVII, sin que haya quedado ningún registro a pesar de ser considerada una lengua general en la zona, hace pensar a historiadores como Rumi Ñawi, que en realidad se trataba de una variante del quechua (para otros del aimara) llegada a la región previo a la conquista incaica del territorio, debido a la evidente fisonomía quechua de muchas de las voces atribuidas al kakán. [cita requerida]
Sin embargo, muchos otros estudiosos como Ricardo L. J. Nardi, no están de acuerdo con esto y la consideran una lengua diferente.

A la llegada de los españoles los diaguitas de Chile habían adoptado el idioma mapuche,[cita requerida]
habiendo abandonado y perdido el idioma kakan, su idioma nativo.

A partir de 1634 se ordenó la obligatoriedad del castellano en la iglesia y el gobierno. En 1770, una Real Cédula ordenó que se pusieran en práctica medios para conseguir que se extinguieran los diferentes idiomas indígenas y que sólo se hablara castellano, lo que aceleró su extinción. Más tarde, el desprecio del nuevo gobierno argentino independiente por las lenguas indígenas en su territorio hizo que ni siquiera se cuente con datos sobre sus hablantes en el siglo XIX.

Actualmente sólo se conservan algunas palabras kakán en apellidos y toponimia local (nombres de lugares), como

  • Lugares: Antofagasta, Chalingasta, Elqui, Sotaquí, Atacama, Calama, Toconao, Combarbalá, etcétera.
  • Apellidos: Alballay, Campillay, Talinay, Tamblay, Chavilca, Tamango, Huanchicay, Sulantay o Zulantay, Estay, Liquitay, etcétera.

Sociedad[editar]

Las comunidades de los diaguitas eran gobernadas por un jefe político y militar. Pero para heredar el cargo, no bastaba con ser el hijo del jefe: el heredero debía demostrar que tenía condiciones para mandar, de este modo a la llegada de los españoles, el territorio diaguita se encontraba dividido en jefaturas. El jefe era polígamo, pero el resto de la población era monogámica. No había clase sacerdotal, como sí la había entre los quechuas o incas. Pero cada pueblo tenía un sacerdote "chamánico" que se encargaba de los ritos, las ceremonias religiosas y la salud de la población.

Parcialidades[editar]

En el siglo XVI los diaguitas se encontraban divididos en tribus o parcialidades las cuales muchas veces llevaban el nombre de su linaje principal, linaje que ejercía el señorío. Los grupos que aparecen mencionados en por diferentes autores y cronistas son:

abaucanes
aconquijas
aimogastas
amaichas
ambargastas
anchapa
andalgalás
anguinahao
autigastas
belichas
calchaquíes
capayanes
casminchango
chilis
choyanos
coipe
collagastas (colalao)
colpeños
culampajaos
fiambalaos
guandacoles
hualfines
huasanes
huaschaschis
huatungastas
ingamanas (incamanas o encamanas).
kilme (Quilmes).
mayupucas
motimogastas
mutquines
olongastas
ovantas
palcipas (paccipas)
paquilin
pituiles
polcos
pomanes
pulares
sahuiles (saujiles)
sijanes
sitguagastas
taji
tinogastas
tocpo
malatura
tolombones
tucumangastas (tucumanahos)
upingascha
wamatinaj (famatinas o famaifiles)
yocaviles

Al este de los Andes, es decir en el actual noroeste argentino, cobraron fama las siguientes parcialidades paziocas (usualmente llamadas diaguitas):

En la región al oeste de los Andes se habla de los:

  • Chili (nombre acaso dado por los aimara).
  • Copiapó o Copiapoes
  • Huasco o Guasco

Y se supone oeste andino el origen de los kilme (Quilmes).

Organización[editar]

Antes de la invasión incaica, los diaguitas se establecían en pequeñas aldeas, cada cual era totalmente independiente de la otra, por lo que cada una poseía un jefe. Posterior a la llegada de los incas los valles fueron divididos generalmente en dos señoríos o sectores llamados "saya", Hanansaya o “sector de arriba”, y Hurinsaya o “sector de abajo” bajo el mandato de un Curaca designado por los incas.

Vivienda[editar]

Las formas de las viviendas de los diaguitas iban de lo rectangular a lo cuadrangular. Se componían de varias habitaciones comunicadas entre sí, con angostas puertas para su salida al exterior. Utilizaron, en su construcción, el método pirca (superposición de piedras) el techo, a dos aguas, era de paja o torta (mezcla de paja, ramas y barro).

Desarrollaban sus actividades en poblados como Quilmes, La Paya, Tolombón, los que tenían un espacio fortificado pucará para defenderse de los ataques. Un pueblo sedentario, organizado en tribus o clanes ayllu construidos por varias familias regidos por un jefe curaca, que podía tener más de una esposa según su condición económica.

Agricultura[editar]

El jefe diaguita repartía las tierras y organizaba la construcción y el cuidado de las terrazas de cultivo en las laderas de las montañas. Se trabajaba la tierra en común y se guardaba parte de la cosecha en los depósitos comunales. Cultivaban el maíz, fruto que constituía la base de su alimentación, el zapallo, la quinua, la kiwicha, los porotos, los ajíes y la papa (patata) y recolectaban frutos silvestres, como los del algarrobo, chañar, y copao, además de algodón para elaborar los trajes. Con el «taco» o algarrobo criollo, los diaguitas cubrían varias de sus necesidades básicas. Usaban la madera como leña o para la fabricación de enseres; de la corteza y de la raíz obtenían tinta para teñir lanas y telas, y de sus frutos hacían harina para cocinar un pan llamado patay. También preparaban la bebida aloja, parecida a la cerveza o la refrescante añapa.

Para asegurar el riego de sus cultivos elaboraron una serie de canales de regadí aunque no desarrollaron técnicas de regadío tan complejas como los atacameños. La papa y la quínoa eran sembradas en las zonas más altas, en terrazas y andenes de cultivo.

Ganadería[editar]

Los diaguitas practicaron la ganadería de tipo trashumante. Criaban llamas, alpacas y tarucas, sobre todo en las zonas altas y frías. La mayor parte del año se dedicaban a la ganadería, pastoreo de auquénidos, de los cuales obtenían carne (la cual era secada al sol para obtener charqui, un tipo de carne deshidratada), lana y huesos que usaban en la confección de herramientas, también eran usados para el transporte de carga. El pastoreo era realizado casi todo el año en las orillas del valle y en verano, al retirarse las nieves, solían ocupar los pastizales cordilleranos.

El mar proveía de una buena parte de la dieta habitual de los diaguitas de Chile, mariscos, peces y mamíferos marinos formaban parte de la alimentación habitual. Desarrollaron balsas de cuero de lobo marino para incursionar mar adentro y poder cazar peces mayores e incluso ballenas.

Actualmente la zona donde ellos habitaban es casi un desierto. Los estudios de Ana María Lorandi, sobre los paziocase, entre otros revelan que los actualmente muy áridos cuando no, directamente desérticos, territorios que poblaron los paziocas eran, hasta casi el 1600, zonas fértiles en gran parte pobladas por bosques de "algarrobo" (Prosopis nigra), la desertización fue consecuencia inmediata de la invasión española: en primer lugar los españoles talaron o incendiaron las tierras para derrotar mediante el hambre a los paziocas, una vez derrotados estos pueblos originarios, los conquistadores introdujeron masivamente caprinos y ovinos que llevados a una práctica de sobrepastoreo en el transcurso de dos siglos transformaron los vergeles en eriales.

Alfarería y metales[editar]

Los diaguitas eran diestros alfareros. Cada familia fabricaba sus ollas, cántaros y vasijas. Además, había artesanos especializados que realizaban, por ejemplo, las urnas funerarias, donde los diaguitas enterraban a sus muertos. Algunas de estas urnas decoradas, se han conservado y son expuestas en museos, en la zona actualmente chilena su cerámica recibió influjos culturales procedentes de culturas que habitaron el actual litoral al norte de la región, por este motivo su cerámica suele tener formas antropomorfas y zoomorfas ("ánforas-pato", etc.).

El museo franciscano "Inca-Huasi" de la provincia de La Rioja, guarda piezas excepcionales de cerámica diaguita. Fue construido por fray Bernardino Gómez en 1926, y es uno de los más importantes de Latinoamérica en su especialidad, al igual que el Museo "Eric Boman" en la ciudad de Santa María, en Catamarca y el Museo Arqueológico "Adán Quiroga", en la ciudad capital de Catamarca, que posee una las colecciones más importantes de vestigios arqueológicas del país.

Practicaron un activo comercio con los indígenas de la costa y del interior. Confeccionaron de piedra puntas de flecha, boleadoras, raspadores, cuchillos, etc. Trabajaron el cobre y el bronce aunque de oro y plata se han encontrado muy pocos objetos.

Cerámicas y metalurgia de los diaguitas en Chile[editar]

La característica más relevante del pueblo diaguita es su cerámica, una de las más variadas, delicadas, imaginativas y elaboradas de Chile. Ella constituía su rasgo más notable. Los usos que se le daban eran ceremoniales y utilitarios. El desarrollo de la alfarería ha llevado a la clasificación en etapas:

Diaguita I o “transición”[editar]

En su mayoría son escudillas (platos semiesféricos achatados) con líneas y figuras geométricas por los lados, desde simples escalas rojo-negro a rojas y negro sobre fondo blanco, divididas por una figura antropomorfa o zoomorfa. Se observan rasgos del Complejo Las Ánimas presentes en esta primera fase de transición. En esta fase y en la II aparecen los jarros patos y jarros zapatos. Vasijas asimétricas cuya forma recuerda a un pato. La metalurgia es simple y escasa.

Diaguita II o “clásica”[editar]

Platos con borde cilíndrico ascendente, el cual puede abrirse a medida que aumenta la altura. Al centro de este cilindro suele ir dibujado un felino cuya boca es destacada mediante un relieve, la cola también es destacada de la misma manera.

Diaguita III o “diaguita-inca”[editar]

Esta etapa describe la fusión entre las culturas diaguita e incaica. Las figuras suelen estar distribuidas en uno o dos ejes, divididas en dos o cuatro sectores bien definidos. En los diseños aparecen los triángulos, reticulados y “tableros de ajedrez”, los jarros de asa vertica, aríbalos y otros diseños. Los entierros eran acompañados por cerámicas elaboradas con diseños locales y con diseños Inkas, pero casi todas elaboradas en los Valles, sólo en casos emblemáticos eran enterrados con cerámicas provenientes del Cusco. La metalurgia se enriquece con aportes andinos como cinceles, tumis (cuchillos semilunares) y topus (prendedores) generalmente de cobre o bronce, el oro resulta muy escaso y asociados a adornos trasportados del Cusco.

Religión[editar]

Las cerámicas duales de los diaguitas apuntan hacia la creencia de la existencia de dos mundos en las cuales los chamanes son el nexo.

En la mitología diaguita, entre las divinidades y seres mitológicos más importantes, se encuentran al Llastay o Coquena, la Yacurmana, el Pujllay o Pusllay, Huayrapuca; además del Chiqui que es una deidad del territorio del Perú, que se arraigó entre los diaguita-calchaquíes; y de Inti y Pachamama, cuyos cultos fueron impuestos desde el reino feliz.

Mitología[editar]

Las tradiciones indígenas diaguitas describen a la Pachamama como una mujer de baja estatura, de grandes pies y sombrero alón; madre de los cerros y de los hombres, toda la naturaleza es su templo. A sus altares se les llama "Apacheta", montículos de piedra ubicados a los lados del camino (en Amaicha del Valle, Tucumán, en el medio de la plaza existe una). La leyenda dice que la Pachamama es acompañada por un séquito integrado por el Pujllay (deidad que preside el carnaval), el Llajtay (dios de las aves y genio protector masculino) y la Ñusta (doncella del Imperio incaico a quién se la emparenta con la Virgen del Socavón).

Para el 1 de agosto, en todo el noroeste de Argentina, se entierra en un lugar cerca de la casa una olla de barro con comida cocida. También se pone coca, yicta, alcohol, vino, cigarros y chicha para carar (alimentar) a la Pachamama. Ese mismo día hay que ponerse unos cordones de hilo blanco y negro, confeccionados con lana de llama, hilando hacia la izquierda. Estos cordones se atan en los tobillos, las muñecas y el cuello, para evitar el castigo de la Pachamama.

A esta deidad periódicamente se le rinde pleitesía mediante el acto ritual denominado Challa, en afán de reparar con este rito la acción humana de hollar en su seno, al mismo tiempo se agradece los bienes que nos ofrece para nuestro sustento o las riquezas que guardaba en su seno, pidiéndole que no deje de favorecernos. Mediante la voz de ¡Pachamama kusiya! los kollas hacen sus ofrendas. Esta es su oración a la Madre Tierra.

La Pachamama es, por lo tanto, la diosa femenina de la tierra y la fertilidad; una divinidad agrícola benigna concebida como la madre que nutre, protege y sustenta a los seres humanos. La Pachamama vendría a ser la diosa de la agricultura comunal, fundamento de toda civilización y el estado andino.

Leyendas[editar]

Los Pétalos de la Rodocrosita[editar]

Tras largos días y noches de andar, el chasqui alcanzó el último tramo del camino que conducía a la morada del rey Inca. Llevaba una singular ofrenda destinada al gobernante: tres gotas de sangre petrificadas, el precioso hallazgo fue recibido con mucha emotividad. En el Lago Titicaca, en tiempos pasados, se había construido el templo de las acllas: las vírgenes sacerdotisas del Inti. En ese sitio se encontraban anualmente el sol y la luna para fecundar los sembrados y asistir a la sagrada elección de quien heredaría la responsabilidad de perpetuar la sangre incaica.

Un día el invencible guerrero Tupac Canqui se atrevió a ingresar al sagrado templo, desafiando la tradición incaica. Desde el momento en que descubrió a la bella ñusta aclla, nació su amor por ella.

La sacerdotisa lo correspondió, consciente de ignorar las restricciones del Tawantinsuyo para las elegidas. Juntos, escaparon hacia el sur, buscando proteger el vientre de la aclla lleno de vida.

El poder imperial bramó y destinó infortunados grupos armados a castigar a los culpables de la transgresión. Tupac Canquí y la ñusta aclla se instalaron cerca del salar de Pipando, donde tuvieron muchos hijos descendientes de los aymarás, que fundaron el pueblo diaguita.

Sin embargo, jamás lograron deshacerse del hechizo de los shamanes incaicos. Ella falleció y su cuerpo fue sepultado en la alta cumbre de la montaña, él murió poco tiempo después, ahogado en su triste soledad. Una tarde, el chasqui andalgalá descubrió la tumba de la ñusta aclla impresionado por ver cómo florecía, en pétalos de sangre, la piedra que la cubría.

Rápidamente salió del estupor y arrancó una de las rosas para ofrendar al rey incaico. El jefe del imperio, aceptando con emoción la flor de la rodocrosita, perdonó a aquellos antiguos amantes furtivos. En adelante, las princesas de Tiahuanaco lucieron con orgullo trozos de la piedra rosa del inca, símbolo de paz, perdón y amor profundo.

Chaya y Pujillay[editar]

Cuenta la leyenda que Chaya era una muy bella jovencita india, que se enamoró perdidamente del Príncipe de la tribu: Pujllay, un joven alegre, pícaro y mujeriego que ignoró los requerimientos amorosos de la hermosa indiecita. Fue así como aquella, al no ser debidamente correspondida, se internó en las montañas a llorar sus penas y desventuras amorosas, fue tan alto a llorar que se convirtió en nube. Desde entonces, solo retornar anualmente, hacia el mediado del verano, del brazo de la diosa Luna (Quilla), en forma de rocío o fina lluvia.

En tanto Pujllay sabiéndose culpable de la desaparición de la joven india, sintió remordimiento y procedió a buscarla por toda la montaña infructuosamente.

Tiempo después, enterado el joven del regreso de la joven a la tribu con la luna de febrero, volvió el también al lugar para continuar la búsqueda pero fue inútil. Allí, la gente que festejaba la anhelada cosecha, lo recibía con muecas de alegría; el por su parte, entre la algarabía de los circundantes, prosiguió la búsqueda con profunda desesperación, aunque el resultado totalmente negativo. Por ello, derrotado, terminó ahogando en chicha su soledad, hasta que luego, ya muy ebrio, lo sorprendió la muerte. Punto final de un acontecer que se repite todos los años, a mediados de febrero...

La tradición popular rescató a estos personajes y en sus vocablos se demuestra el sentido de esta fiesta: ch’aya (en quichua, ‘agua de rocío’) es símbolo de la perenne espera de la nube y de la búsqueda ancestral del agua (algo que no abunda en La Rioja y es vital); y pujllay, que significa ‘jugar alegrarse’, que para estos carnavales vive tres días, hasta que es enterrado el próximo año.

Espiritualidad y cementerios[editar]

Los diaguitas tallaban menhires o monumentos monolíticos colocados en forma vertical, para rendir culto a sus antepasados. Los menhires del noroeste argentino, como otras construcciones similares son itifálicos y se asociaban con cultos estacionales de la fertilidad, estos monumentos ya eran erigidos por la precedente cultura tafí.

Los diaguitas, mostraban una preocupación en sus entierros por una vida post-muerte en la cual el alma tiene un papel primordial. Con la llegada de los incas se trajo la tradición de hacer altares en los cerros más altos del valle, como es el caso del cerro Las Tórtolas (6.332 msnm).

Los entierros diaguitas son la mayor fuente de información sobre esta cultura. Los cuerpos eran colocados en espacios rectangulares protegidos por cinco piedras lajas en cada costado y en la parte superior. Es habitual encontrar a los cuerpos acompañados de llamas o guanacos sacrificado -signo evidente de la importancia de la ganadería-, sus pertenencias, utensilios de cerámicas, metal o hueso, y en casos especiales eran enterrados con sus esposas y con parte de los dedos de otras personas. La deformación craneal era una práctica extendida dentro de la etnia, pero no provocó efectos tan negativos.

Los cuerpos eran colocados flectados, acostados de forma lateral y en orientación este-oeste, la cabeza estaba en la posición oriental del sepulcro.

Referencias[editar]

  1. INDEC. Censo 2001 - Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas
  2. Los principales autores (Lizondo Borda, Lafone Quevedo, Eric Boman, Juan Bautista Ambrosetti, Ana María Lorandi, Bertonio, etc.) que han estudiado la etnonimia de esta población concuerdan en que la denominación «diaguitas» es una castellanización del nombre que les daban los quechuas en el siglo XVI, y que estos, por su parte, usaban el nombre con el cual previamente les apelaban los aymara, probablemente constituido por la fusión de palabras parofónicas: tha kita (‘de una región apartada’), da kita (‘hombre cimarrón’), tiya kita (‘habitante remoto’).
  3. INDEC. Censo 2001 - Encuesta Complementaria de Pueblos Indígenas.
  4. Reconocen derechos a comunidad indígena en Catamarca.
  5. COMUNIDADES INDIGENAS DE TUCUMAN. PUEBLOS DIAGUITA Y LULE. Tucumán, febrero de 2006.
  6. Algunos autores destacan ciertas divergencias respecto a la situación de los valles Copiapó y Huasco respecto de los valles diaguitas más nucleares como Elqui y Limarí hasta el punto de establecer una nueva cultura en aquellos valles, la Cultura Copiapó.
  7. Hidalgo, Jorge, Carlos Aldunate, Francisco Gallardo, Flora Vilches, Carole Sinclaire y Diego Sala (2001). «Tras la huella del inka en Chile» (ZIP) págs. 75-81. www.precolombino.cl.
  8. Precediendo a la cultura diaguita, corresponde observar otras culturas que existieron en su área:

Enlaces externos[editar]