Deslocalización industrial

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Se llama deslocalización al movimiento que realizan algunas empresas trasladando sus centros de trabajo en países desarrollados a países con menores costes para ellos, generalmente del Tercer Mundo. Recientemente se ha empezado a deslocalizar a sus países de origen la producción de empresas adquiridas por estas multinacionales.[cita requerida]

En contra de la deslocalización[editar]

La deslocalización es uno de los problemas causados por la globalización económica.

Las causas de este proceso suelen ser la búsqueda de:

  • Menor coste de la mano de obra.
  • Legislaciones menos estrictas con la protección del medio ambiente y la lucha contra la contaminación, inutilización de tierras, etc.
  • Condiciones de trabajo más flexibles, que permitan menos seguridad en el trabajo, mayor jornada laboral, etc.


Las consecuencias de la deslocalización pueden ser:

  • Aumento de la desocupación en el país de origen.
  • Creación de empleo de baja calidad en el país de destino.
  • Contaminación y destrucción del medio ambiente, al carecer el país de destino de controles ambientales o de sensibilidad para evaluar los daños apropiadamente, lo que puede causar sequías, desertificación, abuso de la explotación de recursos, aumento de la producción de residuos, etc.
  • "Efecto dominó" en la competencia: para poder competir con la empresa deslocalizada, su competencia debe imitar sus métodos.
  • Reducción de la calidad del producto final, al ser realizado por personal menos cualificado o en peores condiciones laborales.
  • Disminución del precio del producto en el mercado interno y posible reducción de salarios por la reducción de costes.

A favor de la deslocalización[editar]

Pero el traslado de la producción a otros países también puede tener consecuencias positivas. Entre ellas estarían las siguientes:

  • Descenso de la desocupación en el país que recibe las inversiones. Hay que tener en cuenta que en estos países (poco desarrollados) la situación de desempleo es mucho más grave que en un país desarrollado, por la falta de protección social que asegure unos ingresos mínimos a los que no tienen trabajo.
  • Aunque los sueldos son mucho más bajos que en Europa o Estados Unidos, tienden a ser más altos que los de las empresas nativas y mucho más que en las zonas rurales, de donde provienen muchos trabajadores (De la Dehesa. G, Comprender la globalización, Madrid, Alianza editorial, 2004, pp. 260 y 261) Por otra parte, la inversión extranjera también crea puestos de trabajo cualificados (mejor pagados), contribuye con sus impuestos al desarrollo del estado y permite el surgimiento de empresas nativas, que trabajan para el fabricante extranjero.[cita requerida] Todo ello facilita la mejora de los servicios públicos y la creación de una clase media y empresarial en el país receptor, que puede convertirse en un motor de la economía y del consumo interno. Una prueba de que la nación receptora mejora su nivel de vida lo tenemos en que los estados que más inversiones extranjeras reciben son los que más han crecido económicamente en los últimos años. En Asia podríamos comparar China, Corea del Sur y Malasia (con muchas inversiones extranjeras y con una gran mejora del nivel de vida en las últimas décadas (El País, 24 de octubre de 2010), con Nepal, Laos y Mongolia (sin apenas inversión extranjera y con un nivel de vida y un crecimiento económico mucho menor).
  • Descenso de los precios en los productos industriales a nivel mundial, al ahorrarse las empresas muchos costes en mano de obra. Un ejemplo son las prendas de vestir, el calzado y la electrónica, que han estabilizado su precio (o incluso lo han reducido) en los últimos veinte años. Esto beneficia especialmente a los países de donde se han ido las industrias, ya que son los más ricos y los que más productos de este tipo consumen.
  • El ahorro en estos artículos deja más dinero para consumir y permite crear puestos de trabajo en otras actividades (sobre todo el comercio y el turismo) que sustituyen a los perdidos en la industria. Por ello la deslocalización no destruye empleo en los países desarrollados, siendo que sustituye el empleo industrial por otro en el sector servicios. Un ejemplo es España, donde el desempleo no aumentó en los diez años anteriores a la crisis financiera mundial, sino más bien todo lo contrario. Además, mejora el nivel de vida de la mayoría de la población en los países desarrollados, que no trabaja en la industria y que se ve beneficiada por el descenso de los precios.
  • La deslocalización no arruina completamente a ningún sector industrial, sino que se especializa en productos baratos de baja calidad, dejando a los productores europeos, japoneses y norteamericanos la fabricación de artículos caros y de mejor calidad, que siguen en el mercado y que pueden seguir siendo consumidos por quienes lo deseen.

Referencias[editar]

  1. AA.VV, El atlas geopolítico 2010, Valencia, Ediciones Cybermonde, 2009.
  2. Caridad. A, Comprender el mundo del siglo XXI, Madrid, Manuscritos, 2013.
  3. De la Dehesa. G, Comprender la globalización, Madrid, Alianza editorial, 2004.
  4. Klein. N, No logo. El poder de las marcas, Barcelona, Paidós, 2001.
  5. Sachs. J, El fin de la pobreza. Cómo conseguirlo en nuestro tiempo, Barcelona, Debate, 2005.
  6. Susan George y Martin Wolf. La globalización liberal.

Enlaces externos[editar]