Desempleo estructural

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Marcha de desempleados durante la Gran Depresión en Toronto, Canadá, 1930. Las leyendas de las pancartas dicen: Queremos ser ciudadanos, no transeuntes y Empleo y futuro

El desempleo estructural, referido al mercado de trabajo, es un tipo de desempleo de carácter estructural también denominado a largo plazo o involuntario que no disminuye ni desaparece mediante simples medidas de ajuste económico. El desempleo estructural suele ir asociado al desempleo tecnológico (derivado de las revoluciones tecnológicas) y en ocasiones al desempleo cíclico (derivado de los ciclos económicos).[1]

Terminología[editar]

El término no es reconocido como tal por algunos autores ortodoxos de la economía clásica (Adam Smith, David Ricardo, John Stuart Mill) ya que entendían que la competencia y el Laissez faire garantizaban el pleno empleo. Muy distinta es la posición de Thomas Malthus y sobre todo de Karl Marx; éste último consideraba el desempleo estructural como un rasgo permanente y estructural del sistema capitalista hasta el punto de crear el concepto de Ejército industrial de reserva para explicar que el capitalismo necesitaba una reserva de mano de obra suficiente para garantizar unos costes salariales bajos y unos condiciones laborales deficientes.[1]

Aunque el desempleo estructural no responde con rapidez ni a las medidas tradicionales keynesianas de la izquierda política y a las medidas liberales de la derecha política la experiencia de la crack del 29 y la Gran Depresión permite afirmar que a medio plazo son las respuestas keynesianas las que permitieron romper las tendencias crecientes del desempleo de larga duración.

Contextualización[editar]

Para el liberalismo económico tradicional y el neoliberalismo la causa del desempleo estructural es la falta de dinamismo económico que entorpece finalmente la creación nuevas fuentes de trabajo: falta de competitividad, baja productividad, exceso de regulación laboral, exceso de gasto en protección social, costes laborales altos.

Para la tradición económica de izquierdas keynesiana, tanto en las crisis cíclicas como en los periódos de crecimiento económico, la causa del desempleo estructural es la desigualdad en la distribución de la renta que provoca una sobreproducción (desajuste entre oferta y demanda) por subconsumo y un aumento del desempleo que incrementa, en un círculo vicioso, la superproducción, de nuevo el subconsumo y el despido masivo de empleados para ajustar la producción a la crisis de demanda.[2] [3] [4]

Concepto[editar]

El desempleo estructural corresponde técnicamente a un desajuste entre oferta y demanda de trabajadores. Esta clase de desempleo, a diferencia del desempleo estacional y el desempleo friccional, es permanente, pues no depende del tiempo sino de la capacidad de absorción de fuerza de trabajo que tiene el capital constante, cuya acumulación promueve un aumento de la productividad de la fuerza de trabajo y contradictoriamente promueve un mayor desempleo de esta categoría,[5] y en ese cuadro, la característica de la oferta suele ser distinta a la característica de la demanda lo que hace probable que un porcentaje de la población no pueda encontrar empleo de manera sostenida. En un contexto de libre mercado, se suma a la crisis de las masas asalariadas la de las medianas y pequeñas empresas que no logran adaptar su respuesta a las crisis cíclicas del sistema capitalista en la que sólo los grandes conglomerados empresariales -holdings- pueden funcionar.

El factor tecnológico es un elemento a considerar permanentemente en las crisis capitalistas. La fusión de las empresas motrices del sistema (monopolio) y el constante progreso tecnológico hace que la mano de obra sea menos requerida en alta tecnología, desplazándose grandes masas hacia trabajos informales o de carácter precario.

La características principales que se advierten en el desempleo de tipo estructural son:

  • Desajuste sostenido entre la calidad y características de la oferta y la demanda.
  • Desadaptación del conjunto de los factores económicos respecto a la economía externa e incapacidad del mercado interno para paliar esa diferencia.
  • Obsolencia gráfica de un modelo productivo determinado.

Respuestas al desempleo estructural[editar]

Respuestas desde la izquierda política[editar]

Para la izquierda política las respuestas neoliberales tradicionales, en una economía globalizada, no resuelven el desempleo estructural y requieren tanto de medidas keynesianas (economía mixta, inversión pública...) como de carácter estructural como la reducción del tiempo de trabajo[6] y la implantación de modelos de redistribución de la renta entre los subempleados y desempleados (renta básica universal, rentas de inserción, salarios sociales o ingreso ciudadano) que respondan a una constatación radical: las nuevas tecnologías (informática, robótica, telecomunicaciones, biotecnologías) sumadas a los procesos de mecanización del campo y automatización industrial, aportan una productividad y una riqueza que hace innecesaria una cantidad ingente de mano de obra.[7]

Respuestas desde la derecha política[editar]

Las respuestas neoliberales tradicionales, en un contexto de globalización de la economía siguen siendo las mismas que se ofrecían en un contexto en el que el Estado era el protector de la expansión económica en el exterior y el que imponía aranceles a la producción exterior: no intervención del estado, eliminación de las denominadas políticas fiscales (impuestos y reducción del Estado), privatización, liberalización y desregulación económica y desregulación de los mercados laborales. Las medidas tradicionales de la derecha económicas desarrollada por el FMI (Fondo Monetario Internacional) y el Banco Mundial en los países en desarrollo reciben el nombre de medidas de ajuste estructural.

La aplicación inadecuada de estas medidas han llevado a numerosas crisis (Crisis económica de México de 1994, Crisis de diciembre de 2001 en Argentina y el Corralito, Crisis bancaria de 1994 (Venezuela), Crisis financiera asiática de 1997), mientras que su correcta implantación ha llevado a países como Chile a ser referentes económicos en Sudamérica y a gozar de un nivel de bienestar mucho mayor [cita requerida] que el resto de sus vecinos.

La flexibilización del mercado de trabajo sigue siendo la propuesta básica de la derecha política y económica (banca, multinacionales, empresas: reducción de costes laborales como única forma de futuro crecimiento económico para permitir el reparto de la riqueza creada mediante la creación de empleo.[8]

Referencias[editar]

Bibliografía[editar]

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]