Dedicación

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Dedicación de una sinagoga en Alsacia, óleo de 1820

Dedicación es la ceremonia con la que se consagra o dedica un templo, un altar en honor de la divinidad.

El uso de las dedicaciones es muy antiguo. Los hebreos llamaron a esta ceremonia Hanuchah, palabra que los Setenta tradujeron por Egkaynya, renovación. Conviene saber, sin embargo, que los judíos y los Setenta solo dan este nombre a la dedicación del templo hecha por los Macabeos, que renovaron en él el ejercicio de la religión, prohibido por Antioco que lo había profanado.

Los judíos celebraron esta fiesta durante ocho días con la mayor solemnidad. I. Macab., c.4, v. 36 y sig. Todavía la celebran. Jesucristo honró esta fiesta con su presencia, Joan. , c. 10, v. 22. Pero no se sabe que celebrasen nunca el aniversario de la primera dedicación del templo que construyó Salomón ni el de la segunda después de su reedificación por Zorobabel. Reland., antiq. vet. hebraeor., part. 4, c. 10, §. 6; Prideaux, hist. de los judíos , l. 11, t. 2, p. 79.. Se hallan en la Escritura dedicaciones del tabernáculo, de los altares del primero y del segundo templo y aun de las casas de particulares, de sacerdotes y de levitas.

Dedicación entre los cristianos[editar]

Entre los cristianos se llama a esta clase de ceremonias consagraciones, bendiciones, ordenaciones pero no dedicaciones, usándose solo esta palabra cuando se trata de un lugar especialmente dedicado al culto divino.

La fiesta de la dedicación en la Iglesia romana es el aniversario del día en que fue consagrada una iglesia. Esta ceremonia empezó a celebrarse con solemnidad en el reinado de Constantino, dada la paz a la Iglesia. Se reunían muchos obispos para hacerla y se solemnizaba esta fiesta que duraba muchos días con la celebración de los sagrados misterios y con discursos sobre el objeto y el fin de esta ceremonia. Eusebio nos ha conservado la descripción de las dedicaciones de las iglesias de Tiro y de Jerusalén. Sozomeno, Hist. eccles., 1. 2, c. 26, nos dice que todos los años han celebrado el aniversario en Jerusalén por espacio de ocho días.

Ceremonia de dedicación del edificio de la Iglesia Baptista de Deanwood en Washington, 1909

Se creyó después tan necesaria esta consagración que no era permitido celebrar en una iglesia que no hubiese sido dedicada, y los enemigos de San Atanasio le acusaron de haber reunido al pueblo en una iglesia de esta clase. Después del siglo IV se han observado diversas ceremonias en la dedicación que solo puede hacerse por un obispo. Va acompañada de una solemne octava. Hay, sin embargo, muchas iglesias, sobre todo en el campo que no están dedicadas, sino solo bendecidas. Como no tienen dedicaciones propias, toman las de la catedral o de la metrópoli de la diócesis a que pertenecen. También se hacía en otro tiempo la dedicación particular de las fuentes bautismales, según afirma el papa San Gelasio en su sacramentado; Menardo, Notas sobre el sacramentario, p. 205.

No se dedicaban las iglesias a los santos, sino a Dios solo. Esta práctica dura todavía. De que se dedique una iglesia a Dios bajo la invocación de un santo no se sigue que es dedicada o consagrada al santo y cuando se dice la iglesia de Nuestra Señora o de San Pedro no se entiende que está destinada al culto de estos patrones más bien que al de Dios. Bingham, que tanto ha estudiado la antigüedad, nos dice también que desde los primeros siglos se llamó a las iglesias no solo Dominicum, la casa del Señor, sino también Martyria, Apostolaea et Prophetaea porque la mayor parte eran edificadas sobre el sepulcro de los mártires, y porque eran otros tantos monumentos que conservaban la memoria de los apóstoles y de los profetas. Orig. eccles 1. 8, c.1, §. 8; c.9,§. 8.

Los protestantes han suprimido las bendiciones, las consagraciones y dedicaciones.

Referencias[editar]

Diccionario general de teología, 1846, Abate Bergier